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Caputo intenta frenar el incendio entre Milei y Rocca, pero omite datos clave sobre el RIGI

El ministro de Economía salió a declarar que «no es una guerra con nadie en particular» tras días de insultos presidenciales contra el CEO de Techint. Pero sus propios datos sobre costos de tubos y su discurso sobre el «modelo anterior» generan más preguntas que respuestas.

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★ El ministro de Economía, Luis Caputo, intentó poner paños fríos al conflicto abierto entre el presidente Javier Milei y Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, en medio de una semana en la que el mandatario acusó sin pruebas al empresario de conspirar contra su gobierno y lo apodó repetidamente «Don Chatarrín». En declaraciones radiales del 2 de febrero, Caputo sostuvo que «no es una guerra con nadie en particular, sino con el modelo anterior», en un intento por trasladar el debate desde la disputa personal hacia un marco ideológico más amplio.

Sin embargo, la lectura resulta difícil de sostener cuando es el propio presidente quien, durante días, dedicó sus redes sociales a insultar específicamente a un empresario por nombre y apellido.

«No es una guerra con nadie» después de una semana de insultos

La frase de Caputo, «Techint está en condiciones de ganar cualquier licitación», intentó revertir la narrativa de persecución que la empresa había instalado. El ministro reconoció explícitamente que Techint no perdió la licitación por incapacidad sino por costos, enmarcándolo como consecuencia natural de un cambio de modelo económico.

«Se habló de la licitación que perdió la empresa y ese es un ejemplo de cambio de modelo», declaró Caputo. «Veníamos de un modelo con déficit que, en gran parte, era porque se le hacía hacer creer a la gente que la energía era gratis».

La referencia al gasoducto previo resulta significativa. Caputo citó cifras concretas: «Se salió a las apuradas a construir un gasoducto al que se lo cargó a la gente. Unos USD 4.000 salió la tonelada del tubo. ¿Saben a cuánto salió en esta licitación? A USD 1.400«. El ministro no especificó a qué gasoducto anterior se refiere ni aporta la fuente documental de esos precios por tonelada, por lo que la comparación, aunque llamativa, no resulta verificable con los datos publicados hasta el momento.

El argumento de la privatización del costo

Caputo planteó uno de los argumentos centrales del gobierno en la disputa: con la adjudicación de Welspun, la provisión de tubos para el gasoducto será financiada por el sector privado y no por el Estado. «No lo ganó una empresa argentina, pero es por un tema de incentivos, de adaptación», sostuvo.

El argumento tiene una lógica interna coherente con la doctrina libertaria, pero omite un dato relevante que los propios documentos del proyecto confirman: el gasoducto de exportación opera bajo el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), que implica beneficios fiscales millonarios otorgados por el Estado nacional. Es decir, el Estado no financia los tubos directamente, pero sí genera las condiciones regulatorias y fiscales que hacen viable el proyecto completo, con ingresos tributarios que cede a las empresas que lo componen (Southern Energy, integrada por PAE, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG).

La promesa de nuevas licitaciones y el «relato zonzo»

Caputo calificó de «relato zonzo» las críticas que afirman que la administración libertaria está en contra del empresariado argentino. Para sostener ese argumento, anunció que habrá nuevas licitaciones de caños en el futuro: «Va a haber una nueva licitación por cuatro o cinco veces. A todos nos gustaría que los ganen empresas argentinas», subrayó.

El anuncio resulta importante porque, de concretarse, abre una ventana para Techint de recuperar participación en proyectos de infraestructura vinculados a Vaca Muerta. Sin embargo, la promesa no resuelve el conflicto actual ni las acusaciones cruzadas de los últimos días, ni modifica el hecho de que el gobierno celebró públicamente la victoria de una empresa india sobre producción local.

El FMI, los DEG y una operación que no es «ningún préstamo»

En otra parte de la entrevista, Caputo se pronunció sobre la operación del Tesoro estadounidense por USD 808 millones para la cancelación de deuda con el Fondo Monetario Internacional. «No es ningún préstamo», explicó el ministro. «Tenemos que pagarle los intereses al fondo monetario que no se paga con deuda sino en DEG (Derechos Especiales de Giro). Para eso hay que comprarlo a Estados Unidos. Es una operación común que se hace siempre cada vez que le pagamos al fondo».

La aclaración de Caputo resulta técnicamente correcta en su mecanismo: la Argentina necesita DEG para pagar al FMI, y los compra al Tesoro estadounidense. Sin embargo, la characterización de que «no es ningún préstamo» resulta cuestionable desde un punto de vista económico más amplio. La Argentina sigue siendo deudor neto del FMI, y cada operación de compra de DEG incrementa la cantidad de dólares que el país debe obtener del exterior para cumplir con sus obligaciones internacionales, independientemente del nombre técnico que se le asigne a cada transacción.

