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Memoria, Verdad y Justicia

Desde la ex ESMA denuncian que la “desclasificación de archivos busca impunidad”

Organismos de Derechos Humanos advierten sobre el riesgo de manipulación y tergiversación de información sensible. La medida del gobierno genera polémica y reabre heridas del pasado.

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El anuncio del gobierno sobre la desclasificación de archivos de la última dictadura militar desató indignación y polémica. Desde el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), denunciaron que la medida busca garantizar la impunidad de los responsables de crímenes de lesa humanidad. «Esta decisión es un retroceso en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia», afirmó un vocero del organismo.

Riesgo de manipulación y tergiversación

Los organismos de Derechos Humanos expresaron su preocupación ante la posibilidad de que la información contenida en los archivos sea manipulada o tergiversada. «Estos archivos son prueba fundamental en los juicios contra los represores. Su desclasificación debe realizarse con extrema cautela y transparencia», señaló un representante de Abuelas de Plaza de Mayo.

Contexto y antecedentes

La decisión del gobierno se produce en un contexto de creciente tensión política y social. Organizaciones de Derechos Humanos y sectores de la oposición advirtieron sobre el riesgo de que la medida sea utilizada para justificar los crímenes de la dictadura y relativizar el terrorismo de Estado.

Indignación e implicaciones

La desclasificación de archivos reabre heridas del pasado y genera un intenso debate sobre el rol de las Fuerzas Armadas y la Justicia en la transición democrática. Mientras el gobierno defiende la medida como un acto de transparencia, los organismos de Derechos Humanos la consideran un ataque a la memoria colectiva.

DDHH

Artistas en la Plaza: cuando la memoria también se vuelve popular

No hubo escenario ni alfombra roja. Hubo calle. Y en la calle, el gesto vale más que cualquier declaración. Lali con su madre en la marcha por la Memoria.

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La Plaza de Mayo volvió a ser ese lugar donde la historia respira. A 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, no sólo hubo organismos, militancia y columnas sindicales: también dijeron presente figuras de la cultura que, lejos del gesto vacío, eligieron poner el cuerpo en una fecha que no admite neutralidades.

Entre ellas, Lali Espósito, cuya imagen caminando entre la multitud circuló con velocidad en redes. No fue una aparición aislada ni decorativa: en tiempos donde ciertos discursos buscan relativizar el pasado, su presencia funcionó como amplificador de una consigna que sigue siendo incómoda para el poder.

La cultura toma posición

No fue la única. La actriz Griselda Siciliani también compartió su participación en la marcha, sumándose a una escena que combinó compromiso y visibilidad. A su alrededor, otras voces:

Julieta Díaz, que documentó la jornada en redes. Daniel Hendler, presente entre la gente. Gloria Carrá y Jorgelina Aruzzi, también en la Plaza. Juan Minujín, otro de los que eligió no mirar para otro lado.

No hubo escenario ni alfombra roja. Hubo calle. Y en la calle, el gesto vale más que cualquier declaración.

En un ecosistema mediático donde todo corre el riesgo de volverse contenido efímero, la presencia de figuras públicas en el 24 de marzo carga con otra densidad. No es sólo la foto. Es lo que esa foto representa.

Porque cuando artistas con alcance masivo se suman a la movilización, lo que hacen (consciente o no) es disputar sentido. En un contexto donde resurgen discursos negacionistas o intentos de “empatar” responsabilidades, cada cuerpo en la Plaza suma en una narrativa colectiva que se niega a diluir el pasado.

La Plaza como escenario político

La masividad de la jornada confirmó algo que incomoda a más de uno: la memoria sigue siendo un punto de encuentro transversal. Y en ese cruce, la cultura ocupa un lugar particular. No reemplaza a la militancia ni a los organismos, pero dialoga con audiencias que muchas veces quedan por fuera del circuito político tradicional.

Por eso, la presencia de figuras como Lali o Siciliani no es anecdótica. Es parte de una escena más amplia donde el arte, la cultura y el espectáculo también intervienen en la discusión pública.

Nunca más, también hoy

A medio siglo del golpe, el “Nunca Más” no es una consigna congelada. Se reactualiza, se discute, se tensiona. Y en esa disputa, cada voz cuenta.

Incluso (o sobre todo) las que tienen micrófono.

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