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El encierro sin ley: denuncian tortura y hacinamiento extremo en comisarías del país

El hacinamiento en comisarías supera el 400% en algunas provincias y genera condiciones inhumanas, insalubres y sin control judicial.

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El sistema penal argentino evidenció un deterioro sostenido en la última década, con un dato alarmante: entre 2016 y 2023, la cantidad de personas detenidas en comisarías, alcaidías y dependencias policiales aumentó un 145%. El crecimiento duplicó con creces al registrado en las cárceles formales, que fue del 48,5% en el mismo período.

El informe anual 2024 del Comité Nacional para la Prevención de la Tortura (CNPT) expuso que, a fines de diciembre pasado, 13.287 personas permanecían privadas de libertad en comisarías, frente a las 5.422 de 2016. La explicación central, según el organismo, reside en el colapso estructural del sistema penitenciario, que empuja a las provincias a utilizar instalaciones policiales —precarias y saturadas— como lugares de alojamiento prolongado.

Alan Iud, secretario ejecutivo del CNPT, lo expresó con crudeza: “Hay presos que pasan detenidos meses, años o incluso toda su condena en lugares diseñados para las primeras horas de detención”.

Hacinamiento crónico y condiciones degradantes

Las cifras de sobrepoblación que presenta el informe revelan un drama extendido en todo el país:

Tucumán: 426,6%

Santa Fe: 205,7%

Provincia de Buenos Aires: 188,2%

Ciudad Autónoma de Buenos Aires: 174,3%

Neuquén: 152,9%

La Pampa: 151,9%

Chaco: 144,1%

En este contexto, muchas comisarías adaptaron pasillos, patios, cocinas y oficinas para alojar personas, sin baños ni luz natural, con deficiencias sanitarias graves y escaso control judicial. “Muchos calabozos no tienen baños, por lo que los presos hacen sus necesidades en botellas”, denunció Iud.

Las inspecciones del Comité registraron personas con cuadros infecciosos por humedad, plagas y falta de ventilación. Se documentaron también situaciones de aislamiento prolongado sin contacto con el exterior y sin notificación a los jueces ni a las defensas.

Prácticas que configuran tortura

El informe también incluyó testimonios y documentación sobre hechos que podrían ser calificados como tortura o trato cruel, inhumano o degradante, prohibidos por el derecho internacional y la Constitución Nacional.

Entre las prácticas señaladas figuran:

Golpizas en interrogatorios realizados en celdas o espacios cerrados.

Requisas con gas pimienta y balas de goma dentro de los calabozos.

Desnudos forzados y posiciones humillantes durante requisas corporales.

En la mayoría de los casos, no existen registros formales, lo que dificulta la denuncia y refuerza el círculo de impunidad.

El sistema penal como máquina de encierro

El Comité advirtió que el crecimiento de las detenciones en comisarías no se debe a un único factor, pero remarcó la incidencia de los programas de flagrancia y la implementación del sistema adversarial, que llevaron a una mayor prisión preventiva, incluso por delitos leves.

“Se está utilizando la prisión como respuesta automática a cualquier conflicto social. Y eso tiene consecuencias devastadoras”, sostuvo Iud. En efecto, muchas de las personas alojadas en comisarías no acceden a educación, trabajo ni atención médica, ni tampoco a visitas familiares regulares.

La solución, insistió el Comité, no es construir más cárceles. La evidencia indica que la expansión de plazas no resuelve la lógica punitiva que alimenta la sobrepoblación, sino que la acompaña. Por el contrario, se propone revisar la política criminal y promover alternativas al encierro, como la prisión domiciliaria o los mecanismos de resolución alternativa de conflictos.

Un comité para prevenir lo que ya es sistemático

El Comité Nacional para la Prevención de la Tortura se creó en 2013 mediante la Ley N.º 26.827, en cumplimiento del Protocolo Facultativo de la Convención de la ONU contra la Tortura. Está en funcionamiento desde 2017 y depende del Congreso de la Nación.

Su misión es supervisar los lugares donde haya personas privadas de libertad —cárceles, comisarías, institutos para adolescentes, hospitales psiquiátricos y hogares— y emitir recomendaciones que sirvan de base para políticas públicas respetuosas de los derechos humanos.

A pesar de su tarea sistemática, el informe 2024 confirma un patrón de deterioro estructural, con violaciones generalizadas al derecho a la integridad y la dignidad. Un problema que, más allá de los colores partidarios, se profundizó en los últimos años.

