Análisis
«Es imposible que los salarios le empaten a la inflación»
La nueva Ministra de Trabajo, Kelly Olmos, comentó que en un escenario de alta inflación es muy difícil empatarle a los salarios. En realidad, es imposible.
Por Daniel Adler*
No hay forma de ganarle a una inflación que supera el 110 por ciento con ningún tipo de paritaria, porque la inflación es acumulativa y exponencial, es más potente de lo que parece.
Además, el número que da el INDEC es de más de 200 artículos diferentes, pero si vamos directamente a los principales rubros, los alimentos estuvieron en 6.7%, la ropa en 10.6% en un solo mes, lo que lo hace más dramático.
Olmos también dijo que sus metas eran cuidar el empleo y el salario. La mayoría de los empleos de hoy van a ser obsoletos en 3 o 4 años, por lo que el Ministerio de Trabajo debería fomentar estrategias diferenciales, con educación (uno de los rubros donde quieren recortar 70 mil millones de pesos por Presupuesto 2023) y capacitación estratégica para las personas actualmente empleadas, que contribuyan a la revalidación de su profesión y especialmente para los desempleados.
Que personas desempleadas dejen de tener un subsidio y que empiecen a generar salario sin subsidio va a representar un aporte a la baja inflacionaria, ya que no seguirán representando un gasto para el Estado.
Además, la Ministra dijo que iba a tender un puente entre los empresarios y las organizaciones sociales. ¿Para qué sirve un puente? Para nada.
Lo que se debe hacer es crear valor, estrategias novedosas, diferenciales. El Ministerio de Trabajo tiene que apuntar a esas personas que hoy reciben planes sociales.
Si bien el Estado debe estar presente para aquellos que lo necesitan, tenerlos tantos años bajo esa modalidad es sacarles el brillo, el espíritu, apagarles el alma. El Ministerio debe detectar talentos, realizar capacitaciones, cursos, para que puedan reinsertarse al mercado laboral.
Por su parte, el FMI proyectó un 76% de inflación anual para 2023, lo que es un error. Argentina nunca cumplió con las proyecciones, además es una creencia limitante para el país.
Se está dando un mensaje al mercado de cómo estará el país el año próximo y el mercado se proyecta en relación a eso.
Es mejor pensar en positivo, si pensamos en positivo nos va a ir bien. Debemos filtrar la información que nos llega, lo que vemos, lo que escuchamos o leemos y ver analizar de dónde salen o cómo se toman esas proyecciones, que nunca está demasiado claro.
La guerra en Europa va a continuar. El dólar y el euro se van a depreciar mucho más y, ante esto, la Argentina tiene una gran posibilidad de crecimiento por el campo, por el agro, por la exportación de conocimientos, lo que podría llevarnos a ser un gran supermercado de productos terminados para el mundo.
El contexto mundial crea grandes oportunidades para la Argentina, falta decisión política para crecer y crear más empresas que produzcan productos terminados con un sello de calidad argentino.
*Especialista en Educación Financiera y Emprendedurismo
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Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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