Libertad de expresión
Diputados denunciaron censura y exigieron libre acceso para la prensa a Casa Rosada
El bloque de Unión por la Patria presentó un proyecto de resolución denunciando «censura» y «avasallamiento a la libertad de expresión». Uno de los medios afectados, El Destape, confirmó que sus periodistas Jonathan Heguier y Javier Slucki fueron bloqueados en la puerta de la Casa Rosada. Sin embargo, la propia editora de openDemocracy reconoció que no hay pruebas de que los pagos rusos se hayan efectivizado.
★ La decisión del Gobierno de revocar las acreditaciones de periodistas con acceso habitual a la Casa Rosada, que este medio informó en su edición de hoy, tuvo una respuesta política inmediata desde la oposición. Los diputados nacionales de Unión por la Patria que integran la Comisión de Libertad de Expresión presentaron este lunes un proyecto de resolución en el que repudiaron la medida y exigieron «la inmediata revocación de la medida y el libre acceso» de los periodistas a la sede del Poder Ejecutivo.
El documento lleva como título «La Censura Avanza» y fue presentado como respuesta directa a lo que los legisladores describieron como un «avasallamiento a la libertad de expresión». Lo firmaron las diputadas y diputados Sabrina Selva, Nicolás Trotta, Germán Martínez, Raúl Hadad, Santiago Roberto, Hugo Yasky, Lorena Pokoik, Juan Marino y Diego Giuliano.
«Silenciar voces en plena democracia»
La diputada Sabrina Selva, cercana al espacio del exministro Sergio Massa, fue una de las voces más contundentes. «Frente a este avasallamiento a la libertad de expresión, diputadas y diputados de Unión por la Patria que integramos la Comisión de Libertad de Expresión presentamos un proyecto repudiando al gobierno que, no bastándole con agredir periodistas, ahora decide silenciar voces en plena democracia», publicó en su cuenta de la red social X.
Selva remarcó además que «en una democracia constitucional, el disenso, la crítica y la pluralidad de voces no solo deben ser tolerados, sino activamente garantizados», y advirtió que «la existencia de un periodismo independiente, diverso y con acceso efectivo a las fuentes oficiales es condición necesaria para evitar la concentración del discurso público y para impedir que el poder político derive en prácticas autorreferenciales o propagandísticas».
El relato de los periodistas bloqueados
Tal como informó este medio, la medida se ejecutó por orden de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, mediante la inhabilitación de huellas digitales de acceso. El Destape, uno de los medios con más cobertura crítica del Gobierno, confirmó que sus periodistas Jonathan Heguier y Javier Slucki fueron bloqueados este lunes por la mañana en la puerta de ingreso a Balcarce 50.
Javier Slucki describió la situación en detalle: «Llegué a la Casa Rosada como hago casi todos los días para cubrir los acontecimientos, pero, a diferencia de lo que ocurre siempre, el agente de ingresos me dijo que mi huella estaba inhabilitada.» Slucki agregó que un funcionario esperaba a los periodistas en la puerta con una lista y que la justificación esgrimida fue el «espionaje de medios a través de los servicios rusos», con acreditaciones bloqueadas hasta que los medios «no aclaren esta cuestión.»
El periodista fue además categórico sobre la falta de sustento legal de la medida: «La denuncia del Gobierno no está judicializada ni comprobada en ningún punto porque los propios autores pusieron en duda lo mismo que habían afirmado antes.» Y confirmó que la orden «baja directamente de la Oficina de Comunicación.»
El dato clave que el Gobierno omite
El argumento que el Ejecutivo utilizó para avalar la purga de acreditaciones descansa sobre el informe de la organización británica openDemocracy, que publicó la semana pasada los resultados de una investigación basada en 76 documentos de inteligencia rusos sobre la red conocida como «La Compañía». Sin embargo, hay un dato central que el Gobierno ignoró al tomar la medida: la propia editora de openDemocracy, Diana Cariboni, reconoció públicamente que no hay pruebas «de que ese dinero se haya pagado». «No tenemos pruebas si se pagó a un medio, un periodista o un intermediario», afirmó en declaraciones al canal LN+.
