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CABA

Leandro Santoro será el precandidato del peronismo porteño a jefe de Gobierno

La coalición en CABA adoptará el nombre de «Unión por la Ciudad» y buscará desafiar al PRO, que ha estado en el poder en el distrito durante casi 16 años.

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El-Argentino-Leandro Santoro

El diputado nacional Leandro Santoro se postulará como precandidato a jefe de gobierno con el respaldo del peronismo porteño en las elecciones venideras. Esta coalición política adoptará el nombre de «Unión por la Ciudad» y buscará desafiar al PRO, que ha estado en el poder en el distrito durante casi 16 años.

El anuncio de la lista de consenso se realizó a través de las redes sociales de «Unión por la Ciudad». Se destacó la construcción de una alternativa unificada para ganar en el distrito. Las decisiones sobre las candidaturas quedaron pendientes hasta el último momento, a la espera del escenario electoral a nivel nacional y con poco tiempo antes del cierre de las listas.

En este contexto, se acordó que Leandro Santoro encabece la lista como precandidato a jefe de gobierno. Matías Lammens liderará la lista de legisladores porteños, seguido por la actual legisladora Maru Bielli, Matías Barroetaveña y Claudia Neira.

La lista de precandidatos a diputados estará encabezada por Paula Penacca de la agrupación La Cámpora, seguida por Eduardo Valdés, Lorena Pokoik e Itai Hagman, este último representante del Frente Patria Grande.

Anteriormente, Santoro había asegurado que su espacio trabajarían en la unidad del distrito hasta el sábado por la noche, con el objetivo de formar una lista común que defienda un programa basado en «más de 100 ideas, normas y políticas públicas». Estas propuestas buscan «humanizar» la Ciudad de Buenos Aires y han sido elaboradas en colaboración con expertos.

El apoyo a Santoro se logró después de que el Frente Patria Grande, liderado por el precandidato a presidente Juan Grabois, decidiera no continuar con la precandidatura de Pedro Rosemblat a la jefatura de Gobierno, con el fin de garantizar la unidad en las elecciones internas a nivel nacional.

Cabe destacar que en estas elecciones, Ofelia Fernández, a pesar de que su mandato en la legislatura porteña vence a finales de año, no será precandidata. Asimismo, la exministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, también retiró su precandidatura.

Gómez Alcorta anunció en su cuenta oficial de Twitter, diez minutos antes de finalizar el horario límite para la presentación de listas, que tras conversaciones con sectores que planteaban proyectos alternativos, no fue posible lograr la unidad, y por lo tanto, decidieron no presentar su lista.

Anteriormente, el espacio Movemos, liderado por la exministra, emitió un comunicado en el cual criticó duramente la precandidatura de Sergio Massa, al considerarla un giro conservador y regresivo. Movemos llamó a consolidar una lista de unidad en el distrito, pero finalmente Gómez Alcorta decidió retirar su precandidatura.

Aún había incertidumbre sobre la precandidatura a jefe de gobierno de Nito Artaza, quien aparentemente había presentado una lista propia con precandidatos a legisladores y comuneros. Sin embargo, una hora después del cierre de las listas, su postulación no había sido confirmada oficialmente.

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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