“Necesitamos frenar esta lógica de encierro como única respuesta posible. No solo es ilegal, es inhumana”, concluyó Iud.

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«Fallido experimento de sufrimiento humano»: cierra la cárcel migrante de Trump

Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Litigios judiciales, denuncias de tratos inhumanos y un gasto superior a los mil millones de dólares forzaron el cierre del experimento más emblemático de la política migratoria trumpista.

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Cierra «Alligator Alcatraz»: el fracaso del campo de detención migrante de Trump

El gobierno del estado de Florida confirmó esta semana el cierre del centro de detención para migrantes conocido como «Alligator Alcatraz», emplazado en la pista del Aeropuerto Dade-Collier, en plena zona de los Everglades. El desmantelamiento se producirá a principios de junio, según la notificación oficial cursada a las empresas operadoras. En la actualidad, el predio alberga a casi 1.400 personas que serán reubicadas progresivamente en otras dependencias gubernamentales.

El símbolo de la política antimigrante que no pudo sostenerse

Inaugurado el 3 de julio de 2025 bajo el impulso directo de Donald Trump, «Alligator Alcatraz» se convirtió rápidamente en el emblema de la política migratoria más agresiva del gobierno republicano. El nombre, una combinación del reptil que habita los Everglades y la célebre prisión de la Bahía de San Francisco, condensaba la lógica punitiva del proyecto: aislar, humillar y disuadir a quienes intentaran ingresar o permanecer en el territorio estadounidense sin documentación.

La decisión de cerrarlo no respondió a un cambio de criterio político, sino a la acumulación de tres factores que terminaron siendo insostenibles: los litigios judiciales impulsados por organizaciones de derechos civiles, la escalada de costos operativos que superaron los mil millones de dólares, y las sistemáticas denuncias por condiciones inhumanas que se multiplicaron desde el primer día de funcionamiento.

El gobernador republicano Ron DeSantis, uno de los principales aliados de Trump en materia migratoria, admitió el cierre en conferencia de prensa con una frase que resume la lógica del proyecto más que cualquier crítica opositora: «Si cerramos mañana, podremos decir que cumplió su propósito».

Un legislador demócrata: «Fallido experimento de sufrimiento humano»

El legislador demócrata Alexander Frost fue uno de los más duros en su evaluación. Cuestionó el impacto ambiental del centro, su emplazamiento en una zona ecológicamente sensible y el dispendio de recursos públicos que implicó. «Ahora, tras malgastar millones de dólares de los contribuyentes y enfrentar constantes demandas ambientales, este fallido experimento de sufrimiento humano finalmente cierra sus puertas», afirmó Frost.

La definición no fue retórica. Las organizaciones de derechos civiles que litigaron contra el centro documentaron desde sus primeros meses de funcionamiento condiciones que incluyeron temperaturas extremas, falta de acceso a sueño y alimentación adecuada, y tratos degradantes en la rutina cotidiana de los detenidos.

El caso argentino que expuso la crisis humanitaria

Entre los miles de casos que transitaron por «Alligator Alcatraz», el del argentino Fernando Artese tuvo especial repercusión. Detenido por su estatus migratorio vencido, Artese fue derivado al centro de los Everglades, y su esposa denunció públicamente las condiciones a las que fue sometido: frío extremo, duchas forzadas de madrugada y privación de sueño por falta de alimento.

La pareja expuso además el régimen de seguridad interna del predio. «Deben caminar con las manos en la nuca para salir de su celda, como si fueran criminales peligrosos. Muchos no cometieron delitos. En el caso de Fernando, creó una empresa y contribuyó al país, pero hoy está encerrado como si fuera lo peor», declaró.

El caso de Artese no fue una excepción: fue la cara visible de un sistema diseñado para castigar la condición migratoria con métodos propios de los regímenes penitenciarios de alta seguridad, aplicados en su mayoría a personas sin antecedentes penales.

La lógica del miedo y sus límites

El cierre de «Alligator Alcatraz» no implica un abandono de la política migratoria represiva de la administración Trump. Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Sin embargo, la clausura del centro más emblemático del proyecto expone sus límites concretos: inviabilidad económica, vulnerabilidad judicial y costo humanitario insostenible.

Lo que quedó en evidencia es que la lógica del miedo tiene un precio que, en este caso, los propios impulsores del proyecto no estuvieron dispuestos a seguir pagando.

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