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Análisis

Aproximación a “Revolución, contribución del sandinismo al concepto y otros ensayos”

Reseña del más reciente libro de Carlos Midence.

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El-Argentino-Revolución Sandinista

Por Juanlu González*

La segunda década del siglo XXI parece contagiada del espíritu de cambio de aquellos “locos años 20” del periodo de entreguerras mundiales, tan glosados en el cine y en la literatura. Una profunda crisis capitalista mal resuelta y en proceso de cronificación, se remata con una pandemia mundial que pone en cuestión los cimientos mismos del liberalismo. Pero, cuando el pulso del mundo parecía volver a normalizarse, se desata la guerra de Estados Unidos contra Rusia en Ucrania, que augura movimientos de naturaleza tectónica que trocarán la escena internacional hasta convertirla en irreconocible.

Incluso el ínclito Fukuyama ha tenido que salir a la palestra a desdecirse de las palabras vertidas en el libro “El Fin de la Historia”, reconocer los errores de los neocons y las virtudes del marxismo. ¿Se hiela el infierno? El mundo unipolar está despareciendo a marchas forzadas, especialmente en sus aspectos económicos, tecnológicos y también —más lentamente— en los militares. No es flor de un día, pero tampoco tiene marcha atrás.

Los procesos sociales se cuecen a fuego muy lento y a este plato le falta poca cochura. Que nadie sueñe con detener en seco a un transatlántico a toda máquina o parar una riada con las manos. Un nuevo futuro ya está aquí para quedarse, nos guste o no, lo queramos o no.

Aunque muchos pensamos que no veríamos el advenimiento de un nuevo mundo o de un Nuevo Orden Mundial, este ya se abre paso en las cumbres de los BRICS, en las reuniones de la OCS o de la OPEP+, en la ola soberanista que recorre Nuestramérica y, por qué no decirlo, en los frentes de la operación militar especial de Ucrania. Aún resta atravesar una fase de transición, esa en la que Gramsci anuncia el surgimiento de los monstruos. En fin, nadie dijo que fuera fácil y que el hegemón no opondría resistencia…

Sin embargo, existe un frente en el que el imperio y sus aliados no van a soltar el bocado tan fácilmente. Me refiero a la hegemonía cultural y académica, a los paradigmas sobre los que fundamentamos nuestro marco de referencia con el que analizamos el mundo y a las bases mismas del conocimiento, a la epistemología. Es aquí donde el libro de Carlos Midence —actual embajador de la Nicaragua sandinista en Argentina—, “Revolución, contribución del sandinismo al concepto y otros ensayos”, se bate el cobre con toda su bravura.

Y es que esa batalla puede ser mucho más larga y duradera, ya que, como señala Midence, el colonialismo occidental no solo saqueó los recursos naturales del Sur Global, sino que también los despojó de sus epistemologías propias, haciéndoles adoptar visiones eurocéntricas a las que hicieron pasar por realidades universales.

Los tres ensayos que componen este libro parten del análisis de las vivencias personales y políticas del autor, del estudio de la historia contemporánea revolucionaria de su país, para trastocar los cimientos de estatus quo global. Y lo tiene verdaderamente fácil. A través del legado de las figuras de dos nicaragüenses con proyección universal, cuyas vidas, mensaje y proyección lleva investigando durante toda su trayectoria académica: Sandino y Darío. Los más grandes héroes que ha parido Nicaragua para el mundo. Dos verdaderos iconos, en principio muy distintos, pero unidos por un sentir decolonial, antiimperialista, soberanista e identitario, que los une dentro del ámbito revolucionario con mayúsculas, sin trampas semánticas ni trivializaciones burguesas.

Es necesario, pues, descolonizar las mentes como requisito imprescindible para caminar a la liberación de la opresión a la que han estado sometidos tantos y tantos pueblos para satisfacer las ansias depredadoras de las metrópolis del norte. El teatro de operaciones de esta guerra son los medios de comunicación de masas y la producción de la Academia.

Afortunadamente, en los rankings de calidad de las universidades mundiales ya se están situando con fuerza instituciones no occidentales. Ese es el camino, pero también son necesarias publicaciones valientes que apunten a la línea de flotación de los paradigmas de pensamiento occidental y a su visión unidimensional del mundo.

Probablemente, durante un periodo de tiempo, no alcancen el impacto que se merecen, dado su carácter heterodoxo, crítico y demoledor contra el actual estado de las cosas, pero serán reconocidos por abrir el camino hacia el futuro que está por llegar. Es el momento de no amilanarse, de dar un paso al frente.

Como decía Mao: “reina un gran desorden bajo el cielo; la situación es excelente” para que vean la luz ensayos como este y se incorporen a nuestras bibliotecas y a nuestro bagaje personal. Porque, aunque no lo creamos, nuestras mentes occidentales también deben sufrir un proceso de emancipación.

No será tarea fácil, hemos estado siglos bajo la influencia del yugo invisible de los dogmas de un estado opresor, saqueador e invasor, presentado a sí mismo como civilizador, paternalista benefactor y parte integrante del excepcionalismo de un pueblo tocado por la gracia divina.

Por eso “Revolución, contribución del sandinismo al concepto y otros ensayos” es tan útil y necesario en la vieja y decrépita Europa, como en las tierras de Nuestramérica.

Podés conseguir el libro a través del siguiente enlace.

*Juanlu González es colaborador geopolítico de medios públicos internacionales, de países del Eje del Mal y del Frente de la Resistencia, así como de diversas webs de información alternativa en castellano del Estado español, América Latina y Oriente Medio. Miembro de la «Red de Artistas, Intelectuales y Comunicadores Solidarios con Nicaragua y el FSLN»; de la «Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad» y de la «International Campaign To Return To Palestine», entre otras organizaciones. Autor del libro «El Gran Juego, claves para entender los conflictos internacionales de nuestro tiempo» y otras publicaciones.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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