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CABA

La K del afiche: Macri usa fondos públicos para hacer campaña contra los pobres

El alcalde de la Ciudad criminaliza a los sin techo mientras recorta vivienda al mínimo histórico de 14 años, 65.000 propiedades permanecen vacías y el crédito hipotecario excluye a la mayoría de los porteños.

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El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desplegó una campaña publicitaria institucional con afiches en paradas de colectivos que muestran a efectivos antimotines de la Policía de la Ciudad y el lema «La ciudad sin Okupas con Ley y Orden», con la K deliberadamente elegida como operación de propaganda política.

La iniciativa del jefe de Gobierno, Jorge Macri, convive con un presupuesto para vivienda que según la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) es el más bajo de los últimos 14 años, una crisis habitacional que afecta a decenas de miles de familias porteñas y un colapso en el acceso al crédito hipotecario que convierte la vivienda propia en un privilegio inalcanzable para la mayoría.

La K que no es un error ortográfico

El afiche no escribe «ocupas» con C. La elección de la K no es descuido ni tradición ortográfica alternativa, es un recurso político deliberado: asociar visualmente la palabra con el kirchnerismo, con la letra que identifica al espacio político adversario.

Se trata de una pieza de propaganda institucional financiada con dinero público que atribuye a los sectores más vulnerables, quienes no tienen acceso a la vivienda propia y deben recurrir a la ocupación de inmuebles, una filiación política específica. El mensaje subyacente es tan claro como brutal: los que no tienen casa son K, son el enemigo.

La campaña se inscribe en una secuencia de operaciones comunicacionales que Jorge Macri viene ejecutando desde su asunción con evidente orientación electoral de cara a 2027. Poco antes de este afiche, el propio Macri publicó en sus redes sociales la frase «Un muro de control contra la barbarie y el desgobierno de Kicillof«, al lanzar el denominado «Operativo Muro» sobre la General Paz. La retórica de la seguridad como divisa electoral no es nueva; lo que la vuelve particularmente grave es que se financia con presupuesto estatal y se despliega mientras la crisis habitacional de la Ciudad se profundiza sin respuesta.

El presupuesto para vivienda: el más bajo en 14 años

Según un informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), el Presupuesto 2026 de la Ciudad prevé que las partidas destinadas a organismos de vivienda representen menos del 1% del gasto total porteño, con una caída real del 22,9% respecto de 2025, alcanzando su nivel más bajo desde al menos 2012. Mientras tanto, el mismo presupuesto asigna el 15,4% del gasto total a seguridad, unos 2,6 billones de pesos, según datos del propio Gobierno de la Ciudad.

El contraste es obsceno: Macri multiplica los recursos para policías y operativos de imagen mientras destroza la política habitacional. El propio jefe de Gobierno lo expresó sin eufemismos al anunciar en abril de 2026 la construcción de viviendas en un predio de Parque Chacabuco: «Vamos a construir viviendas para policías y familias de clase media en un terreno que recuperamos de los okupas. Con la plata que antes se usaba para regalar viviendas en las villas. Ley y orden.» La declaración resume con claridad el cambio de paradigma: el Estado porteño deja de atender a los que menos tienen para premiar a quienes ya tienen acceso a ingresos formales y estables.

Ese giro lo confirma el propio Macri al declarar que las gestiones anteriores «fracasaron» por concentrarse en villas y asentamientos. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad documentó que más de 65.000 viviendas en condiciones de ser habitadas permanecen vacías o deshabitadas en CABA, en contraste con el número de familias con situación habitacional deficitaria. El problema no es la falta de inmuebles; es la concentración de esos inmuebles en pocas manos y la ausencia de políticas que intervengan sobre esa concentración.

El crédito que nadie puede pagar

El Gobierno porteño anunció en marzo de 2026 una línea de créditos hipotecarios con tasa subsidiada del 7,5% más UVA para primera vivienda, destinada a unidades de hasta 80 metros cuadrados con un valor máximo de 2.800 dólares el metro cuadrado. La cuota inicial, según los propios ejemplos del Banco Ciudad, requiere ingresos familiares formales y documentados desde los 322.000 pesos por cada 10 millones solicitados. A eso se agrega la exigencia de aportar entre el 20 y el 30% del valor del inmueble como anticipo.

En la práctica, ese crédito está diseñado para quienes ya tienen ahorros, empleo en relación de dependencia con antigüedad, historial crediticio limpio y capacidad de endeudarse en UVA, es decir, un instrumento que se ajusta por inflación y que puede disparar la cuota ante cualquier salto de precios.

La enorme mayoría de los trabajadores informales, monotributistas de categorías bajas, desocupados y familias con ingresos inestables, que son precisamente quienes más necesitan acceso a la vivienda, quedan directamente excluidos del sistema. El crédito no resuelve el déficit habitacional; atiende a quienes ya están cerca de la solución y abandona a quienes están lejos.

