Análisis
La Ciudad de Buenos Aires contra sus habitantes
Por Mariana Collante
La construcción en la Ciudad de Buenos no para. Ese es el paisaje sonoro y visual en el que vivimos quienes habitamos o transitamos por la ex Capital Federal. En cada manzana, se está construyendo un edificio, o una vivienda antigua, independiente de su estado, ya tiene su anuncio de venta. Sin entrar en artes adivinatorias y, recurriendo a la experiencia, podemos anticipar que ‘la casa vieja’ será demolida y reemplazada por otro hábitat, lujoso e inalcanzable para un salario promedio. La transformación propiciada, y publicitada por el gobierno porteño, en materia de vivienda va contra de sus propios habitantes. No es una sensación, los últimos datos del Censo 2022 evidencian que esas políticas deberían discutirse, por lo menos. En la Ciudad de Buenos Aires existen 1.638.764 viviendas, (de ese número 1.946 son colectivas), y la cantidad de personas que las habitan son 3.120.612. Es decir, en cada unidad viven menos de dos personas. A esta fotografía hay que añadirle que la población porteña apenas creció un 5% en los últimos 30 años. Estos números imponen una pregunta: ¿Por qué se sigue construyendo vivienda y qué implica para sus habitantes?
Federico Kuledjian, Arquitecto y Planificador Urbano (FADU-UBA) señala que “los propietarios, y empresarios depositan sus ganancias en la construcción de vivienda, generando un efecto multiplicador de su inversión original. Es un fenómeno que se ve, no solo en Buenos Aires, sino en general en las grandes ciudades”. Kuledjian agrega que el paradigma de la construcción de viviendas sirve para solucionar el problema de los grandes empresarios que necesitan blanquear e invertir capitales excedentes, y de ninguna manera, busca responder a la demanda habitacional.
En tanto, Fernando Muñoz, integrante de Inquilinos Agrupados, coincide en que “la Ciudad no planifica la construcción de vivienda en función de las necesidades de la población, sino en función del mercado”. Dice, además, que el Estado local es un facilitador de los negocios privados porque se encarga de estirar cada vez más el espacio geográfico y modificar los marcos regulatorios a demanda. Y aporta un dato: “El norte está colapsado de construcciones amparadas en la mayor inversión que hace el Estado local en espacios verdes, seguridad, transporte, iluminación e infraestructura. El macrismo que gobierna la Ciudad hace 15 años ha planificado a largo plazo la extensión del negocio a nuevas zonas amparadas en beneficios fiscales y mayor inversión pública, como Colegiales, Barracas, San Telmo y Patricios”.
Según la Encuesta Anual de Hogares 2021 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el 40 % de los hogares, en el distrito más rico del país, son inquilinos. El arquitecto Federico Kuledjian explica que el aumento del valor de la tierra hace que cada vez menos personas tengan el privilegio de ser propietarios, pero para los grandes empresarios no lo es, porque son parte de una dinámica que les permite concentrar cada vez más espacio urbano e incidir sobre los precios.
Para Fernando Muñoz hay una matriz que se basa en esta ecuación: “Menos terrenos construibles en una ciudad rica y turística, más vale el metro cuadrado”. Por eso, señala, en esta ciudad es negocio la vivienda vacía; no hace falta rentarla a sectores que, por la propia condición de trabajadores sin techo propio, no cuentan con recursos suficientes para justificar el negocio privado.
La Ley Nº 27.551 establece que el aumento anual debe calcularse haciendo un promedio entre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y el de la Remuneración Imponible Promedio de Los Trabajadores Estables (RIPTE). Este número se denomina Índice de Contratos de Locación (ICL). La norma entró en vigencia en julio del 2020, y hasta diciembre de 2022 el resultado del ICL es del 193%, según el BCRA. En tanto, la inflación acumulada en el mismo período es de 252, 39%, porcentaje extraído del sitio Chequeado.com. Es decir, que desde que rige la ley, los inquilinos e inquilinas pagaron 60 puntos por debajo de la inflación. Este dato, en un contexto de fuertes subas en los precios de bienes y servicios, puede pasar desapercibido para los propios locatarios, pero no para el mercado inmobiliario, que insiste en presionar para modificar la ley.
En noviembre de 2022, la organización Inquilinos Agrupados presentó un proyecto en la Legislatura porteña para prohibir las viviendas vacías y poner a disposición del mercado de alquiler esas propiedades. La propuesta requiere reunir 38 mil firmas para que los ediles avancen en su tratamiento. Con este objetivo, la agrupación desplegó una campaña llamada “La vivienda vacía es un crimen” en las plazas de la Ciudad para dar a conocer los puntos salientes y así obtener el aval de los vecinos y vecinas. El texto a tratar prevé que toda vivienda vacía por más de 90 días deba ingresar a un sistema de alquiler protegido, es decir, administrado por el organismo de vivienda local. El proyecto también estipula que el precio del alquiler sea equivalente al 1% del valor fiscal (valor menor al valor de mercado) y que las viviendas con herencia vacante, es decir, sin herederos deben ingresar a este sistema. El proyecto busca que el Estado intervenga en el mercado, logrando así aumentar la oferta, disminuir el precio, y la cantidad de requisitos que se piden para poder acceder a una vivienda.
Los datos proporcionados por el Censo 2022, dejan en claro que no faltan viviendas, y que el paradigma de la construcción está agotado, siempre que se considere que acceder y construir un hogar es un derecho de todos.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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