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CABA

Fuerte reclamo a la Cumbre de Alcaldes: «La Deuda es con el Sur»

Manifestantes señalaron la necesidad de que las autoridades gubernamentales tomen acciones concretas para reducir las emisiones contaminantes y avancen en políticas de mitigación que garanticen la calidad de vida a los sectores más vulnerables.

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Una multitud de jóvenes y activistas de distintas organizaciones ambientalistas marcharon este viernes por la tarde al Centro de Exposiciones porteño donde los alcaldes de las ciudades más importantes del mundo participan de la cumbre C40 para reclamar medidas concretas para prevenir y mitigar las consecuencias del Cambio Climático bajo la consigna «La Deuda es con el Sur».

Con banderas y redoblantes, numerosos jóvenes de organizaciones cómo «Jóvenes por el Clima», «Ahora Qué», «Eco House», «Consciente Colectivo» y otras comenzaron a concentrarse cerca de las 17 en la Plaza Mitre del barrio porteño de Recoleta cantando consignas sobre la necesidad de que las autoridades gubernamentales tomen acciones concretas para reducir las emisiones contaminantes y avancen en políticas de mitigación que garanticen la calidad de vida a los sectores más vulnerables.

También se concentraban numerosos manifestantes de espacios como el Observatorio del Derecho a la Ciudad en la Plaza San Martín del barrio porteño de Retiro, desde donde se sumaron a la convocatoria.

Una columna de más de cuatro cuadras de manifestantes avanzó sobre calles y avenidas porteñas con pancartas que exigían ciudades más justas y sustentables, y banderas de organizaciones cómo Barrios de Pie, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores, Climate Save y Guardianes del Riachuelo entre otras.

El fuerte operativo policial demoró el avance de la movilización que elevaba consignas como «Si el Presente es de Lucha el Futuro es Nuestro», «Cambiar de Política, no de Clima», o «Por una Ley de Envases con Inclusión Social»; al llegar al Centro de exposiciones los manifestantes entonaron el himno nacional.

Zainab Waheed, activista ambiental de Pakistán, señaló que «el impacto climático es comparable con un crimen y tiene consecuencias irreparables».

Lucía Kompel, referente de Jóvenes por el Clima, advirtió que «el ambientalismo popular es con todos adentro, existen sectores muy sensibles en barrios donde no llega ninguna asistencia».

Matías Capoblanco, de la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores, afirmó: «Vinimos a apoyar un reclamo justo, nuestros gremios son los verdaderos actores, luchamos por un cielo abierto, por leyes protectoras a nivel nacional; hace 20 años nuestro trabajo no era reconocido, hoy es muy diferente, pedimos que los productores se hagan cargo de los espacios públicos».

Activistas de las organizaciones participantes de la movilización leyeron un documento consensuado en el que subrayaron: «Cuando hablamos de la necesidad de una transición ecológica, hay 2 preguntas centrales que emergen. ¿Cómo la vamos a hacer, y quién la va a pagar? Y hay 2 cosas que en el Sur Global tenemos claro. Primero, que nosotros no vamos a pagar los platos rotos. Y segundo, que la transición tiene que ser justa y soberana. Una transición que no deje nadie atrás significa que el ambientalismo sólo puede cerrar con la gente adentro».

«La calidad de vida de nuestro pueblo no será la variable de ajuste. Es por eso que exigimos una transferencia de recursos desde el Norte Global, que son quienes más contribuyeron al cambio climático, hacia el Sur Global. Y es por eso también que exigimos que esos recursos se destinen a crear nuevos puestos de trabajo, y a mejorarle la vida a la gente. Es urgente e ineludible la necesidad de la sanción de una Ley de Envases. Una ley que reconozca derechos a los recuperadores urbanos, quienes se hacen cargo de un pasivo colectivo, generado por todos, y brindan un servicio esencial en las ciudades. Y que, pese a ello, no fueron invitados a formar parte de esta Cumbre C40», apuntaron.

El documento reclama «financiamiento, también, para la adaptación y mitigación de la crisis climática y ecológica de las ciudades, especialmente de las áreas más vulnerables y que se verán afectadas primero, pero sobre todo las que hoy en día ya están siendo afectadas por la crisis que vivimos. Que garantice, sin dudas, un acceso equitativo a los servicios esenciales para poder vivir una vida digna».