La concentración que nadie nombra

El debate sobre la vivienda en CABA no puede separarse de la estructura de concentración del mercado inmobiliario porteño. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad advirtió que la Ciudad registra un importante déficit habitacional y duplicó su población en villas y asentamientos en paralelo al incremento del parque de viviendas ociosas. El suelo urbano y los alquileres presentan valores que las políticas públicas no logran contrarrestar, en un contexto de ausencia de regulación efectiva sobre la especulación inmobiliaria.

Entre 2017 y 2019 las partidas de vivienda porteña llegaron a representar alrededor del 4% del presupuesto, con procesos de integración sociourbana en barrios como el Mugica, Villa 20, Rodrigo Bueno y el Playón de Chacarita.

En la gestión Macri esos procesos se suspendieron, las licitaciones se paralizaron y las obras se retomaron de manera muy lenta sin finalizarse, según consignó la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ). La parálisis de la integración urbana beneficia al mercado inmobiliario concentrado; la criminalización de los ocupantes sin recursos sirve para tapar esa parálisis con imágenes de escudos antimotines.

Represión como espectáculo, derechos como gasto

Organizaciones de DDHH cuestionaron el modelo securitario de la gestión Macri. Matías Busso, de la Asociación contra la Violencia Institucional (ACVI), señaló que el Gobierno porteño se caracteriza por utilizar las fuerzas de seguridad para violar todo tipo de derechos humanos, y advirtió que operativos como el «Tormenta Negra» pueden llevarse a cabo sin control jurisdiccional ni intervención de un juez. Integrantes de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) denunciaron que esas intervenciones son discriminatorias y racistas, aplicadas sobre barrios vulnerados bajo una presunción de sospecha permanente.

Los afiches con antimotines, el operativo muro, la retórica de la K usurpadora: todo es parte de la misma operación política. Una Ciudad que gasta 2,6 billones en seguridad y apenas el 1% de su presupuesto en vivienda no tiene un problema de ocupaciones ilegales. Tiene un problema de concentración de la riqueza, de exclusión estructural y de voluntad política para atender a los que quedan afuera del mercado. El afiche en la parada del colectivo no es una política de vivienda. Es una declaración de quiénes importan y quiénes no.

Buenos Aires

Devoto: la Justicia avaló traslados sin aviso en cárceles sobrepobladas

El juez Santiago Bignone rechazó el hábeas corpus colectivo por 326 presos trasladados de Devoto a Marcos Paz, aunque la fiscalía admitió que no se cumplieron los plazos de notificación. Las cárceles federales alojan 767 personas por encima de su capacidad.

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El Argentino Diario-Traslado presos Devoto.
Primero el traslado, después los derechos: la Justicia convalidó el cierre exprés de Devoto y los traslados masivos sin aviso.

La Justicia convalidó el vaciamiento a contrarreloj de la cárcel de Devoto aun cuando el propio Ministerio Público Fiscal reconoció que el Servicio Penitenciario Federal (SPF) no cumplió con los plazos de notificación que exige su protocolo de traslados. El aval judicial llegó en un sistema penitenciario federal que hoy aloja a 767 personas más de las que puede albergar.

El juez Santiago Bignone, titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°60, rechazó el hábeas corpus colectivo y correctivo que la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN) presentó en favor de 326 personas detenidas en el Complejo Penitenciario Federal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en Villa Devoto, trasladadas al nuevo complejo de Marcos Paz. La resolución se alineó con la postura del fiscal Pablo Recchini, a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°44.

El fallo se conoció mientras continúan los operativos de traslado. El Ministerio de Seguridad Nacional informó que en apenas dos días mudó 609 internos al Complejo Penitenciario Federal VIII de Marcos Paz, el 40% de la población del penal porteño, en el marco de la Resolución 1042/2026. La ministra Alejandra Monteoliva fijó como meta terminar el año con Devoto trasladado y cerrado.

Una admisión sin consecuencias

Durante las audiencias celebradas el domingo y el lunes, Recchini pidió rechazar las acciones. Su argumento contuvo una confesión: «si bien por razones de seguridad no se han dado cumplimiento con los plazos de las notificaciones, de manera alguna ello refleja un desmejoramiento de las condiciones de detención». La fiscalía admitió el incumplimiento del protocolo, pero no le asignó ninguna consecuencia.

El fiscal describió la situación como inédita y excepcional, porque no se trataba de un traslado ordinario sino de un operativo masivo vinculado con el cierre definitivo de un establecimiento. Sostuvo además que el objetivo era mejorar las condiciones de detención y que las autoridades penitenciarias trabajaban para garantizar la continuidad de los estudios y evaluar cómo hacer efectivas las salidas transitorias desde el nuevo complejo.

Bignone hizo suya esa lectura. Consideró que no se configuraba «una afectación colectiva actual ni un riesgo cierto e inminente de agravamiento ilegítimo de las condiciones de detención que justifique la adopción de las medidas generales pretendidas», aunque dejó a salvo «las responsabilidades que pudieran corresponder ante eventuales situaciones concretas que se verifiquen en el futuro». En los hechos, el control judicial quedó postergado para cuando el daño ya esté consumado.