Como informó este medio en su cobertura anterior, el consorcio fue explícito en esa limitación: los documentos registran presupuestos y tarifas acordadas, pero la investigación no pudo verificar si esos pagos se realizaron efectivamente ni a quiénes fueron dirigidos. El propio experto en medios Martín Becerra, consultado por openDemocracy, señaló que el contenido de las notas señaladas «consistía principalmente en malas noticias y comentarios críticos sobre la situación económica», nada que se destacara de la cobertura periodística habitual.
En ese contexto, el conductor Adrián Murano señaló que la operación sale «en favor del Gobierno en su semana más crítica» y cuestionó que se trate de una iniciativa «financiada por Estados Unidos» para atacar a los medios que «más exhiben los pliegues oscuros del Gobierno, tanto en su saqueo estructural como en las consecuencias de su política.»
Un patrón sistemático
La maniobra de este lunes no es un hecho aislado. Como informó oportunamente este medio, el Gobierno lleva adelante desde hace meses una ofensiva sistemática contra el periodismo crítico. En septiembre de 2025, la administración libertaria obtuvo una cautelar judicial que prohibió temporalmente la difusión de audios atribuidos a la propia Karina Milei, y la ministra de Seguridad Patricia Bullrich llegó a solicitar el allanamiento de los domicilios de los periodistas Jorge Rial y Mauro Federico. Esa medida fue repudiada como censura previa por constitucionalistas, organizaciones de prensa y un amplio arco político.
La restricción de este lunes irrumpe, además, en una semana donde el Gobierno enfrenta simultáneamente la investigación judicial al jefe de Gabinete Manuel Adorni por presunto enriquecimiento ilícito, la indagatoria al propio presidente por la causa $Libra, el escándalo de la causa ANDIS y las denuncias por los créditos millonarios del Banco Nación otorgados a legisladores, funcionarios y militantes de La Libertad Avanza. La «trama rusa» llegó así como un salvavidas narrativo para un Gobierno con el agua al cuello; la censura a la prensa, su consecuencia más grave.
Puntos clave:
- Diputados de UxP de la Comisión de Libertad de Expresión presentaron un proyecto de resolución titulado «La Censura Avanza», con enérgico repudio y exigencia de libre acceso para la prensa a la Casa Rosada
- El Destape confirmó que sus periodistas Jonathan Heguier y Javier Slucki fueron bloqueados; la orden baja «directamente de la Oficina de Comunicación», según confirmó Slucki
- La propia editora de openDemocracy, Diana Cariboni, admitió públicamente que no hay pruebas de que los pagos rusos se hayan efectivizado ni de a quién habrían ido dirigidos
- La medida no tiene respaldo judicial: la denuncia del Gobierno no está judicializada ni comprobada, según precisó el propio periodista afectado
- El episodio se suma a un patrón de hostigamiento a la prensa que incluye la cautelar de censura de septiembre de 2025 y los pedidos de allanamiento a periodistas
Libertad de expresión
ADEPA debate cómo usar la IA para sostener sus medios, los periodistas, cómo sobrevivir a ella
La 64ª Asamblea de ADEPA se abre en Tucumán con la inteligencia artificial como eje central, mientras los gremios de prensa nucleados en FATPREN impulsan en el Senado un nuevo Estatuto del Periodista que la regule antes de que el vacío legal deje sin protección a miles de trabajadores. Dos miradas sobre el mismo fenómeno: la de los dueños de medios y la de quienes los hacen.
