Política 📢
Renuncias en la Superintendencia de Servicios de Salud: la incapacidad de gestión del régimen libertario
«No se puede sostener ninguna política pública cuando los funcionarios no duran ni un semestre».
El gobierno de Javier Milei volvió a mostrar su inestabilidad interna con la oficialización, a través del Decreto 440/2025, de la renuncia de Gabriel Gonzalo Oriolo como titular de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), junto a otros dos altos funcionarios. En su lugar asume Claudio Adrián Stivelman, con Juan José Picón en la Gerencia General. Sin embargo, lejos de un recambio técnico neutral, el movimiento revela una crisis de fondo: la desarticulación política de un gobierno sin conducción clara del sistema de salud y con crecientes tensiones con los trabajadores.
Un área estratégica, cada vez más debilitada
La SSS es uno de los organismos más sensibles dentro de la estructura sanitaria del Estado: regula y fiscaliza a las obras sociales sindicales, administra el Fondo Solidario de Redistribución (FSR) y define el circuito de reintegros y subsidios que sostiene la atención de millones de trabajadores. Por eso, los cambios en su cúpula no pueden leerse como simples “reordenamientos”.
La renuncia de Oriolo —quien duró apenas seis meses en el cargo— ocurre en medio de fuertes reclamos de los gremios por pagos atrasados y una falta total de previsibilidad en los desembolsos del FSR. También había sido blanco de críticas por parte de prestadores privados, por la opacidad en los criterios de asignación de fondos.
Si bien el gobierno evitó explicar públicamente los motivos del desplazamiento, fuentes del propio Ministerio de Salud reconocen que la decisión fue producto de un “desgaste político acelerado” y de diferencias irreconciliables con el ministro Mario Lugones, quien impulsa una línea dura de ajuste sin estructura ni diálogo. «No se puede sostener ninguna política pública cuando los funcionarios no duran ni un semestre«, cuestionó off the record un dirigente sindical de la Sanidad.
Las nuevas designaciones: ¿relevo técnico o más de lo mismo?
A partir del 1° de julio, Claudio Adrián Stivelman, médico y hasta ahora Gerente General del organismo, asume como nuevo Superintendente con rango de Secretario. Su perfil técnico, sin peso político propio, busca garantizar “continuidad sin sobresaltos” en la gestión. Lo mismo ocurre con Picón, un funcionario de carrera que conoce los procedimientos de subsidios, pero cuya designación es interpretada más como “transicional” que como una apuesta a futuro.
Ambos heredan una estructura sobrecargada, con un esquema de control burocratizado, escasa coordinación con el Ministerio de Salud y un presupuesto ajustado al extremo. Todo en un clima de creciente conflictividad con los sindicatos, que advierten sobre la parálisis del sistema y los peligros de desfinanciar las obras sociales.
Entre la ineficiencia y la rotación permanente
El problema no es sólo quién se va o quién llega. Es la lógica del gobierno de Javier Milei, que en apenas seis meses ha recambiado a más de 30 funcionarios de jerarquía en áreas sensibles. “No hay política de Estado, hay parches de emergencia”, afirman desde el sector privado. Mientras tanto, la presión judicial por irregularidades en los fondos del FSR crece, al igual que la falta de controles efectivos sobre las obras sociales fantasmas, un problema estructural que sigue sin abordarse.
La política de Lugones —carente de interlocución con los sindicatos y ausente en los conflictos sanitarios como el del Garrahan— parece apostar al desgaste del sistema antes que a su fortalecimiento. La Superintendencia, lejos de funcionar como garante del derecho a la salud, queda reducida a una caja en disputa y una trinchera técnica sin conducción real.
El recambio en la SSS no es una muestra de renovación ni de mejora en la eficiencia. Es la expresión más clara de un gobierno que desmonta sin construir, que ajusta sin ordenar, y que cambia nombres pero mantiene la incertidumbre como política. En un país donde la salud depende, en buena medida, de la articulación público-sindical, el desmantelamiento de la Superintendencia no es solo un problema administrativo: es una amenaza concreta para millones de trabajadores.
Buenos Aires
Chapadmalal vuelve a la Provincia: el Senado bonaerense le pone freno al negocio de Milei
El Senado de la provincia de Buenos Aires aprobó por mayoría el proyecto de la senadora Fernanda Raverta para recuperar la Unidad Turística Chapadmalal, cedida originalmente por la Provincia a la Nación con destino exclusivo al turismo social. La iniciativa instruye a la Fiscalía de Estado a iniciar acciones judiciales contra el gobierno nacional por «desnaturalización del fin social» del complejo, mientras el gobierno de Javier Milei planea entregarlo en concesión a privados por 30 años.
De más de 84.000 personas alojadas en 2023, el complejo de Chapadmalal pasó a cero turistas en 2025 y 2026. Ese dato brutal resume lo que el gobierno de Javier Milei hizo con uno de los emblemas históricos del turismo social argentino: un predio construido en los años 40 para que los trabajadores, los niños y los jubilados pudieran conocer el mar con hospedaje de calidad y pensión completa, ahora en camino a convertirse en un negocio privado.
