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Aún no está «detenido ni extinguido» el incendio de Nahuel Huapi

Si bien se considera que «el impacto es negativo» en lo que respecta a la vegetación, «no ha habido en este caso afectación sobre vidas humanas ni sobre infraestructura», agregó.

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El incendio en el brazo Tristeza del lago Nahuel Huapi, que lleva afectadas alrededor de 626 hectáreas en Bariloche, presenta en los últimos días «una actividad relativamente baja» aunque no está «detenido ni menos aún extinguido», y el objetivo de los brigadistas que trabajan en la zona es que el fuego no se siga propagando a sectores de vegetación nativa, afirmó el intendente del Parque Nacional Nahuel Huapi (PNNH), Horacio Paradela.

«En este momento el incendio tiene una actividad relativamente baja porque hemos logrado contener la mayoría de los sectores que podían generar un peligro de que el incendio avance», afirmó el funcionario en una entrevista con Télam, aunque aclaró que «esto no quiere decir que esté detenido ni menos aún extinguido».

Es decir que si bien se viene dando «poca acción de avance del incendio», la complejidad del lugar -por la gran cantidad de vegetación propicia para el fuego-, las altas temperaturas y la posible intervención de vientos que activen el fuego hacen «que no cese la alerta sobre este incendio».

El siniestro desatado en la zona del Arroyo Cretón el pasado 5 de febrero supuestamente por un fogón mal apagado, en una zona de difícil acceso a la que solo se puede llegar por vía lacustre, es considerado «grande» pese a que la superficie afectada es pequeña si se la compara con las 715 mil hectáreas que tiene el Parque Nacional Nahuel Huapi.

«Parecería que 600 hectáreas es poco, pero dependiendo del lugar donde se produce el incendio, uno también aborda el relativo impacto que puede tener. Y 600 hectáreas en un sector de vegetación nativa puede considerarse de alto impacto, por eso se requieren todos estos recursos para evitar su propagación», explicó Paradela.

Desde hace unos días «estamos trabajando sobre los flancos para que se circunscriban esos focos y no generen ningún avance efectivo por fuera de la línea de control», precisó el intendente, y explicó que «el incendio no está descontrolado, no está produciendo lo que se produce el primer o segundo día que son llamas continuas que coronan árboles y que avanzan de manera veloz».

Además de evitar la propagación del fuego a sectores de vegetación nativa que no han sido afectados, los brigadistas «intentan preservar dentro de las 600 hectáreas impactadas por el incendio los parches de vegetación que no han sufrido un impacto severo», sostuvo el titular del PNNH.

Provenientes de distintos organismos nacionales, provinciales y municipales, son alrededor de 100 las personas que han estado combatiendo al fuego en los últimos 10 días, entre técnicos, logísticos y administrativos, además de los indispensables brigadistas.

Estos últimos «tienen una formación específica para lo que es la prevención y supresión de incendios forestales. Están formados para esa actividad, además de estar también formados en atención de emergencias en general dentro de los parques nacionales», detalló Paradela.

Y destacó que para la Administración «una prioridad es siempre respetar las condiciones de trabajo y mejorarlas, porque justamente los brigadistas tienen que estar preparados para estas situaciones. Están exigidos y su trabajo se produce en un ambiente de alto riesgo».

Es que, como sucede en el brazo Tristeza, «los bosques de cordillera suelen tener suelos de alta pendiente, con mucho material forestal propicio para cualquier fuego, con riesgos de caída de bloques, caídas de árboles, con lo cual (los brigadistas) tienen que estar muy conscientes de la tarea que tienen que hacer».

Además de los recursos humanos, realizan una tarea «clave» los medios aéreos que están actuando en la zona: ayer, por ejemplo, estuvieron afectados al trabajo un avión anfibio Fireboss, un helicóptero Bell 412 con helibalde y un avión observador.

Estos vehículos, administrados por el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), «complementan el trabajo que se hace desde tierra» y «ayudan a morigerar la actividad del fuego, pero también facilita la actividad de los brigadistas porque reduce mínimamente la temperatura del ambiente», explicó Paradela.

«Los helibaldes pueden tirar de entre 700 a 1000 litros por cada tirada y en un día un helicóptero puede tirar, en un rango lógico de tiempo de trabajo, 40 tiradas», detalló.

