Análisis
Psicosis posparto: cuando la maternidad enferma y el Estado condena en lugar de curar
La madre «superheroína» que aguanta todo sin quejarse no es un ideal: es un obstáculo para que las mujeres pidan ayuda a tiempo.
El juicio de Lindsay Clancy en EEUU volvió a poner en el centro del debate una condición que afecta entre una y dos mujeres por cada mil nacimientos y que, en los casos más graves, puede derivar en tragedias que el sistema de salud podría haber prevenido. La psicosis posparto sigue siendo subdiagnosticada, estigmatizada y, con demasiada frecuencia, criminalizada en lugar de tratada.
El caso de Lindsay Clancy, la madre de Massachusetts acusada de homicidio por la muerte de sus tres hijos en 2023, desató en los últimos días un debate que incomoda tanto al sistema de salud como al sistema judicial. La defensa argumentó que Clancy, aunque sin diagnóstico formal de psicosis posparto, se encontraba en medio de una crisis psiquiátrica severa y había escuchado voces que le ordenaban matar a sus hijos y quitarse la vida. El caso llegó a juicio. No a un hospital. Esa sola secuencia dice más sobre el estado de la salud mental materna en el mundo que cualquier estadística.
Qué es la psicosis posparto, y qué no es
La psicosis posparto no es tristeza. No es el «baby blues» que desaparece en días, ni la depresión posparto que afecta a una de cada ocho madres primerizas y que ya de por sí permanece invisibilizada y sin tratamiento en proporciones alarmantes. La psicosis posparto es una emergencia psiquiátrica: una condición caracterizada por alucinaciones, delirios y una ruptura con la realidad que puede aparecer y desaparecer en minutos, dejando a quien la padece en un estado de terror y confusión que los testigos externos difícilmente comprenden.
Según datos de la organización Postpartum Support International, la condición afecta entre una y dos mujeres por cada mil nacimientos en todo el mundo. Algunos expertos sostienen que la cifra real podría ser mayor, dado que el diagnóstico erróneo es frecuente. Wendy Davis, directora ejecutiva de esa organización, fue precisa sobre las consecuencias de esa brecha: «Las consecuencias de no diagnosticar la psicosis posparto pueden ser graves. Tanto la mamá como los niños corren un alto riesgo de sufrir daños».
Los síntomas incluyen alucinaciones visuales y auditivas, estados de hiperactividad extrema, discurso acelerado, períodos de vigilia prolongados y, en los casos más severos, lo que la psiquiatría denomina alucinaciones de mandato: voces que ordenan con urgencia la realización de una acción concreta. Margaret Spinelli, profesora clínica de psiquiatría de la Universidad de Columbia, que evaluó a más de 30 mujeres juzgadas por matar a sus hijos mientras padecían psicosis posparto, describió el mecanismo con una imagen que no admite eufemismos: «Estos delirios se apoderan de la mente y del cuerpo. Son como marionetas».
El sistema que falla antes de que ocurra la tragedia
La psicosis posparto tiene tratamiento. Con intervención adecuada, las personas pueden recuperarse por completo. Un estudio con mujeres que padecieron la condición reveló que casi todas las participantes lograron la remisión. El problema no es la enfermedad: es la ausencia del Estado en el momento en que esa persona más lo necesita.
El tratamiento requiere hospitalización psiquiátrica en la mayoría de los casos, con el objetivo inicial de recuperar el sueño, ya que la privación de sueño se considera uno de los factores desencadenantes centrales del cuadro. Se combina con medicación (benzodiazepinas, antipsicóticos y litio) y, en los casos más severos, con terapia electroconvulsiva (TEC), cuya eficacia en estos cuadros está respaldada por evidencia científica. Veerle Bergink, directora del Centro de Salud Mental para Mujeres del Monte Sinaí, señaló uno de los puntos más críticos del sistema: «Lo que vemos una y otra vez es que las pacientes que reciben el alta demasiado pronto, antes de recuperarse por completo, recaen fácilmente».
El estándar de oro reconocido internacionalmente son las unidades de madres y bebés, donde ambos permanecen juntos bajo supervisión especializada durante todo el tiempo que sea necesario. Existen en Gran Bretaña, Francia y Australia, entre otros países. En Estados Unidos, solo hay cinco unidades de hospitalización especializadas en salud mental perinatal en todo el territorio. En Argentina, la ausencia de un registro nacional unificado de salud mental materna hace imposible saber cuántas mujeres padecen psicosis posparto sin diagnóstico, sin tratamiento y sin red.
Una enfermedad sin lugar en el manual psiquiátrico
Uno de los obstáculos estructurales más significativos para el diagnóstico y el tratamiento es que la psicosis posparto todavía no figura como diagnóstico específico en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), el manual psiquiátrico más influyente del mundo. Los especialistas están divididos sobre su clasificación, y esa división tiene consecuencias concretas: sin categoría diagnóstica propia, los protocolos de detección precoz son inexistentes o dependen de la iniciativa individual de cada profesional. Los expertos advierten que esto convierte al diagnóstico erróneo en algo sistemático, no excepcional.
