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Escándalo internacional: activistas de la flotilla a Gaza denuncian torturas y violencia sexual bajo custodia israelí

Graves acusaciones de agresiones físicas y vejaciones contra misiones de paz generan fuerte rechazo del exterior. Gobiernos europeos exigen respuestas ante los tormentos padecidos por sus ciudadanos en el operativo, mientras crece la polémica por videos difundidos desde el sector oficial.

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Puntos Clave

  • La Flotilla Global Sumud transportaba 428 pasajeros con alimentos y medicinas para civiles cuando fuerzas israelíes la interceptaron.
  • La organización Adalah documentó testimonios sobre uso de pistolas táser, balas de goma y múltiples denuncias de violación.
  • El Servicio Penitenciario de Israel calificó las acusaciones como falsas y carentes por completo de base fáctica.
  • Una cineasta australiana denunció agresiones de cinco hombres en un contenedor de carga dentro de un buque prisión.
  • El ministro Itamar Ben-Gvir generó repudio global tras difundir imágenes donde se burla de los detenidos atados.
  • El primer ministro Benjamin Netanyahu emitió una reprimenda pública hacia Ben-Gvir por su accionar.

Abusos denunciados en el mar

Voluntarios de la misión civil que buscaba llevar asistencia médica y alimentaria al enclave palestino relataron tormentos severos luego de la intercepción de sus embarcaciones. La Flotilla Global Sumud, integrada por más de cuatrocientas personas, sufrió detenciones sucesivas tras zarpar desde Turquía. Miembros del grupo legal Adalah afirmaron que los ataques incluyeron golpes brutales y elementos de tortura física.

La representante del organismo civil, Miriam Azem, aportó detalles sobre el panorama detectado. «En los últimos 10 años en que Adalah ha representado a activistas en flotillas, esta es con diferencia la violencia y las agresiones más graves que hemos encontrado», declaró a los medios. El colectivo jurídico mantiene los reportes obtenidos en las celdas, donde persisten temores a represalias por parte de los arrestados que continúan en territorio israelí.

Testimonios directos del horror

Los relatos individuales exponen la magnitud del maltrato padecido a bordo de las unidades navales y en los centros de detención. Afectados de diversas nacionalidades describieron maniobras de asfixia y castigos corporales extremos durante los interrogatorios de control migratorio.

La cineasta y activista australiana Juliet Lamont dijo a CNN que fue golpeada y agredida sexualmente por cinco hombres en un contenedor de carga a bordo de lo que ella llamó un “barco prisión” israelí. Aún con la vestimenta carcelaria oficial, la realizadora describió la existencia de una estrategia planificada para amedrentar a los integrantes de la Flotilla. «Sabes, nos han roto los huesos, pero no nos han roto el alma», dijo Lamont ante los reporteros en el aeropuerto.

Por su parte, el ciudadano australiano Zack Schofield describió lo que llamó “un bombardeo constante de violencia” y “brutalidad” mientras estaba detenido. El voluntario detalló castigos específicos aplicados a su integridad física durante el traslado. “A mí mismo me ataron con bridas en una posición de tortura con las manos detrás de la espalda, durante 40 minutos hasta que casi vomité del dolor. Luego me estrellaron la cabeza contra la mesa durante el proceso de inmigración, rodillazos constantes en el pecho, la cara, de cualquier manera que pudieran; había alicates en mis orejas tirando de ellas hacia atrás”, dijo.

Posturas oficiales y rechazo internacional

Las dependencias estatales de Israel negaron cualquier procedimiento por fuera de los marcos normativos vigentes y desestimaron los reportes de los damnificados. El Servicio Penitenciario de Israel dijo a CNN que las “acusaciones planteadas son falsas y carecen por completo de base fáctica”, y que “opera de acuerdo con la ley”. Del mismo modo, la estructura militar aseguró revisar los reclamos formales ingresados por las vías institucionales. Las Fuerzas de Defensa de Israel declararon que sus “órdenes exigen un trato respetuoso y apropiado a los participantes de la flotilla en los buques interceptados, y existen procedimientos claros y establecidos al respecto”. “Cualquier queja concreta que se presente ante las Fuerzas de Defensa de Israel sobre este asunto será examinada minuciosamente”, indicaron.

