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Ley Penal Juvenil: Jorge Macri habilita un protocolo que obliga a docentes a denunciar alumnos de 14 años
Un protocolo del gobierno porteño impone a los directivos el deber de denunciar ante la Justicia a estudiantes desde los 14 años, incluso por hechos ocurridos fuera del colegio, y habilita el ingreso policial a las escuelas. Los gremios y centros de estudiantes lo rechazan.
Los directivos de las escuelas porteñas ya no solo tendrán la tarea de educar: ahora también deberán denunciar penalmente a sus propios estudiantes. Cualquier hecho que pudiera constituir un delito de acción pública y que involucre a un alumno mayor de 14 años, ocurra dentro o fuera del establecimiento, deberá ser llevado ante la Justicia. El nuevo protocolo habilita además la intervención policial dentro de las escuelas en situaciones consideradas urgentes.
La medida quedó oficializada este lunes con la Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26, publicada en el Boletín Oficial de la Ciudad de Buenos Aires, con la firma de los ministerios de Educación, Justicia y Seguridad porteños y del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.
La norma aprueba dos documentos: los “Lineamientos generales sobre el impacto del régimen penal juvenil en el ámbito educativo” y el “Procedimiento de actuación en el ámbito educativo ante hechos con posible relevancia penal”. El reglamento ya había llegado a las escuelas a fines de la semana pasada, antes de su publicación formal, y encendió la polémica en redes sociales.
El “deber” de denunciar
El artículo 1 del procedimiento establece el “deber de la denuncia”: “cuando la autoridad institucional tome conocimiento, en ejercicio de sus funciones, de un hecho que pudiera constituir un delito de acción pública, deberá efectuar la denuncia correspondiente”. En las escuelas de gestión privada, esa obligación recae sobre el representante o apoderado legal, que deberá informar de inmediato a la Supervisión de la Dirección General de Educación de Gestión Privada; si no lo hace, la denuncia quedará en manos de ese equipo de supervisión.
Los lineamientos van todavía más lejos. Recuerdan que, con el nuevo régimen, “todos los delitos previstos en el Código Penal de la Nación o en las leyes penales especiales vigentes o que se dicten en el futuro podrán dar lugar a responsabilidad penal desde esa edad, incluso aquellos que bajo el régimen anterior no resultaban punibles para los adolescentes”. Y concluyen que “cualquier hecho que pudiera constituir un delito y que ocurra en el ámbito educativo y/o que involucre a estudiantes podrá dar lugar a la intervención de las autoridades judiciales competentes, sin perjuicio de la intervención educativa que corresponda”.
En la práctica, conflictos que hasta ahora se abordaban con los dispositivos pedagógicos de cada escuela, como peleas entre compañeros o robos entre estudiantes, pasan a tener una vía directa hacia el sistema penal. El documento aclara que, cuando un alumno sea alcanzado por una medida judicial, la institución deberá garantizar su cumplimiento y, a la vez, “la continuidad de su trayectoria educativa”.
El 911 y la policía en las aulas
Para las situaciones de emergencia, definidas como riesgo inminente para la vida o la seguridad, presencia de armas o hechos de violencia, el protocolo ordena llamar de inmediato al 911, una comunicación que “cumple la función de denuncia”; contactar al SAME (107) si hay personas afectadas; dar aviso a la Línea 102 del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes; resguardar a los estudiantes, preservar la escena del hecho y avisar a los adultos responsables.
Cuando no se requiera una intervención inmediata, la denuncia deberá presentarse ante el Ministerio Público Fiscal porteño, a través de la línea 0800 33 FISCAL o por correo electrónico, con una descripción “clara y objetiva” de los hechos. El texto prohíbe interrogar a los alumnos y retener o difundir material digital que ellos aporten, y establece que la denuncia judicial no suspende las medidas internas de la escuela.
El punto más sensible es el ingreso de las fuerzas de seguridad. La policía podrá entrar a los establecimientos a pedido de la propia escuela, por orden judicial o por razones de fuerza mayor. El protocolo exige que el personal se identifique y actúe “respetando los derechos” de niñas, niños y adolescentes, una salvaguarda que los gremios consideran insuficiente frente a la lógica punitiva que atraviesa todo el documento.
“Una antesala de las cárceles”
Federico Puy, secretario general adjunto de la Asociación Docente de Enseñanza Media y Superior (Ademys), fue quien difundió el documento en su cuenta de X durante el fin de semana. Allí advirtió que el protocolo “obliga a las directoras a denunciar a estudiantes que ‘podrían estar cometiendo un delito’” y sostuvo que la iniciativa “constituye una clara persecución a los jóvenes”. Para el dirigente, el objetivo es transformar a las escuelas en una “antesala de las cárceles”.
La Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) también expresó su rechazo en un comunicado: “Rechazamos que las escuelas se conviertan en puertas de entrada al sistema penal y advertimos sobre el riesgo de estigmatización y criminalización de niñas, niños y adolescentes”. El gremio repudió además la baja de la edad de responsabilidad penal a los 14 años, por avanzar contra los derechos de las adolescencias y la Convención sobre los Derechos del Niño, y reclamó al Ministerio de Educación porteño equipos especializados, formación y recursos para abordar los conflictos sin judicializarlos, junto con más políticas sociales y educativas en los territorios más desiguales.
Una ley de mano dura aplicada sobre la marcha
El protocolo porteño es la bajada escolar de la Ley 27.801 del nuevo Régimen Penal Juvenil, impulsada por Patricia Bullrich, que el Senado sancionó el 27 de febrero con 44 votos afirmativos y 27 negativos, y que el Gobierno de Javier Milei promulgó mediante el Decreto 138/2026. La norma, vigente desde el 5 de septiembre, bajó la edad de imputabilidad de 16 a 14 años y prevé penas de hasta 15 años de privación de la libertad.