El argumento más polémico: que perder un trabajo «no debería ser un drama»

Caputo cerró la entrevista con la declaración que probablemente generará más debate. Al hablar de la situación social del país, el ministro sostuvo: «Nuestro objetivo es generar empleo, bajar impuestos y crear condiciones para que el empleo crezca. De ese modo, que una persona deje de trabajar en una empresa no debería ser un drama, sino que pueda conseguir trabajo en otra, como ocurre en cualquier país del mundo».

La frase resulta particularmente llamativa en el contexto de esta disputa específica. Techint argumentó durante toda la semana que la pérdida de la licitación frente a Welspun pone en riesgo 420 empleos directos en la planta de Valentín Alsina y aproximadamente 1.200 puestos en la cadena de valor. Caputo, lejos de reconocer la gravedad de ese impacto laboral, lo descartó como parte del funcionamiento normal de una economía abierta.

El argumento en teoría es estándar en economía liberal: la apertura comercial genera desplazamientos sectoriales que se compensan con nueva creación de empleo en otros sectores. En la práctica, esa reubicación rápida y sin trauma es un postulado que la Argentina nunca logró sostener históricamente, especialmente en regiones industriales que dependen de unidades productivas específicas.

También destacó que «hay sectores que viven con mucha mejor expectativa porque hasta hace seis meses estaba el susto de un posible retorno del comunismo a la Argentina». La referencia a «comunismo» resulta llamativa cuando la alternativa política más cercana en Argentina es el peronismo, movimiento que nunca propuso ni implementó un modelo comunista y que, en sus diversas iteraciones, operó dentro de una economía mixta con sector privado significativo.

Puntos clave

• Caputo intentó desescalar el conflicto Milei-Rocca sosteniendoque «no es una guerra con nadie en particular», después de que el presidente insulté repetidamente a Rocca por nombre durante días
• El ministro citó cifras de costos por tonelada de tubo (USD 4.000 en el modelo anterior vs. USD 1.400 en la licitación actual) sin especificar las fuentes documentales de esa comparación
• Caputo argumentó que el gasoducto será financiado por el sector privado, omitiendo los beneficios fiscales millonarios que el Estado otorga al proyecto bajo el RIGI
• El ministro anunció nuevas licitaciones de tubos en el futuro, abriendo una ventana potencial para Techint en otros proyectos de Vaca Muerta
• La declaración de Caputo de que perder un trabajo «no debería ser un drama» contrasta con el argumento de Techint sobre 1.200 empleos en riesgo ★

Consumo

Pascuas con sabor a ajuste: el pescado también se vuelve un lujo en Semana Santa

Un relevamiento de precios mostró valores elevados en productos clave. En un contexto de caída del poder adquisitivo, el consumo se adapta entre tradiciones y bolsillos ajustados.

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En la antesala de la Semana Santa, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa de muchas familias argentinas. La tradición religiosa (que evita el consumo de carne roja, especialmente el Viernes Santo) impulsa la demanda, pero también tensiona los precios en un contexto económico adverso.

Un relevamiento de precios actuales mostró los valores actuales, que muestran una brecha importante entre productos básicos y opciones más exclusivas.

La lista de precios, producto por producto

En la pescadería Santa Bárbara, los precios exhibidos son los siguientes:

Filete de merluza: $13.900 el kilo

Filete de lisa: $13.900 el kilo

Pollo de mar: $11.800 el kilo

Pejerrey: $10.900 el kilo

Trucha: $33.900 el kilo Salmón rosado: $39.000 el kilo

Paella de mariscos: $40.000 el kilo

Media docena de empanadas de pescado (congeladas): $12.900

El abanico refleja una fuerte segmentación: mientras algunas opciones buscan sostener cierto acceso, otras quedan directamente fuera del alcance de amplios sectores.

No hay por qué aumentar”: la estrategia del comercio

Diego, dueño del local, aseguró que decidió no remarcar precios pese al pico de demanda. Según explicó, la mercadería llega de forma directa desde Mar del Plata, lo que le permite sostener costos.

“Se está vendiendo bien. Tratamos de tener precios que la gente se pueda pueda pagar. La idea es que los clientes se vayan contentos”, sostuvo.

En la misma línea, planteó una lógica que contrasta con la especulación estacional habitual:

“Hay que cuidar al cliente. Es un momento donde la gente hace lo que puede para llegar a fin de mes”.

Tradición religiosa vs. crisis económica

El consumo de pescado en estas fechas no es solo cultural, sino también litúrgico. Sin embargo, en un escenario de deterioro del ingreso, muchas familias ajustan cantidades, reemplazan especies o directamente resignan la tradición.

Se priorizan cortes más económicos Se reduce el volumen de compra Crecen alternativas como productos congelados

Lo que históricamente fue una práctica extendida hoy aparece condicionado por la capacidad de compra.

Entre la demanda estacional y la pulseada por el consumo

Aunque algunos comercios buscan sostener precios para mantener el flujo de ventas, en el sector reconocen que la Semana Santa sigue siendo un momento donde suele haber remarcaciones. La lógica es simple: mayor demanda, mayor precio.

Sin embargo, el dato que empieza a repetirse es otro: incluso en fechas clave, el consumo ya no responde como antes. La tradición persiste, pero el bolsillo manda.

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