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Sur, muerte, paredón y después
Historias de jóvenes del conurbano bonaerense inmortalizados en murales.
Por Silvia Vilta
La noche del mes de mayo baja por el paredón de la esquina. La luz que se debilita ilumina las siluetas. El Negro, Willy y Oscar se pasan la botella, le besan el pico, se ríen a carcajadas y hablan de las cosas de la vida. La muerte disfrazada de policía baja de la camioneta y descarga sobre sus pieles adolescentes las balas hasta despedazar el silencio de la noche y arrancarles el último aliento a cerveza.
“A Willy lo recuerdo con la inocencia de un pibe que llega a Buenos Aires”, dice Germán Arévalo, un vecino. Tenía 24 años. “A Agustín lo recuerdo con sus 26 años y su caja de lustrabotas yendo a trabajar en el puente La Noria, jugando al fútbol, su sonrisa, su melena. Oscar tenía cara de nene, su adolescencia en flor, ganas de salir adelante. Trabajaba desde muy joven, le gustaba vestirse bien, tener su dinero. Tenía 19 años”.
Los padres de los tres pibes del caso de la Masacre de Ingeniero Budge murieron. Los vecinos repiten en sus relatos que a las enfermedades naturales se les sumó la pena causada por la pérdida de sus hijos y que murieron por tristeza, sobre todo las mujeres. Desde ese 8 de mayo de 1987 las veredas del barrio extrañan las escobas y las risas de Ramona, la madre de Oscar, de Mercedes, la madre de Agustín y de Carmen, la madre de Willy.

Dicen en el barrio que el Negro, Willy y Oscar siguen presentes, ahora y siempre. Por eso dibujaron sus rostros y los cubrieron con piezas de mosaico para armar un mural en la esquina de la masacre. Por eso organizan charlas en las escuelas del barrio para difundir que el 8 de mayo fue declarado por Ley 26.811 como Día Nacional de Lucha Contra la Violencia Institucional.
Volver a sonreír
Cristina Solano está vestida de negro, tiene los ojos húmedos, entrelaza y desenlaza los dedos rítmicamente mientras habla. Su mirada va y viene entre el vacío y las fotos de sus hijos Pancho y Perro ubicadas sobre un altar casero cubierto con flores rojas de plástico. Los labios secos se le desdibujan por segundos y muestran una sonrisa breve cuando recuerda sus nacimientos, pero enseguida vuelven a su lugar para seguir de luto.
Sergio, alias Pancho, tenía 23 años ese 30 de abril de 2017 cuando eligió el suicidio como desenlace de su vida. Su hermano Cristian, alias Perro, tenía 19 cuando tomó la misma decisión un mes después. A Sergio le gustaban las juntadas, la cumbia y el reggaetón. Cristian tenía el sueño que muchos pibes del barrio comparten: ser futbolista. Sus amigos contrataron a un muralista para hacerles un cuadro con sus caras sonrientes que colocaron en la calle Campana a cinco cuadras de la esquina del caso Budge.
Especialistas de UNICEF señalan que el suicidio adolescente muestra una tendencia creciente en Argentina. Son motivos de riesgo el género, la auto exigencia, perturbaciones en la vida familiar o abusos. Cristina dice no comprender las razones por las que sus hijos decidieron morir. Ella también se siente muerta en vida. Sonríe cuando acomoda las flores del altar. Y cuando pasa por la vereda y se detiene unos instantes a mirar a Pancho y a Perro que le sonríen desde el mural.
Volver a morir y a vivir
La primera muerte de Graciela fue en vida ese mayo de 2017 cuando la policía le avisó que encontraron muerto a disparos a su hijo Catriel junto a una zanja. Los años siguientes luchó por lograr la condena de los implicados en el asesinato, entre los que según denuncias de la familia había policías vinculados al tráfico de sustancias. Todas las mañanas que vivió se abrazó al mural del comedor de la casa. Y también besó y acarició el tatuaje con la cara del joven que se hizo en el brazo. Y lo acunó como lo hizo con su cuerpo al nacer.
Catriel medía un metro cuarenta de estatura. Tenía la costumbre de subirse al micro con las jubiladas del barrio para irse de vacaciones. De chico jugaba en el patio de la Escuela N° 82 de Ingeniero Budge, la misma a la que iban Pancho y Perro. Después de su muerte todas las cosas de su pieza siguieron en el mismo lugar.
Marcos Catueres hizo los murales de Catriel, de Pancho y de Perro. También le tatuó el brazo a Graciela tiempo antes de su muerte por cáncer. “Busco hacer una obra que los muestre vivos y felices”, dice Marcos. Cree que Dios le dio esta misión. También cree que quizás alguna vez la noche lo encuentre mientras pinta el mural de su propio hijo, muerto a los 26 años en un accidente provocado por un conductor alcoholizado.
En los barrios del conurbano se repiten con frecuencia las ceremonias muralistas: el día del mural se juntan todos en el lugar, las manos de los amigos se agitan en el aire, las cumbias resuenan a todo volumen, los colores de las pinturas se mezclan y los humos de las parrillas envuelven el cuerpo del artista. Las madres al pie de los murales como una cruz se pierden en las miradas pintadas de sus hijos. Y los pibes en la pared vuelven a vivir.
Por Stella Calloni
En un comunicado enviado a sus operadores de turismo este 24 de abril la Empresa Cubana de Aviación, línea aérea de la República de Cuba informa a sus operadores de turismo que debió cancelar vuelos a Buenos Aires porque las empresa proveedoras de combustibles se niegan a proveerla.
“Ante la abrupta negativa de las empresas proveedoras de combustible de aviación en la República Argentina de prestar servicio a la aerolínea Cubana de Aviación, SA y a sus vuelos autorizados por la Administración Nacional de aviación Civil de Argentina (Anac) invocando disposiciones de las medidas de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba”, señala el comunicado de esa empresa.

Por esta razón se informa que los vuelos de Cubana “que debían salir entre el 23 y 24 de abril fueron cancelados y la negativa alcanza a otras líneas aéreas contratadas por la empresa para tratar trasladar a los pasajeros afectados impidiendo con ello cumplir los compromisos asumidos por la aerolínea con éstos».
En estos momentos está tratando de lograr cupos en otras líneas aéreas que llegan a Cuba, para trasladar a los pasajeros que tenían previsto retornar a su país el 24 de abril que serán protegidos en la medida en que existan asientos disponibles en otras aerolíneas que poseen rutas aéreas desde Cuba hacia Argentina.
En otro orden se informa que los pasajeros que no hayan iniciado el viaje podrán recibir el cien por ciento del reembolso de su boleto aéreo. Finalmente señalan que las acciones de los proveedores argentinos escapan a toda decisión de Cubana de Aviación.
Resulta imposible no analizar que esto indicaría que el gobierno argentino, que suspendió los vuelos de Aerolíneas Argentinas a la Habana, no permite que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) provea de combustible a los aviones de Cubana de aviación y toma la decisión de unirse al bloqueo de Estados Unidos de 63 años contra Cuba, un récord de un sitio medieval en la historia de la humanidad, que fue reforzado en 1996 con la Ley Helms Burton de 1996 y profundizado hasta la asfixia con nuevas más de 250 nuevas medidas que fueron decididas durante el gobierno del republicano Donald Trump y sostenidas por el actual gobierno demócrata de Joe Biden.
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