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Elecciones en CABA: Bullrich, Recalde y Lousteau entre los principales candidatos

Bullrich encabeza el Senado por LLA, Recalde busca renovar, y Ciudadanos Unidos confirma a Lousteau como primer diputado por la Ciudad.

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Lo que tenés que saber

  • Patricia Bullrich lidera la lista al Senado por la alianza LLA-PRO, con Fargosi como primer diputado
  • El peronismo colocó a Itaí Hagman al frente de la lista de Diputados y a Recalde en la del Senado
  • Ciudadanos Unidos presentará a Graciela Ocaña en el Senado y a Martín Lousteau en Diputados
  • Ruptura en el frente Hagamos Futuro, que derivó en la formación de dos listas separadas
  • La izquierda postula a Bregman y Castillo; Potencia CABA lleva a López Murphy y Paleo

Bullrich al Senado y Fargosi en Diputados por LLA-PRO

La Libertad Avanza y el PRO oficializaron sus listas con Patricia Bullrich como principal candidata al Senado. Su compañero de fórmula es Agustín Monteverde, economista. Pilar Ramírez ocupa el primer lugar entre los suplentes.

Para Diputados, la lista está encabezada por Alejandro Fargosi, abogado y exconsejero de la Magistratura, seguido por Patricia Holzman, Nicolás Emma, Sabrina Ajmechet, Fernando de Andreis y Antonela Giampieri. El comunicado del PRO expresó: «Ellos son quienes van a defender todo lo que hemos hecho en estos años y son parte del equipo que sigue transformando la Ciudad».

Itaí Hagman encabeza la lista de Diputados por el peronismo

El peronismo presentó a Itaí Hagman como primer candidato a Diputados, en una decisión consensuada entre diversos sectores del espacio. Lo acompañan Raquel «Kelly» Olmos, Santiago Roberto y Lucía Cámpora.

«El 26 de octubre votamos para ponerle un freno a la motosierra de Milei, a un modelo económico inhumano e insensible», expresó Hagman. «Con mucho orgullo, con excelentes compañeros y compañeras, militaremos esta campaña hablando con cada vecino y vecina de nuestra ciudad para representar las propuestas de Fuerza Patria», agregó.

Mariano Recalde vuelve a postularse para el Senado. En segundo lugar se ubica Ana Arias, decana de Sociales en la UBA. Completan la lista Mercedes Dalessandro y Antolín Magallanes. Recalde señaló: «Ana es representante de uno de los sectores más agredidos por las políticas de este Gobierno: la universidad pública».

Lousteau encabeza en Diputados y Ocaña en el Senado por Ciudadanos Unidos

Tras la disolución del frente Hagamos Futuro, Ciudadanos Unidos se consolidó con representación del radicalismo, el Partido Socialista, el MID y Provincias Unidas. Graciela Ocaña lidera la lista al Senado, con Martín Ocampo en segundo lugar.

Martín Lousteau será el primer candidato a Diputados, seguido por Piera Fernández, Gustavo Marangoni y Jessica Barreto. La UCR había ofrecido un nombre alternativo al de Lousteau, pero las negociaciones no prosperaron con los cívicos.

La izquierda define candidaturas y lanza campaña

El Frente de Izquierda y de Trabajadores – Unidad (FIT-U) confirmó a Myriam Bregman como candidata principal a Diputados, acompañada por Gabriel Solano. Para el Senado, Cristian Castillo encabeza, seguido por Mercedes Trimarchi.

Por el Nuevo MÁS, Federico Winokur y Violeta Alonso lideran la lista a Diputados. Héctor “Chino” Heberling competirá por una banca en el Senado.

Potencia CABA y Movimiento Ciudadano también competirán

El frente Potencia CABA, integrado por Republicanos Unidos, UNIR y el Partido Demócrata, llevará como primer candidato a Diputados a Ricardo López Murphy. Para el Senado, el exjefe del Estado Mayor Conjunto, Juan Martín Paleo, ocupa el primer lugar.

