Economía 💲
Milei en Budapest: vende recursos naturales y oculta la crisis industrial
En la cumbre conservadora CPAC de Hungría, el presidente ofreció Vaca Muerta como solución energética para Europa, vaticinó exportaciones de USD 30.000 millones para 2030 y dijo que la pobreza bajó al 30%. Lo hizo mientras en Argentina cierran 30 empresas por día, la industria perdió 65.000 empleos en dos años y el superávit comercial se sostiene porque la economía importa menos por producir menos.
★ El presidente Javier Milei participó este sábado en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en Budapest, Hungría, donde ofreció las reservas de Vaca Muerta como garantía de seguridad energética para Europa y proyectó que las exportaciones argentinas «superarán los 30.000 millones de dólares anuales» para el final de la década. Tras reunirse con el premier Viktor Orbán y recibir el título honorífico «Civis Universitatis Honoris Causa» en la Universidad Ludovika, el mandatario regresó al país este domingo por la mañana.
«Europa buscó durante años la independencia energética; nosotros le ofrecemos algo mejor: un socio confiable con reservas enormes y un Gobierno que honra sus contratos», afirmó Milei en su discurso ante el auditorio conservador, según el material de base. También destacó haber aplicado «un ajuste de 15 puntos del PBI en apenas seis meses» y aseguró que el índice de pobreza «descendió del 57% al 30%«, sin citar la fuente de esa cifra ni precisar la metodología de medición utilizada.
El modelo que Milei vende afuera y sus consecuencias adentro
El discurso de Budapest tuvo una coherencia ideológica impecable y una distancia igualmente impecable de la realidad económica que este medio documentó en las últimas semanas. Mientras Milei ofrecía a Europa los recursos naturales argentinos como promesa de prosperidad, los datos del primer bimestre de 2026 publicados por la consultora Abeceb mostraban que las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial crecieron un 8,6% en valor pero con una caída en cantidades del 14,5%, es decir, se exportó menos volumen industrial y el crecimiento fue solo por suba de precios. Las importaciones de bienes de capital cayeron un 22,9% en cantidades, señal de que las empresas argentinas no están invirtiendo en maquinaria para producir más sino achicando operaciones.
El patrón exportador que Milei celebró en Budapest descansa, en los datos verificados, sobre tres productos: trigo (+60,8%), oro (+80%) y litio (+125,3%), que junto a la plata explicaron casi el 64% del aumento total del superávit comercial del primer bimestre, según Abeceb. Es el mismo modelo que el gobernador bonaerense Axel Kicillof describió el 2 de marzo en la Asamblea Legislativa como «un modelo de primarización productiva y precarización laboral que los ministros libertarios presentan como el paraíso capitalista.»
La «fiebre del oro» y las fábricas que cierran
La metáfora de la «fiebre del oro» que usó Milei en Budapest tiene un correlato literal en los datos de comercio exterior: el oro fue el segundo producto más exportado de Argentina en febrero de 2026, según Abeceb. Lo que la metáfora no menciona es lo que ocurre con la industria que no es oro, ni litio, ni trigo.
La Unión Industrial Argentina (UIA) documentó 65.000 empleos industriales perdidos en dos años con corte a noviembre de 2025, sin incluir los cierres posteriores. Fate cerró su planta de San Fernando el 18 de febrero con 920 despidos. ARSA quebró en febrero de 2026 con 400 trabajadores en la calle. La Suipachense fue declarada en quiebra con 140 despidos. FAPA, única fabricante nacional de aisladores eléctricos, cerró y remató su maquinaria, lo que llevó al Gobierno a suspender los aranceles antidumping que la protegían durante diez años mediante la Resolución 345/2026, publicada el 18 de marzo en el Boletín Oficial. El gobernador Kicillof cuantificó el proceso el 2 de marzo: «desde que asumió Milei cerraron 30 empresas por día.»
En Budapest, ninguna de esas empresas apareció en el discurso presidencial.
El dato de la pobreza que Milei no documentó
Milei afirmó en Budapest que la pobreza «descendió del 57% al 30%» gracias a su programa económico. La afirmación requiere una aclaración que el propio material de base no provee: el mandatario no citó la fuente de ese dato ni la metodología utilizada. El dato no puede ser verificado de manera independiente en el material disponible para esta nota, por lo que se consigna como declaración del presidente sin respaldo documental propio identificado.