Las organizaciones ambientalistas exigieron el «cumplimiento del artículo 9 del Acuerdo de París y financiamiento del Norte al Sur para la transición energética justa, que incluya un plan integral y financiamiento destinado a terminar con la pobreza energética y garantizar el acceso a energía para toda la población que pueda acceder a tarifas justas para poder avanzar en dejar atrás las explotaciones de hidrocarburos».

Denunciaron además que: «la Ciudad de Buenos Aires se jacta de ser un modelo de «Ciudad Verde», utilizando ese slogan durante los últimos años de gestión y el C40. Lo que nos preguntamos en Consciente Colectivo es: ¿Por qué entonces hay 6 mts cuadrados por habitante de espacios verdes cuando lo recomendado por organismos internacionales es, mínimo, entre 10 y 15 mts cuadrados por habitante? ¿Por qué se consideran espacios verdes lugares inaccesibles como canteros, o espacios como cementerios y boulevares? ¿Por qué hacen llamar plazas a espacios sintéticos con árboles de metal?».

«Una ciudad modelo en términos socioambientales debe preservar y restaurar sus espacios naturales. La especulación inmobiliaria, la privatización de espacios públicos, la cementación, la pérdida de arbolado y la falta de acceso al Río de la Plata son políticas de la Ciudad que atentan contra la conservación, mantenimiento y ampliación de las áreas verdes urbanas. No queremos una Ciudad de cemento, queremos vivir en una Ciudad con bienestar para todas y todos», añadieron.

En el marco de la cumbre mundial de alcaldes contra el calentamiento global Jóvenes por el Clima Argentina, además de participar activamente del evento, llevará adelante una serie de acciones con el objetivo de visibilizar reclamos de la juventud ambientalista de la ciudad de Buenos Aires y de todo el mundo.

Participarán de las propuestas activistas de renombre internacional como Leonie Bremier (activista alemana), Marie Chureau (activista francesa) e Hilda Nakabuye (activista de Uganda) entre otros y otras.

Dentro de la conferencia Jóvenes por el Clima Argentina tendrá espacios de educación ambiental y divulgación sobre cambio climático.

CABA

La K del afiche: Macri usa fondos públicos para hacer campaña contra los pobres

El alcalde de la Ciudad criminaliza a los sin techo mientras recorta vivienda al mínimo histórico de 14 años, 65.000 propiedades permanecen vacías y el crédito hipotecario excluye a la mayoría de los porteños.

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El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desplegó una campaña publicitaria institucional con afiches en paradas de colectivos que muestran a efectivos antimotines de la Policía de la Ciudad y el lema «La ciudad sin Okupas con Ley y Orden», con la K deliberadamente elegida como operación de propaganda política.

La iniciativa del jefe de Gobierno, Jorge Macri, convive con un presupuesto para vivienda que según la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) es el más bajo de los últimos 14 años, una crisis habitacional que afecta a decenas de miles de familias porteñas y un colapso en el acceso al crédito hipotecario que convierte la vivienda propia en un privilegio inalcanzable para la mayoría.

La K que no es un error ortográfico

El afiche no escribe «ocupas» con C. La elección de la K no es descuido ni tradición ortográfica alternativa, es un recurso político deliberado: asociar visualmente la palabra con el kirchnerismo, con la letra que identifica al espacio político adversario.

Se trata de una pieza de propaganda institucional financiada con dinero público que atribuye a los sectores más vulnerables, quienes no tienen acceso a la vivienda propia y deben recurrir a la ocupación de inmuebles, una filiación política específica. El mensaje subyacente es tan claro como brutal: los que no tienen casa son K, son el enemigo.

La campaña se inscribe en una secuencia de operaciones comunicacionales que Jorge Macri viene ejecutando desde su asunción con evidente orientación electoral de cara a 2027. Poco antes de este afiche, el propio Macri publicó en sus redes sociales la frase «Un muro de control contra la barbarie y el desgobierno de Kicillof«, al lanzar el denominado «Operativo Muro» sobre la General Paz. La retórica de la seguridad como divisa electoral no es nueva; lo que la vuelve particularmente grave es que se financia con presupuesto estatal y se despliega mientras la crisis habitacional de la Ciudad se profundiza sin respuesta.

El presupuesto para vivienda: el más bajo en 14 años

Según un informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), el Presupuesto 2026 de la Ciudad prevé que las partidas destinadas a organismos de vivienda representen menos del 1% del gasto total porteño, con una caída real del 22,9% respecto de 2025, alcanzando su nivel más bajo desde al menos 2012. Mientras tanto, el mismo presupuesto asigna el 15,4% del gasto total a seguridad, unos 2,6 billones de pesos, según datos del propio Gobierno de la Ciudad.

