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Libertad de expresión

La libertad de prensa está en peligro: el periodismo argentino bajo ataque en la era Milei

El régimen libertario profundizó sus mensajes de odio y radicalizó la ofensiva contra la libertad de expresión, los medios y el periodismo, debilitando pilares democráticos y generando un fuerte clima de violencia y autocensura. Frente a este escenario, y en vísperas del Día del Periodista, los trabajadores y las trabajadoras de prensa dicen ¡VIVA EL PERIODISMO!

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La escalada de hostigamiento, censura y precarización laboral contra periodistas en Argentina encendió las alarmas de organismos internacionales y de la sociedad civil. El gobierno de Javier Milei profundizó la ofensiva contra la libertad de expresión, debilitando pilares democráticos y generando un clima de violencia y autocensura.

Un escenario de hostilidad: ataques, censura y represión

El 7 de junio, Día del Periodista, encontró a la prensa argentina en uno de sus momentos más críticos desde el retorno de la democracia. El video difundido por la agrupación Periodistas Argentinas sintetizó el diagnóstico: “El rol que cumple el periodismo bajo una democracia está bajo ataque directo”. La denuncia no es aislada. El informe 2025 sobre el ranking mundial de libertad de prensa ubicó a la Argentina en el puesto 87, lo que representa una caída de 47 lugares en apenas dos años, y esto es así porque “el presidente Javier Milei estigmatiza a los periodistas, desmanteló los medios públicos y utiliza la publicidad estatal como arma política”.

El régimen libertario implementó una serie de estrategias para domesticar al periodismo crítico. Entre ellas, la estigmatización pública de comunicadores, la judicialización de la labor periodística, la represión física en protestas y la precarización laboral. El propio Milei sostuvo en redes sociales que “la gente no odia lo suficiente a los periodistas”, mientras funcionarios y seguidores replicaron campañas de descrédito y amenazas. En paralelo, se multiplicaron las agresiones físicas: el caso de Roberto Navarro, golpeado en la vía pública, y el de Pablo Grillo, fotorreportero herido por fuerzas de seguridad durante una protesta, ilustraron la gravedad del contexto.

Cierre de medios públicos y control de la información

El cierre de la agencia Télam en marzo de 2024 marcó un punto de inflexión. La agencia, segunda en importancia en el mundo hispanohablante, garantizaba la cobertura federal y plural de la realidad argentina. Su desaparición implicó la pérdida de cables informativos, archivos documentales y la desconexión de vastos territorios del país del debate nacional. A esto se sumó el silenciamiento de otros medios públicos y la concentración de la pauta oficial en manos del Ejecutivo, que la distribuyó de manera discrecional, favoreciendo a medios afines y castigando a los críticos.

La reciente resolución 1319/25, firmada por el secretario de Comunicación y Medios, Manuel Adorni, restringió aún más el acceso de periodistas a la Casa Rosada. El nuevo sistema de acreditaciones impuso criterios discrecionales, limitó la cantidad de profesionales por medio, reguló la vestimenta y restringió la circulación y la toma de imágenes en espacios no autorizados. Estas medidas, sumadas a la amenaza de revocación de credenciales y la limitación de preguntas en conferencias de prensa, consolidaron un cerco informativo inédito.

Precarización y disciplinamiento: el costo de informar

La precarización laboral se profundizó con salarios de pobreza, multiempleo y condiciones de trabajo cada vez más riesgosas. El ajuste presupuestario y la suspensión de la publicidad oficial dejaron a cientos de trabajadores de prensa sin sustento, mientras la represión en las calles y la judicialización de la labor periodística completaron el cuadro de disciplinamiento. “No somos la oposición de nadie, tampoco somos las aplaudidoras de nadie. Nuestra lealtad es con la verdad y con una opinión pública que merece conocerla”, afirmaron desde Periodistas Argentinas.

La reacción política no tardó en llegar. Diputados de distintos bloques exigieron la reactivación de la Comisión de Libertad de Expresión, paralizada desde septiembre de 2024, y repudiaron la “sistemática campaña de descrédito, intimidación y persecución” contra la prensa. Una declaración multipartidaria, firmada por referentes del GEN, UCR, PRO, PJ y la Coalición Cívica, advirtió: “El ataque a la prensa no busca ni defiende la verdad. Se utiliza el poder del Estado para intimidar, silenciar y disciplinar a quienes ejercen su labor de manera crítica”.

Consecuencias democráticas y desafíos colectivos

El deterioro de la libertad de prensa en Argentina no es solo un problema sectorial, ya que los obstáculos a la libertad de prensa debilitan la democracia. Sin circulación de ideas, sin pluralidad de voces y sin acceso a la información, el espacio público se reduce y la ciudadanía pierde capacidad de control sobre el poder. La Relatoría de la OEA y diplomáticos de más de 15 países expresaron su preocupación por el “deterioro acelerado” del ejercicio de la libertad de expresión en el país.

El desafío es colectivo: revertir el proceso de estigmatización, violencia y censura requiere la movilización de periodistas, organizaciones sociales, partidos políticos y la sociedad en su conjunto. La defensa de la libertad de prensa es, en definitiva, la defensa de la democracia.

Puntos clave:

  • Argentina cayó 47 puestos en el ranking mundial de libertad de prensa en dos años, según Reporteros sin Fronteras.
  • El gobierno de Javier Milei cerró la agencia Télam, restringió el acceso a la información y concentró la pauta oficial.
  • Se multiplicaron los ataques verbales y físicos a periodistas, con represión en protestas y judicialización de la labor periodística.
  • Organismos internacionales y partidos políticos denunciaron el deterioro democrático y exigieron la reactivación de mecanismos de control y protección.
  • La precarización laboral y la censura consolidaron un clima de autocensura y miedo en el periodismo argentino.

