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Entrevista

Jorge Rivas: «El Presidente tiene la obligación de actuar con audacia y firmeza, para poner en funcionamiento todos los mecanismos distributivos»

El ex diputado, durante las dos presidencias de Cristina Fernández de Kirchner, se define como un socialista en el Frente de Todos. Fue vicejefe de Gabinete durante la presidencia de Néstor Kirchner, cuando Alberto Fernández era jefe de Gabinete.

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El-Argentino-Lois Pérez Leira

Por Lois Pérez Leira

El ex diputado socialista (1997-2005, 2009-2015), Jorge Rivas, actualmente a cargo de la Dirección Nacional de Estrategias Inclusivas, Accesibles y de Desarrollo Sostenible del Ministerio de Transporte, dialogó con El Argentino y brindó su mirada sobre el momento que atraviesa la Argentina y, en particular, el Frente de Todos.

¿Desde el espacio que usted lidera, como percibe la gestión del gobierno de Alberto Fernández?

Los socialistas tenemos una mirada crítica sobre varias aristas de la gestión del gobierno, por eso luchamos por institucionalizar el Frente. Para que éste se dé una organización democrática, y para que las decisiones que se tomen sean la síntesis de un debate colectivo, que garantice la participación de todos los sectores. Pero tengamos presente que enfrentar los desafíos inmediatos, tales como la inflación o la puja distributiva, entre otros temas, y no hace falta haber leído a Maquiavelo para saberlo, exige mostrar un poder político fuerte. Por eso, no nos vamos a prestar a un juego que debilita al gobierno, y alimenta al enemigo. No hay que perder de vista que la contradicción principal, que en el 2019 nos llevó a formar el Frente de Todos, hoy sigue vigente. Y que nuestra principal responsabilidad es hacer todo lo posible para evitar el retorno de la restauración conservadora. El presidente, por su parte, tiene la obligación de actuar con audacia y firmeza, para poner en funcionamiento todos los mecanismos distributivos que impone la coyuntura.

¿Cómo valora el acuerdo con el FMI?

No soy economista, por lo que te voy a dar una respuesta política. Por lo que he leído, el FMI nos presta durante dos años para que le paguemos algo que tanto ellos como nosotros sabemos que es impagable, y a cambio no nos exige ninguna reforma estructural regresiva. Sin embargo, en dos años tendremos una nueva oleada de gobiernos populares en Chile, Colombia, Brasil, Honduras, que van a cambiar favorablemente la relación de fuerzas regional con el FMI. Si pensamos que a la incertidumbre que nos trajo la pandemia, se suman ahora los efectos imprevisibles de la guerra en Europa del Este, solo podemos concluir que en el mundo actual dos años son una eternidad que debemos saber aprovechar.

Néstor Kirchner le toma juramento a Jorge Rivas.

¿Existe la posibilidad de ampliar el espacio de los socialistas dentro del Frente de todos?

De hecho, el 5 de junio lanzamos la Confederación Socialista, que va a reunir a todos y todas los socialistas del Frente de Todos en una sola organización. Una organización de izquierda, con un fuerte compromiso con el pueblo trabajador. Una organización popular, en defensa siempre de los sectores sociales más vulnerables. Una organización, por fin, feminista y latinoamericanista. Si bien no renunciamos a la realización de una humanidad socialista, somos conscientes de que nuestro mejor aporte a esa causa es contribuir a la transformación de nuestro país y de nuestra región. Y no dudo que se van a seguir sumando organizaciones al Frente.

¿Es optimista ante el 2023?

Absolutamente. Somos muchos los argentinos y las argentinas que no estamos dispuestos a resignarnos a que vuelva a gobernarnos el neoliberalismo que en cuatro años destrozó a nuestro pueblo pobre.

¿Usted en la actualidad ejerce un cargo en el Ministerio de transporte, vinculado a la discapacidad. Cuáles deberían ser las políticas de Estado que terminen con la marginación de este gran colectivo que representa el 10 % de la población?

Yo siempre digo que el siglo XX ha sido muy rico en la legislación, tanto nacional como internacional, sobre inclusión y accesibilidad. Se ha instado a los Estado-Nación que cumplan con determinadas normas para que esa inclusión social se produzca. Pero la surte que esas normas han corrido, en su mayoría, es quedar en meras declaraciones de principios. Y en este siglo XXI tenemos la obligación, en particular los gobiernos populares, de materializar esos derechos legislativos, para ponerlos al alcance particular de todos y todas, particularmente de los sectores sociales más vulnerables. Trabajamos precisamente en todo esto. Esta nueva Dirección Nacional de Estrategias Inclusivas, Accesibles y de Desarrollo Sostenible para la que he sido convocado desde el Ministerio de Transporte, está dirigida a una población muy diversa, como les niñes, les adolescentes, las personas con discapacidad y los pueblos indígenas. Como ves, está dirigida a una población muy heterogénea, pero todas tienen en común su alto grado de vulnerabilidad. Hoy nuestro trabajo está atravesado por la pandemia, pero enfocado en mejorar las políticas inclusivas en todo el transporte público.

¿La discapacidad es parte de la agenda de los gobernantes?

Lo primero que debemos hacer, me parece, es visibilizar el conflicto. Y que los distintos Estados, nacional, provinciales y municipales, asuman la cuestión de la accesibilidad del transporte público como una cuestión de Estado. Es decir, que desde el Estado se deje de mirar para otro lado ignorando olímpicamente la problemática, para dar respuesta a los problemas concretos de las personas con discapacidad.

¿Así como existe un cupo de mujeres en las lista electorales . Usted piensa que las personas con discapacidad deberían tener representación política?

No tengo posición sobre al respecto, pero me parece que el tema debería ser estudiado seriamente.

Entrevista

Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”

En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.

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A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.

El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.

“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.

Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.

Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega

Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.

La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.

Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.

Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.

Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.

“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.

“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión

Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.

En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.

“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.

Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.

Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.

El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña

La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.

Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.

Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.

La popularidad que llegó después de décadas de trabajo

Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.

Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.

La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.

Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.

No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.

Del teatro a las series: los proyectos de Vega

Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Lorena Vega en Cautiva

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.

La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.

Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado

La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.

Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.

Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.

Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.

Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.

Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.

Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.

¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.

Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.

Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.

Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.

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