En paralelo, el Movimiento Ciudadano presentó al diputado Esteban Paulón como candidato al Senado. Acompañado por Diana Maffía y Gabriel Puricelli, el espacio busca posicionarse como alternativa. «Frente al ajuste, el odio y la concentración del poder que impulsa Milei, presentamos Movimiento Ciudadano», indicaron.

También se postulará el exjugador Claudio «Turco» García como diputado nacional en la lista que lidera Daniel Amoroso.

Geopolítica 🌎

A 25 años del 11S: la herida que Estados Unidos no puede cerrar

A un cuarto de siglo del peor atentado terrorista de la historia moderna, más de 12.000 bomberos y socorristas neoyorquinos cargan con enfermedades derivadas de las toxinas del World Trade Center. La tragedia que mató a miles en 2001 sigue cobrando víctimas silenciosas, mientras un nuevo documental recupera las voces de quienes sobrevivieron para contar que ese día no terminó nunca.

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A 25 años del 11S: cómo el miedo redefinió un país y dejó enfermos a quienes fueron a rescatar.

Más de 12.000 integrantes del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) fueron diagnosticados con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas del World Trade Center, y otros 4.257 desarrollaron cáncer. Veinticinco años después del ataque más devastador de la historia estadounidense, las consecuencias del 11 de septiembre de 2001 siguen destruyendo vidas en cámara lenta.

Este viernes, Estados Unidos conmemoró el vigesimoquinto aniversario del atentado que la organización terrorista Al Qaeda, comandada por el saudí Osama Bin Laden, ejecutó contra las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y en el vuelo que se precipitó en Pensilvania. Los terroristas secuestraron cuatro aviones comerciales y estrellaron dos de ellos contra los rascacielos del World Trade Center, provocando su derrumbe en directo ante los ojos del mundo. Bin Laden fue abatido el 2 de mayo de 2011 por comandos estadounidenses en Pakistán.

Un documental sobre lo que vino después

En el marco de la conmemoración, se estrenó «Punto de inflexión: 11-S y la Guerra contra el Terrorismo», un documental dirigido por Brian Knappenberger que elige una perspectiva poco explorada: en lugar de centrarse en los ataques en sí, el trabajo analiza las consecuencias políticas, sociales y culturales que los sucedieron. La producción incorpora entrevistas a hijos y familiares de víctimas que eran muy pequeños cuando ocurrió el ataque y que crecieron en un país redefinido por el miedo; examina cómo ese clima habilitó una expansión sin precedentes del poder estatal en materia de vigilancia, y cómo el fenómeno de las redes sociales fue terreno fértil para la proliferación de teorías conspirativas y desinformación sobre los hechos del 11S.

Las víctimas que el Estado prometió proteger y abandonó

Tras los ataques, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) aseguró que, luego de un «riguroso monitoreo», el agua potable y el aire en el Bajo Manhattan eran seguros. Los números que emergieron con los años desmienten esa promesa. Alrededor de un millar de integrantes del FDNY padece más de un tipo de cáncer como consecuencia de la exposición a las toxinas de los escombros. Además, 4.496 miembros están certificados con al menos una afección de salud mental, y 10.562 con una afección de salud física.

Joe Conzo, ex técnico de emergencias médicas que estuvo en la Zona Cero desde los primeros momentos, es uno de ellos. «Veinticinco años es mucho tiempo, pero no hay un solo día en que no recuerde ese día», dijo Conzo, quien en 2019 fue diagnosticado con cáncer de hígado y luego de páncreas por la exposición a las toxinas, lo que lo llevó a retirarse. «Llevo siete años en remisión», señaló el ex socorrista, hoy dedicado a la fotografía.