La misma tecnología que el sector empresarial periodístico debate cómo aprovechar para sostener sus modelos de negocio es la que el sindicalismo de prensa exige regular por ley para que no destruya empleos. Ese es el eje de tensión que atraviesa al periodismo argentino en septiembre de 2026: la inteligencia artificial como promesa de sustentabilidad para unos, y como amenaza de precarización para otros. Esta semana, ambas conversaciones ocurren en paralelo, sin demasiadas ganas de encontrarse.
ADEPA en Tucumán: el mapa de los que mandan en los medios
La 64ª Asamblea General Ordinaria de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) comenzó este miércoles 9 de septiembre en San Miguel de Tucumán, con el diario La Gaceta como medio anfitrión y el Hotel Sheraton como escenario. Es la cuarta vez que la capital tucumana recibe el principal encuentro institucional de los propietarios y directivos de medios argentinos, que sesionará hasta el viernes 11.
El temario oficial tiene dos grandes vértices. El primero, la presentación del informe semestral sobre la situación de la libertad de expresión y de prensa, documento que ADEPA elabora y difunde con periodicidad desde hace décadas. El segundo, y el más novedoso, es el debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en la sustentabilidad de la industria periodística, una discusión que ya ocupó buena parte de la agenda de la edición anterior, realizada en Puerto Madryn.
El programa de capacitaciones convocó a una constelación de nombres del establishment mediático argentino y del ecosistema tecnológico global. Exponen el columnista de La Nación Joaquín Morales Solá; el editor general de Clarín, Ricardo Kirschbaum; representantes de Google News Initiative, Juan Manuel Lucero y María José Iriarte; el consultor uruguayo Sebastián Auyanet; el director general del grupo español Vocento, Fernando Belzunce; la periodista Irina Sternik; y el jefe de Comunicaciones y Relaciones Institucionales del Grupo Clarín, Tomás Vio. La presencia dominante de los grandes grupos de medios concentrados no es casual: son los mismos actores que definen cómo y cuándo se incorpora la IA en las redacciones.
El viernes se conocerá el informe de la Comisión de Libertad de Prensa e Información y se elegirán las nuevas autoridades del Consejo Ejecutivo para el período 2026/2027, antes del cierre en la Casa Histórica de la Independencia. La asamblea también incluye la renovación parcial de la Junta de Directores.
No es la primera vez que ADEPA se involucra en el debate sobre la IA. El año pasado, durante su 63ª Asamblea, presentó un informe elaborado junto al Fondo Internacional para Medios de Interés Público (IFPIM) que reconoció que la inteligencia artificial está reconfigurando profundamente el ecosistema informativo e impone una lógica de cambio permanente que tensiona las prácticas y modelos de negocio del periodismo. La entidad sostuvo entonces que la tecnología no debe profundizar la desinformación ni erosionar la sustentabilidad, sino convertirse en una aliada del periodismo de calidad. Paralelamente, en alianza con Google News Initiative y la empresa Fathm, ADEPA lanzó días atrás el programa AI Build Sprint, orientado a incorporar herramientas de IA en redacciones del noroeste argentino, con medios de Salta, Catamarca, La Rioja, Jujuy, Tucumán, Corrientes, Santiago del Estero y San Juan.
El nuevo Estatuto del Periodista: la IA desde abajo
Mientras ADEPA debate cómo la IA puede ayudar a sostener los medios, los trabajadores de prensa tienen una pregunta diferente: ¿quién los va a proteger cuando la IA los reemplace? Esa pregunta es el motor del proyecto de actualización del Estatuto del Periodista Profesional que la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN), el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (CISPREN), la Asociación de Periodistas de Corrientes y la Asociación de Prensa de Santa Fe presentaron formalmente ante la Comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión del Senado de la Nación.
El debate fue abierto por la senadora jujeña Carolina Moisés, titular de esa comisión, quien calificó a la inteligencia artificial como el «caballo de Troya que pretende reemplazar al trabajo humano». La iniciativa busca reemplazar la histórica Ley 12.908, sancionada en 1946, cuya derogación fue incorporada en la Ley de Modernización Laboral con una prórroga de vigencia hasta el 31 de diciembre de 2026. El reloj corre: si el Congreso no aprueba una norma sustitutiva antes de esa fecha, miles de periodistas argentinos quedarán sin el marco legal que protege sus condiciones de trabajo.
