Salud 🩺
Cardiopatías congénitas: cuando una atención a tiempo puede salvar una vida
Con el foco puesto en la importancia de garantizar la continuidad del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, es clave conocer de qué se trata esta patología, por qué es vital el diagnóstico incluso desde el embarazo y en qué casos la derivación a centros de alta complejidad resulta determinante.
Por Andrea Reyes

En el marco de la desvinculación de los siete profesionales médicos a cargo del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), cobra relevancia garantizar la continuidad de una política pública clave para la atención de bebés recién nacidos con malformaciones cardíacas.
Creado en 2008 y convertido en ley en 2023 mediante la Ley Nº 27.713, el PNCC fue diseñado para asegurar el acceso oportuno al diagnóstico, la derivación y el tratamiento de las cardiopatías congénitas en todo el país, independientemente del lugar de nacimiento del paciente. Su funcionamiento permitió articular una red de atención especializada que, según destacan profesionales del sector, tuvo un impacto directo en la reducción de la mortalidad infantil asociada a estas patologías.
Desde el Ministerio de Salud, la postura oficial sostiene que el programa continúa vigente y que los cambios responden a una reorganización de los profesionales a cargo, sin afectar la atención de los pacientes. Sin embargo, entre los cardiólogos infantiles crecen la incertidumbre y la expectativa respecto del futuro del PNCC.
En este contexto, es clave conocer de qué se trata esta patología y cuál es el rol sanitario del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, en un momento en el que su continuidad se encuentra bajo observación.
Qué es una cardiopatía congénita y por qué el tiempo es clave
Las cardiopatías congénitas son malformaciones del corazón presentes desde la gestación. En muchos casos, el acceso rápido al diagnóstico, a una cirugía o a un centro de alta complejidad puede ser una cuestión de vida o muerte, especialmente en los primeros días de vida.
Actualmente, gracias a la ecocardiografía fetal realizada por profesionales especializados, una gran parte de las cardiopatías congénitas complejas puede detectarse de manera temprana, entre las semanas 18 y 22 del embarazo o incluso antes. Esto permite que el diagnóstico se realice antes del nacimiento, siempre que la persona gestante pueda acceder a los controles correspondientes.
A partir de ese diagnóstico prenatal, se define una estrategia que varía según el tipo de cardiopatía: en algunos casos se requiere solo seguimiento; en otros, una intervención temprana -excepcionalmente incluso intrauterina o postnatal inmediata siendo crucial la planificación del lugar de nacimiento para garantizar una atención oportuna.
Especialistas destacan que, en estos casos, el mejor medio de traslado es el propio útero materno, ya que al momento del nacimiento se producen cambios fisiológicos que pueden descompensar rápidamente a un bebé que hasta entonces estaba estable.
Tipos de cardiopatías congénitas y niveles de riesgo
Las cardiopatías congénitas se clasifican, en líneas generales, como simples, moderadas o severas. Dentro de este grupo, existen las llamadas cardiopatías congénitas de alto riesgo, que se manifiestan durante los primeros días o semanas de vida.
En estos casos, si no se realiza un tratamiento adecuado y oportuno, la mortalidad puede superar el 90%. El momento de la intervención depende del tipo de cardiopatía: algunos bebés comienzan a deteriorarse apenas se corta la circulación placentaria al nacer, mientras que otros pueden mantenerse estables durante algunos días antes de descompensarse.
Justamente por esa variabilidad, la coordinación médica temprana resulta fundamental para definir tiempos, derivaciones y tratamientos.
Calidad de vida y seguimiento a largo plazo
Toda persona que es operada del corazón queda con algún grado de cicatriz cardíaca, lo que implica un riesgo de complicaciones a lo largo de toda la vida. Sin embargo, los avances médicos lograron que hoy la gran mayoría de los pacientes, incluso con cardiopatías severas, alcancen la adultez.
De hecho, a nivel internacional, ya hay más adultos que niños con cardiopatías congénitas, debido a la alta sobrevida y al descenso en la natalidad. En muchos casos, estas personas llevan una excelente calidad de vida, aunque siguen siendo consideradas pacientes de riesgo y requieren controles permanentes.
También se advierte que no todas las cardiopatías congénitas se presentan de manera aislada: en algunos bebés forman parte de síndromes genéticos complejos, con múltiples malformaciones, donde la evolución no depende exclusivamente del corazón.
Por qué el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas es clave
El Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC) fue diseñado para garantizar que, una vez realizado el diagnóstico, el recién nacido pueda ser derivado de manera oportuna al centro adecuado, optimizando tiempos y tratamientos.
Uno de sus principales logros fue la reducción de la mortalidad infantil: mientras que en el año 2000 el índice era de 19,1, con la implementación del programa descendió a 8,4, una caída que especialistas vinculan directamente con el funcionamiento del PNCC.
El programa permitió acercar el tratamiento al paciente o al paciente al tratamiento, independientemente del lugar de nacimiento. Esto resulta especialmente importante en provincias que no cuentan con centros de alta complejidad ni con capacidad de diagnóstico avanzado.
Según advierten especialistas, si se interrumpe o debilita el circuito de derivaciones que garantiza el PNCC, el riesgo concreto es que bebés fallezcan sin diagnóstico o sin recibir tratamiento a tiempo.
