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Ley Nicolás: piden que se trate el proyecto de víctimas de mala praxis

Tras el fallecimiento de la actriz y modelo Silvina Luna destacaron la importancia de que se trate y sancione el proyecto de Ley Nicolás, sobre la seguridad del paciente y que «los colegios de médicos cumplan la función para la cual fueron creados».

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Familiares de víctimas de mala praxis aseguraron que tuvieron que aprender conocimientos de medicina y derecho para llevar adelante una lucha por justicia para sus seres queridos, y tras el fallecimiento de la actriz y modelo Silvina Luna destacaron la importancia de que se trate y sancione el proyecto de Ley Nicolás, sobre la seguridad del paciente y que «los colegios de médicos cumplan la función para la cual fueron creados».

«La Ley Nicolás es necesaria y es urgente que sea aprobada. Necesitamos que los colegios de médicos cumplan la función para la cual fueron creados. Si ellos hicieran su trabajo muchas cosas se evitarían. Necesitamos que sea implementada y se cumpla», dijo a Télam Miriam Barrios, una ama de casa de 50 años, que vive en El Dorado, en la provincia de Misiones.

El 23 de julio de 2014 falleció su madre en un estudio de videoendoscopía realizado por Guillermo Eduardo Horrisberger, quien fue condenado en 2019 a dos años de prisión y cinco de inhabilitación.

«Pasó por arriba todos los protocolos establecidos para hacer el estudio y nos engañó asegurándonos todas las medidas de precaución a tener con mi mamá ya que era paciente oncológica pero también presentaba patologías cardíacas», detalló la mujer.

Pese a la sentencia, Barrios denunció en junio de 2022 que el hombre continuaba ejerciendo su profesión.

«Para ello tuve que concurrir a una consulta médica, fingir síntomas para poder conseguir las pruebas con firma y sello con su matrícula. Hoy estamos a 1 de septiembre del 2023 y sigo esperando que alguien me escuche», dijo la denunciante, quien a partir del proceso judicial dice que se convirtió «un poco en abogado y médica» porque tuvo que «ponerse a investigar cosas que no debería».

El proyecto de Ley Nicolás o de seguridad del paciente frente a los casos de mala praxis fue presentado en julio de 2022 por el diputado Fabio José Quetglas (UCR) y fue aprobado en comisiones en la Cámara Baja.

Establece que las instituciones proveedoras de servicios de salud públicas o privadas tendrán que «dotar a su organización de los medios que permitan establecer protocolos de actuación para el personal de salud, tendientes a la prevención de daños evitables; diseñar planes de auditoría de los sistemas de trabajo, evaluación de las prestaciones individuales del servicio y monitoreo de indicadores de seguridad del paciente para perfeccionar los sistemas y mejorar las prácticas», entre otros puntos.

Luego del fallecimiento de Nicolás Deanna, a sus 24 años en el 2017, producto de una mala praxis, Gabriela Covelli decidió crear la Fundación «Por la Vida y la Salud», de la cual formaba parte Silvina Luna.

«Silvina estaba en nuestra ONG desde el año 2021. Participaba de manera activa y apoyaba la Ley Nicolás, de hecho a cada programa que asistió pidió por esta ley», dijo Covelli a Télam, luego de la noticia del fallecimiento de la actriz.

Sobre la ley explicó que «se centra en el control del ejercicio médico y en la prevención».

«Urge su aprobación para que haya un mayor control no solo del acto médico, sino también de las historias clínicas y antecedentes de los médicos», expresó a Télam Nora Alicia Siriani (53), madre de Ana Virginia Romano, fallecida a los 16 años en 2014, también víctima de mala praxis.

La mujer de 53 años, oriunda de la ciudad La Banda, Santiago del Estero, a 7 kilómetros de la capital provincial, contó a esta agencia que su hija fue operada de apéndice en el Sanatorio San Francisco -de la cuidad Capital- pese a que «no era apendicitis», y «sufrió una perforación intestinal que le produjo una hipovolemia que la llevó a su muerte a las 48 horas de la operación».

Actualmente, se encuentra a la espera de fecha de juicio en el que se acusa a Octavio Carabajal y a Federico Nicolás Sandez por el delito de homicidio culposo por mala praxis, ya que el Superior Tribunal de Justicia, a cargo de Eduardo José Ramón Lludgar como presidente y Ana Rosa Rodríguez y Eduardo Federico López Alzogaray, rechazó el recurso de apelación de la defensa de los imputados.

Hernán Daniel Arias (54) se dedica a la industria gráfica, vive en la localidad bonaerense de Bella Vista, y es el padre de Gonzalo Nehuen Arias (19).

«Mi hijo entró en una cirugía de varicocele el 18 de febrero del 2016. Fue anestesiado por Jorge Tamantini, quien no se quedó a terminar la curugía, abandonó el quirófano para ir a otro quirófano a aplicar otra anestesia. Mi hijo entró en una bradicardia seguida de paro cardiorrespiratorio. Al no estar el anestesista no advirtieron el cuadro o cuando lo advirtieron fue tarde y falleció», contó el hombre a Télam.

Hace más de siete años que lleva adelante una lucha para conseguir justicia por su hijo a través de una demanda que se tramita en el Juzgado N° 1 de Vicente López.

«Es la segunda vez que me suspenden el juicio oral y estamos próximos a que la causa prescriba», advirtió el hombre preocupado.

Para él, es «importante que la Ley Nicolás sea tratada y sancionada», y espera que «pronto salga».

La actriz y modelo Silvina Luna se encontraba internada desde el 13 de junio en el Hospital Italiano de Buenos Aires, a causa de una hipercalcemia que le produjo una insuficiencia renal, originada en las cirugías estéticas que Lotocki le realizó en 2011, y falleció este jueves 31 de agosto.

Ciencia 🧬

Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre

Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.

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Una muestra de sangre podría cambiarle la vida a miles de familias argentinas que llevan años sin saber qué le pasa a su hijo.

Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.

Un diagnóstico que llega tarde, o nunca

Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.

«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».

El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.

Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro

La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.

«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.

Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso

El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.

En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.

El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.

Puntos clave

  • El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
  • La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
  • Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
  • La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
  • El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
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