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Marcha de antorchas por Evita y contra «los antipatria»
La multitudinaria movilización se inició alrededor de las 18 en cercanías de las avenidas Independencia y 9 de Julio y se dirigió hasta el Ministerio de Desarrollo Social, donde antiguamente funcionó el histórico Ministerio de Obras Públicas y en cuyos laterales hay gigantescas imágenes de Eva Perón.
Un sector de la CGT encabezado por el dirigente camionero y cosecretario de esa central, Pablo Moyano; la CTA de Hugo Yasky y el Frente Sindical para el Modelo Nacional hicieron este martes una marcha de antorchas en homenaje a Eva Perón en la que apoyaron al presidente Alberto Fernández y a la vicepresidenta Cristina Kirchner y repudiaron a «los antipatria que quieren desestabilizar al Gobierno».
La militancia se reunió horas antes en el cementerio de la Recoleta, para homenajear y recordar el paso a la inmortalidad de la lideresa.
La movilización, que tuvo una fuerte convocatoria, se inició alrededor de las 18 en cercanías de las avenidas Independencia y 9 de Julio y se dirigió hasta el Ministerio de Desarrollo Social, donde antiguamente funcionó el histórico Ministerio de Obras Públicas y en cuyos laterales hay gigantescas imágenes de Eva Perón.





En la manifestación, donde los asistentes portaron antorchas y velas que permanecieron encendidas durante casi toda la ceremonia, hubo militantes de gremios de la CGT y la CTA, como Camioneros, ATE (estatales) y Smata (mecánicos).También hubo militantes de organizaciones y partidos como Miles, La Germán, el Frente Transversal Nacional y Popular, Unidos y Organizados, Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat, MTL, Corriente Nacional Martin Fierro, Liberación Popular, Frente Social Peronista y Partido Comunista, entre otros.
Sobre la esquina de Independencia y Bernardo de Irigoyen se podía observar una bandera de Espacio Puebla con las cara de Eva Perón junto a Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
Con la caída del sol, cerca de las 18.30, comenzaron a prenderse las primeras antorchas y velas de la tradicional marcha en homenaje a Evita, tras dos años sin realizarse por la pandemia de coronavirus.Las miles de personas que formaban las columnas sobre la avenida 9 de Julio iniciaron su marcha de cara al norte de la ciudad de Buenos Aires, con el rostro de Eva Perón sonriente desde el edificio de Desarrollo Social, donde fue improvisado un escenario.
Sosteniendo una bandera con el rostro de Evita, los dirigentes Moyano, Yasky, Omar Plaini (canillitas), y Pablo Micheli (CTA), entre otros, avanzaron al frente de una nutrida columna que de a poco se acercaba al escenario en el que se escuchaba por parlantes uno de los célebres discursos de la esposa de Juan Domingo Perón.
«Yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria», dijo casi un año antes de su fallecimiento, durante el acto en el que desestimó acompañar como vicepresidenta a Perón en las elecciones de 1952, hecho conocido como el «renunciamiento histórico».
Setenta años después de aquel momento, la llamada «jefa espiritual de la nación» por el rol que tuvo la Fundación Eva Perón para paliar las necesidades de los más humildes, fue recordada en un breve acto en el que un importante sector sindical aprovechó la ocasión para defender al actual Gobierno.
«Celebramos la unidad que estamos teniendo en la calle», dijo Pablo Moyano desde el escenario.»Esta no es una marcha contra el Gobierno, es una marcha defendiendo al presidente y a la vicepresidenta», afirmó el adjunto del Sindicato de Camioneros y cotitular de la CGT.
Moyano advirtió que «los antipatria son los que quieren desestabilizar al Gobierno para venir con la reforma laboral».»Acá estamos los que enfrentamos al macrismo y los que vamos a defender al Gobierno», sostuvo Moyano, quien ratificó: «El 17 de agosto nos movilizamos en todo el país; no nos corren por izquierda ni por derecha y vamos a demostrar lo que es el movimiento obrero organizado».
Hugo Yasky dijo que «los que tienen el poder de remarcar los alimentos no lo van a lograr. Eva esta presente. Viva la unidad, viva la lucha».



En tanto, el referente de la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) Walter Correa afirmó: «Derrotamos electoralmente a los medios masivos y también derrotamos a Macri, quien le solicitó al FMI 54 millones de dólares para bancarlo».