Las investigaciones muestran que las mujeres con antecedentes personales o familiares de trastorno bipolar tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar psicosis posparto, y que la condición puede ser la primera manifestación de un trastorno bipolar que persista más allá del período posparto. Sin embargo, alrededor de dos tercios de las mujeres que la padecen no tienen antecedentes psiquiátricos previos, lo que hace de la vigilancia comunitaria, por parte de familia y entorno inmediato, una variable tan importante como la atención clínica.
El peligro de romantizar lo que debería ser una alarma
Cuando una mujer pasa días sin dormir, habla más rápido de lo habitual, ve u oye cosas que no existen o se desconecta de su bebé sin razón aparente, el entorno frecuentemente lo interpreta como «el cansancio normal de ser madre». Esa normalización es parte del problema. La cultura que romantiza el sacrificio materno es la misma que retrasa el diagnóstico. La madre «superheroína» que aguanta todo sin quejarse no es un ideal: es un obstáculo para que las mujeres pidan ayuda a tiempo.
Davis, de Postpartum Support International, sintetizó el mensaje que considera urgente transmitir a cualquier mujer que atraviese esta condición: «No estás sola, no tienes la culpa y con ayuda te recuperarás». Tres frases que deberían ser la respuesta del sistema de salud. En cambio, con demasiada frecuencia, la respuesta que reciben estas mujeres es la de un juzgado penal.
Criminalizar lo que el Estado no previno
El caso Clancy no es el primero y, si nada cambia, no será el último. A lo largo de la historia, mujeres que mataron a sus hijos en el contexto de cuadros psicóticos graves posparto fueron juzgadas, condenadas y encarceladas. Algunas permanecieron décadas en prisión antes de que una revisión de su caso incorporara la perspectiva psiquiátrica. Lo que los tribunales procesan como crimen, la psiquiatría perinatal lo reconoce como una emergencia de salud no atendida.
La tensión entre el derecho penal y la salud pública en estos casos no es un debate abstracto. Es la diferencia entre condenar a una mujer enferma o haberle dado acceso a tiempo a una cama psiquiátrica, a un diagnóstico correcto, a medicación adecuada y a acompañamiento especializado. Mientras los sistemas de salud no incorporen la psicosis posparto como una emergencia de atención prioritaria, y mientras los sistemas judiciales no integren el componente psiquiátrico como variable central en estos casos, las tragedias seguirán ocurriendo. Y el Estado seguirá llegando tarde, con esposas en lugar de tratamiento.
Por Jesús Rivero*
Deseo comenzar por la etimología de transmisión, porque como planteaba Jacques Marie Emile Lacan, el origen me colma.
Transmisión etimológicamente significa acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá.
¿Qué se transmite?
El objeto petit “a» que agujerea al sujeto-sujetado y lo sostiene desde su pérdida.
¿Es pedagógico?
Se puede decir que no. Aunque las palabras no pueden decir todo.
Éste petit “a» de Jacques Lacan es su invento privilegiado, ya que a la nada le cedió un lugar topológico, lo nombró y dio (donó) existencia.
Falta irreductible que opera más allá del sujeto supuesto saber. Es la hiancia que motoriza el deseo. Lacan en su última enseñanza transmite esto, la cosa, el ruido. No un supuesto saber platónico y universal, esto obtura.
Hagan la prueba, pongan sobre un escritorio una piedra y un libro frente a una audiencia y observen las miradas de dicha audiencia, que se transmite. El ruido, la enunciación del enunciado. El dicho del decir del disertante, cuyo rasgo unario, no tiene que ver con la pedagogía. Lo que se transmite es otra cosa, el objeto petit “a».
Lo que todos buscan en este movimiento, que es el peronismo, cuyo significante vacío busca negociar con un significado. Es el punto de capitón que anuda la significación. Esta lucha casi interminable que auguran para siempre los opositores, pero nadie mejor que ellos saben, que dicha disputa de poder (lucha de clases) siempre llega a su anudamiento.
El significante vacío sin negociación, no es nada. La problemática es intentar identificar un líder, sin transmisión. Sin hacer circular una cosa, más allá. Esto no puede ser forzado, no es pedagógico, responde a la lógica de la falta, de lo que se perdió. El mismo Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” planteó que “las masas no se identifican al ideal del yo, sino que se identifican entre sus yoes, al objeto ideal que es el líder». Es decir, no hay identificación al significante, sino entre las masas a un rasgo, que es el objeto ideal.
Este objeto (poder) no es pedagógico. No se aprende, se comprende. La conducción no es para cualquiera, se tiene o no se tiene. Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero no todos saben transmitirlo. De aquí, vemos a grandes teóricos no entender la fórmula de dicha conducción, nunca la van a entender, porque no se entiende se comprende.
El mismo Juan Domingo Perón, que en lo singular creo es el mejor en conducción, no decía: “la política no se aprende, se comprende, y solamente comprendiendo es posible realizarla racionalmente. Decía el Mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para quien la haya comprendido, no para el que pretenda aprenderla”.
Hoy en día hay muchos que pretenden aprenderla, y hay pocos que desde el exilio, cárcel o proscripción, la comprenden. Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía.
*escritor y activista político.
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