Elecciones
Milei negó renuncia al balotaje
Durante una entrevista televisiva, el candidato de LLA aclaró que «bajo ninguna circunstancia» se bajará de la segunda vuelta. En el mismo programa el funcionario de Rodríguez Larreta, Waldo Wolff, quien le brindó su apoyo al libertario.
El candidato presidencial de La Libertad Avanza (LLA), Javier Milei, negó hoy la posibilidad de «bajarse» del balotaje contra el postulante de Unión por la Patria (UxP), Sergio Massa, volvió a hacer un llamado a la oposición para «vencer al kirchnerismo» y apuntó contra el radical Raúl Alfonsín, «el peor presidente de la historia».
En diálogo con La Nación+, Milei aclaró que «bajo ninguna circunstancia» se bajará del balotaje, en una entrevista donde también estuvo presente el exdiputado nacional y referente del PRO, Waldo Wolff, quien le brindó su apoyo porque es «necesario trabajar juntos» para «desterrar al kirchnerismo».
«Naturalmente soy un gladiador. Voy a morir con las botas puestas», expresó el candidato libertario y se mostró optimista de cara a la segunda vuelta.
Y arriesgó que «la diferencia entre Massa y nosotros es menor que la que había entre (Daniel) Scioli y (Mauricio) Macri en las elecciones generales» de 2015.
En los comicios presidenciales de 2015, el exgobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, candidato de Frente para la Victoria, y el exjefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, de Cambiemos, tuvieron una diferencia cercana a 700 mil votos, mientras que entre Sergio Massa y Javier Milei hay 1.8 millones de votos, de acuerdo con el escrutinio provisorio de este domingo.
A su vez, Milei indicó que el balotaje «va a permitir el ordenamiento ideológico» entre los partidos políticos y reiteró el llamado a distintos sectores de la oposición, como Juntos por el Cambio y Hacemos Unidos por Nuestro País, partido de Juan Schiaretti.
«Es necesario hacer tabula rasa, barajar y dar de nuevo. No podemos permitir que el kirchnerismo retenga el poder y que seamos Venezuela», expresó Milei y reiteró que «le gustaría reunirse con Patricia Bullrich» de cara a los comicios.
Sobre la Unión Cívica Radical aclaró que «respeta» a la línea nacional del radicalismo, pero apuntó contra uno de sus históricos líderes: «El gobierno de (Raúl) Alfonsín es uno de los peores de la historia».
Milei también reiteró su propuesta de «recortar subsidios» y de acabar con los «privilegios»; cuando le preguntaron qué subsidios eliminaría, respondió: «Todos».
Luego Waldo Wolff confirmó su apoyo al libertario: «Yo tengo una posición personal que voy a acompañar a Javier Milei. Durante 8 años pasé combatiendo al kirchnerismo».
Sobre las motivaciones detrás del encolumnamiento del economista, el secretario de Asuntos Públicos de la Ciudad de Buenos Aires indicó: «Yo creo que aquellos que queremos desterrar al kirchnerismo debemos trabajar juntos».
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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