El escenario empeoró a nivel diplomático debido a las publicaciones del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, quien subió material multimedia donde se mofaba de los activistas inmovilizados en el suelo. La difusión motivó quejas formales de mandatarios de Europa, como la primera ministra italiana Giorgia Meloni. La repercusión interna forzó una reacción del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien tildó la actitud de su ministro como «no acorde con los valores de Israel», aunque ratificó el bloqueo a las naves de asistencia.

Conclusión final

Las denuncias por torturas, golpizas y vejaciones sexuales por parte de los activistas de la Flotilla Global Sumud abrieron una crisis internacional que involucra a varios gobiernos occidentales. Mientras los damnificados ratifican los vejámenes sufridos en buques y prisiones, las instituciones de Israel desmienten los cargos de forma tajante. El conflicto sumó tensión interna en el gabinete israelí tras las polémicas publicaciones del ministro Ben-Gvir, criticadas por el propio primer ministro Netanyahu en un contexto donde las condiciones de vida en Gaza siguen siendo complejas para la población civil.

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Trump y Rubio inician una guerra contra la CPI: al único tribunal que puede juzgar a EEUU e Israel por crímenes de guerra

El secretario de Estado Marco Rubio anunció una ofensiva diplomática global para destruir la Corte Penal Internacional, presionar a aliados a abandonarla y ampliar sanciones contra sus jueces. La escalada ocurre semanas después de que tres magistradas demandaran a Trump ante un tribunal federal de Nueva York.

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El Argentino Diario-Donald Trump.
Trump avanza en una campaña diplomática para "desmantelar" la Corte Penal Internacional y sancionar a sus jueces.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció este lunes el lanzamiento de una campaña diplomática para «desmantelar» la Corte Penal Internacional (CPI), pilar central del sistema de justicia internacional, y presionar a los aliados de Washington para que abandonen el organismo, al que acusa de inmiscuirse en asuntos estadounidenses. La declaración fue acompañada de una columna de opinión publicada en The Wall Street Journal y un video difundido en redes sociales.

«La CPI representa una amenaza intolerable para la soberanía estadounidense: se arroga la autoridad para procesar e incluso encarcelar a militares y funcionarios que actúan en defensa del interés nacional de Estados Unidos», afirmó Rubio en un comunicado oficial. También acusó a la entidad de librar «una guerra contra nuestro país, no con balas ni misiles, sino con estatutos, pactos y la fuerza de lo que llaman el derecho internacional».

El plan de desmantelamiento paso a paso

La estrategia anunciada por el Departamento de Estado incluye múltiples ejes de presión. En primer lugar, la prohibición de entrada a territorio estadounidense para todo el personal de la CPI. En segundo lugar, el endurecimiento de sanciones contra sus integrantes y las organizaciones que la apoyan. Y en tercer lugar, una campaña diplomática coordinada en la que altos funcionarios de Washington, incluyendo al propio Rubio, el vicesecretario de Estado y embajadores en todo el mundo, contactarán a gobiernos extranjeros para instarlos a retirarse del organismo y cortar su financiamiento.

La ofensiva también contempla «mayor escrutinio» para aquellos países que se nieguen a repudiar la autoridad de la Corte mientras dependen de la asistencia económica o el paraguas de seguridad militar de Estados Unidos, una presión que expertos en derecho internacional califican como coerción diplomática abierta. «Utilizando todos los recursos a disposición de nuestro gobierno, trabajando codo a codo con cada aliado con quien podamos unir fuerzas, desmantelaremos la CPI, paso a paso, si es necesario», escribió Rubio en The Wall Street Journal.

En la misma columna, el secretario de Estado calificó a la CPI de estar «respaldada y dirigida por una poderosa red de organizaciones no gubernamentales de izquierda, globalistas engreídos y gobiernos hostiles del Tercer Mundo unidos por su enemistad hacia Estados Unidos». La caracterización, cargada de menosprecio hacia el sur global, evidencia la profundidad ideológica de la ofensiva.

Un conflicto que viene de lejos

Estados Unidos nunca firmó el Estatuto de Roma, el tratado fundacional de la CPI adoptado en 1998 y que entró en vigor en 2002. Desde su primer mandato, la administración Trump ya había apuntado contra el tribunal cuando este intentó investigar presuntos crímenes de guerra cometidos por personal militar estadounidense en Afganistán. La administración del presidente Joe Biden levantó aquellas sanciones, pero el segundo gobierno de Trump las retomó y profundizó.

