CABA
Larreta pone en riesgo el trabajo de mujeres en una cooperativa
Trabajadores y trabajadoras gracias a la cooperativa pudieron terminar el secundario, lograr una independencia económica y conjugar el trabajo con el cuidado de sus hijas e hijos.
Por Agustina Ramos.
Seina, Mariela y Marilú son trabajadoras de La Milagros, una cooperativa con 120 personas que mantiene un convenio con el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño para llevar adelante el programa «Veredas Limpias» desde 2006, una política que corre el riesgo de ser desarticulada, según denunciaron organizaciones involucradas.
A las 8 de la mañana, las mujeres y algunos hombres de La Milagros se presentan a trabajar con remera blanca, pantalón azul, gorra, zapatos para la tarea y rastrillos en el marco de la Unidad de Gestión de Intervención Social (UGIS) para limpiar las veredas, plazas y parques de barrios populares como Villa Lugano, Villa Soldati, Bajo Flores y Barracas.
Su labor es «muy importante», especialmente para sus trabajadoras, quienes gracias a la cooperativa pudieron terminar el secundario, lograr una independencia económica y conjugar el trabajo con el cuidado de sus hijas e hijos.
Sin embargo, distintas organizaciones involucradas en Veredas Limpias denuncian que este tipo de trabajo se verá modificado porque el programa vivirá una reconversión hacia proyectos productivos y temen que se desarticulen las cooperativas además de desconocer lo que ocurrirá con los insumos y maquinaria necesarios.
«Ellos no tienen una visión de mejorar, sino de precarizar más aún. De hecho, la Ministra (de Desarrollo Humano y Hábitat, María Migliore) nos dijo que esto es como el ‘Potenciar Trabajo’, un plan. Nosotros le dijimos: mirá esto no es un plan, es un trabajo. Los compañeros tienen vacaciones, hay un presentismo», dijo Seina Gómez, de 28 años, bajo la sombra de un árbol en una plazoleta de Barracas que la resguarda a ella y su hijo del sol incendiario de diciembre en la ciudad.
Hace 10 años, cuando Seina tenía 18 y estaba terminando el secundario ingresó a trabajar en la cooperativa de trabajo La Milagros, perteneciente a la organización Barrios de Pie.
«Para mí fue como mi primer empleo joven. Estaba contentísima. En ese momento era 800 pesos el sueldo, me acuerdo. Para mí era un montón porque de mínima me podía solventar los gastos. Mi grupo familiar estaba compuesto por mi mamá que es soltera y mis dos hermanas; entonces ahí ya me podía comprar mis cosas y ayudar también en mi casa», contó la mujer para quien la cooperativa le permitió terminar el secundario y proyectar estudiar una carrera.
Cuando ingresó se codeaba con compañeras y compañeros más grandes, lo cual fue «todo un desafío». «Los compañeros decían: ‘Ay estos jóvenes seguro que no van a durar ni dos semanas’. Entonces era demostrar que estaban equivocados, que los jóvenes también podemos ser responsables con el laburo», explicó Seina, que un año después de comenzar a trabajar pasó a ser jefa de cuadrilla.
Actualmente, se la «trata de rebuscar» vendiendo también zapatos por internet en los momentos libres que tiene entre el trabajo y cuidar a su hijo para poder llegar a fin de mes. «Si realmente el gobierno tiene la intención de mejorar este programa que sea eso, mejorar. Para eso que construya una mesa de trabajo con nosotros que justamente somos los que venimos siguiendo esto», reclamó Seina, militante de Barrios de Pie.
La Milagros está compuesta por 120 personas que trabajan de 8 a 12 limpiando veredas, plazas y parques a partir del programa «Veredas Limpias» y perciben un sueldo de 14.700 pesos mensuales, con un contrato que se renuevan cada 12 meses.
El 80% de sus integrantes son mujeres y la mayoría son sostén de hogares, por lo que algunas de ellas tienen permitido llegar entre 10 y 15 minutos más tarde, un horario contemplado para que puedan llevar a sus hijas e hijos a la escuela.
«Siempre en las crisis un montón de compañeras son las que laburan en los comedores, son promotoras de género, de salud. Ante esa situación nosotros abrimos la cooperativa como una herramienta de trabajo y que las compañeras puedan trabajar», describió Seina.
