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¿Cuál es el destino de los microplásticos que se estudian en la Antártida?

Estos contaminantes se hallan en todo el mundo y se adhieren a otras sustancias, como pesticidas, lo que produce una «bioacumulación» de tóxicos en la cadena trófica. Los detalles.

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El-Argentino-Antártida Argentina.

Por Ornella Rapallini

Los microplásticos, compuestos por químicos contaminantes, se encuentran en todos los mares del mundo y por la circulación marina se le adhieren otras sustancias como pesticidas que llegan desde tierra, lo que produce una «bioacumulación» de estos productos tóxicos en la cadena trófica, que va «desde el plancton», alimento de algunos peces, «al plato de los comensales», explicó el biólogo Emiliano Hines mientras recogía muestras de agua desde uno de los laboratorios del buque Almirante Irízar camino hacia la Antártida Argentina.

El biólogo de la Universidad Nacional de Mar del Plata, becario del Conicet e integrante del equipo del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC), trabaja junto a otro científico en el marco del proyecto Nutec Plastics que se realiza durante la Campaña Antártica de Verano (CAV) para detectar la presencia de microplásticos por primera vez desde el Río de La Plata hasta la Antártida a bordo del Irízar.

La iniciativa surgió de un convenio entre el Instituto Antártico Argentino (IAA) y la OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica), cuyo director general Rafael Grossi llega hoy a la Antártida junto al presidente Javier Milei, como parte de una comitiva integrada por el ministro de Interior, Guillermo Francos; la canciller Diana Mondino; el ministro de Defensa, Luis Petri; y autoridades de la Dirección Nacional del Antártico, el Instituto Antártico Argentino (IAA) y de la Armada.

A partir del convenio, buscan abordar el problema mundial que supone la contaminación por plásticos en los océanos, donde termina el grueso de estos desechos mientras que el monitoreo de todos los mares del mundo permite saber cuánto y qué tipo de plásticos hay bajo parámetros comparables.

«La OIEA va a llevarse a Mónaco las muestras filtradas de agua que colectamos a lo largo del trayecto, donde contabilizarán e identificarán los microplásticos, para identificar los polímeros», señaló Hines, de 38 años.

En ese sentido, explicó que «a nivel mundial, los desechos plásticos están en el medio marino y costero y contienen compuestos inorgánicos tóxicos y cancerígenos, que se pueden desprender y, así, magnificar el daño sobre los organismos, a lo que se le suma la adherencia de contaminantes como pesticidas que llegan desde tierra. Todo lo que tiramos entra en el ciclo del agua y va a parar al mar», señaló.

«Y los microplásticos terminan siendo una ‘microbomba química’ porque, si son ingeridos por el plancton (organismo también presente en la Antártida), todos los contaminantes le quedan dentro, y comienza una ‘bioacumulación’, ya que hay muchos animales que se alimentan con plancton, y así llega al plato del último consumidor, el ser humano».

En el buque, el científico trabaja en equipo con el licenciado en Ciencias Ambientales Nahuel Ravina (34), investigador de la Dirección Nacional de Áreas Marinas protegidas de la Administración de Parques Nacionales.

Ravina concentra su trabajo en las dos áreas marinas protegidas offshore que tiene Argentina: una es «Namuncurá-Banco Burdwood» (protegida desde 2014), una extensión de la Cordillera de los Andes que forma una meseta submarina de 50 metros de profundidad rodeada de un talud de 4.000 metros de profundidad casi en la misma latitud que la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y al sur de las Islas Malvinas.

La otra es Yaganes, área protegida desde 2017 que se encuentra al sur de Tierra del Fuego en el Pasaje de Drake, en la zona de influencia de la corriente circumpolar antártica, que presenta un paisaje de cañones submarinos donde también hay especies que únicamente se encuentran en ese lugar como corales de agua fría.

Namuncurá – Banco Burdwood cuenta con 16 campañas de investigación, en cambio Yaganes comenzó a ser investigada el año pasado por Parques Nacionales.

El objetivo del área donde trabaja Ravina es «conocer todos los parámetros físico químicos como fitoplancton, zooplancton, las cadenas tróficas, tipos y cantidad de peces, aves y mamíferos», información que luego utilizan para poder gestionar y conservar los recursos naturales.

El especialista señaló que «ya se conoce que en el banco Burdwood hay acumulación de microplásticos, debido a la circulación de las corrientes oceánicas».

No obstante, «Yaganes está menos investigada», aclaró, y este es uno de sus objetivos principales de relevamiento durante la CAV.

Hines señaló que «existen cinco manchas gigantes en el centro de giro de cada océano: Atlántico norte y sur, Pacífico norte y sur, y el Indico, que son giros de corriente superficial que acumulan plásticos».

La mancha más grande es la del Pacífico norte (entre Japón y Estados Unidos), que es «cinco veces la provincia de Buenos Aires en extensión, con 79.000 toneladas de plástico flotando, 1.600.000 km cuadrados», precisó.

