Análisis
¿Cristina o Patricia?: las opciones de Larreta y los dilemas del establishment
El intento de asesinato de la vicepresidenta cambió el escenario también para sus adversarios políticos. La estrategia que el jefe de gobierno porteño había establecido para su candidatura en 2023 se vio trastocada y se agudizó la interna.
Por Adrián Pulleiro
Coordinador de Futura-Laboratorio de Ideas
@adrianpulleiro
La estrategia de acumulación política que viene desplegando el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodriguez Larreta, implica el manejo de una serie de variables. Proyectar la imagen de una gestión eficaz y exitosa en el distrito, posponer lo más posible el debate con los competidores internos, confrontar con firmeza con Cristina Fernández para construirse como su principal interlocutor y hacer gestos claros hacia el empresariado para presentarse como la opción más viable para conducir un nuevo ciclo neoliberal.
En el campo propio, desde 2019 se movió con una estrategia bifronte. Eludió la disputa pública mientras concretaba su avance en territorio bonaerense, primero, y hacia el resto del país, después. Sin embargo, si hace apenas un año el resultado de las elecciones parlamentarias lo colocaba como el candidato presidencial “natural”, al menos, del PRO, los hechos que en el último mes y medio cambiaron el escenario político, volvieron a abrir el panorama y colocaron a la interna amarilla como el principal nudo a desatar por el alcalde porteño.
En el último tiempo, los avances mostrados por Larreta activaron las alarmas de sus adversarios internos y sus aliados por fuera de su partido. La convulsión generada a partir de la persecusión judicial a Cristina y el posterior intento de asesinato hicieron el resto. En ese marco, las fortalezas relativas del jefe de Gobierno respecto de las otras figuras principales del universo de las derechas siguen en pié: su capacidad para construir desde el centro a la derecha, la complementariedad con dirigentes de otros sectores de la alianza cambiemita y, algo fundamental, la carta que representa en términos materiales y simbólicos gobernar la CABA.
Los nuevos retos que enfrenta en su apuesta nacional dan lugar a ajustes en la estrategia trazada, pero también dejan al descubierto que no solo se trata de ganar espacio entre quienes quieren castigar electoralmente al peronismo y de ampliar su estructura nacional.
La hegemonía en el territorio propio
Aunque parece una obviedad, vale la pena remarcarlo: en el origen estuvo y está la Ciudad de Buenos Aires y Larreta necesita seguir mostrando su estilo de gestión como un modelo sin fisuras y no tener grandes conflictos para seguir en modo campaña electoral.
Esto no dista de muchos casos en los que la proyección nacional de un referente está ligada a una gestión local o precedida de un momento de acumulación territorial. Con la salvedad de que el PRO y sus aliados no solo han sabido ganar elecciones en la CABA, sino que han construido un andamiaje institucional (legislativo, judicial, policial, propagandístico) y un tipo de presencia en el territorio, que apuntala una verdadera hegemonía cultural.
También acá hay que marcar una particularidad conocida, porque la Ciudad de Buenos Aires es una vidriera para el resto del país y cuenta con una cantidad de recursos financieros incomparable con la mayoría de los distritos.
A su vez, obviamente no es una hegemonía neutra, ya que la CABA se trata de un espacio privilegiado para el avance de modelos sociales forjados por la lógica avasallante del capital financiero global. Por ende, hegemonizar la capital del país y mantener el control sobre su aparato estatal, tiene efectos que van más allá de cualquier coyuntura electoral; es una condición de posibilidad para que la derecha neoliberal siga encontrando, más allá de los nombres, a sus gestores de “alcance nacional”.
CFK y la interna de la derecha
Larreta venía armonizando los aspectos principales de su estrategia hasta que en agosto una serie de acontecimientos trastocaron esa tendencia. La movilización en defensa de Cristina modificó las coordenadas de todo el escenario político y recalentó la interna de Juntos por el Cambio. El intento de asesinato sufrido por la vicepresidenta no hizo más que potenciar esa situación y ahondar más todavía los niveles de imprevisibilidad.
Desde el punto de vista del jefe de Gobierno, los hechos del jueves 1° de septiembre impactaron claramente en dos niveles. Por empezar, quedó desplazado de la centralidad casi exclusiva que habría tenido si el foco de tensión se hubiera mantenido en Recoleta, mientras que Patricia Bullrich logró una centralidad que no venía teniendo.
Larreta condenó rápidamente el atentado y, más allá de sus pretensiones, la radicalidad posterior de la ex ministra de Seguridad terminó ubicándolo en una posición moderada. Si bien mantuvo una línea de confrontación firme contra el Gobierno Nacional -decretando la recuperación del día de clase por el feriado definido por Alberto Fernández o rechazando el supuesto intento de imponer una Ley mordaza por los discursos de odio- y evitó cualquier gesto que lo mostrara dispuesto a tender puentes con el kirchnerismo, en este nuevo contexto volvió a hablar de la necesidad de superar la “grieta” y de condenar las disputas “inútiles” entre las fuerzas políticas.
Si hasta ese momento el golpe por golpe con la vicepresidenta era todo ganancia para Larreta, producido el ataque a Cristina la clave pasó a estar en cómo moverse ante la disputa a cara de perro que le propone Bullrich.
En simultáneo, esos hechos expandieron las disputas internas en el universo Cambiemos. Por primera vez en mucho tiempo, no solo se trata de cuestionamientos públicos. De hecho, en la Legislatura porteña, donde venía funcionando una mayoría automática, se evidenciaron fisuras significativas. Lo que se expresó, primero, en la suspensión de sesiones ordinarias y reuniones de comisión y, más tarde, en el anuncio de seis legisladores que responden a Bullrich y Christian Ritondo de que van a funcionar como grupo parlamentario.
