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Accidente en Pinamar: la fiscalía pidió imputar al padre de Bastian

La causa judicial suma un nuevo acusado tras el choque en La Frontera, mientras el nene continúa internado en terapia intensiva.

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Lo que tenés que saber

  • La fiscalía solicitó imputar al padre de Bastian por lesiones culposas agravadas.
  • Ya estaban imputados los conductores de ambos vehículos involucrados.
  • El hecho ocurrió en la zona de La Frontera, en Pinamar.
  • El nene de 8 años continúa internado con pronóstico reservado.
  • La Justicia avanza con pericias para determinar responsabilidades.

Avanza la investigación judicial

La causa por el grave accidente ocurrido en Pinamar sumó este viernes una nueva imputación. La fiscalía solicitó acusar al padre de Bastian, el nene de 8 años herido, por el delito de lesiones culposas agravadas.

Hasta ahora, los conductores de ambos vehículos involucrados en el choque figuraban como imputados. Con esta decisión, la Justicia incorporó al padre del menor, quien también viajaba en el UTV que impactó contra una camioneta en la zona conocida como La Frontera.

El estado de salud del nene

Más temprano, Bastian fue sometido a una nueva intervención quirúrgica. La operación se focalizó en el hígado, el órgano que presentó mayor compromiso tras el accidente.

El procedimiento se realizó en el Hospital Provincial Materno Infantil “Victorio Tetamanti”. Desde el centro de salud indicaron que el paciente fue evaluado “completamente a través de estudios de alta complejidad”.

En el último parte médico, los profesionales señalaron que el nene permanece “con pronóstico reservado, internado en la unidad de cuidados intensivos y aguardando una favorable evolución”.

Cómo ocurrió el choque

El accidente se produjo el lunes por la tarde, cerca de las 20. Bastian viajaba en un vehículo tipo UTV junto a su padre, la conductora y otras dos nenas, cuando chocaron de frente con una camioneta Volkswagen Amarok.

La causa se encuentra caratulada como lesiones culposas. La investigación judicial avanza con distintas pericias técnicas para establecer el grado de responsabilidad de los adultos involucrados en el hecho.

Además de la lesión hepática, el nene sufrió un traumatismo de cráneo como consecuencia del impacto.

El comunicado del Municipio de Pinamar

Tras el siniestro, la Municipalidad de Pinamar difundió un comunicado oficial con detalles del procedimiento posterior al accidente. En el texto, las autoridades informaron que se realizan verificaciones sobre las condiciones de conducción, controles de alcoholemia y el cumplimiento de las medidas de seguridad.

El mensaje concluyó con un pedido a la comunidad para extremar cuidados durante la circulación vehicular. Solicitaron “máxima precaución al circular, respeto por las indicaciones del personal y conducción responsable, especialmente en zonas de alto tránsito y durante la temporada”.

Cultura

La soberanía también se toca: cómo el Indio Solari le ganó la pulseada a las corporaciones

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyeron uno de los fenómenos musicales más masivos de la historia argentina sin firmar jamás con una multinacional discográfica, sin pisar un estudio de televisión y sin publicitar sus recitales. El modelo ricotero fue, antes de que existiera el concepto, un manual de soberanía cultural y autogestión popular que hoy resulta tan vigente como en 1985.

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Cómo los Redondos construyeron el fenómeno más masivo del rock argentino sin discográficas ni televisión

En la Argentina de los años ochenta, el axioma era inapelable: si una banda no tenía un productor, no firmaba con una discográfica multinacional y no hacía televisión, no existía. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dedicó veinticinco años a desmentirlo. Con la muerte de Carlos «el Indio» Solari, este viernes 5 de junio a los 77 años, el país despide al músico que demostró que la soberanía sobre la propia obra no era una utopía contracultura, sino una decisión posible, sostenible y, en su caso, capaz de convocar a 350.000 personas en el interior del país.

El pozo común y la Negra Poly: la arquitectura de la independencia

La historia comienza en los estudios MIA (Músicos Independientes Asociados), en diciembre de 1984. Allí, los Redondos graban «Gulp!», su primer disco de larga duración, nueve años después de formados. El dinero para esa producción no vino de ningún sello discográfico: provino de un pozo común formado con un porcentaje de las ganancias de cada show. La distribución comercial corrió por cuenta de Carmen Castro, la Negra Poly, la tercera figura fundacional de la banda junto al Indio y Skay Beilinson, y su pieza logística y estratégica más decisiva.

La postura de la Negra Poly ante los productores externos era tan clara como la música de la banda. Según consta en testimonios de la época, su argumento para rechazar ofertas era el siguiente: quien invierte en una producción necesita resarcirse, y para resarcirse debe vender al grupo de una manera que no tiene absolutamente nada que ver con lo que el grupo quiere hacer. Esa frase funcionó como principio rector durante toda la carrera de los Redondos: la independencia no como pose, sino como condición de posibilidad del arte.

