Legislativo
Guerra por los despachos: LLA va por las oficinas históricas de la UCR en el Congreso
Villarruel distribuyó los despachos en el Senado mediante decreto; el radicalismo quedó reducido a seis legisladores pero mantiene amplias oficinas del segundo piso que LLA pretende ocupar con su bloque de 95 diputados.
★ La tradicional disputa por los despachos en el Congreso volvió a instalarse con la nueva composición de ambas cámaras. En Diputados, La Libertad Avanza (LLA) reclama las amplias oficinas que históricamente ocupa la UCR en el segundo piso del Palacio Legislativo, según confirmaron fuentes parlamentarias consultadas por este medio.
El conflicto se centra en un sector estratégico: las coquetas oficinas que desde la época de Ricardo Balbín pertenecen al radicalismo, partido que pasó de 33 a solo 6 legisladores durante la gestión de Javier Milei. Las instalaciones incluyen la oficina de la presidencia del bloque —con antesala, despacho principal y extensa sala de reuniones— actualmente ocupadas por la mendocina Pamela Verasay, quien sucedió el miércoles a Rodrigo De Loredo al frente del reducido bloque radical.
El reclamo libertario por ubicaciones estratégicas
«Tienen más oficinas que diputados», graficó una fuente parlamentaria sobre la situación del radicalismo. La Libertad Avanza, que conducirá un bloque de 95 diputados bajo la presidencia de Gabriel Bornoroni, reclama ese amplio despacho y la mayoría de las oficinas del segundo piso para ubicar allí a los presidentes de las principales comisiones.
La ubicación es estratégica: está a solo un piso de las oficinas del presidente de la Cámara baja, Martín Menem, lo que facilita la operatoria legislativa diaria. Según fuentes de LLA, «debe primar el sentido común y la operatoria diaria por sobre la costumbre y los recuerdos».
Otro punto de conflicto son las oficinas que la UCR tiene en el quinto piso del Anexo, que incluyen una amplia sala para reuniones de bloque y varios despachos adicionales en ese sector.
La carga emotiva del radicalismo
Desde la UCR defendieron el valor simbólico de esas oficinas. Fuentes radicales señalaron que ese lugar tiene un fuerte peso emotivo porque fue ocupado por Ricardo Balbín cuando asumió como diputado en 1946, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón. Para el centenario partido, el espacio representa parte de su historia institucional.
Sin embargo, fuentes de La Libertad Avanza indicaron que, al tratarse de una bancada aliada, se buscará alcanzar un acuerdo para reubicar a Verasay en otro sector dentro del Palacio Legislativo.
El conflicto por el personal
Otra arista de la disputa involucra al personal. La UCR tiene 23 secretarias en planilla, a quienes LLA intenta reubicar en otras dependencias, aunque reconocen que esa negociación «no es fácil», según admitieron fuentes libertarias.
En cambio, ya tiene despacho asignado el futuro vicepresidente segundo del cuerpo, Luis Petri, quien ocupará la oficina que dejó Julio Cobos.
Diferencias con otras fuerzas políticas
A diferencia de lo ocurrido en 2016 cuando asumió Cambiemos, esta vez no hay disputa con Unión por la Patria (UxP). En aquella oportunidad, el bloque peronista había cedido despachos donde ahora tienen oficinas los diputados Cristian Ritondo, Oscar Zago y la ex legisladora Silvia Lospennato.
Fuentes legislativas señalaron que UxP «va a mantener mayoritariamente las oficinas que tiene dado que fue el espacio político más estable en términos de bancas» tras las últimas elecciones.
Tensión en el Senado por la distribución de Villarruel
En la Cámara alta, la situación es más compleja. La vicepresidenta Victoria Villarruel distribuyó los despachos mediante el decreto 607/25, donde estableció «una distribución orgánica y más equitativa de los espacios que quedarán disponibles».
Sin embargo, La Libertad Avanza quedó perjudicada con ese reparto, ya que hay senadores con roles centrales que aún no tienen despachos asignados, como el caso de Nadia Márquez. Esta situación, según señalaron fuentes legislativas, aumentó la disputa entre Villarruel y Patricia Bullrich, generando enojo entre los libertarios.
Hasta ahora solo consiguieron despacho la futura jefa del bloque de LLA, Patricia Bullrich —quien ocupará la oficina del actual senador Martín Lousteau—, y sus compañeros de bloque Pablo Cervi y Agustín Monteverde.
El episodio con Cándida López
Villarruel no cedió ante el reclamo de la senadora kirchnerista Cándida López, quien había protagonizado un escándalo al instalarse en el despacho del ex senador Sergio Leavy. La vicepresidenta le cambió la cerradura con aviso previo comunicado mediante decreto.
Tras ese forcejeo, Villarruel le otorgó a López un despacho que ya le pertenecía dentro del palacio del Senado, pero que no es del agrado de la senadora fueguina porque «no tiene baño privado», remarcaron las fuentes consultadas.
Puntos clave:
• La Libertad Avanza reclama las históricas oficinas del radicalismo en el segundo piso de Diputados para su bloque de 95 legisladores
• La UCR quedó reducida a 6 diputados pero mantiene amplias oficinas que ocupa desde la época de Ricardo Balbín en 1946
• En el Senado, la distribución mediante decreto 607/25 de Villarruel dejó sin despachos a senadores libertarios con roles centrales como Nadia Márquez
• Unión por la Patria mantendrá mayoritariamente sus oficinas al ser el espacio más estable en cantidad de bancas
• El conflicto incluye la reubicación de 23 secretarias de la UCR en otras dependencias legislativas
Desregulación
La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos
Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.
★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.
Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.
El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga
El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».
La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.
Una lógica ideológica, no técnica
El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».
Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.
Lo que se llama «hojarasca» y no lo es
Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.
También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.
Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.
Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan
El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.
Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.
Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.
El Congreso como obstáculo a sortear
El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.
La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.
Puntos clave:
- El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
- Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
- Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
- También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
- El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.
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