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Educación

Nación propone una hora más de clases por día en nivel primario

La propuesta será presentada el viernes por el ministro de Educación, Jaime Perczyk en el Consejo Federal de Educación (CFE) con el propósito de «sumar horas de clase», lo que equivale a «más conocimiento y mejor educación», explicó el titular de la cartera educativa en un comunicado.

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El Gobierno nacional propondrá que las escuelas primarias de todo el país dicten una hora más de clase por día, por lo que la carga horaria por turno pasará de cuatro a cinco horas, lo que demandará una inversión de 18.000 millones de pesos, informaron fuentes oficiales.

La propuesta será presentada el viernes por el ministro de Educación, Jaime Perczyk en el Consejo Federal de Educación (CFE) con el propósito de «sumar horas de clase», lo que equivale a «más conocimiento y mejor educación», explicó el titular de la cartera educativa en un comunicado.

«Es una mejora muy importante para la escuela primaria», dijo Perczyk, quien resaltó que la propuesta será presentada en la reunión de la CFE que se efectuará el viernes en Tierra del Fuego.

Aclaró que «esto requiere la construcción de acuerdos y consensos con las jurisdicciones y los gremios» y puntualizó que esa hora más por día «significa tener 38 días más de clase por año» y detalló que la idea es que esta modificación se realice de manera progresiva en las 24 jurisdicciones

Mencionó que las y los docentes percibirán «un aumento proporcional por la nueva jornada laboral».

«El gobierno nacional tiene como prioridad a la Educación y por eso esta nueva inversión de 18 mil millones de pesos para aportar el 80% del aumento del sueldo de las y los maestros», destacó.

Sostuvo que desde la cartera educativa “proponemos que el turno mañana pase de 7 a 12 o de 7.30 a 12.30 y el turno tarde lo haga de 13 a 18 o de 13.15 a 18.15 horas.”

“Tenemos que preparar nuestras escuelas para que eduquen y formen a las niñas y niños para lo que nos demanda el Siglo XXI”, subrayó y dijo que esa hora que se suma a la jornada escolar “tiene que estar preferentemente afectada a la enseñanza de matemática, lengua y lectura”.

Sostuvo que “para aprender a leer y escribir, para poder expresarse, hay que escribir y leer todos los días y algo similar ocurre con la matemática. Para aprenderla hay que ejercitarla todos los días en la escuela y en la casa”.

Perczyk recordó que para eso este año se distribuyeron más de ocho millones de libros de lengua y matemáticas para todos los alumnos de escuelas primarias del país.

Adelantó también que a mediano plazo “tenemos que crear las condiciones, especialmente de infraestructura, para lograr la universalización de la jornada completa”.

La decisión de intensificar la carga horaria en la escuela primaria obedece a la necesidad de incrementar los conocimientos de los alumnos en lengua y matemática, dos asignaturas consideradas clave por el Ministerio de Educación, en función de recuperar los contenidos no aprendidos por la pandemia.

En este orden, el gobierno nacional lanzó un programa de entrega de libros de literatura infantil para niños del nivel inicial que ya comenzaron a llegar en las escuelas de todo el país.

«Los libros son para los chicos de todo el país, para que se lo lleven de la escuela a la casa y de la casa a a la escuela», dijo el ministro en ocasión de lanzar el programa y aseguró que también esta entrega de libros obedece a «que las familias se involucren en el aprendizaje de sus hijos».

Perczyk destacó que la intensificación de los aprendizajes en lengua y matemática «permiten construir otros aprendizajes más complejos»

El 2 de marzo pasado arrancó el ciclo lectivo en casi todas las provincias y el objetivo de la cartera educativa es que los alumnos este año recuperen los saberes perdidos en los meses en que las escuelas estuvieron cerradas por la pandemia.

Para ello se implementaron escuelas de verano en enero y febrero pasados en algunas provincias y en la de Buenos Aires, que cuenta con la mayor matrícula escolar del país, se intensificaron los aprendizajes a contraturno mediante el programa ATR, para lo cual se empelaron docentes suplentes y estudiantes de los últimos años de la carrera.

«El ciclo lectivo 2022 arranca con 13 millones de chicos y chicas de forma presencial, y la clave es intentar recuperar saberes, hemos perdido mucho en estos dos años», resaltó Perczyk

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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