Esto último, responde a un acuerdo más general entre la presidenta del PRO y el diputado nacional, que oficia como uno de los referentes bonaerenses más importantes del partido. La jugada, que contaría con el aval de Mauricio Macri, fue presentada la última semana. Efectivamente puede interpretarse como un paso hacia la consolidación de la candidatura presidencial de Bullrich, y por ende como golpe para Larreta. Sin embargo, también puede leerse como un reflejo ante su avance.
Si bien nada es definitivo, unos días después de la foto entre Bullrich y Ritondo, Larreta encabezó un encuentro con más de cien referentes de todo el país, incluyendo dirigentes del PRO y de otros espacios que integran Juntos por el Cambio, como el cordobés Luis Juez o el intendente de Tucumán, Germán Alfaro .
Desigualdades que emergen en el pago chico
En el último mes y medio, otros hechos también condicionaron el despliegue de Larreta. Por un lado, la muerte de una alumna de una escuela del Barrio 21-24 puso en evidencia al Gobierno de la Ciudad, que unos días antes había anunciado un endurecimiento en las condiciones de regularidad escolar para que las familias beneficiarias del programa Ciudadanía Porteña sostengan esa asistencia.
Por otro lado, hay varios frentes de conflicto abiertos con trabajadores del Estado local y colectivos vecinales que se oponen al avance del negocio inmobiliario. Sobre todo, la lucha de las enfermeras y enfermeros para ser incluídos en la carrera profesional del sector salud y las denuncias que empleados públicos vienen realizando acerca del vaciamiento de su obra social (Obsba), exponen al GCBA debido a la legitimidad de la que goza ese reclamo y a las derivaciones que puede tener la falta de transparencia en la gestión de una de las cajas más importantes del distrito.
Sobre apuestas y apostadores
En la Argentina hay un bloque social integrado por la cúpula empresarial, la corporación judicial, los medios de comunicación dominantes y la derecha política que, más allá de los elencos gubernamentales, se encuentra a la ofensiva y con niveles históricos de convergencia en su accionar.
En los términos más elementales, lo que mueve y articula a esos sectores es la conservación de sus privilegios. En términos más concretos, encarnan una apuesta por imponer límites a cualquier ampliación de derechos y establecer una mayor liberalización de la estructura económica para terminar de institucionalizar una relación de fuerzas totalmente favorable al capital. Cosa que requiere de una derrota duradera al movimiento popular, que discipline especialmente a la clase trabajadora.
En ese bloque social existe hoy una disyuntiva. Si bien el horizonte está claro, no pasa lo mismo con los procedimientos políticos y los tiempos sociales que deberían ponerse en juego.
El discurso de Bullrich parece ser más coherente con la radicalización que experimenta esa cúpula empresaria, mediática y judicial, y con el borramiento más general de las pautas de convivencia democrática que está en curso, alimentado en gran parte por las distintas fracciones de la derecha política. Lo mismo pasa con Macri, su deriva abiertamente pro-grieta a partir de 2015 y su afirmación acerca de que si tuviera un segundo tiempo haría lo mismo que en su primer gobierno pero más rápido.
La apuesta de Larreta se juega de un modo evidente en evitar que su figura quede limada por derecha, pero necesita encarnar algo más. Según indicó él mismo en el encuentro que tuvo con dirigentes de todo el país hace unos días, se trata de tener un plan y consensuarlo entre los aliados porque la cuestión “no es aprobar leyes los primeros días sino que éstas se mantengan veinte años”.
“Radicalidad” o “viabilidad” parece ser también la gran cuestión a resolver entre los sectores que componen el bloque social por los privilegios. La interna del PRO se colocó en el centro de la escena. Una interna que va bastante más allá de lo partidario y de una disputa entre figuras. Los objetivos son los mismos, las formas no necesariamente. Algo que en política no es aleatorio y puede traer consecuencias diversas.
Deja un comentario
Análisis
El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar
La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.
Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.
El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.
«Una bomba en el medio del pueblo»
Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.
La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.
Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».
Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal
Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».
Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.
Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.
Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».
La intendenta y el pedido de los trabajadores
Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.
Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».
La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.
-
Denuncia5 díasEl Gobierno le pagó a funcionario una indemnización de $110 millones y al otro día lo volvió a contratar
-
Defensa2 díasPresupuesto 2027: base naval y misiles en lugar de aulas, sillas de ruedas y hospitales
-
Economía 💲6 díasDuro editorial de The Economist contra Milei: “Tus aliados enfrentan acusaciones de corrupción propias”
-
Espectáculos 🎭6 díasCarlos Torres aterrizó en Ezeiza para dos shows de “La Reina del Flow”
-
DDHH5 díasEl costo de la violencia migratoria de Trump: miedo, deportaciones y falta de trabajadores en Florida
-
DDHH5 díasEl lawfare ante el mundo: los abogados de Cristina explican en la ONU por qué la condena es política
-
Fútbol & Goles4 díasLa despedida del 10: Messi se retira en el Monumental el 6 de octubre
-
Comunidad 👥5 díasSegún el INDEC, criar un hijo de hasta 12 años cuesta $713.070 por mes en la Argentina de Milei

Pingback: ANÁLISIS¿Cristina o Patricia?: las opciones de Larreta y los dilemas del establishment – futura.laboratoriodeideas