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Geopolítica 🌎

Atentado en Colombia: explotó un coche bomba a días de la asunción presidencial

Un coche bomba explotó cerca de un comando policial en Cúcuta y dejó al menos once heridos. El ataque ocurrió a seis días de la asunción presidencial de Abelardo de la Espriella y generó una respuesta oficial con una recompensa para localizar a los responsables.

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Un coche bomba explotó este sábado en la ciudad colombiana de Cúcuta, cerca del comando de la Policía del Departamento de Norte de Santander, y dejó al menos once personas heridas, entre ellas efectivos policiales y civiles.

El ataque ocurrió a pocos días de la asunción presidencial de Abelardo de la Espriella y provocó una fuerte reacción de las autoridades en una región fronteriza marcada por la presencia de grupos armados ilegales.

La explosión ocurrió frente a un comando policial en Cúcuta

El atentado se produjo en el barrio Tasajero, cerca del mercado Cenabastos, una zona con alto movimiento de vehículos y peatones.

Según los primeros reportes, un vehículo cargado con explosivos logró acercarse al área antes de detonar. Luego de la explosión principal, también fueron lanzados otros artefactos en las inmediaciones, afectando a personas que circulaban por el lugar.

Entre los heridos se encuentran ocho integrantes de la Policía y tres civiles.

El gobierno entrante condenó el ataque y anunció medidas

El presidente electo Abelardo de la Espriella condenó el atentado y expresó su respaldo a los agentes heridos y a los habitantes afectados.

“Condeno con absoluta firmeza el cobarde atentado terrorista perpetrado en Cúcuta contra nuestra Policía Nacional. Mi solidaridad con los uniformados heridos, sus familias y con todos los ciudadanos que hoy viven momentos de angustia”, manifestó.

Desde el equipo del próximo gobierno señalaron que se reforzarán las medidas de seguridad tras el ataque.

Ofrecieron una recompensa para encontrar a los responsables

Las autoridades colombianas anunciaron una recompensa superior a los 32.000 dólares para obtener información que permita identificar a los autores del atentado.

El secretario de Seguridad de Norte de Santander, George Quintero, confirmó la cantidad de personas heridas y calificó el hecho como un episodio de extrema gravedad.

“En este momento tenemos ocho personas lesionadas de la policía y tres personas particulares (…) Es un hecho atroz, violento (…) y es lamentable lo que pasó”, expresó.

Norte de Santander atraviesa una escalada de violencia armada

El ataque ocurrió en una región fronteriza con Venezuela donde operan organizaciones armadas ilegales, entre ellas el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidencias de las FARC.

En los últimos días se registraron otros episodios violentos en la zona. Tres días antes del atentado, dos policías resultaron heridos durante una emboscada contra una caravana oficial cerca de El Zulia.

Además, en junio un periodista fue asesinado por sicarios en Cúcuta.

El futuro ministro de Defensa prometió fortalecer la seguridad

El general retirado Jorge Eduardo Mora, designado como próximo ministro de Defensa, aseguró que el nuevo gobierno mantendrá una postura firme frente a los grupos violentos.

“Los violentos deben tener claro que no lograrán sembrar miedo ni doblegar la institucionalidad. Colombia necesita unidad y firmeza para enfrentar a quienes atentan contra la vida, la seguridad y la tranquilidad de los ciudadanos”, afirmó.

Petro no se pronunció sobre el ataque

Mientras las autoridades reaccionaban al atentado, el presidente saliente Gustavo Petro no realizó declaraciones públicas sobre el episodio debido a que se encontraba en Cuba por una visita oficial y reuniones bilaterales con Miguel Díaz-Canel.

América Latina

Brasil lanzó su campaña presidencial: Lula lidera en las encuestas pero la derecha disputa el Congreso

El pasado domingo arrancó formalmente la campaña presidencial en Brasil. Con 158,7 millones de electores habilitados y las elecciones fijadas para el 4 de octubre, el escenario es de polarización total entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las encuestas favorecen al oficialismo, pero la batalla real se libra en el Congreso, donde el Centrão y la renovación del Senado pueden condicionar cualquier gobierno por la próxima década.

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La República Federativa de Brasil activó su maquinaria electoral. El domingo pasado comenzó formalmente la campaña presidencial y lo que en la superficie parece un reencuentro conocido entre dos bloques irreconciliables adquiere, en este ciclo, una dimensión institucional que va mucho más allá de la disputa por el Palacio do Planalto. La elección del 4 de octubre no solo definirá quién gobierna Brasil hasta 2030; también reconfigurará la composición del Congreso Nacional y, con ella, el equilibrio de poderes de la república por al menos una década.

La tercera vía fracasó: el escenario es binario

La contienda se perfila como una reedición del duelo de 2022, pero con nuevos protagonistas en el campo opositor. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin, encabeza una amplia coalición democrática. Frente a él, Flávio Bolsonaro asumió el liderazgo del Partido Liberal (PL) y la representación orgánica del bolsonarismo, tras la inhabilitación electoral de su padre, Jair Bolsonaro, procesado por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.