Mariela Cardozo, de 32 años y vecina de Villa Lugano, comenzó a trabajar en los inicios de la cooperativa, en 2012, y hoy es supervisora, un rol que implica recorrer las cuadrillas, tener reuniones semanales con las y los coordinadores para ver cómo se encuentran los equipos, además de encargarse de tareas administrativas.
Sobre sus inicios recordó: «En ese momento yo estaba soltera, tenía una nena de un año y fue una gran ayuda como intervención social». Por ese entonces le había costado conseguir un trabajo porque estaba terminando el secundario y cursando un embarazo, además de que se había separado y vivía una situación económica complicada.
«Estaba en una relación tóxica y me costaba salir de eso. Yo dependía de mi pareja y en eso las reuniones, la compañía y el laburo me ayudaron mucho. Me hicieron abrir los ojos y valorarme como mujer. Así pude sostenerme yo y a mi hija», contó Mariela sobre la cooperativa y la organización de la que forma parte.
Marilú Mereles, de 36 años y de Barracas, también comenzó a trabajar en la cooperativa luego de separarse de una pareja y estando a cargo de su hija de tres años. En ese entonces, siete años atrás, era madre soltera y ahora volvió a estar en pareja, tiene dos niñas de 10 y 4 años y «por suerte» -aseguró- consiguió vacantes para llevarlas a escuelas con jornada completa. Del trabajo valoró que «son cuatro horas».
«La mayoría somos madres, que mientras se van los chicos a las escuelas nosotras trabajamos acá. Llegamos al mediodía y hacemos cosas o buscamos a los chicos también. Nos da esa posibilidad», explicó.
«Esto te hace crecer, no te hace sentir sola. Te hace sentir que vos podés tener tu propio trabajo», insistió Marilú, sentada sobre las raíces de un árbol y a la sombra porque los zapatos que usa son «duros» como para conversar parada. «Es muy importante para nosotros este trabajo. Por eso la preocupación es bastante. Sería muy triste perderlo. Por más que cobremos muy poco, llevamos algo», concluyó.
CABA
Ciudades inteligentes sin política laboral: el vacío que dejó el congreso de intendentes en CABA
Casi 300 gobiernos locales y 82 intendentes de distintas provincias se reunieron en la Usina del Arte para debatir inteligencia artificial, transformación digital y su impacto en el trabajo. Jorge Macri advirtió que la IA va a plantear ganadores y perdedores y reclamó que los gobiernos garanticen que la mayoría de la sociedad quede del lado de los beneficiados.
La primera edición de URBAN CITIES Buenos Aires 2026, el Congreso Federal de Ciudades Inteligentes, reunió este miércoles en la Usina del Arte, en el barrio de La Boca, a representantes de casi 300 municipios y a 82 intendentes de todo el país para discutir uno de los desafíos más urgentes de la gestión pública contemporánea: cómo incorporar la inteligencia artificial a los servicios del Estado sin que esa transformación profundice las desigualdades existentes en el mercado laboral y en el acceso a la educación.
El evento fue organizado por la Unidad de Relaciones Federales y Vinculación Interjurisdiccional del Gobierno de la Ciudad, encabezada por César Torres. La apertura estuvo a cargo del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, quien planteó el eje político del encuentro con una frase que sintetiza la tensión de fondo: «Estamos frente a una revolución tecnológica y nuestro desafío es que la mayoría de la sociedad esté del lado de los ganadores».
La IA ya modificó el mercado laboral; la pregunta es quién paga el costo
Macri puso sobre la mesa una preocupación que los datos ya respaldan con crudeza. Un relevamiento publicado meses atrás por el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA), con asesoría de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estableció que el 67% del empleo porteño tiene algún grado de exposición a la inteligencia artificial generativa, con un índice de 0,353 que supera al de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. Las ocupaciones más afectadas son precisamente las más numerosas del distrito: empleados administrativos, contables, de atención al público y profesionales de TIC.
En ese contexto, el jefe de Gobierno reconoció que una parte importante de quienes integran hoy el mercado laboral se formó en un mundo analógico y debe adaptarse a herramientas que cambian a una velocidad que los sistemas educativos no pueden seguir. «La IA va a plantear ganadores y perdedores», admitió, y llamó a que los gobiernos asuman ese desafío sin naturalizarlo. El planteo, sin embargo, no vino acompañado de ninguna medida concreta de protección para los sectores laborales más vulnerables a la automatización.
