DDHH
“No nos han vencido”: Taty Almeida, memoria viva a 50 años del golpe
A medio siglo del terrorismo de Estado, Taty Almeida volvió a plantar bandera. Apuntó contra el negacionismo del gobierno de Javier Milei y reivindicó una lucha que atraviesa generaciones: “Las locas seguimos de pie”.
No fue solo un testimonio. Fue una advertencia. En un contexto donde resurgen discursos que relativizan los crímenes de la dictadura, Almeida eligió hablar sin rodeos.
“Que sepan Milei y compañía que no nos han vencido”, dijo la referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
La frase no quedó en lo simbólico. Apuntó directo contra lo que definió como un intento de negar lo ya probado: desapariciones, apropiación de bebés, vuelos de la muerte. “No me entra en la cabeza que haya gente que diga ‘hay que esperar a ver qué pasa’”, cuestionó.
De la vida cotidiana al horror
El golpe del 24 de marzo de 1976 partió su historia en dos. Antes, una vida familiar atravesada incluso por vínculos con las Fuerzas Armadas. Después, la desaparición de su hijo Alejandro, militante del ERP.
Ese quiebre también fue político y personal. “Me enorgullece haber llegado a comprender a mi hijo”, sostuvo. No pudo decírselo: lo desaparecieron.
La dictadura no solo buscó eliminar militantes. Intentó disciplinar a toda una sociedad.
Lo que duele y lo que sostiene
A 50 años, Almeida no esquivó el presente. Señaló dos planos:
Lo que duele:
- La persistencia del negacionismo
- La indiferencia social frente a la crisis
- Un clima donde “la gente piensa en comer o comprar remedios”
Lo que sostiene:
- La lucha colectiva de las Madres
- La construcción de Memoria, Verdad y Justicia
- La continuidad generacional
“Las locas seguimos de pie, con bastones, con sillas de ruedas”, dijo. No como postal, sino como definición política.
Un mensaje hacia adelante
Lejos de un balance nostálgico, Almeida habló hacia el futuro. Interpeló a las nuevas generaciones: “No bajen los brazos”.
La consigna no es nueva, pero en este contexto vuelve a cargarse de sentido. Frente a los intentos de relativizar el terrorismo de Estado, la memoria aparece otra vez como un campo de disputa.
DDHH
«Fallido experimento de sufrimiento humano»: cierra la cárcel migrante de Trump
Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Litigios judiciales, denuncias de tratos inhumanos y un gasto superior a los mil millones de dólares forzaron el cierre del experimento más emblemático de la política migratoria trumpista.
Cierra «Alligator Alcatraz»: el fracaso del campo de detención migrante de Trump
El gobierno del estado de Florida confirmó esta semana el cierre del centro de detención para migrantes conocido como «Alligator Alcatraz», emplazado en la pista del Aeropuerto Dade-Collier, en plena zona de los Everglades. El desmantelamiento se producirá a principios de junio, según la notificación oficial cursada a las empresas operadoras. En la actualidad, el predio alberga a casi 1.400 personas que serán reubicadas progresivamente en otras dependencias gubernamentales.
El símbolo de la política antimigrante que no pudo sostenerse
Inaugurado el 3 de julio de 2025 bajo el impulso directo de Donald Trump, «Alligator Alcatraz» se convirtió rápidamente en el emblema de la política migratoria más agresiva del gobierno republicano. El nombre, una combinación del reptil que habita los Everglades y la célebre prisión de la Bahía de San Francisco, condensaba la lógica punitiva del proyecto: aislar, humillar y disuadir a quienes intentaran ingresar o permanecer en el territorio estadounidense sin documentación.
La decisión de cerrarlo no respondió a un cambio de criterio político, sino a la acumulación de tres factores que terminaron siendo insostenibles: los litigios judiciales impulsados por organizaciones de derechos civiles, la escalada de costos operativos que superaron los mil millones de dólares, y las sistemáticas denuncias por condiciones inhumanas que se multiplicaron desde el primer día de funcionamiento.
El gobernador republicano Ron DeSantis, uno de los principales aliados de Trump en materia migratoria, admitió el cierre en conferencia de prensa con una frase que resume la lógica del proyecto más que cualquier crítica opositora: «Si cerramos mañana, podremos decir que cumplió su propósito».
Un legislador demócrata: «Fallido experimento de sufrimiento humano»
El legislador demócrata Alexander Frost fue uno de los más duros en su evaluación. Cuestionó el impacto ambiental del centro, su emplazamiento en una zona ecológicamente sensible y el dispendio de recursos públicos que implicó. «Ahora, tras malgastar millones de dólares de los contribuyentes y enfrentar constantes demandas ambientales, este fallido experimento de sufrimiento humano finalmente cierra sus puertas», afirmó Frost.
La definición no fue retórica. Las organizaciones de derechos civiles que litigaron contra el centro documentaron desde sus primeros meses de funcionamiento condiciones que incluyeron temperaturas extremas, falta de acceso a sueño y alimentación adecuada, y tratos degradantes en la rutina cotidiana de los detenidos.
El caso argentino que expuso la crisis humanitaria
Entre los miles de casos que transitaron por «Alligator Alcatraz», el del argentino Fernando Artese tuvo especial repercusión. Detenido por su estatus migratorio vencido, Artese fue derivado al centro de los Everglades, y su esposa denunció públicamente las condiciones a las que fue sometido: frío extremo, duchas forzadas de madrugada y privación de sueño por falta de alimento.
La pareja expuso además el régimen de seguridad interna del predio. «Deben caminar con las manos en la nuca para salir de su celda, como si fueran criminales peligrosos. Muchos no cometieron delitos. En el caso de Fernando, creó una empresa y contribuyó al país, pero hoy está encerrado como si fuera lo peor», declaró.
El caso de Artese no fue una excepción: fue la cara visible de un sistema diseñado para castigar la condición migratoria con métodos propios de los regímenes penitenciarios de alta seguridad, aplicados en su mayoría a personas sin antecedentes penales.
La lógica del miedo y sus límites
El cierre de «Alligator Alcatraz» no implica un abandono de la política migratoria represiva de la administración Trump. Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Sin embargo, la clausura del centro más emblemático del proyecto expone sus límites concretos: inviabilidad económica, vulnerabilidad judicial y costo humanitario insostenible.
Lo que quedó en evidencia es que la lógica del miedo tiene un precio que, en este caso, los propios impulsores del proyecto no estuvieron dispuestos a seguir pagando.
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