El artículo 23 del proyecto es el núcleo de la disputa. Establece que las herramientas de inteligencia artificial y tecnologías generativas deberán actuar como complemento del trabajo profesional y no podrán reemplazar completamente la producción periodística ni sustituir puestos, categorías o funciones preexistentes. Además, obliga a los empleadores a capacitar al personal en el uso de esas herramientas. El reconocimiento de la autoría y la retribución económica por los contenidos apropiados por empresas y plataformas tecnológicas también forma parte del articulado.
Carla Gaudensi, secretaria general de FATPREN, sintetizó el trasfondo político de la discusión: «No podemos permitirnos que en esta democracia se derogue el estatuto que ha sido vanguardia en el mundo; necesitamos esa protección para garantizar que el periodismo siga siendo un rol social y no una mercancía». La periodista Gabriela Pepe aportó el dato que resume la crisis de la profesión: el 65% de los periodistas, en su trabajo principal, cobra un salario que está por debajo de la línea de pobreza. Y el periodista Mariano Obarrio apuntó directamente contra el uso no regulado de la tecnología: «la inteligencia artificial está usurpando, plagiando contenidos de los medios periodísticos».
El proyecto también incorpora regulaciones sobre plataformas digitales, teletrabajo, derecho al cuidado, violencia de género en el ámbito laboral y salud mental de los trabajadores de prensa. Propone reemplazar las categorías laborales rígidas por «áreas» más flexibles que contemplen el trabajo periodístico en cualquier soporte, desde un diario impreso hasta un canal de streaming. El bloque senatorial Convicción Federal reclamó en julio que el debate sea incorporado con urgencia a la agenda de comisiones.
Dos conversaciones que no se hablan
La analogía es imposible de ignorar: esta semana, en el mismo país y sobre el mismo objeto tecnológico, los dueños de los medios debaten cómo usar la IA para sostener sus empresas, y los trabajadores de esos mismos medios debaten cómo impedir que la IA destruya sus empleos. La brecha no es solo económica; es también de poder. Quien define cómo se incorpora la tecnología en una redacción es el empleador, no el periodista. Sin regulación legal, esa asimetría se profundiza.
Lo que ADEPA llama «sustentabilidad de la industria» tiene una traducción concreta en muchas redacciones: recorte de planta, reemplazo de tareas por sistemas automatizados y tercerización de contenidos. La Ley 12.908 fue pionera en el mundo cuando se sancionó en 1946 porque reconoció que el periodismo no es una mercancía más; que quien informa a la sociedad necesita condiciones de trabajo que protejan su independencia y su estabilidad. Ochenta años después, ese principio enfrenta su mayor desafío.
El resultado de la asamblea tucumana y el avance del nuevo Estatuto en el Senado dirán mucho sobre quién gana esta pulseada. Por ahora, la IA llega a las redacciones argentinas más rápido que cualquier marco legal que la regule.
Puntos clave
- La 64ª Asamblea de ADEPA sesiona en Tucumán hasta el viernes con la IA y la libertad de prensa como ejes centrales.
- FATPREN y gremios aliados presentaron en el Senado un nuevo Estatuto del Periodista que regula el uso de la inteligencia artificial en redacciones.
- El proyecto prohíbe que la IA reemplace puestos de trabajo y obliga a los empleadores a capacitar a su personal.
- La vigencia del actual Estatuto del Periodista (Ley 12.908) fue prorrogada hasta el 31 de diciembre de 2026, con el plazo legislativo corriendo.
- El 65% de los periodistas argentinos cobra, en su trabajo principal, un salario por debajo de la línea de pobreza.
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