El primer disco se presentó, además, como un objeto artesanal en sí mismo. Ricardo Cohen, alias Rocambole, el artista plástico que diseñó toda la identidad visual de la banda desde 1978, elaboró las 7.000 copias iniciales a mano, mediante rodillos, tinta de grabado, pegamentos de colores y un trabajo de serigrafía. No había cadena de producción corporativa: había un colectivo de artistas que fabricaban, uno por uno, los objetos que iban a poner en circulación. Aquel primer vinilo artesanal contenía, además, una canción, «Criminal Mambo», que el Comité Federal de Radiodifusión prohibió en las radios. El sistema ya les marcaba los límites. Ellos tomaron nota y siguieron.

El sabotaje de la industria y la respuesta ricotero

El Indio Solari describió años más tarde, en una entrevista publicada en 2005 por la revista colombiana Gatopardo, la hostilidad concreta que la industria desplegó contra su proyecto: «Si queríamos alquilar el piso para un estadio, lo que a otros les salía 7, a nosotros nos cobraban 20. En los años ochenta una empresa discográfica compró cientos de copias de Gulp!, nuestro primer disco, y las guardó en un desván». La exclusión no era metafórica. Era económica, logística y deliberada.

La respuesta no fue el resentimiento sino la invención de un circuito propio. Los Redondos jamás firmaron contrato con una discográfica multinacional. Jamás pisaron un estudio de televisión. Hasta bien entrada la década del noventa, no publicaban ni el lugar ni la fecha de sus recitales: la difusión se hacía por el boca en boca, por los cassettes que circulaban de mano en mano en los barrios, por el rumor que corría entre los pibes de los colectivos y las villas. Más adelante, firmaron un contrato de distribución con la Distribuidora Belgrano, pero sin ceder el control sobre ninguna decisión artística o logística. El sello era, en todos los casos, propio: Patricio Rey Discos.

Como señaló Rocambole ante la agencia universitaria ANCCOM (UBA), el gran aporte de los Redondos fue demostrar que una banda podía ser inmensamente popular sin pasar por los condicionamientos del sistema: «que tenían que hacer televisión, que tenían que dar notas, que tenían que tener mucha difusión. Una a una esas propuestas las fueron demoliendo». En su diagnóstico, cuando empezó el rock nacional existían cosas que debían hacerse sí o sí, y si un grupo no tenía productor ni firmaba con una multinacional, no era nadie.

Masividad sin intermediarios: el récord que nadie esperaba

El resultado de ese modelo fue estadísticamente absurdo para los estándares del mercado. La banda que no hacía televisión llenó el estadio de Huracán con 80.000 personas en dos shows (1994), el de Racing con 90.000 (1998) y el de River Plate con 140.000 en una sola noche en el año 2000, según datos de la Fundación Konex. Ninguna de esas cifras fue consecuencia de una campaña publicitaria, de un single radial o de una aparición en pantalla. Fueron consecuencia de la densidad del vínculo entre la banda y su público, tejido durante años sin que ninguna corporación mediara en esa relación.

Cuando el Indio lanzó su primer disco solista, «El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel)», en diciembre de 2004, el mecanismo fue el mismo: producción independiente, sin publicidad. El disco superó las 150.000 copias vendidas en un país donde, como él mismo señaló en la entrevista de Gatopardo, la piratería era moneda corriente y la mitad de la población vivía por debajo de la línea de la pobreza. El mercado había predicho el fracaso de ese modelo durante décadas. El modelo había sobrevivido al mercado.

Rocambole y la identidad visual: el arte como parte de la obra

Un elemento central del modelo ricotero fue la concepción del disco como objeto cultural total. Las tapas de los álbumes de los Redondos no eran embalaje: eran obras. Rocambole diseñó cada una de ellas con la misma lógica artesanal que rigió la producción musical: sin conceder a los criterios del mercado, sin aceptar que el empaque debía subordinarse a la comercialización. Su trabajo abarcó tapas, afiches, escenografías, videos y toda la identidad visual de la banda durante veinticinco años. «La autogestión sirve para tratar de realizar lo que uno imagina sin coacciones», definió el propio Rocambole, cuya exposición en el Centro Cultural Recoleta, inaugurada a fines de 2025, fue visitada por 100.000 personas en menos de tres meses, según relató el periodista Maximiliano Tomas, quien publicó en marzo de 2026 la entrevista inédita de Gatopardo.

Un modelo que el mercado sigue sin poder explicar

La industria musical del siglo XXI encontró en el streaming y las plataformas digitales su nueva forma de concentración corporativa. Los Redondos llegaron tarde a ese ecosistema: su discografía estuvo disponible en plataformas de streaming recién a partir de 2017, distribuida por The Orchard, empresa especializada en distribución digital independiente, según informó el diario El Litoral. La lógica fue, una vez más, la de preservar la soberanía sobre la obra sin necesidad de ceder a condiciones que la desnaturalizaran.

Lo que el modelo ricotero demostró, en síntesis, es que la soberanía cultural no es una abstracción ideológica. Es una decisión de producción, una arquitectura financiera, una red de vínculos directos con el público que prescinde de intermediarios corporativos. En un país que debatió durante décadas si era posible construir industria nacional sin quedar atrapado en las redes del capital transnacional, los Redondos lo hicieron, disco por disco, recital por recital, cassette por cassette. Y llenaron River sin pedirle permiso a nadie.

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