CABA
La UTT realizó hoy un «feriazo» en Constitución contra el DNU y el «ajuste económico»
Estuvimos en un nuevo feriazo en Constitución de la UTT, contra el ajuste económico del Gobierno contra el pueblo», dijeron los organizadores.
Dirigentes y militantes de la la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) realizaron hoy un nuevo «feriazo de protesta» en Plaza Constitución, en la ciudad de Buenos Aires, en rechazo al decreto de necesidad y urgencia (DNU) de desregulación de la economía y «en solidaridad con el pueblo ante el brutal ajuste del Gobierno nacional».
«Estuvimos en un nuevo feriazo en Constitución de la UTT, contra el ajuste económico del Gobierno contra el pueblo, y entregamos varias toneladas de alimentos para las familias que no tienen un plato de comida este fin de año», dijeron los organizadores, al referirse a esta protesta callejera que comenzó a las 10.
«Es un feriazo solidario. Estuvimos con mucha gente, mucha verdura a precio muy económico. La jornada la estamos haciendo en el marco del plan de lucha nacional, posicionándonos en contra del DNU de Milei que afecta a todo el pueblo y a nuestro sector incluyendo la ley de tierra que su derogación favorece la concentración y extranjerización de la tierra», señaló en declaraciones Agustín Suárez, coordinador nacional de la UTT.
En ese marco, los organizadores hicieron referencia a «un nuevo plan de lucha nacional a desarrollarse en todo el país, en solidaridad con el pueblo ante el brutal ajuste del Gobierno nacional y en reclamo por políticas públicas para el sector».
«Hace más de 13 años que somos una organización nacional de más de 25.000 familias pequeños productoras de distintos puntos del país, que lucha por acceso a la tierra y para que el alimento sano y a precio justo esté a disposición del pueblo», destacaron.
Suárez aseguró que la protesta es motorizada por «familias productoras que alquilamos la tierra y resistimos en las quintas, golpeadas por el mercado concentrado y especulador, el ajuste, la inflación, el cambio climático».
«A pesar de esto, seguimos demostrando que somos el campo que alimenta, el que está al lado del pueblo, con solidaridad y compromiso social, dando respuestas en este momento en el que muchas personas no tienen el plato de comida garantizado», subrayó.
En tanto Zulma Molloja, vocera nacional de UTT, dijo que la organización está «en la calle luchando para derrotar el hambre generado por los sectores concentrados de siempre» y sostuvo que, en ese marco, pondrá hoy a disposición «miles de kilos de alimento sano a precio justo para que este fin de año ninguna familia se quede sin comer».
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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