El martes, el Senado bonaerense respondió con una decisión política concreta. El bloque peronista Fuerza Patria impulsó y logró la media sanción del proyecto de ley presentado por la senadora marplatense Fernanda Raverta, que declara la voluntad del Estado provincial de recuperar la titularidad y la administración de la Unidad Turística Chapadmalal (UTC) e instruye a la Fiscalía de Estado bonaerense a iniciar las acciones judiciales necesarias para exigirle a la Nación la devolución del predio. El expediente, registrado como E 120 2026-2027, pasa ahora a la Cámara de Diputados provincial para completar su tratamiento legislativo.
Un predio cedido con una condición que Milei ignoró
El origen jurídico del conflicto es claro: la Provincia de Buenos Aires cedió originalmente los terrenos de Chapadmalal al Estado nacional con un fin específico e irremplazable, el turismo social. Construido entre 1948 y 1949 durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón y diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo como parte de una política de democratización del descanso, el complejo fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2013. La administración de Javier Milei ignoró ese mandato de origen y avanzó en dos movimientos concretos: el Decreto 216/2025 eliminó la obligación del Estado de prestar servicios de turismo social, y la Resolución 129/2026, publicada en el Boletín Oficial, oficializó el pase a disponibilidad de la totalidad del personal de las unidades turísticas de Chapadmalal y Embalse, en Córdoba.
El plan del gobierno nacional es concesionar el complejo de Chapadmalal a privados por un plazo de 30 años y subastar el complejo de Embalse. Para el ministerio de Gobierno bonaerense, encabezado por Carlos Bianco, se trata de una «trampa administrativa»: primero se declara que el predio está «subutilizado», luego se quita el personal y finalmente se habilita la venta o la concesión directa. Bianco ya formalizó ante la administración nacional el pedido de transferencia inmediata del complejo a la órbita provincial.
La ley que activa la Fiscalía de Estado
El proyecto aprobado en el Senado bonaerense va más allá de una declaración de intenciones. La norma declara «la voluntad» del Estado provincial de «recuperar la titularidad de dominio y asumir la administración de los inmuebles que integran la Unidad Turística Chapadmalal debido a la desnaturalización del fin social para el cual fueron afectados» e instruye a la Fiscalía de Estado a «interponer las acciones judiciales y medidas cautelares necesarias ante las jurisdicciones competentes, a fin de obtener la reivindicación, restitución o retrocesión de los inmuebles que integran la UTC fundadas en la desviación de su finalidad pública, el incumplimiento del cargo de uso social originario y la defensa del patrimonio histórico y social».
Durante el debate, Raverta colocó el conflicto en términos de modelo de país: «Chapadmalal no es solamente un complejo hotelero, es un modelo de país. Para algunos, es un activo que puede venderse al mejor postor. Para nosotros, es parte de la historia de la Argentina, del derecho de los trabajadores al descanso y de una política pública que permitió que miles de familias fueran al mar por primera vez». La senadora también recordó que «cuando esta provincia decidió ceder su tierra a un gobierno nacional para que construyera ese complejo, fue con ese objetivo, y ahora el Gobierno nacional no lo está cumpliendo».
La oposición apoyó la privatización
El proyecto fue aprobado por mayoría, con la votación en contra del senador del PRO y exintendente de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, quien avaló el modelo de Milei para la concesión privada del predio. Montenegro sostuvo que «la única forma de progreso no puede ser siempre el Estado», un argumento que el peronismo bonaerense rechazó de plano en el recinto. La postura del PRO y de La Libertad Avanza significó, en los hechos, respaldar que un complejo declarado Monumento Histórico Nacional y construido para los trabajadores quede en manos de empresarios privados durante tres décadas.
Kicillof: «Marcha a un negocio inmobiliario»
El gobernador Axel Kicillof ya había trazado el diagnóstico con precisión. «Me parece que, como ha hecho con todo, marcha a un negocio inmobiliario», declaró durante una visita a Mar del Plata, al ser consultado sobre el futuro del complejo. «La onda viene de demolición y destrucción», agregó el mandatario bonaerense, quien exigió que, si la Nación decide desprenderse del predio, la administración sea transferida en forma inmediata a la Provincia. El ministro de Turismo bonaerense, Augusto Costa, sintetizó el impacto con un dato que no admite interpretación: «De alojar a más de 84.000 personas en 2023, pasamos a cero turistas en 2025 y 2026».
En el Congreso nacional, los senadores peronistas Juliana di Tullio y Eduardo «Wado» de Pedro presentaron un proyecto paralelo para transferir Chapadmalal a la provincia de Buenos Aires, con la condición de que el predio mantenga su destino de turismo social y que su venta o cambio de uso quede prohibida sin autorización del Poder Legislativo nacional. La pinza legislativa, en la Cámara alta bonaerense y en el Congreso nacional, marca una estrategia coordinada del peronismo para bloquear judicialmente y políticamente la entrega del complejo.
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