Pese a eso, Correa afirmó que «aún» no se lo ha vencido y que se debe «levantar la garra de los trabajadores» para poder hacerlo.»Quiero ratificar que mientras estas organizaciones estén de pie, seguramente hay 2023″, subrayó el referente.
También la dirigente del Satsaid (sindicato de televisión), Virginia Oro, reivindicó la figura de Eva Perón y llamó a la «unidad» de los trabajadores: «Quiero recordar que la única lucha que se pierde es la que se abandona», remarcó.
Al terminar el acto, los dirigentes sindicales dejaron una ofrenda floral al costado del ingreso al Ministerio de Desarrollo Social y hablaron brevemente con la prensa que se acercó al lugar.
«Evita sería parte de los que están impulsando el Salario Básico Universal (SBU). Como también hubiese apoyado el impuesto a las grandes fortunas y de los que promueven impuestos a los especuladores para que paguen los que más tienen», dijo el dirigente sindical Yasky.
«Estoy conmovido con que estos 70 años nos vuelven a encontrar a los trabajadores de la CGT y la CTA unidos», agregó.
Cultura
La soberanía también se toca: cómo el Indio Solari le ganó la pulseada a las corporaciones
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyeron uno de los fenómenos musicales más masivos de la historia argentina sin firmar jamás con una multinacional discográfica, sin pisar un estudio de televisión y sin publicitar sus recitales. El modelo ricotero fue, antes de que existiera el concepto, un manual de soberanía cultural y autogestión popular que hoy resulta tan vigente como en 1985.
Cómo los Redondos construyeron el fenómeno más masivo del rock argentino sin discográficas ni televisión
En la Argentina de los años ochenta, el axioma era inapelable: si una banda no tenía un productor, no firmaba con una discográfica multinacional y no hacía televisión, no existía. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dedicó veinticinco años a desmentirlo. Con la muerte de Carlos «el Indio» Solari, este viernes 5 de junio a los 77 años, el país despide al músico que demostró que la soberanía sobre la propia obra no era una utopía contracultura, sino una decisión posible, sostenible y, en su caso, capaz de convocar a 350.000 personas en el interior del país.
El pozo común y la Negra Poly: la arquitectura de la independencia
La historia comienza en los estudios MIA (Músicos Independientes Asociados), en diciembre de 1984. Allí, los Redondos graban «Gulp!», su primer disco de larga duración, nueve años después de formados. El dinero para esa producción no vino de ningún sello discográfico: provino de un pozo común formado con un porcentaje de las ganancias de cada show. La distribución comercial corrió por cuenta de Carmen Castro, la Negra Poly, la tercera figura fundacional de la banda junto al Indio y Skay Beilinson, y su pieza logística y estratégica más decisiva.
La postura de la Negra Poly ante los productores externos era tan clara como la música de la banda. Según consta en testimonios de la época, su argumento para rechazar ofertas era el siguiente: quien invierte en una producción necesita resarcirse, y para resarcirse debe vender al grupo de una manera que no tiene absolutamente nada que ver con lo que el grupo quiere hacer. Esa frase funcionó como principio rector durante toda la carrera de los Redondos: la independencia no como pose, sino como condición de posibilidad del arte.
El primer disco se presentó, además, como un objeto artesanal en sí mismo. Ricardo Cohen, alias Rocambole, el artista plástico que diseñó toda la identidad visual de la banda desde 1978, elaboró las 7.000 copias iniciales a mano, mediante rodillos, tinta de grabado, pegamentos de colores y un trabajo de serigrafía. No había cadena de producción corporativa: había un colectivo de artistas que fabricaban, uno por uno, los objetos que iban a poner en circulación. Aquel primer vinilo artesanal contenía, además, una canción, «Criminal Mambo», que el Comité Federal de Radiodifusión prohibió en las radios. El sistema ya les marcaba los límites. Ellos tomaron nota y siguieron.
El sabotaje de la industria y la respuesta ricotero
El Indio Solari describió años más tarde, en una entrevista publicada en 2005 por la revista colombiana Gatopardo, la hostilidad concreta que la industria desplegó contra su proyecto: «Si queríamos alquilar el piso para un estadio, lo que a otros les salía 7, a nosotros nos cobraban 20. En los años ochenta una empresa discográfica compró cientos de copias de Gulp!, nuestro primer disco, y las guardó en un desván». La exclusión no era metafórica. Era económica, logística y deliberada.
