Análisis
Elecciones en Francia: para Milei q lo mira por tv
Jean Luc Mélenchon llamó a Macron a ceder el gobierno al Nuevo Frente Popular.
Por Dante Alfaro
La victoria del Nuevo Frente Popular en el ballotage de las parlamentarias francesas deja algunas lecciones importantes. Una vez más, la fuerza de la unidad de los sectores progresistas alcanzó para impedir la pesadilla del fascismo. El pueblo francés derrotó la estrategia del odio y del miedo haciendo honor a sus mejores tradiciones democráticas.
Así lo ha declarado Jean Luc Mélenchon, principal referente del NFP: “Nuestro pueblo ha rechazado claramente el peor escenario posible. Una mayoría ha hecho otra elección para el país, distinta a la extrema derecha. El primer ministro debe irse, el presidente tiene el deber de llamar al Nuevo Frente Popular a gobernar”.
Solo una semana antes, Reagrupación Nacional, la fuerza de ultraderecha de Le Pen había alcanzado en primera vuelta, el primer lugar, dejando en segundo lugar al Nuevo Frente Popular y en tercero al partido de Macrón, y su ascenso al gobierno parecía un hecho.
El gobierno de Macrón pagó, quizás algo tardíamente, tributo a su política económica antiobrera y antipopular, de la cual sobresale el aumento de la edad para jubilarse, llevándola de 62 a 64 años, el incremento de los precios de los combustibles y una reforma del código del trabajo cuyo núcleo es la flexibilización laboral y recortes a las indemnizaciones.
Por cierto, el descontento popular fue inicialmente mejor aprovechado por la “Reagrupación Nacional” de Marine Le Pen que tentó a la población a cortarse por derecha luego de cada conmoción y de imponentes estallidos como aquel de los Chalecos Amarillos.
La unión de las izquierdas
La unión de las izquierdas, plasmada en pocos días, mostró por una vez en la vida, reflejos defensivos que tendrían que servir de ejemplo a nuestros opositores autóctonos. Veinticuatro horas les llevó conformar el frente y 48 confeccionar la lista de candidatos.
El adelantamiento de la 2ª vuelta por Macrón exigió a la alianza de la izquierda un esfuerzo militante extraordinario. Más allá de si podrá o no imponer un nuevo gobierno, superando los complicados mecanismos del sistema político galo, el Nuevo Frente Popular afronta el desafío de ofrecer al pueblo de Francia un horizonte que catalice sus aspiraciones y esperanzas.
Digamos de paso, que este triunfo de la izquierda en Francia, sigue al reciente del laborismo en el Reino Unido sobre los conservadores británicos y parece desmentir la mirada de nuestros políticos locales de que el mundo va hacia la derecha y por tanto habría que aggiornarse ofreciendo una propuesta de “centro”. Si miramos a Latinoamérica, (México y Brasil en primer lugar) la derecha no es lo que predomina. En Europa la ultraderecha ha sido contenida en distintos países.
En esta hora del mundo, no hay tiempo para triunfalismos berretas. Tampoco decimos aquí que el planeta va hacia una nueva izquierda, con destino sin escalas al socialismo. Lo que decimos con la guardia en alto, es que el partido está en la balanza, que no está dicha la última palabra y que el avance al parecer arrasador de la ultraderecha fascista tiene responsables en el campo de una clase o “casta” política que está más atenta a los “humores del mercado” o sea, a los intereses del gran capital financiero que a los padecimientos y necesidades de nuestros pueblos.
Bien es verdad, que estas líneas de reflexión tienen la mirada puesta en los sucesos europeos pero el corazón en nuestro dolido sur. La verdadera democracia, la de contenido popular solidario, no puede provenir de ninguna alquimia entre los politiqueros profesionales de siempre que aquí en la Argentina, ante la catástrofe del mamarracho del gobierno de los hermanos Milei, se preparan para regresar como salvadores de la patria, para seguir ajustando y pagando deudas ilegítimas, sino del tumulto callejero y asambleario de los humillados y ofendidos en cada barrio, pueblo, lugar de trabajo o estudio. Para que no haya un solo pibe sin juguete ni escuela, un solo hogar humilde sin su alimento y sin su techo, ni un solo jubilado sin sus medicamentos y su porción de dignidad ganada con creces a lo largo de su vida.
Y en esa encrucijada de nuestra Patria, necesitaremos toda nuestra imaginación, nuestra pasión e inteligencia para trazarnos una estrategia que vaya mucho más allá de la aspirina electoral. Una estrategia de liberación nacional y social.
Análisis
La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo
Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».
Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia
Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.
Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.
Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.
Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.
El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina
La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.
Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.
La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.
Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)
La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.
Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.
Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.
El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas
El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.
Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.
El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.
Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala
La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.
El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.
En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.
Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.
Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.
Machismo de guardapolvo blanco
Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.
La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.
Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.
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