Géneros 🟣
Nueva Marcha del Orgullo en Argentina: “el fascismo, al closet”
La Marcha del Orgullo número 33 volvió a convocar este sábado 2 de noviembre a más de un millón y medio de personas en la capital de Argentina. Con sus colores y su diversidad de expresiones políticas, una de las movilizaciones más grandes del país se desarrolló por primera vez bajo un gobierno que, más allá de haber sido elegido por voto popular, sus más de 10 meses de gestión demuestran que se trata de un régimen político antidemocrático, antiderechos y de características fascistas.
*Emilia Trabucco
El gobierno nacional de Javier Milei ha identificado como uno de sus principales enemigos al colectivo de la diversidad sexual, junto con feministas, sindicalistas, piqueterxs y kirchneristas. La implementación de un programa represivo contra quienes se oponen a sus políticas de gobierno se acompaña de la construcción de discursos de odio que se materializan en la escalada de violencia y conflictividad social, en un escenario de profunda crisis económica, que golpea con más fuerza a quienes, como parte de las mayorías trabajadoras, asumen identidades que no encajan en la matriz conservadora que estas “nuevas derechas” (que de nuevo tienen poco) intentan instalar como parte de su estrategia de disciplinamiento social.
La Libertad Avanza ha decidido desde el primer día de gestión destruir todas las políticas públicas destinadas a avanzar en materia de igualdad de géneros, eliminando ministerios, programas o directamente desfinanciando completamente dichas políticas. El gobierno abanderado de la “libertad” decidió no confrontar directamente con la Marcha, y su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, no pudo desplegar su habitual protocolo “antipiquetes” por la masividad de la convocatoria. El presidente Milei solo destacó en redes “no haber puesto un peso” para el despliegue callejero, en sintonía con su relato de austeridad, que como lo demuestra el rumbo de su política económica, solo se aplica a los sectores populares.
Más allá de las diferencias entre los distintos espacios que llevan adelante la organización de la Marcha, las consignas confluyeron en denunciar el rumbo antipopular del gobierno de ultraderecha, denunciando los retrocesos en materia de derechos humanos y las consecuencias de la violencia que el gobierno promueve, como el triple lesbicidio de Barracas, y la profundización de la desigualdad estructural que termina con la vida de personas del colectivo travesti trans todos los días en Argentina, en un escenario de desintegración y ruptura de los lazos sociales bajo las leyes que intentan imponer desde el Ejecutivo del “sálvese quien pueda”.
La previa de la Marcha del Orgullo debería encender algunas alarmas en relación a la escalada represiva que lleva adelante el gobierno nacional y que va en sintonía con el que históricamente despliega el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, de la mano de la familia Macri. En la noche del jueves 31, en el barrio Constitución, un nuevo operativo policial de la ciudad terminó con la detención violenta de Georgina Orellano, secretaria general del sindicato de trabajadoras sexuales e integrante de la mesa nacional de la Central de Trabadadorxs (CTA-T) y su compañera Daniela Reyes, trabajadora trans.
Ambas intentaban mediar una situación cotidiana en el barrio con dos varones que días atrás habían atacado físicamente a Daniela y otra compañera -que fueron denunciados, sin respuesta por parte de la policía-, en la que irrumpieron los oficiales desatando otra vez violencia institucional contra quienes finalmente, habían sido las víctimas. Una escena que se repite en un contexto de avance de la pobreza y la indigencia a una velocidad inusitada.
En medio de su detención, el 1 de noviembre, el secretario de seguridad de la ciudad, Waldo Wolf, hizo declaraciones en la red X, felicitando a la policía, exponiendo información sobre las detenidas y relatando el hecho de la siguiente manera: “personal policial visualiza una incidencia entre un masculino y varias personas trans; pone a resguardo al masculino. Es en ese momento que un grupo de personas transgéneros ofuscados trata de agredir a los efectivos”.
Ese mismo día, el presidente Milei, mostrándose junto a su vice, Victoria Villarruel, remarcó los fundamentos de su doctrina de seguridad, en el acto de aniversario de la Policía Federal, video que circuló en sus redes sociales. Destacó “tres pilares”: el que las hace las paga; el orden público es sagrado, el que corta no cobra; los buenos son los de azul, los malos son los que delinquen, el Estado tiene que proteger a las víctimas y castigar a los victimarios.
Una doctrina que tiene de ejecutora a la ministra de Seguridad, Bullrich, y que tuvo su primera temporada en este siglo durante su gestión, pero en la presidencia de Mauricio Macri. Una doctrina que puede caracterizarse como el “Plan Cóndor 2.0” en el siglo XXI, y que bajo la excusa de reestablecer el orden público y combatir al terrorismo y al narcotráfico, lo que busca en realidad es criminalizar a la política y a la pobreza, persiguiendo a quienes se opongan a su plan de pobreza, militarizando los barrios populares y dejándole el control de los territorios abandonados por el Estado al narcotráfico, eliminando las organizaciones sociales, que son quienes intentan día a día reconstruir el tejido social.
Este es el escenario donde se desarrolló una nueva Marcha del Orgullo, con presencia de organizaciones sociales, políticas, de la diversidad, sindicales y feministas, que confluyeron para denunciar el plan de ajuste y violencia contra las clases populares de un gobierno abiertamente negacionista, antiderechos y fascista. No faltaron los pañuelos blancos y las Abuelas de Plaza de Mayo, recordando que son 30 mil lxs detenidxs desaparecidxs (400 del colectivo de la diversidad) de la última dictadura militar, que se enlaza en un hilo de continuidad con el gobierno de La Libertad Avanza, con elementos inéditos del nuevo siglo que determinan métodos más sofisticados de una derecha que aprendió a reinventarse y disfrazarse de falsa democracia.
Resulta fundamental poder hacer visibles dichos mecanismos, denunciando las múltiples violencias que este gobierno, que responde directamente a los poderes concentrados, tanto nacionales como internacionales, desata sobre quienes ha identificado como sus enemigxs. Las mayorías populares van encontrando nuevas formas de articularse y oponerse a un programa decidido a exterminar las expresiones políticas que las representan a través del hambre, la pobreza, los discursos de odio y su aparato represivo. La organización y la calle siguen siendo en Argentina las armas más eficaces para ello. La Marcha del Orgullo fue una nueva demostración de que hay también un pueblo decidido a no renunciar al derecho a vivir con dignidad, justicia social y libertad.
*Trabucco es psicóloga, Magíster en Seguridad. Analista de la Agencia NODAL y de CLAE Argentina. Directora del Área de Universidad, Género y Trabajo del IEC-CONADU
Espectáculos 🎭
Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino
El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.
La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.
Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.
El arma que regaló la suegra: un dato confirmado
Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.
Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.
Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido
El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.
Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.
Las hijas: vidas que la historia oficial silenció
La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.
La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental
Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.
«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió
Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.
La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.
Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino
El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.
Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.
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