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Legislativo

Tuvo dictamen el presupuesto universitario y llegará a recinto

El Senado aprobó el proyecto de aumento presupuestario para universidades, con media sanción previa de Diputados.

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El Senado dictaminó favorablemente el proyecto de aumento presupuestario para las universidades nacionales, que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados. Este aumento es rechazado por el oficialismo, que argumenta que compromete el superávit fiscal.

Contexto del Proyecto

El dictamen favorable se produjo en el marco de un plenario de las comisiones de Educación y de Presupuesto y Hacienda, presididas por el kirchnerista Eduardo «Wado» de Pedro (Buenos Aires) y el libertario Ezequiel Atauche (Jujuy). El proyecto busca incrementar los recursos destinados a las universidades, incluyendo ajustes para docentes y personal no docente. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que el impacto fiscal será de 735.598 millones de pesos, equivalentes al 0,14 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI).

Debate y Controversias

Posiciones Encontradas

De Pedro, al iniciar el debate, subrayó que la media sanción recibida de la Cámara de Diputados representa un «rescate urgente» para garantizar el funcionamiento mínimo de las universidades. Por su parte, Atauche, quien representa la postura del oficialismo en la comisión, expresó que el financiamiento de las universidades preocupa al Gobierno. Defendió el aumento del presupuesto, argumentando que era necesario para ajustar la situación que estaba «muy atrasada». Además, insistió en la necesidad de auditar los presupuestos universitarios para asegurar que los fondos se utilicen adecuadamente.

Críticas de la Oposición

El senador de la UCR Flavio Fama (Catamarca) criticó la postura oficialista, argumentando que es injusto agrupar a todas las universidades en una sola categoría. En una línea similar, Martín Lousteau (CABA) acusó al presidente Javier Milei de contradecirse al criticar la educación pública mientras participa en actividades que, según él, perpetúan el adoctrinamiento.

Lousteau también cuestionó las afirmaciones del Gobierno sobre los gastos de funcionamiento, alegando que las universidades aún no han recibido los fondos prometidos. Según Lousteau, los rectores de las universidades han reportado que el Gobierno no ha cumplido con sus compromisos.

Futuras Sesiones y Decisiones

Al cierre de la nota, había incertidumbre sobre cuándo se llevará el proyecto al recinto. Algunos sectores desean que se vote mañana miércoles, mientras que otros proponen incluir el proyecto de la Boleta Única de Papel (BUP) en la sesión del jueves. Además, el DNU que otorga fondos a la SIDE ya fue rechazado por Diputados y su situación aún está pendiente.

Desregulación

La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos

Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.

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★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.

Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.

El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga

El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».

La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.

Una lógica ideológica, no técnica

El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».

Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.

Lo que se llama «hojarasca» y no lo es

Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.

También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.

Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.

Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan

El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.

Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.

Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.

El Congreso como obstáculo a sortear

El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.

La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.

Puntos clave:

  • El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
  • Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
  • Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
  • También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
  • El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.

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