Lo que sí está verificado de manera independiente es el cuadro social que documentó el informe QMonitor de la consultora QSocial el 17 de marzo de 2026: el 32% de los argentinos asegura que sus ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda y salud; el 74% debió recortar gastos en el último año; y el 51% no tiene capacidad de ahorro. El economista Nadin Argañaraz documentó que entre 2017 y 2025 un trabajador informal perdió el equivalente a 29 salarios mensuales de poder adquisitivo. La Secretaría de Trabajo confirmó que entre septiembre y diciembre de 2025 el salario promedio del sector privado registrado acumuló una caída real del 2,4%.
Orbán, Abascal y la internacional conservadora
El discurso de Budapest no fue solo económico. Milei se ubicó con comodidad en el espacio de la derecha internacional que nuclea a figuras como el español Santiago Abascal y el premier húngaro Viktor Orbán, con quien mantuvo reuniones bilaterales. Cuestionó el «descontrol migratorio» y «la crisis de valores» en la región y afirmó que «no debemos dejarnos convencer de que lo malo es bueno; lo malo es malo aunque millones de personas lo defiendan. Hungría y Argentina lo tienen bien claro», según sus propias palabras recogidas en el material de base.
La elección de Budapest como escenario para proyectar la imagen de Argentina al mundo no es neutral. Orbán es el líder europeo que más resistencia ha generado dentro de la Unión Europea por su deriva autoritaria, su cuestionamiento al Estado de derecho y sus políticas antiinmigración. Que Milei elija ese foro para presentar a la Argentina como «socio confiable» ante inversores internacionales dice algo sobre qué tipo de confiabilidad está construyendo y ante quiénes.
Lo que se vende afuera y lo que se vive adentro
La distancia entre el discurso de Budapest y la Argentina de marzo de 2026 es medible en datos concretos. Afuera: «fiebre del oro», Vaca Muerta, exportaciones de USD 30.000 millones para 2030, pobreza al 30%, ajuste exitoso. Adentro: 65.000 empleos industriales perdidos, fábricas que cierran a razón de 30 por día según Kicillof, salarios que acumulan cuatro meses consecutivos de caída real, un 40% de percepción negativa sobre la situación del país según QSocial y un superávit comercial que, según la propia consultora Abeceb, podría sostenerse en parte porque «una actividad económica menos dinámica implica una ralentización de importaciones.»
Milei regresó este domingo por la mañana a Buenos Aires. Lo esperaban, entre otros asuntos pendientes, los 920 trabajadores de Fate que llevan más de un mes esperando una resolución que el Gobierno no les dio.
Puntos clave
- Milei participó en la CPAC Budapest el sábado 21 de marzo de 2026, ofreció Vaca Muerta como garantía energética para Europa y proyectó exportaciones superiores a USD 30.000 millones anuales para 2030, según el material de base.
- El presidente afirmó que la pobreza «descendió del 57% al 30%» sin citar fuente ni metodología; el dato no pudo ser verificado de manera independiente en el material disponible para esta nota.
- Según la consultora Abeceb, el 64% del aumento del superávit del primer bimestre se explica por trigo, oro, litio y plata; las exportaciones industriales en cantidad cayeron un 14,5% y las importaciones de bienes de capital retrocedieron un 22,9%.
- La UIA documentó 65.000 empleos industriales perdidos en dos años (corte noviembre 2025); el gobernador Kicillof afirmó el 2 de marzo que desde que asumió Milei «cerraron 30 empresas por día«, en la Asamblea Legislativa bonaerense.
- El informe QMonitor de QSocial (17 de marzo de 2026) documentó que el 32% de los argentinos no cubre necesidades básicas, el 74% recortó gastos en el último año y el 40% tiene percepción negativa de la situación del país. ★
Trabajo
Cabot cierra su planta en Campana y deja a 150 familias a la deriva
**El ajuste económico suma otra víctima: la multinacional química anunció el cierre definitivo de su planta bonaerense, donde producía negro de humo para la industria del neumático. Los trabajadores marcharon este lunes para exigir garantías sobre sus indemnizaciones.**
150 trabajadores sin empleo: Cabot cierra y el modelo Milei destruye otro eslabón industrial
La empresa multinacional Cabot Corporation resolvió el cierre definitivo de su planta ubicada en la localidad bonaerense de Campana, dejando sin trabajo a 150 personas entre empleados directos y tercerizados. La firma, especializada en la producción de negro de humo y materiales químicos de alto rendimiento, comunicó la decisión el martes pasado a través de directivos llegados desde Brasil, quienes reunieron al personal en el comedor de la planta para anunciar el cese total de las operaciones en Argentina.