El detonante más reciente fue la actuación de la CPI en relación con la guerra en Gaza: en 2024 el tribunal emitió órdenes de captura contra el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant por presuntos crímenes de guerra. Washington, que considera a Israel su aliado estratégico principal, respondió con una batería de sanciones contra funcionarios de la Corte. A la fecha, la administración Trump ha impuesto medidas restrictivas contra al menos once funcionarios del organismo, incluyendo al fiscal jefe Karim Khan, sus dos fiscales adjuntos y ocho jueces, además de una relatora especial de Naciones Unidas y tres organizaciones palestinas de derechos humanos.

Las juezas que demandaron a Trump

El anuncio de Rubio se produce en un contexto de creciente contraofensiva legal desde el interior mismo del tribunal. El 25 de junio pasado, tres juezas sancionadas presentaron una demanda ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York contra el presidente Trump y su gabinete. Las magistradas son Kimberly Prost (Canadá), Solomy Balungi Bossa (Uganda) y Reine Alapini-Gansou (Benín), y solicitan que se declare ilegal la Orden Ejecutiva 14203, firmada por Trump el 6 de febrero de 2025, y que se levanten las sanciones en su contra.

El documento judicial, de 66 páginas, argumenta que las sanciones constituyen «una pena de muerte financiera» y que fueron impuestas «simplemente por desempeñar» funciones judiciales. La jueza Prost denunció concretamente la congelación de su cuenta bancaria en Estados Unidos, el bloqueo de tarjetas de crédito y la cancelación de sus cuentas en plataformas como Amazon, Google y Expedia. Su proveedor de seguro médico rechazó pagar reclamaciones y otras empresas del sector le negaron cobertura. La demanda señala que la orden ejecutiva excede las competencias presidenciales, contradice legislación aprobada por el Congreso y vulnera obligaciones internacionales asumidas por Estados Unidos.

James Goldston, codirector legal de la jueza Prost y de la Open Society Justice Initiative, afirmó que Washington utiliza estas sanciones para presionar a los jueces a emitir fallos favorables a la administración en casos vinculados a crímenes de guerra. «Estos jueces están siendo castigados por ejercer sus funciones judiciales de forma independiente», señaló. Se trata de la quinta impugnación judicial contra la Orden Ejecutiva 14203, y la primera presentada directamente por miembros de la CPI.

El multilateralismo en la cuerda floja

La CPI tiene el mandato de juzgar crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, y cuenta con el respaldo formal de 125 Estados partes, entre los que se encuentran casi todas las democracias occidentales. La Corte, que depende del apoyo diplomático y financiero externo para operar, rechazó la ofensiva de Washington con una declaración en la que advirtió que las medidas estadounidenses representan «un claro intento de socavar la independencia de una institución judicial internacional».

La nueva estrategia plantea un dilema de fondo para los aliados tradicionales de Washington. Muchos de ellos son Estados parte de la CPI y están jurídicamente comprometidos con su funcionamiento; al mismo tiempo, dependen de la cooperación militar, económica e inteligencia de Estados Unidos. La presión de Rubio los pone ante una disyuntiva que tensiona las alianzas transatlánticas y erosiona la arquitectura multilateral construida tras la Segunda Guerra Mundial.

Sobre este punto, la administración Trump también exigió a la CPI que modifique el Estatuto de Roma para impedir que el organismo pueda investigar o procesar a Trump una vez que abandone el cargo en 2029, un proceso que requiere el respaldo de dos tercios de los 125 países miembros y que la mayoría de los analistas considera políticamente inviable.

Puntos clave

  • Rubio anunció una campaña diplomática para «desmantelar» la CPI, con prohibición de ingreso a funcionarios de la Corte al territorio estadounidense y presión sobre aliados para que se retiren del organismo.
  • La administración Trump ya sancionó a once funcionarios de la CPI, incluyendo al fiscal jefe Karim Khan, ocho jueces y ambos fiscales adjuntos.
  • Tres juezas (Prost, Bossa y Alapini-Gansou) demandaron a Trump el 25 de junio ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, calificando las sanciones de «pena de muerte financiera».
  • La CPI fue creada en 2002 para juzgar crímenes de guerra y lesa humanidad, y cuenta con el respaldo de 125 Estados; Estados Unidos nunca firmó el Estatuto de Roma.
  • El conflicto se intensificó tras las órdenes de captura de la CPI contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra en Gaza, emitidas en 2024.
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