La respuesta no fue el resentimiento sino la invención de un circuito propio. Los Redondos jamás firmaron contrato con una discográfica multinacional. Jamás pisaron un estudio de televisión. Hasta bien entrada la década del noventa, no publicaban ni el lugar ni la fecha de sus recitales: la difusión se hacía por el boca en boca, por los cassettes que circulaban de mano en mano en los barrios, por el rumor que corría entre los pibes de los colectivos y las villas. Más adelante, firmaron un contrato de distribución con la Distribuidora Belgrano, pero sin ceder el control sobre ninguna decisión artística o logística. El sello era, en todos los casos, propio: Patricio Rey Discos.
Como señaló Rocambole ante la agencia universitaria ANCCOM (UBA), el gran aporte de los Redondos fue demostrar que una banda podía ser inmensamente popular sin pasar por los condicionamientos del sistema: «que tenían que hacer televisión, que tenían que dar notas, que tenían que tener mucha difusión. Una a una esas propuestas las fueron demoliendo». En su diagnóstico, cuando empezó el rock nacional existían cosas que debían hacerse sí o sí, y si un grupo no tenía productor ni firmaba con una multinacional, no era nadie.
Masividad sin intermediarios: el récord que nadie esperaba
El resultado de ese modelo fue estadísticamente absurdo para los estándares del mercado. La banda que no hacía televisión llenó el estadio de Huracán con 80.000 personas en dos shows (1994), el de Racing con 90.000 (1998) y el de River Plate con 140.000 en una sola noche en el año 2000, según datos de la Fundación Konex. Ninguna de esas cifras fue consecuencia de una campaña publicitaria, de un single radial o de una aparición en pantalla. Fueron consecuencia de la densidad del vínculo entre la banda y su público, tejido durante años sin que ninguna corporación mediara en esa relación.
Cuando el Indio lanzó su primer disco solista, «El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel)», en diciembre de 2004, el mecanismo fue el mismo: producción independiente, sin publicidad. El disco superó las 150.000 copias vendidas en un país donde, como él mismo señaló en la entrevista de Gatopardo, la piratería era moneda corriente y la mitad de la población vivía por debajo de la línea de la pobreza. El mercado había predicho el fracaso de ese modelo durante décadas. El modelo había sobrevivido al mercado.
Rocambole y la identidad visual: el arte como parte de la obra
Un elemento central del modelo ricotero fue la concepción del disco como objeto cultural total. Las tapas de los álbumes de los Redondos no eran embalaje: eran obras. Rocambole diseñó cada una de ellas con la misma lógica artesanal que rigió la producción musical: sin conceder a los criterios del mercado, sin aceptar que el empaque debía subordinarse a la comercialización. Su trabajo abarcó tapas, afiches, escenografías, videos y toda la identidad visual de la banda durante veinticinco años. «La autogestión sirve para tratar de realizar lo que uno imagina sin coacciones», definió el propio Rocambole, cuya exposición en el Centro Cultural Recoleta, inaugurada a fines de 2025, fue visitada por 100.000 personas en menos de tres meses, según relató el periodista Maximiliano Tomas, quien publicó en marzo de 2026 la entrevista inédita de Gatopardo.
Un modelo que el mercado sigue sin poder explicar
La industria musical del siglo XXI encontró en el streaming y las plataformas digitales su nueva forma de concentración corporativa. Los Redondos llegaron tarde a ese ecosistema: su discografía estuvo disponible en plataformas de streaming recién a partir de 2017, distribuida por The Orchard, empresa especializada en distribución digital independiente, según informó el diario El Litoral. La lógica fue, una vez más, la de preservar la soberanía sobre la obra sin necesidad de ceder a condiciones que la desnaturalizaran.
Lo que el modelo ricotero demostró, en síntesis, es que la soberanía cultural no es una abstracción ideológica. Es una decisión de producción, una arquitectura financiera, una red de vínculos directos con el público que prescinde de intermediarios corporativos. En un país que debatió durante décadas si era posible construir industria nacional sin quedar atrapado en las redes del capital transnacional, los Redondos lo hicieron, disco por disco, recital por recital, cassette por cassette. Y llenaron River sin pedirle permiso a nadie.
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