Las denominadas «terceras vías» no lograron despegar. Los candidatos ajenos al duelo central se mantienen estancados entre el 3% y el 9% de intención de voto, lo que consolidó una contienda netamente binaria. En un sistema de doble vuelta con voto obligatorio, donde el índice de rechazo absoluto opera como techo electoral, la elección se perfila como un plebiscito de identidades políticas irreconciliables.

Las encuestas y sus metodologías

El mapa de las intenciones de voto muestra divergencias según la metodología empleada. Las encuestadoras que utilizan entrevistas presenciales y domiciliarias, como Datafolha y Quaest, captan con mayor precisión el voto de los sectores de menores ingresos en regiones periféricas y otorgan ventajas consistentes a Lula. Las firmas que trabajan con reclutamiento digital aleatorio, como AtlasIntel, reflejan un escenario más competitivo, ya que capturan el pulso de un electorado joven y digitalmente activo, más permeable a las narrativas de la oposición.

En el Nordeste, bastión histórico del lulismo y principal ancla electoral del PT, Quaest registra una ventaja de 29 puntos porcentuales para el oficialismo: 54% frente al 25% de Flávio Bolsonaro. Para compensar esa desventaja estructural, el Partido Liberal necesita márgenes de victoria abrumadores en la región Sur, donde sostiene una diferencia de 13 puntos cimentada en el conservadurismo agrario y el histórico antipetismo.

El verdadero campo de batalla es el Sudeste, que concentra el 41,7% del padrón electoral nacional. En São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, Quaest detecta un empate técnico con leve ventaja numérica para Lula (40% a 37%), una variable que sustenta su favoritismo en las proyecciones nacionales. A nivel de género, Lula conserva una ventaja sustancial entre las mujeres (47% a 34%), mientras que entre los varones la disputa está en empate técnico. El dato más preocupante para la izquierda es el electorado juvenil (16 a 24 años), donde la competencia es excepcionalmente estrecha (42% a 40%), lo que evidencia la penetración cultural de la derecha a través de la digitalización del discurso político.

El factor evangélico y la demografía religiosa

La demografía religiosa es quizás el clivaje más dinámico de la política brasileña. El segmento evangélico, que representa una porción creciente del electorado, mantiene un alineamiento casi dogmático con las plataformas de la derecha conservadora. Flávio Bolsonaro, respaldado por estructuras eclesiásticas como la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, registra ventajas de hasta 22 puntos porcentuales sobre el oficialismo en ese grupo demográfico. La Iglesia como maquinaria electoral es uno de los activos más difíciles de contrarrestar para el PT.

El Centrão: la gobernabilidad tiene precio

La Cámara de Diputados, compuesta por 513 escaños, opera bajo el amparo del Centrão: un bloque de partidos de centro y centro-derecha (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) con una capacidad de extracción de recursos presupuestarios sin equivalente en América Latina. El mecanismo son las enmiendas parlamentarias, que permiten a diputados y senadores dirigir fondos directamente a sus bastiones electorales.

La sumisión del Ejecutivo a esta dinámica es estructural. A lo largo del primer semestre de 2026, el gobierno de Lula liberó 33.890 millones de reales en enmiendas parlamentarias para garantizar el avance de su agenda legislativa. La paradoja es que el Partido Liberal (PL), principal partido opositor, concentró la mayor tajada: 3.100 millones de reales, frente a los 2.160 millones del PT gobernante. Quien gane la presidencia en octubre heredará esta misma lógica: gobernar Brasil exige pagar peaje en el Congreso.

El Senado: la disputa que puede cambiar la próxima década

Las elecciones de 2026 son especialmente críticas porque implican la renovación de dos tercios de la Cámara Alta: 54 de los 81 escaños del Senado Federal quedan en disputa. Con mandatos de ocho años, esta renovación puede alterar de forma irreversible la fisonomía política del país. Actualmente el Senado exhibe una correlación de fuerzas marcadamente conservadora.

El Senado posee competencias exclusivas que lo convierten en una pieza clave del sistema: ratifica a los directores del Banco Central, aprueba embajadores, confirma designaciones al Supremo Tribunal Federal (STF) y, en términos críticos, tiene la facultad de procesar y destituir a sus magistrados. Si la derecha alcanza los 41 escaños (mayoría absoluta), obtendría el andamiaje institucional para promover juicios políticos contra figuras como Alexandre de Moraes y condicionar la agenda judicial de cualquier gobierno de signo progresista por años.

El rol del STF y las tensiones institucionales

Think tanks internacionales como Chatham House y el Center for Strategic and International Studies (CSIS) advierten sobre una degradación paulatina de las normas democráticas en Brasil. En ese marco, el Supremo Tribunal Federal y en particular las medidas del juez Alexandre de Moraes frente a las redes sociales y la desinformación funcionan como un dique de contención del sistema electoral, aunque profundizan la confrontación interna y generan fricciones con sectores conservadores en el país y en el exterior.

El 4 de octubre, Brasil elegirá mucho más que un presidente. Quien asuma el Planalto en enero de 2027 gobernará bajo la tutela financiera del Centrão y bajo la vigilancia de un Senado potencialmente hostil. En la mayor democracia de América del Sur, ganar la presidencia es solo el primer paso; el verdadero desafío es no quedar atrapado en el laberinto de la propia gobernabilidad.

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