Análisis
Balances indeseables
Espacio Arte Trans.
Por Emma Serna
Y sin darnos cuenta, hemos completado casi el 100% del 2024. Si lo pensamos en serio es asombroso, pero, vayamos a lo concreto. ¿Época de balances no? Y sí, es casi inevitable hacerlo.
Un año donde ha pasado de todo y más. Muchas cosas cambiaron en el país, muchas que creímos que sucederían, no sucedieron y aún una leve calma que antecede al huracán. Particularmente lo creo así, porque esta calma que atravesamos no tiene que ver con una satisfacción, sino más aún con una resignación, cansancio, desilusión y decepción.
¿Con qué ? ¿Con el gobierno? En parte sí, pero admitámoslo, hay una crisis interna que nos está haciendo revisar mucho de nosotrxs mismxs. Indudablemente hemos cambiado algunos de esos valores inquebrantables por algún beneficio, y eso tiene un costo.
Soy de las que siente que esta sociedad más que una crisis económica tiene una crisis moral y ética abrumadora. Se terminaron las palabras lindas y decorativas de muchos sectores del progresismo, las personas demandan ACCIÓN !
¡PUESTA EN MARCHA! se terminaron las falsas promesas y soluciones mágicas instantáneas de los «brillantes» offsider de la política, la religión y las creencias. Las personas demandan RESULTADOS.
Si hemos reemplazado algunos valores de la vida por respuestas y esas respuestas no llegan, ¿cuánto creen que puede durar ese «rulo loco» que nos lleva de la tristeza al enojo? Como soy optimista, siempre espero que llegue alguna solución que nos haga salir de ese espiral y nos pueda colocar en otro estado.
Sucedió también en temporadas anteriores, como cuando ganar un mundial nos recuperó el orgullo y la alegría de ser argentinxs. En fin, hay algo que todxs podemos hacer en nuestro pequeño microclima (nosotrxs mismxs) y es darnos cuenta que ninguno de esos dos caminos, ni el enojo ni la tristeza nos llevan a nada.
Será tiempo de una revolución interior que nos impulse como un intento de supervivencia a un pensamiento más optimista, más positivo, y sobre todo, menos extremo y más equilibrado y realista.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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