La tensión entre el discurso de la oportunidad tecnológica y la ausencia de políticas activas de reconversión laboral fue la que atravesó, de manera implícita, toda la jornada. Hablar de ciudades inteligentes sin debatir quién financia la transición y quién carga con sus costos es, en el mejor de los casos, una omisión; en el peor, una decisión política.
La educación, entre el discurso y la contradicción
Macri también colocó el problema educativo en el centro del debate. «En las escuelas hay chicos estudiando para trabajos que hoy no existen», afirmó, y señaló que la formación no puede concebirse como una etapa que cierra con el egreso escolar o universitario: «Necesitamos que los ciudadanos sigamos aprendiendo a lo largo de la vida».
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, también expuso en el congreso. Su presencia tiene una lectura política específica: el gobierno de Macri incorporó el uso de inteligencia artificial como contenido obligatorio en la escuela primaria porteña, con un anexo curricular elaborado, según trascendió, con herramientas de IA generativa. La apuesta plantea preguntas abiertas sobre cómo se garantiza la equidad en el acceso a esas herramientas en un sistema educativo con brechas tecnológicas notorias entre escuelas.
Un mapa federal con lecturas cruzadas
La convocatoria tuvo un componente político que no pasó desapercibido: reunió a intendentes de distintos partidos y provincias bajo la conducción del gobierno porteño. Entre los presentes se contaron Julio Alak, intendente de La Plata; Daniel Passerini, de Córdoba; Soledad Martínez, de Vicente López; Rodrigo Aybar, de Tres de Febrero; Santiago Passaglia, de San Nicolás; Leonel Chiarella, de Venado Tuerto; y varios jefes comunales de la Patagonia y Cuyo, como Carlos Koopmann (Zapala), Bruno Pogliano (El Bolsón), Lino Yonar (Campo Quijano) y Susana Laciar (San Juan).
La presencia de Alak, intendente del principal municipio bonaerense y figura del kirchnerismo, en un evento organizado por la administración macrista no es un dato menor. Sugiere que la agenda de las ciudades inteligentes, con todo lo que implica en términos de infraestructura digital, datos ciudadanos y relación con el sector privado tecnológico, empieza a configurar un espacio de disputa política que cruza las fronteras partidarias tradicionales.
Entre los expositores también estuvieron el jefe de Gabinete porteño, Gabriel Sánchez Zinny; el presidente de la Fundación País Abierto y Digital, Andrés Ibarra, ex funcionario macrista con vínculos en el ecosistema tecnológico, y el emprendedor Mateo Salvatto. La participación de empresas tecnológicas y startups completó un cuadro en el que el sector privado tuvo un lugar central en la definición de la agenda pública.
Qué significa ciudad inteligente y para quién
Durante el encuentro también se discutió qué significa en la práctica aplicar tecnología a la gestión municipal. Macri planteó que «una ciudad inteligente no es algo que se compra» y señaló que requiere también una ciudadanía y equipos preparados. La frase es razonable, pero evade la pregunta más incómoda: qué pasa con los municipios que no tienen los recursos, la conectividad ni el capital humano técnico para implementar esas transformaciones sin asistencia del Estado nacional o provincial.
La jornada había comenzado el martes 1 de septiembre con una sesión técnica destinada a los equipos de gobiernos locales y provinciales, donde se trabajó sobre herramientas concretas de gestión de datos, seguridad, salud y movilidad. La intención declarada es que las experiencias exitosas puedan replicarse en otros distritos. El desafío real es que esa replicación no reproduzca también las asimetrías de partida.
Puntos clave
- Casi 300 gobiernos locales y 82 intendentes participaron del primer Congreso Federal de Ciudades Inteligentes en la Usina del Arte.
- Jorge Macri advirtió que la IA va a plantear ganadores y perdedores, sin anunciar medidas concretas de protección laboral.
- El CESBA y la OIT establecieron que el 67% del empleo porteño tiene exposición a la IA generativa, con un índice superior al de EE.UU. y Europa.
- El intendente kirchnerista de La Plata, Julio Alak, participó del evento organizado por la administración macrista.
- El congreso no incluyó propuestas concretas de reconversión laboral para los sectores más vulnerables a la automatización.
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