La ley sancionada en 2023 establece que todas las personas con cardiopatías congénitas deben tener acceso a detección y tratamiento en todas las etapas de su vida, garantiza el control prenatal con diagnóstico precoz y, cuando corresponde, incluso el traslado intrauterino.
Por eso, remarcan que conservar el programa no solo es una cuestión sanitaria, sino también una decisión respaldada por datos concretos: el PNCC demostró que salva vidas, mejora la sobrevida y la calidad de vida reduciendo drásticamente las consecuencias fatales en recién nacidos con esta patología.
Salud 🩺
Tos convulsa: 14 bebés muertos por el ajuste de Milei
El brote de tos convulsa que azota al país desde 2025 ya se cobró 14 vidas de menores de dos años, mientras el Gobierno nacional recorta fondos para vacunas y las provincias denuncian falta de dosis.
#Vacunas que no llegan, bebés que mueren: costo del ajuste de Milei
Tres nuevos bebés de menos de dos meses murieron por tos convulsa o coqueluche en lo que va de 2026, según informó el Ministerio de Salud de la Nación, a cargo de Mario Lugones.
Con estas tres muertes, el total de fallecidos asciende a 14 desde que comenzó el aumento de casos en 2025, todos ellos menores de dos años. El Boletín Epidemiológico Nacional señala a la baja cobertura de vacunación como el factor determinante en una enfermedad que, vale recordarlo, es prevenible.
Un brote que supera todos los registros desde 2019
En las primeras 16 semanas de 2026 se notificaron 1.174 casos con sospecha de coqueluche, de los cuales 274 fueron confirmados. El propio documento oficial del Ministerio de Salud advierte que estas cifras «superan las registradas para el mismo período desde 2019, en línea con el ascenso observado durante 2025».
El mayor número de casos se concentró en el grupo de 0 a 5 años, con predominio en menores de 1 año, que representaron el 39,4% de los confirmados en el período analizado, especialmente en el subgrupo de menores de 6 meses, la población más vulnerable ante esta enfermedad.
Ninguno de los bebés en edad de vacunarse tenía sus dosis
Los datos del Boletín Epidemiológico son tan elocuentes como demoledores: ninguno de los cinco bebés fallecidos que ya tenían edad para ser inoculados contaba con registro de vacunación. De los siete menores de dos meses que aún no podían recibir su primera dosis, apenas dos madres registraban vacunación durante el embarazo. De otros dos casos no existen datos específicos en el Boletín.
De coberturas cercanas al 90% al derrumbe pospandemia
La caída no es nueva, pero se aceleró. Entre 2012 y 2016, las coberturas de vacunación en lactantes de 6 meses se mantuvieron cerca del 90%, mientras que en niños de 15-18 meses rondaban el 80%, y en embarazadas se acercaban al 70%.
A partir de allí comenzó el descenso, que se acentuó con la pandemia de COVID-19 y nunca se recuperó. En lo que va de 2026, los números son críticos: menos del 25% de cobertura en bebés, menos del 20% en niños de 5 y 11 años, y apenas el 25,5% en embarazadas. Las provincias, en tanto, denuncian falta y escasez de dosis tanto de vacunas de calendario como de campañas estacionales, incluyendo la antigripal.
«De a poquito se fueron sacando vacunas»
María Victoria Juárez, especialista en vacunas y ex trabajadora de la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (DiCEI), fue contundente al describir el cuadro general: «Ahora tenemos brotes de tos convulsa, de hepatitis A, de sarampión, un caso de tétanos en una nena de 5 años sin vacuna (…) Nos decían ‘no vamos a sacar ninguna vacuna’. Bueno, por ejemplo, fiebre amarilla ya no hay para viajeros. Vacuna covid: menores de 12 ya no tienen porque no se compra más. De a poquito se fueron sacando vacunas. La falta de vacunas en tiempo y forma genera poblaciones susceptibles: los estamos dejando más en riesgo.»
Ajuste presupuestario en pleno brote: $63 mil millones menos para Salud
La fotografía sanitaria no puede leerse sin su contexto político. En las últimas horas, el Gobierno nacional formalizó una reestructuración del Presupuesto 2026 que recortó $63.021.299.401 en Salud Pública, con impacto directo en programas de medicamentos, tratamientos oncológicos y organismos sanitarios estratégicos.
El nuevo ajuste implica, entre otros recortes, $500 millones menos para vacunas, en pleno desarrollo de un brote que ya acumula 14 muertes infantiles. La motosierra de Javier Milei no discrimina: recorta vacunas con el mismo automatismo con que recorta universidades, obra pública y programas sociales.
La tensión es insostenible: el gobierno de Milei se retira del sistema de salud pública en el preciso momento en que la población más vulnerable, los bebés, paga con su vida las consecuencias de esa ausencia.
Lo que tienes que saber del abandono del Estado
- 14 bebés menores de dos años murieron por coqueluche desde que comenzó el brote en 2025, tres de ellos en 2026.
- En las primeras 16 semanas de 2026 se confirmaron 274 casos, cifra que supera todos los registros del mismo período desde 2019.
- Ninguno de los cinco bebés fallecidos en edad de vacunarse tenía sus dosis al día.
- Las coberturas actuales de vacunación son inferiores al 25% en bebés y al 25,5% en embarazadas.
- El Gobierno recortó $63 mil millones en Salud Pública en 2026, incluyendo $500 millones específicamente en vacunas.
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