Conzo recordó que cuando llegó al lugar, aún antes de que se derrumbara la primera torre, vio «miles de personas que salían corriendo y solo policías y bomberos que iban en dirección contraria». Cuando el edificio colapsó, una enorme nube de polvo y escombros lo alcanzó. «Busqué agua, me lavé la cara, llamé a mi madre y busqué a mi compañero para saber si estaba bien», recordó. Luego permaneció en la Zona Cero hasta el día siguiente, ayudando a sobrevivientes. «Perdí a muchos amigos y todavía hay muchos enfermos», lamentó.

Tres días en el infierno de polvo y humo

Izzy Miranda, entonces instructor en la academia de bomberos y posteriormente presidente del sindicato de técnicos de emergencias médicas, paramédicos e inspectores de incendios del FDNY, tampoco olvidó. «Llegamos antes de que se cayera el primer edificio. Solo se veía humo y lo que parecían papeles cayendo, pero cuando mirabas bien, era gente tirándose. El primer bombero que murió allí fue porque le cayó una persona encima y lo aplastó», relató Miranda.

Cuando el edificio comenzó a derrumbarse, Miranda logró alejarse, pero la nube de polvo lo alcanzó de todas formas. «Parecía como algodón en la boca y no podía respirar. Me tiré debajo de un camión y usaba un pañuelo para proteger mi boca y nariz. Los ojos ardían», describió. Años después de luchar desde el sindicato por beneficios médicos para sus compañeros afectados, Miranda fue diagnosticado con apnea del sueño por problemas en las vías respiratorias y operado dos veces de la nariz por la exposición a los químicos. La enfermedad no distinguió entre víctimas directas y rescatistas: alcanzó a los que fueron a ayudar.

Una ciudad paralizada, un país en alerta máxima

Aquella mañana del 11 de septiembre de 2001, el caos se apoderó de Nueva York en cuestión de minutos. Las principales vías de la ciudad fueron cortadas para permitir el flujo de los organismos de seguridad y socorro. Todos los aeropuertos del país dejaron de operar, los vuelos internacionales fueron desviados a Canadá y el espacio aéreo estadounidense quedó bajo orden de cierre total. Embajadas, organismos internacionales, universidades, comercios y hasta Disneylandia cerraron sus puertas. El alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, ordenó desalojar el centro financiero y advirtió que el número de muertos podría superar los caídos en Pearl Harbor (más de 2.400). Siete horas después del primer impacto, el edificio Seven del World Trade Center, de 47 pisos, se derrumbó como consecuencia de los daños provocados por la destrucción de las torres vecinas.

El legado envenenado de la «guerra contra el terrorismo»

El 11S no solo enterró a sus víctimas directas: abrió las puertas a una reconfiguración profunda del orden mundial. La «guerra contra el terrorismo» declarada por la administración Bush derivó en las invasiones de Afganistán e Irak, conflictos que dejaron cientos de miles de muertos civiles y cuyas consecuencias geopolíticas aún se procesan. En el plano interno, el miedo instalado por los ataques justificó una expansión sin precedentes de los mecanismos de vigilancia estatal sobre la propia población estadounidense, un proceso que el documental de Knappenberger examina con distancia crítica. La pregunta que el aniversario vuelve a instalar es cuánta libertad se resignó en nombre de la seguridad, y a quiénes benefició ese intercambio.

Puntos clave

  • Más de 12.000 integrantes del FDNY fueron diagnosticados con enfermedades vinculadas a las toxinas del World Trade Center.
  • 4.257 bomberos y socorristas desarrollaron cáncer a raíz de su trabajo en la Zona Cero.
  • El documental «Punto de inflexión: 11-S y la Guerra contra el Terrorismo» examina las consecuencias políticas y sociales del atentado, no los ataques en sí.
  • Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda y cerebro del atentado, fue abatido por comandos estadounidenses en Pakistán el 2 de mayo de 2011.
  • A 25 años del 11S, las promesas oficiales sobre la seguridad del aire y el agua en la Zona Cero quedaron desmentidas por décadas de enfermedades entre los rescatistas.
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