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La Comisión Provincial por la Memoria denunció espionaje policial en la Caravana de la Memoria en Morón

El organismo presentó una denuncia penal contra la Policía Bonaerense por realizar tareas de inteligencia ilegal durante una importante actividad por la Memoria, Verdad y Justicia en Morón. El caso expone graves violaciones a los derechos humanos y reaviva el debate sobre el control de las fuerzas de seguridad.

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El Argentino Diario-La Comisión Provincial por la Memoria denunció espionaje policial en la Caravana de la Memoria en Morón.

Por Santiago Rojas

“La realización de tareas de inteligencia ilegal por parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires durante la Caravana por la Memoria, la Verdad y la Justicia, constituye una flagrante violación a la Ley Nacional de Inteligencia 25.520 y una grave afrenta a los derechos fundamentales de los ciudadanos”, denunció la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) al presentar una denuncia penal y constituirse como querellante en la causa.

Según la presentación judicial, el 15 de marzo, en inmediaciones del polideportivo Gorki Grana, un agente de la Policía Bonaerense —identificado como el subcomisario Marcos de la Cruz, de la Comisaría 3ª de Castelar Sur— fue registrado filmando a los asistentes desde un vehículo particular sin identificación visible. La CPM subrayó que este tipo de acciones “se inscriben claramente en los supuestos vedados en la normativa de inteligencia nacional” y remiten a prácticas de espionaje prohibidas expresamente por la legislación vigente.

Efectivo de la Bonaerense en vehículo sin patente filmando la Caravana por la Memoria.

“La inteligencia nacional debe velar por la protección y el cuidado de los argentinos, y no espiarlos”, remarcaron desde el organismo, que recordó que no existe en la provincia de Buenos Aires una ley que regule la inteligencia criminal desarrollada por las fuerzas de seguridad, lo que agrava aún más los hechos denunciados.

Es que la “Caravana por la Memoria, la Verdad y la Justicia” que recorrió las calles de Morón el pasado 15 de marzo cerró con un hecho alarmante: la presencia de un efectivo de la Policía Bonaerense filmando con su celular a los participantes desde un auto particular, sin patente trasera. El vehículo, un Renault Sandero dominio MSZ368, fue identificado por organismos de derechos humanos y fotografiado en las inmediaciones del predio Quinta Seré. El agente en cuestión resultó ser el subcomisario Marcos de la Cruz, de la Comisaría 3ª de Castelar Sur, dependencia que carga con un pasado siniestro: en ella estuvo detenida antes de ser desaparecida la madre de la ex diputada Victoria Donda.

El accionar de De la Cruz representa una práctica de espionaje interno que remite directamente a los años más oscuros de la historia argentina y que vuelve a emerger en tiempos donde la represión parece ganar legitimidad política. Lejos de repudiar o investigar el hecho, las autoridades locales encabezadas por el intendente Lucas Ghi se limitaron a enviar un tímido pedidos de informes al jefe departamental de la Policía Bonaerense para luego llamarse a silencio.

La Asociación Seré pidió explicaciones formales y no obtuvo respuesta.

La Asociación Seré por la Memoria y la Vida, presidida por María Teresa Antón, presentó el 21 de marzo una nota al intendente Lucas Ghi preguntando si “obtuvo alguna respuesta a su pedido de informes al Jefe Departamental de Morón” sobre el operativo de vigilancia ilegal. “Hechos que fueron protagonizados por un efectivo de la policía en su auto particular, al cual le faltaba la patente de atrás MSZ368, que filmaba con su celular a las personas que participaban de la Caravana”, detalló la misiva.

El escrito, ingresado formalmente y recibido por la Dirección de Audiencias, aún no obtuvo contestación. El silencio oficial contrasta con los años de compromiso institucional con las banderas de los derechos humanos que caracterizaron al distrito desde 1999, cuando Martín Sabbatella inauguró un camino de memoria activa que continuó —al menos discursivamente— hasta hace poco tiempo.

Un giro ideológico: de la Memoria a la mano dura

Desde sectores vinculados a organismos sociales y políticos del oeste bonaerense advierten un preocupante giro ideológico en la política de seguridad del municipio. Con la llegada de Javier Milei al gobierno nacional y el alineamiento progresivo de algunos intendentes al nuevo esquema de poder, comenzaron a replicarse políticas de vigilancia, criminalización de la protesta y represión preventiva.

En Morón, este cambio se tradujo en la incorporación de figuras asociadas a una línea dura en materia de seguridad. Entre ellos, el secretario Damián Cardoso —vinculado a sectores del poder judicial local— y Ariel Stella, ex sindicalista de ATE y ex funcionario de Trenes Argentinos, quienes promovieron una agenda centrada en la militarización del espacio público. El intendente Ghi, que supo construir su trayectoria en un paradigma opuesto, optó por fomentar esta reconfiguración sin dar mayores explicaciones, dejando atrás las políticas de cercanía, inclusión y derechos que marcaron a Morón como un municipio pionero en la materia.

Silencio y complicidad

El hecho de que un policía haya realizado tareas de inteligencia sin identificación en una movilización pacífica de organismos de derechos humanos, y que ese accionar no haya sido desmentido ni sancionado por las autoridades municipales o provinciales, genera una fuerte preocupación. En ese contexto, el pedido de la Asociación Seré cobra aún más relevancia: “Le solicitamos una pronta respuesta por escrito”, exigieron.