Libertad de expresión

La nueva ley de medios libertaria: desregulación total y censura por saturación

El proyecto propone una desregulación total del sistema mediático, con multiplicación de señales, radios y plataformas digitales. Esta saturación de voces afines puede funcionar como mecanismo de control más eficaz que la censura directa. Además, en el marco de una reforma, analizan exigir declaraciones juradas patrimoniales a periodistas.

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El Argentino Diario-Javier Milei Ventrílocuo.

Antes te censuraban apagando el micrófono; ahora te ahogan en ruido

★ El Gobierno de Javier Milei impulsa una reforma del sistema de medios que promete libertad irrestricta, pero que podría convertirse en un mecanismo de control más sofisticado que cualquier ley de medios anterior: no apagando voces, sino multiplicando las propias hasta hacer ininteligible el debate público.

El discurso que se come a sí mismo

Durante años, Javier Milei construyó su identidad política sobre un eje: el Estado como instrumento de control, persecución y disciplinamiento. La «casta» usando organismos públicos para asfixiar empresarios, opositores y periodistas. Ese fue el relato que lo llevó a la Casa Rosada.

Por eso resulta políticamente significativo que su gobierno esté discutiendo declaraciones juradas patrimoniales para periodistas en el marco de una reforma vinculada a medios. La contradicción que emerge es de fondo: ¿desde cuándo un periodista tiene más obligación de transparentarse que un funcionario que administra miles de millones de pesos públicos?

La pregunta no es menor. El periodista no maneja la AFIP, los ministerios, la SIDE, las fuerzas de seguridad, las empresas públicas, las regulaciones ni los fondos de los contribuyentes. El funcionario sí, y esa diferencia no es un detalle, es toda la diferencia.

La reforma que suena liberal pero puede operar diferente

El proyecto en circulación no replica el modelo kirchnerista de intervención directa sobre licencias y concentración mediática. Lo que propone es, en apariencia, lo opuesto: más radios, más señales, más plataformas, más streaming, menos barreras, menos intervención estatal.

En teoría, suena profundamente liberal. En la práctica, advierte el análisis de Agencia NA, puede producir el efecto contrario. Cuando todo el mundo habla al mismo tiempo, el resultado no es necesariamente más debate. Puede ser, sencillamente, más ruido.

El mecanismo recuerda a las viejas leyes de lemas que aún sobreviven en algunas provincias argentinas: veinte listas, treinta candidatos, competencia aparente, pero varios de ellos orbitando alrededor del mismo caudillo que maneja la estructura y la caja. En medios, el esquema podría replicarse sin necesidad de cerrar canales. Basta con inundar la cancha de micrófonos afines: cien streams, doscientas radios, quinientos canales, miles de influencers aparentemente independientes bajando más o menos la misma línea de quien tiene recursos, pauta y poder político.

La censura moderna, en ese esquema, no consiste en callar periodistas. Consiste en llenar el espacio público de parlantes hasta que nadie entienda nada.

La contradicción cripto que nadie del oficialismo quiere responder

El episodio más revelador de las inconsistencias del relato oficial involucra al propio Manuel Adorni, actual Jefe de Gabinete. Antes de asumir el cargo, Adorni explicaba públicamente cómo las criptomonedas funcionan como sistemas extremadamente difíciles de rastrear para los Estados. Ese archivo existe y está grabado.

Hoy, en ejercicio de la función pública, Adorni enfrenta una investigación judicial en la que la Justicia detectó movimientos vinculados a criptomonedas asociados a su persona, según informó Agencia NA. La ironía es puntual: el mismo funcionario que promueve una mayor exigencia de transparencia hacia los periodistas protagoniza una causa donde el dinero presuntamente circuló por los canales más opacos que él mismo describió como herramientas para eludir controles estatales.

Que el gobierno más desregulador de la historia argentina muestre escaso entusiasmo regulatorio frente a las billeteras digitales capaces de mover dinero sin trazabilidad mientras exige declaraciones juradas a periodistas configura una asimetría que no admite explicación técnica. Solo política.

Cuando el que denunció el aparato empieza a necesitarlo

La democracia puede sobrevivir perfectamente a periodistas malos, mediocres o ensobrados. Lo que históricamente le resulta más difícil de resistir es un poder político que empieza a convencerse de que necesita decidir qué voces pesan, cuáles se diluyen y cuáles deben ser vigiladas.

Las señales acumuladas son claras: restricciones al acceso de periodistas críticos, hostigamiento digital coordinado, señalamiento público de voces incómodas y oficinas creadas para «desmentir operaciones». Todo eso, en un gobierno que llegó al poder denunciando exactamente esas prácticas.

La libertad de expresión también puede morir ahogada en ruido. Una sociedad puede perderla por prohibición directa, pero también cuando el ruido se vuelve tan gigantesco que distinguir información de propaganda resulta imposible. Cuando el poder logra que todo sea ruido, la verdad no necesita ser prohibida. Le alcanza con quedar tapada.

Puntos clave:

  • El Gobierno analiza exigir declaraciones juradas patrimoniales a periodistas en el marco de una reforma de medios.
  • El proyecto propone una desregulación total del sistema mediático, con multiplicación de señales, radios y plataformas digitales.
  • El análisis advierte que la saturación de voces afines puede funcionar como mecanismo de control más eficaz que la censura directa.
  • Manuel Adorni, que públicamente explicó el carácter no rastreable de las criptomonedas, enfrenta investigaciones judiciales por movimientos en ese tipo de activos.
  • Críticos señalan que exigir transparencia a periodistas mientras se omite regular las billeteras cripto configura una asimetría política, no técnica.
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