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Opinión

Milei en su Matrix

El libertario es hoy mascarón de proa de un nuevo intento del antiperonismo más clásico de reformular un programa neoliberal cuyas experiencias ya vivimos con Martínez de Hoz, con Cavallo, con el propio Macri.

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Por Martín Epstein*

El candidato libertario lo hizo otra vez. En una nueva muestra de desprecio, clasismo y una nefasta concepción de las problemáticas sociales siguió su campaña de cara al balotaje del 19 en redes sociales con un nuevo meme.

Su concepción de lo popular se cuela toda vez que se sale de su nuevo corset macrista y brota cual letrina su desagradable mirada respecto a las grandes mayorías.

El sentido mismo del meme pierde su esencia cuando no hay más trasfondo humorístico, base fundamental de esa forma de expresión, y se convierte en mera agresión sin dobles sentidos ni gracia.

El personaje es Morfeo, quien en la célebre Matrix le ofrece al protagonista, Neo, dos opciones: seguir en su vida de fantasía o conocer la realidad de la matriz, e intentar destruirla desde dentro.

La paradoja, es que la película plantea una profunda crítica, explícita, al sistema capitalista, su funcionamiento en tanto maquinaria que exprime la energía, la fuerza de trabajo de las personas al solo efecto de reproducirse al infinito.

Lo que hasta hace diez días era la expresión de un autopercibido académico que, basándose en un lenguaje técnico complejo, repitiendo citas de autores que la sociedad no tiene porque conocer, con propuestas extravagantes y nunca antes experimentadas como la destrucción del Banco Central, la venta de órganos o la privatización de los mares, dejó terreno para el más burdo desprecio y chabacanería, agrediendo, denostado e insultando a sectores de nuestra Argentina a quienes no solo no representa, sino que tampoco se preocupa por comprender.

El anarcocapitalista, el que se enfrentaba a lo que definía como la casta, el que pretendía rugir contra los privilegios de los grupos de poder político, es ahora el títere de un Macri ávido de poder, que no parece tener límites a la hora de buscar revancha tras su fallida reelección cuatro años atrás.

Milei es hoy mascarón de proa de un nuevo intento del antiperonismo más clásico de reformular un programa neoliberal cuyas experiencias ya vivimos con Martínez de Hoz, con Cavallo, con el propio Macri.

*Politólogo y Analista Económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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