La omisión de respuestas y la validación implícita de estas prácticas en nombre de una supuesta eficiencia en materia de seguridad abren la puerta a la reinstalación de lógicas que la democracia argentina venía dejando atrás. La participación de las fuerzas de seguridad en acciones de vigilancia sobre la ciudadanía no es un error administrativo: es una decisión política. Y, por ahora, ni Lucas Ghi ni su gabinete parecen dispuestos a dar explicaciones.

Por último, cabe remarcar e insistir en la denuncia de este hecho: un policía de la Bonaerense —identificado como el subcomisario Marcos de la Cruz, de la Comisaría 3ª de Castelar Sur— fue registrado filmando a los asistentes desde un vehículo particular sin identificación visible. La Asociación Seré pidió explicaciones formales y no obtuvo respuesta.

Buenos Aires

A 20 años de la desaparición de López, la recompensa sube pero la impunidad sigue intacta

El Gobierno bonaerense duplicó a $10 millones la recompensa por información sobre el paradero de Jorge Julio López, sobreviviente del «circuito Camps» que desapareció el 18 de septiembre de 2006, el mismo día en que se condenó a prisión perpetua a su torturador, Miguel Etchecolatz. Dos décadas después, la causa permanece sin resolución y sin responsables identificados.

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El Argentino Diario-Jorge Julio López.
El Ministerio de Seguridad bonaerense duplicó la recompensa por información sobre el paradero de López: pasó de $5 millones a $10 millones.

Dos décadas sin respuestas, sin culpables y sin el cuerpo de un sobreviviente que se atrevió a dar testimonio. A 20 años exactos de su segunda desaparición, Jorge Julio López sigue siendo la herida abierta más incómoda de la democracia argentina: un hombre que sobrevivió la dictadura para ser borrado en plena institucionalidad, el mismo día en que la Justicia condenaba a su torturador.

El Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires dispuso este viernes elevar de $5 millones a $10 millones la recompensa destinada a quien aporte datos fehacientes que contribuyan a determinar el paradero de López. El hombre, albañil y militante platense, fue visto por última vez el 18 de septiembre de 2006 cuando salía de su vivienda en Los Hornos, en las afueras de La Plata. Hoy tendría 96 años. La causa tramita en la Unidad Fiscal Federal de La Plata bajo el expediente FLP N° 509/2008, caratulado como «López, Jorge Julio s/ desaparición forzada de personas».

El testigo que incomodaba al poder

La historia de López es la de una doble persecución. El 27 de octubre de 1976, en plena dictadura cívico-militar, fue secuestrado y sometido a un periplo de terror por varios centros clandestinos de detención del denominado «circuito Camps», el entramado represivo montado en la provincia de Buenos Aires bajo el mando del general Ramón Camps. Permaneció detenido y fue sometido a torturas sistemáticas hasta su liberación en 1979, sin que mediara explicación alguna ni proceso judicial.

Décadas después, cuando la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad puso en el banquillo a los represores, López se convirtió en un testigo clave. Su testimonio fue determinante para que el ex comisario Miguel Etchecolatz fuera identificado como uno de sus torturadores y condenado como responsable de delitos de lesa humanidad. Etchecolatz fue jefe de la Dirección General de Investigaciones de la Policía Bonaerense durante la dictadura y una de las figuras más siniestras del aparato represivo de la provincia.

La desaparición en democracia

El 18 de septiembre de 2006 es una fecha que resume toda la brutalidad del caso. Ese mismo día, el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata leía los alegatos y el veredicto que condenaba a Etchecolatz a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio. López había prestado declaración en ese juicio. Pero no llegó a escuchar la condena: desapareció antes de que terminara la jornada.

Lo que ocurrió ese día no fue solo una desaparición: fue una señal de advertencia dirigida a quienes se atrevieran a testimoniar contra los perpetradores del terrorismo de Estado. La democracia argentina no pudo, o no quiso, proteger al hombre que más la había necesitado. Desde entonces, ningún gobierno logró esclarecer qué pasó con López ni identificar a los responsables de su segunda desaparición.

Veinte años, cero respuestas

La causa acumula dos décadas de investigación sin resultados concretos. El incremento de la recompensa anunciado este viernes por el Gobierno provincial es un gesto simbólico que, al mismo tiempo, deja en evidencia la magnitud del fracaso institucional: si después de 20 años el único recurso disponible es duplicar el monto de una recompensa, el Estado reconoce implícitamente que no tiene respuestas propias.

Las organizaciones de derechos humanos llevan dos décadas sosteniendo que la desaparición de López en democracia no fue un hecho aislado sino parte de una lógica de amedrentamiento a testigos que nunca fue desarticulada del todo. La impunidad en este caso es, también, un mensaje: los engranajes que hicieron posible la represión durante la dictadura no fueron completamente desmantelados.

Lo que tenés que saber

  • El Ministerio de Seguridad bonaerense duplicó la recompensa por información sobre el paradero de López: pasó de $5 millones a $10 millones.
  • Jorge Julio López desapareció el 18 de septiembre de 2006, el mismo día en que se condenó a prisión perpetua al ex comisario Miguel Etchecolatz, a quien López había señalado como su torturador.
  • Sobreviviente del «circuito Camps», López fue secuestrado el 27 de octubre de 1976 y estuvo detenido en centros clandestinos de La Plata hasta 1979.
  • La causa tramita como «desaparición forzada de personas» en la Unidad Fiscal Federal de La Plata (FLP N° 509/2008).
  • A 20 años de su desaparición en democracia, la causa no tiene responsables identificados ni se logró determinar su paradero.
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