El contraste es obsceno: Macri multiplica los recursos para policías y operativos de imagen mientras destroza la política habitacional. El propio jefe de Gobierno lo expresó sin eufemismos al anunciar en abril de 2026 la construcción de viviendas en un predio de Parque Chacabuco: «Vamos a construir viviendas para policías y familias de clase media en un terreno que recuperamos de los okupas. Con la plata que antes se usaba para regalar viviendas en las villas. Ley y orden.» La declaración resume con claridad el cambio de paradigma: el Estado porteño deja de atender a los que menos tienen para premiar a quienes ya tienen acceso a ingresos formales y estables.

Ese giro lo confirma el propio Macri al declarar que las gestiones anteriores «fracasaron» por concentrarse en villas y asentamientos. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad documentó que más de 65.000 viviendas en condiciones de ser habitadas permanecen vacías o deshabitadas en CABA, en contraste con el número de familias con situación habitacional deficitaria. El problema no es la falta de inmuebles; es la concentración de esos inmuebles en pocas manos y la ausencia de políticas que intervengan sobre esa concentración.

El crédito que nadie puede pagar

El Gobierno porteño anunció en marzo de 2026 una línea de créditos hipotecarios con tasa subsidiada del 7,5% más UVA para primera vivienda, destinada a unidades de hasta 80 metros cuadrados con un valor máximo de 2.800 dólares el metro cuadrado. La cuota inicial, según los propios ejemplos del Banco Ciudad, requiere ingresos familiares formales y documentados desde los 322.000 pesos por cada 10 millones solicitados. A eso se agrega la exigencia de aportar entre el 20 y el 30% del valor del inmueble como anticipo.

En la práctica, ese crédito está diseñado para quienes ya tienen ahorros, empleo en relación de dependencia con antigüedad, historial crediticio limpio y capacidad de endeudarse en UVA, es decir, un instrumento que se ajusta por inflación y que puede disparar la cuota ante cualquier salto de precios.

La enorme mayoría de los trabajadores informales, monotributistas de categorías bajas, desocupados y familias con ingresos inestables, que son precisamente quienes más necesitan acceso a la vivienda, quedan directamente excluidos del sistema. El crédito no resuelve el déficit habitacional; atiende a quienes ya están cerca de la solución y abandona a quienes están lejos.

La concentración que nadie nombra

El debate sobre la vivienda en CABA no puede separarse de la estructura de concentración del mercado inmobiliario porteño. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad advirtió que la Ciudad registra un importante déficit habitacional y duplicó su población en villas y asentamientos en paralelo al incremento del parque de viviendas ociosas. El suelo urbano y los alquileres presentan valores que las políticas públicas no logran contrarrestar, en un contexto de ausencia de regulación efectiva sobre la especulación inmobiliaria.

Entre 2017 y 2019 las partidas de vivienda porteña llegaron a representar alrededor del 4% del presupuesto, con procesos de integración sociourbana en barrios como el Mugica, Villa 20, Rodrigo Bueno y el Playón de Chacarita.

En la gestión Macri esos procesos se suspendieron, las licitaciones se paralizaron y las obras se retomaron de manera muy lenta sin finalizarse, según consignó la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ). La parálisis de la integración urbana beneficia al mercado inmobiliario concentrado; la criminalización de los ocupantes sin recursos sirve para tapar esa parálisis con imágenes de escudos antimotines.

Represión como espectáculo, derechos como gasto

Organizaciones de DDHH cuestionaron el modelo securitario de la gestión Macri. Matías Busso, de la Asociación contra la Violencia Institucional (ACVI), señaló que el Gobierno porteño se caracteriza por utilizar las fuerzas de seguridad para violar todo tipo de derechos humanos, y advirtió que operativos como el «Tormenta Negra» pueden llevarse a cabo sin control jurisdiccional ni intervención de un juez. Integrantes de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) denunciaron que esas intervenciones son discriminatorias y racistas, aplicadas sobre barrios vulnerados bajo una presunción de sospecha permanente.

Los afiches con antimotines, el operativo muro, la retórica de la K usurpadora: todo es parte de la misma operación política. Una Ciudad que gasta 2,6 billones en seguridad y apenas el 1% de su presupuesto en vivienda no tiene un problema de ocupaciones ilegales. Tiene un problema de concentración de la riqueza, de exclusión estructural y de voluntad política para atender a los que quedan afuera del mercado. El afiche en la parada del colectivo no es una política de vivienda. Es una declaración de quiénes importan y quiénes no.

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