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Crece la polémica: buscan demoler el interior del Luna Park para ampliar su capacidad

Especialistas y organizaciones advierten sobre la «destrucción cultural» que implicaría la obra.

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El histórico estadio Luna Park enfrenta su mayor amenaza en más de ocho décadas de existencia. Un proyecto impulsado por la empresa DF Entertainment, controlada mayoritariamente por la firma estadounidense Live Nation Entertainment, propuso demoler todo el interior del edificio para construir una nueva estructura más alta y con mayor capacidad. La iniciativa viola las normativas de protección patrimonial vigentes a nivel nacional y porteño, y desató una fuerte controversia política y cultural.

Una concesión polémica

El Arzobispado de Buenos Aires y la congregación salesiana, copropietarios del Luna Park desde 2013, adjudicaron la concesión del estadio a DF Entertainment por un período inicial de 20 años, con opción de prórroga por otros 20. La decisión se basó en el canon económico más alto ofrecido por la empresa, que propuso aumentar la capacidad del estadio de 8.400 a 13.000 espectadores, a cambio de demoler 16.421 metros cuadrados y construir 34.234 metros cuadrados nuevos.

Documentos a los que accedió la prensa confirmaron que el contrato entre las partes se firmó el 16 de octubre de 2024, pese a que el Vaticano, autoridad última en cuestiones patrimoniales eclesiásticas, aún no otorgó el aval definitivo.

Protección patrimonial ignorada

El proyecto enfrenta objeciones legales severas. El Luna Park fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2007 mediante el decreto 1.230/2007, y también cuenta con nivel de Protección Estructural en el Código Urbanístico de la Ciudad de Buenos Aires. Ambas normativas prohíben expresamente:

  • La demolición de estructuras existentes.
  • La ampliación del volumen edilicio.
  • La alteración de las fachadas, las tribunas, el techo y el piso originales.

A pesar de estas prohibiciones, la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, que depende del Ministerio de Cultura de la Nación, aprobó el proyecto en una reunión virtual realizada el 6 de enero de 2025. Según informó Diego Cabot en La Nación, la reunión se realizó «sin estudios técnicos» ni «discusión sobre el tipo de intervención».

Uno de los funcionarios que votó a favor fue Juan Vacas, subsecretario de Paisaje Urbano de la Ciudad de Buenos Aires e integrante de la comisión, hombre de confianza del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri.

¿Un nuevo estadio a medida del negocio?

El proyecto presentado por DF Entertainment contempla una cornisa de 20 metros y la construcción de un nuevo techo que llevaría la altura total del estadio a 35 metros, el doble de la estructura actual. De avanzar, el Luna Park perdería su fisonomía original, reconocida como patrimonio histórico y cultural de Argentina.

Actualmente, el expediente se encuentra en análisis dentro del Gobierno porteño, que deberá emitir autorizaciones urbanísticas adicionales. Mientras tanto, especialistas en patrimonio urbano y organizaciones culturales advirtieron sobre la posible «pérdida irreparable» de uno de los íconos arquitectónicos más emblemáticos de la ciudad.

La arquitecta Teresa Anchorena, expresidenta de la Comisión Nacional de Monumentos, señaló que «el estadio forma parte de la memoria colectiva de los argentinos» y que su transformación «sería un acto de destrucción cultural inadmisible».

En paralelo, asociaciones de defensa del patrimonio urbano analizan presentar acciones judiciales para frenar las obras antes de su inicio.

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Macri criminalizó las amenazas escolares mientras el país busca solución a una crisis sin precedentes

El jefe de Gobierno porteño calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad. El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.

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El Argentino Diario-Jorge Macri.

Macri calificó las amenazas en escuelas como delito en medio de una crisis de violencia sin precedentes

★ El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, convocó este martes a una conferencia de prensa en la sede del Ejecutivo porteño, en la calle Uspallata 3160, para trazar un diagnóstico oficial sobre la ola de amenazas de tiroteos en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.

Flanqueado por sus ministros y el fiscal general porteño, Macri fue categórico: «No es una broma pesada, es un delito». La declaración llegó en medio de una crisis de violencia escolar que sacude a todo el país desde el trágico tiroteo en San Cristóbal, Santa Fe, ocurrido el 30 de marzo pasado.