Estudios universitarios en suspenso

La presentación de la PPN cuestionó que los traslados se realizaron «sin informar previamente a las defensas y a los juzgados y tribunales intervinientes los establecimientos de destino, en presunto incumplimiento del Protocolo de Traslado de Personas Privadas de su libertad en el ámbito del Servicio Penitenciario Federal (SPF)». También advirtió sobre la posible interrupción de las carreras de quienes estudiaban en el Centro Universitario Devoto (CUD), en el marco del Programa UBA XXII, alojados mayoritariamente en los pabellones 50 y 52.

El juez respondió que «la invocación genérica de que los traslados podrían afectar los estudios universitarios no basta para acreditar, por sí sola, un agravamiento actual de las condiciones de detención, especialmente cuando se han previsto mecanismos para asegurar la continuidad educativa». Para eso ponderó informes del SPF y de las autoridades universitarias que daban cuenta de gestiones en curso. La continuidad educativa de cientos de estudiantes quedó sujeta a gestiones, no a garantías verificadas.

Los planteos individuales

El fallo también rechazó el reclamo en favor de Ricardo Castro Madrid, integrante de la denominada «Banda del Fal». Su defensa explicó que desde marzo de 2025 transitaba el Período de Prueba del régimen de progresividad y que desde noviembre de ese año estaba alojado en el pabellón 50 de Devoto, de régimen abierto y autodisciplina. En agosto, el Juzgado Nacional de Ejecución Penal N°2 había limitado su eventual traslado a las unidades 19 o 33, que cuentan con ese mismo régimen. Bignone reconoció que el traslado podía incidir en las salidas transitorias concedidas, pero entendió que no se acreditaron circunstancias que exigieran una intervención urgente.

En cambio, declaró abstracto el hábeas corpus de Guillermo Antonio «Concheto» Álvarez, detenido desde 1996 y condenado a reclusión perpetua más la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado por robo agravado, homicidio calificado reiterado en cuatro oportunidades y lesiones graves. Álvarez había sido trasladado a Marcos Paz y luego reintegrado a Devoto por orden judicial, por lo que el motivo del reclamo cesó.

Un sistema que no tiene dónde alojar a nadie

El contexto en el que se ejecuta el cierre de Devoto lo describe la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN), a cargo del fiscal general Alberto Adrián María Gentili. Según su reporte sobre la población privada de libertad en cárceles federales entre enero y septiembre de 2026, en septiembre había 12.301 personas alojadas en establecimientos del SPF, 135 más que en diciembre de 2025 (un aumento del 1,1%).

La capacidad informada por el propio SPF es de 11.534 plazas. Eso arroja una sobrepoblación del 6,6%: 767 personas encerradas por encima del cupo disponible. La serie muestra que diciembre de 2025 cerró con 12.166 detenidos, que el pico se registró en mayo de 2026 con 12.347 y que el reporte de junio había contabilizado 12.319.

A fines de septiembre, días antes de iniciarse el operativo, el complejo de Devoto era el tercero más poblado del sistema, con 1.493 detenidos. Solo lo superaban el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza, con 1.916, y el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, con 1.876. Completaban la lista el Complejo VI de Mendoza, con 858, y el Complejo III del NOA, en Salta, con 587. Vaciar la tercera cárcel más poblada del país en plena sobrepoblación exige algo más que camiones y escoltas: exige controles que el fallo eligió no ejercer.

Los mayores incrementos del período se registraron en la Unidad 36 de Santa Fe, inaugurada en diciembre de 2024, que pasó de 334 a 449 detenidos, y en la Unidad 6 de Rawson, que subió de 441 a 489.

Más de un tercio, sin condena

El informe de la PROCUVIN también expone la situación procesal de la población encarcelada. En septiembre, el 64,6% (7.946 personas) tenía condena firme y el 35,4% (4.354) permanecía detenido en calidad de procesado. Respecto de diciembre de 2025, los condenados aumentaron un 3,5% (266 más) y los procesados disminuyeron un 2,9% (131 menos). Más de un tercio de quienes están presos en cárceles federales todavía no tiene una sentencia firme.

Lo que tenés que saber:

  • El juez Santiago Bignone rechazó el hábeas corpus colectivo de la Procuración Penitenciaria por 326 presos trasladados de Devoto a Marcos Paz.
  • El fiscal Pablo Recchini admitió que, por razones de seguridad, no se cumplieron los plazos de notificación de los traslados.
  • En septiembre había 12.301 personas en cárceles federales para 11.534 plazas, una sobrepoblación del 6,6%.
  • Devoto era el tercer complejo federal más poblado, con 1.493 detenidos, antes del inicio del operativo.
  • El 35,4% de las personas detenidas en el SPF está procesada, sin condena firme.
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