«Los plásticos se utilizan en todos los aspectos de la vida cotidiana como en vestimenta y tecnología, y también a nivel industrial. Se convierten en microplásticos luego de ser descartados al quedar expuestos a las condiciones ambientales (lluvia, sol, viento) que los fragmentan a tamaños microscópicos», detalló Hines.

Para trabajar, limpian todas las superficies del laboratorio que son de acero inoxidable y visten únicamente ropa de algodón libre de polímeros y guardapolvo.

«La importancia de este estudio es conocer los niveles de presencia de microplásticos submarinos, además de los superficiales, sobre lo cual ya hay amplio conocimiento», destacó el biólogo.

Los científicos filtran el agua que extraen de una canilla de agua de mar instalada en el laboratorio, lo que evita que deban salir a la intemperie del buque a tomar las muestras.

El agua llega a través de una cañería «Cunife» (en referencia a las siglas de cobre, níquel y hierro de la tabla periódica) y es tomada en coordinación con la sala de máquinas de la embarcación, que activa la bomba para permitir extraerla a ocho metros de profundidad.

«Mientras que el barco navega voy haciendo las tomas de muestras, tres réplicas de tres litros de agua de río o de mar y lo hacemos cada seis horas, que sería cada 80 millas aproximadamente», explicó Hines.

Como resultado, en cada lugar de muestreo obtienen una foto de la presencia de microplásticos a lo largo de la costa argentina y de las aguas antárticas.

El agua es filtrada en un tamiz de una micra (milésima de un milímetro) y a ese filtro lo deposita entre dos vidrios (slide), lo sella y conserva para su traslado.

En este laboratorio del Irízar ambos están estrenando la nueva cabina de flujo laminar, donde trabajan con las muestras para evitar que entren partículas del ambiente gracias a una cortina de aire producida por el nuevo equipo.

En Base Carlini también habrá una comitiva conformada por otros dos científicos de la OIEA que tomará muestras de sedimento de fondo, de agua y biológicas, concluyeron.

Buenos Aires

El olor del puerto que no desaparece: el conflicto ambiental que persiste en Mar del Plata

El puerto genera unas 500 toneladas diarias de residuos de pescado que son procesadas por plantas industriales. Vecinos denuncian emanaciones persistentes desde hace décadas, mientras crece la expectativa por una intervención judicial que ordene controles y soluciones tecnológicas.

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Lo que tenés que saber:

  • Vecinos y comerciantes denuncian olores persistentes en zonas cercanas al puerto
  • El problema está vinculado al procesamiento de residuos de pescado
  • Las plantas harineras cumplen un rol clave dentro de la actividad pesquera
  • Existen tecnologías para reducir las emisiones que no fueron implementadas plenamente
  • La Justicia Federal interviene en busca de ordenar controles y responsabilidades

Un problema ambiental que forma parte de la vida cotidiana

En Mar del Plata, el conflicto por los olores provenientes del puerto dejó de ser una queja aislada para convertirse en una situación estructural. Vecinos, comerciantes y turistas describen emanaciones constantes que afectan la vida diaria en distintos barrios, desde la zona portuaria hasta áreas más alejadas.

Las descripciones coinciden en un punto: se trata de un olor persistente que invade espacios abiertos y cerrados, condicionando actividades cotidianas.

El rol de las harineras en el circuito productivo

El foco del problema está identificado principalmente en plantas harineras que procesan residuos de pescado. Estas instalaciones forman parte de un circuito que incluye a la industria pesquera, donde se generan grandes volúmenes de descarte.

El puerto de Mar del Plata produce alrededor de 500 toneladas diarias de residuos, que deben ser tratados. En ese contexto, las harineras cumplen una función central para absorber ese material.

La discusión sobre el origen del problema

Especialistas y actores del sector señalan que el conflicto no se limita al procesamiento industrial, sino que también está vinculado a las condiciones en las que llega la materia prima.

La falta de controles adecuados en algunos casos podría potenciar la generación de olores desde el inicio de la cadena productiva.

Tecnología disponible y falta de implementación

Diversos organismos han señalado que existen herramientas para reducir o eliminar las emisiones odoríferas. Entre ellas se encuentran sistemas de tratamiento de efluentes, biodigestores y procesos térmicos que neutralizan compuestos orgánicos.

La persistencia del problema, en ese marco, plantea interrogantes sobre la implementación de estas soluciones en el ámbito local.

Cómo operan otros puertos en el mundo

La industria de harina de pescado tiene presencia global en países con altos niveles de producción. En esos contextos, los estándares ambientales incluyen sistemas cerrados y tratamientos específicos para minimizar impactos.

En distintas regiones, estas tecnologías permitieron reducir significativamente las emisiones, lo que contrasta con la situación observada en Mar del Plata.

La intervención judicial como posible punto de inflexión

La participación de la Justicia Federal introduce un nuevo escenario en el conflicto. El objetivo es ordenar las distintas denuncias, controles y responsabilidades en torno a la problemática.

El desafío consiste en avanzar hacia un enfoque integral que contemple aspectos ambientales, productivos y sanitarios, con medidas concretas sobre toda la cadena.

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