El punto de partida: San Cristóbal y el efecto dominó

La crisis tiene un origen concreto y devastador. Ese 30 de marzo un adolescente de 15 años, identificado por la justicia santafesina con las siglas G.C., ingresó a la Escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal con una escopeta calibre 12/70 oculta en su mochila y abrió fuego. Ian Cabrera, de 13 años, murió. Otros ocho estudiantes resultaron heridos. Un portero del establecimiento evitó una masacre aún mayor al desarmar al agresor.

Lo que siguió no fue una crisis aislada sino una ola. En días posteriores, cientos de escuelas en al menos doce provincias, que incluyen la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Neuquén, Entre Ríos, La Pampa y Tierra del Fuego, recibieron mensajes intimidatorios con una frase que se repetía casi con calcomanía: «Mañana tiroteo. No vengan». El Departamento Judicial de San Isidro llegó a recibir entre 500 y 600 denuncias en apenas 72 horas.

La subcultura detrás de las amenazas

La investigación judicial en San Cristóbal reveló una dimensión que excede el fenómeno viral. La Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) detectó a abril de 2026 la existencia de al menos 7 expedientes judiciales en Argentina vinculados a episodios con características similares, todos relacionados con la llamada True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que idealiza y promueve masacres escolares. En los dispositivos confiscados a adolescentes detenidos por las amenazas se encontraron grupos de mensajería en los que se compartían imágenes y conversaciones de extrema violencia.

El propio jefe de Gobierno porteño reconoció que «muchas de estas situaciones nacen de tendencias en redes sociales» y convocó al diálogo familiar como primera línea de respuesta. La frase, aunque correcta en su diagnóstico, expuso la fragilidad institucional frente a un fenómeno que desborda los marcos tradicionales de intervención escolar y policial.

Operativos en todo el país: mochilas, allanamientos y conferencias

La respuesta de las distintas jurisdicciones fue heterogénea. En Puerto Madryn se realizaron allanamientos contra dos menores de 16 años imputados por intimidaciones; en Salta se revisaron más de 400 mochilas en un solo colegio; en Tucumán se intensificó la presencia policial en las puertas de los establecimientos; en Corrientes, varios colegios recibieron a sus alumnos sin mochila para agilizar los ingresos; y en Misiones, el Ministerio de Educación provincial lanzó materiales específicos dirigidos a familias y equipos directivos para fortalecer la detección temprana de situaciones de riesgo.

En la Ciudad de Buenos Aires, la central docente UTE emitió un comunicado en el que advirtió que las amenazas «constituyen una señal de alarma que debe interpelarnos como sociedad» y subrayó que «la escuela sola no puede» hacer frente a esta problemática. El texto reclamó al Estado una intervención urgente y estructural.

La paradoja de la respuesta institucional

La paradoja de fondo es que las instituciones no pueden ignorar las amenazas, pero cada reacción visible le confirma al imitador que su acción tuvo efecto. Alcanza con que sea creíble para activar las alarmas. Un mensaje de WhatsApp puede suspender clases, movilizar a las fuerzas de Seguridad y alterar la vida de cientos de estudiantes y escuelas.

En ese sentido, la conferencia de Jorge Macri, aunque pertinente en su encuadre jurídico, fue también parte de ese mecanismo de amplificación. La declaración de que se trata de un delito, respaldada por la presencia del fiscal general porteño, señaló una orientación punitiva que no responde por sí sola a las causas estructurales: la crisis de contención en las aulas, la fragmentación del tejido social en un contexto de ajuste brutal sobre el sistema educativo público y la expansión sin control de comunidades digitales radicalizadas entre adolescentes vulnerables.

Puntos clave:

  • El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad.
  • El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.
  • Las amenazas se extendieron a cientos de establecimientos en al menos 12 provincias argentinas, con una frase casi idéntica: «Mañana tiroteo. No vengan».
  • La justicia santafesina y la SAIT vincularon el fenómeno con la True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que exalta las masacres escolares.
  • Los operativos incluyeron allanamientos, revisión de mochilas y refuerzo policial en múltiples jurisdicciones, con al menos una decena de adolescentes imputados a nivel nacional.

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