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Legislativo

Más cabaret libertario: “Limoncito, vos estás del lado del consumo de merluza”

La interna libertaria sumó un nuevo capítulo con insultos, ironías y acusaciones cruzadas entre Marcela Pagano y Lilia Lemoine en Twitter.

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El Argentino Diario-Marcela Pagano-Lilia Lemoine.

Lo que tenés que saber

  • Pagano llamó “Limoncito” a Lemoine y la vinculó con el “consumo de merluza”
  • Lemoine había dicho que Pagano está “del lado de los desubicados que venden verdura”
  • La disputa ocurre en medio del conflicto por la presidencia de la Comisión de Juicio Político
  • Lemoine acusa a Pagano de hacer tratos con Rusia, Irán y el kirchnerismo
  • El oficialismo prevé desplazar a Pagano tras el recambio parlamentario

“Limoncito, vos estás del lado del consumo de merluza”: fuerte cruce entre Pagano y Lemoine

Marcela Pagano dijo públicamente que Lilia Lemoine, compañera de bloque de diputados de La Libertad Avanza, consume «merluza», un eufemismo de cocaína.

La ex periodista respondió así a un tuit en el que Lemoine aseguraba que Pagano está «del lado de los desubicados que venden verdura» dentro de la Cámara de Diputados.

Imagen

Ironías y ataques visuales en redes

Para ilustrarlo, Lemoine apeló a la composición de una imagen partida en dos en X. En una parte, aparece la rubia y, en la otra, Pagano con el megáfono verde que utilizó en una sesión cuando Martín Menem le cerró el micrófono.

En rigor, la cosplayer reposteó el tuit del usuario @Ankwind, en cuya biografía se autopercibe «Gordo CISO». La sigla está en inglés y significa «director de seguridad de la Información de una organización», pero su mensaje parecía bastante rudimentario: la mitad de la imagen que correspondía a Lemoine estaba retocada y lucía impecable, mientras que la de Pagano era una especie de foto movida con un fondo que no correspondía al recinto del Congreso.

Por eso, Pagano respondió al ataque con ironía. «Del lado del Photoshop y del consumo de merluza estás vos, Limoncito. Te ganaste un pin, ¡bravo!», tipeó.

Pelea pública con antecedentes recientes

Ambas diputadas apelaron a Twitter en las últimas semanas para dirimir públicamente sus diferencias. De hecho, la periodista llegó a invitar a la maquilladora de Javier Milei a hacerse «una rinoscopía» el pasado 8 de junio.

La pelea se cristalizó escandalosamente cuando Pagano se quedó con la presidencia de la comisión de Juicio Político, lugar del que Karina Milei pretende barrerla. Aquel conflicto culminó con la expulsión de Oscar Zago de la jefatura del bloque de La Libertad Avanza.

Acusaciones ideológicas y sospechas internas

En la conducción de la bancada oficialista descuentan que el desplazamiento de Pagano en esa estratégica comisión se va a producir indefectiblemente. Especulan que podría darse después del recambio parlamentario, en diciembre.

Pero falta casi una eternidad y, mientras tanto, los defensores de Lemoine tildan a Pagano de «topo». “¿Por qué pidió la comisión de Juicio Político, la Bicameral de Inteligencia y la Biblioteca del Congreso?”, preguntan retóricamente, como si eso probara la intención de ir “contra Milei”.

Sospechas sobre vínculos internacionales

Fuentes parlamentarias explicaron a LPO que Lemoine, más allá de las imputaciones personales que lanza contra su colega y su pareja, Franco Bindi, sospecha que el trabajo de Pagano en el Grupo Parlamentario de Amistad (GPA) con Rusia y su presunto interés en hacer lo mismo en el GPA de Irán es un signo de traición.

Ya en mayo, Pagano desmintió por Twitter haber pedido la presidencia del GPA de la república islámica, pero Lemoine sigue convencida. Incluso, sus compañeros de bancada le han escuchado decir también que Pagano «hace tratos» con el kirchnerismo.

Desregulación

La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos

Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.

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★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.

Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.

El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga

El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».

La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.

Una lógica ideológica, no técnica

El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».

Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.

Lo que se llama «hojarasca» y no lo es

Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.

También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.

Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.

Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan

El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.

Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.

Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.

El Congreso como obstáculo a sortear

El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.

La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.

Puntos clave:

  • El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
  • Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
  • Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
  • También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
  • El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.

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