La noticia que nadie esperaba
La modalidad del anuncio encendió las alarmas entre los trabajadores: sin previo aviso colectivo, sin instancias de negociación previas y con la sola mención de que «un estudio jurídico se encargaría del tema». La incertidumbre sobre el cobro de las indemnizaciones se instaló de inmediato. Agustín, operario de la planta y padre de dos hijos, describió la situación con crudeza en declaraciones televisivas : «Vino uno de los gerentes de Brasil, juntó a todos los trabajadores en el comedor y anunció que la firma iba a cerrar su operación en Argentina y que un estudio jurídico se iba a encargar del tema. No sabemos si nos van a pagar o no. Están queriendo meter el preventivo de crisis para pagarnos un 50% menos. A nosotros no nos han pagado, no nos han echado, estamos a la deriva.»
El recurso del preventivo de crisis, un mecanismo legal que habilita a las empresas a reducir las indemnizaciones a la mitad, fue señalado por los propios trabajadores como la estrategia que la compañía planea utilizar para minimizar sus obligaciones laborales. Si se aplica, implicaría una pérdida económica directa y significativa para cada uno de los afectados.
Una lucha con décadas de historia en juego
Este lunes, los trabajadores de Cabot se movilizaron desde la planta hasta la plaza principal de Campana para presentar un petitorio ante el municipio y exigir garantías concretas. La imagen de obreros con años y décadas de trabajo al hombro reclamando en la calle resume, en términos humanos, lo que los índices macroeconómicos no siempre logran mostrar.
Mario Di Paolo, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Negro de Humo, ratificó los hechos y marcó la dimensión del golpe: «El martes vinieron dos directivos de Brasil, juntaron a toda la gente en el comedor y notificaron el cese total de las tareas y el cierre definitivo de Cabot Argentina. Yo hace 15 años que estoy en Cabot y estamos con la lucha con los compañeros.» Di Paolo advirtió además sobre la situación concreta que enfrentan los operarios en el mercado laboral actual: «Con este modelo económico está muy difícil conseguir trabajo. Los compañeros son todos mayores de 40 años, se les va a complicar mucho empezar a trabajar de vuelta.»
El drama individual de cada trabajador ilumina la magnitud del daño. Gustavo, de 52 años y con 16 años de antigüedad en la planta, expresó: «Es una sorpresa grande para todos. Ya no voy a conseguir laburo en ningún lado. Hay que remarla. Sin trabajo no hay dignidad y no hay nada. Es una vergüenza lo que hicieron.» Agustín, por su parte, señaló el impacto sobre sus compañeros de mayor trayectoria: «Tenemos compañeros con más de 30 años en la fábrica que saben que no consiguen más trabajo, porque uno con esa edad para el sistema ya queda obsoleto.»
Una decisión «netamente comercial» en un contexto de desguace
Uno de los testimonios más contundentes fue el de un trabajador con 26 años de antigüedad en la empresa, quien rechazó los argumentos de la firma: «Siempre pusimos el pecho en todas las crisis, pasamos por muchas, por eso es inentendible la situación que nos plantean hoy. No es un problema de productividad, es una decisión netamente comercial. Es una pena que tomen esta decisión y dejen a 150 familias sin trabajo.»
En el sector señalan que la crisis en la industria del neumático, agravada por las dificultades atravesadas por FATE, uno de los principales clientes históricos de la producción de negro de humo de la planta, contribuyó a deteriorar la ecuación comercial de Cabot en Argentina. Sin embargo, los propios trabajadores insisten en que la decisión responde a una estrategia corporativa global, no a un problema de desempeño local.
El costo humano del modelo
El cierre de Cabot no es un episodio aislado. Se inscribe en un proceso de desindustrialización acelerada que distintos relevamientos privados y sindicales estiman en más de 320.000 puestos de trabajo perdidos y alrededor de 15.000 industrias cerradas en todo el país desde diciembre de 2023. Ese proceso tiene coordenadas precisas: apertura importadora, contracción del mercado interno, retracción del consumo y deterioro sostenido del poder adquisitivo, factores que la gestión de Javier Milei asume como costos necesarios del «saneamiento macroeconómico.»
El propio contexto inflacionario agrava la situación de quienes pierden el empleo. Según datos del INDEC de marzo de 2026, la Canasta Básica Total (CBT) registró una variación interanual del 30,4%, lo que significa que los trabajadores desplazados enfrentan simultáneamente la pérdida de ingresos y un costo de vida que se mantiene en niveles críticos. A eso se suma que el gasto primario del Estado cayó un 5,1% interanual adicional en el primer trimestre de 2026, según datos del Foro Economía y Trabajo, reduciendo aún más la red de contención disponible para quienes quedan fuera del mercado laboral.
En ese marco, la promesa oficial de que el ajuste tiene un horizonte de alivio choca con la realidad cotidiana de trabajadores que, a los 40, 50 o 52 años, saben que el sistema productivo argentino actual no tiene lugar para ellos.
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