Por el momento el incendio en el Nahuel Huapi impactó en vegetación nativa del llamado «bosque cordillerano, el bosque húmedo, que tiene predominancia de especies como el coihue y el ciprés», además de la «lenga en el sector superior, a partir de los 1.200 metros de altura».

También, describió el titular del PNNH, «en menor medida en ese sector también hay alerce, que es una especie de alto valor, y otras especies menores como la caña colihue, el pino negro o la laura», especies consideradas «secundarias» a lo que es la estructura principal del bosque.

Si bien se considera que «el impacto es negativo» en lo que respecta a la vegetación, «no ha habido en este caso afectación sobre vidas humanas ni sobre infraestructura», agregó.

Y cerró: «Al tener como hipótesis -porque hemos hecho la denuncia específica en el juzgado- que este incendio se debió a negligencia humana por un fogón mal apagado, seguimos remarcando siempre lo que hace al cumplimiento de toda la normativa de Parques en los lugares donde está prohibido hacer fuego»

Cambio climático

El mar en la ciudad: ciclón extratropical devastó Mar del Plata, Necochea y Monte Hermoso

La Prefectura Naval suspendió la actividad portuaria en Mar del Plata y Necochea por el cierre de escolleras.

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Temporal en la Costa Atlántica: el ciclón extratropical dejó evacuados, calles bajo el agua y el mar adentrado en las ciudades

Un violento ciclón extratropical azotó durante la noche del viernes distintas localidades de la Costa Atlántica bonaerense y dejó un saldo de inundaciones, evacuados, daños materiales y la actividad portuaria paralizada. Las ciudades de Mar del Plata, Necochea y Monte Hermoso fueron las más afectadas por el fenómeno, que combinó lluvias intensas, vientos huracanados y un oleaje de hasta siete metros.

Mar del Plata: más de 100 milímetros, rescates y alertas por viento

La ciudad de Mar del Plata recibió precipitaciones que superaron los 100 milímetros entre el miércoles y el jueves, según datos oficiales. El acumulado desencadenó inundaciones en viviendas y calles, y obligó a equipos de emergencia a realizar rescates de personas que quedaron atrapadas dentro de vehículos rodeados por el agua. Para el sábado, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) emitió una advertencia por ráfagas cercanas a los 80 kilómetros por hora, lo que prolongó el estado de alerta en la ciudad.

Necochea: 180 milímetros y seis vecinos evacuados

En Necochea, el barrio Ramón Santamarina resultó uno de los sectores más comprometidos de toda la costa: el acumulado de lluvia alcanzó cerca de 180 milímetros, lo que provocó anegamientos de magnitud. Las autoridades locales dispusieron la evacuación preventiva de seis vecinos, que fueron trasladados a la Escuela Agropecuaria N°1 como centro de albergue transitorio.

Las malas condiciones climáticas también impactaron en la actividad marítima. La Prefectura Naval dispuso el cierre de las escolleras de Mar del Plata y Necochea y suspendió el ingreso y egreso de embarcaciones hasta nuevo aviso, paralizando la operatoria portuaria en ambas ciudades.

Monte Hermoso: el mar avanzó sobre la ciudad

Monte Hermoso fue otra de las localidades severamente afectadas. El avance del mar sobre la costanera produjo daños en distintos sectores urbanos y el agua llegó hasta la peatonal Dufaur, en el corazón del municipio. Entre los incidentes reportados, la fuerza del oleaje arrastró un puesto de guardavidas. Gran parte de la ciudad permaneció sin suministro eléctrico y las autoridades alertaron sobre la presencia de cables y escombros en la zona costera, lo que representó un riesgo adicional para los habitantes.

Un fenómeno que se repite con mayor frecuencia e intensidad

Los ciclones extratropicales y las ciclogénesis sobre el litoral atlántico bonaerense no son fenómenos nuevos, pero los registros meteorológicos de los últimos años muestran una tendencia hacia su mayor frecuencia e intensidad. Lo que resulta evidente es que la infraestructura costera de muchos municipios bonaerenses no está en condiciones de absorber los impactos de estos eventos sin sufrir daños estructurales, y que la prevención y la inversión pública en obras de contención continúan siendo una deuda pendiente con las comunidades afectadas.

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