Su implementación mostró improvisación desde el primer día: el Ministerio de Justicia de la Nación recién creó el programa para aplicarla mediante la Resolución 484/2026, veinte días después de su entrada en vigencia, con una coordinadora designada ad honorem, Débora Eliana Di Girolamo. En paralelo, las juezas Marta Pascual, de Lomas de Zamora, y Laura De Marinis, de la Ciudad de Buenos Aires, cuestionaron su aplicación; el fallo de De Marinis fue luego revocado.
Las advertencias técnicas tampoco faltaron. La Comisión del Fuero de Responsabilidad Juvenil del Colegio de Magistrados y Funcionarios bonaerense proyectó que el nuevo régimen puede incrementar entre un 40 y un 60% el volumen de causas penales juveniles en los centros urbanos.
UNICEF Argentina señaló que no existe evidencia de que bajar la edad de imputabilidad mejore la seguridad y remarcó que la inmensa mayoría de los conflictos con la ley protagonizados por adolescentes involucran delitos contra la propiedad. El juez de Cámara de Responsabilidad Penal Juvenil de Catamarca, Rodrigo Morabito, recordó durante el debate que “en América Latina sólo dos países tienen la edad de 16 años para poder castigar: la Argentina y Cuba”, precisamente los dos con las tasas de homicidios más bajas de la región.
Con este protocolo, la escuela deja de ser el último espacio de contención para miles de adolescentes y pasa a funcionar como un eslabón más de la cadena punitiva. Mientras el ajuste recorta programas sociales y equipos de orientación, la respuesta oficial frente a los conflictos juveniles vuelve a ser la misma: denuncia, policía y tribunales.
Lo que tenés que saber sobre la Resolución contra los estudiantes
- La Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26 obliga a los directivos porteños a denunciar hechos que pudieran constituir delitos de acción pública cometidos por alumnos mayores de 14 años.
- La obligación alcanza también a hechos ocurridos fuera de la escuela si involucran a un estudiante del establecimiento.
- El protocolo habilita el ingreso policial a las escuelas a pedido del colegio, por orden judicial o por fuerza mayor.
- Ademys y UTE rechazaron la medida y advirtieron sobre la criminalización y estigmatización de las adolescencias.
- La Ley 27.801, vigente desde el 5 de septiembre, bajó la edad de imputabilidad de 16 a 14 años y prevé penas de hasta 15 años.
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AySA cambia válvulas centenarias en Villa Urquiza: qué barrios pueden quedarse sin agua y cómo se normaliza el servicio
AySA cambia dos válvulas instaladas en 1917 sobre las líneas 9 y 10, que llevan agua de la Planta San Martín a la Estación Elevadora Devoto. Hay posible baja presión o falta de agua en sectores de 15 barrios del norte y oeste porteño, y sigue cortado el tránsito en la avenida de los Constituyentes.
Quince barrios porteños pueden tener baja presión o falta de agua mientras AySA reemplaza dos válvulas de 1917 sobre conductos maestros en Villa Urquiza. La intervención comenzó a las 22 del martes 20 de octubre y estaba prevista hasta las primeras horas de la tarde del miércoles 21.
AySA informó que el operativo consiste en renovar dos válvulas esclusas, instaladas en 1917, sobre las líneas 9 y 10, dos cañerías maestras de 1.100 milímetros de diámetro que transportan agua potabilizada desde la Planta San Martín, en Palermo, hasta la Estación Elevadora Devoto. Las reemplaza por válvulas mariposa, fabricadas a medida, que permitirán operar y aislar tramos de la red ante tareas de mantenimiento o emergencias.
Qué barrios pueden verse afectados
Según la empresa, pueden registrarse baja presión o faltantes temporales en sectores de Agronomía, Belgrano, Chacarita, Coghlan, Colegiales, Núñez, Palermo, Parque Chas, Paternal, Villa Crespo, Villa del Parque, Villa Devoto, Villa Ortúzar, Villa Pueyrredón y Villa Urquiza.
Fuentes de AySA explicaron que en esos barrios puede haber personas que mantengan el servicio, otras con baja presión y otras sin agua, según las instalaciones internas de cada vivienda y porque la red es un conjunto de caños interconectados, por lo que el agua puede llegar desde otro punto fuera del conducto intervenido. La empresa señaló que los hogares con tanque de reserva percibirán una afectación menor y pidió un uso responsable del agua durante el operativo.
Cómo sigue la normalización
Para aislar el tramo de obra, AySA cerró temporalmente otras 15 válvulas de la red. Fuentes de la empresa indicaron que los trabajos podrían concluir al mediodía del miércoles, momento en el que se abrirán de manera paulatina todas las válvulas cerradas. La reapertura se hace de forma individual y gradual para evitar un aumento brusco de presión que podría afectar la reparación y otros segmentos de las cañerías, por lo que la presión se recupera de a poco y no existe una hora precisa de normalización.
Durante la normalización puede aparecer turbiedad por el arrastre de sedimentos acumulados en las cañerías; AySA aconsejó dejar correr el agua unos minutos hasta que recupere su aspecto habitual. Además, continúa la restricción total del tránsito en la avenida de los Constituyentes, a la altura de la calle La Pampa, por los trabajos sobre la calzada.
Una preparación de meses y una red de más de un siglo
La empresa explicó que las válvulas originales cumplieron su vida útil y que la preparación incluyó relevamientos, planos, fabricación de las piezas y pruebas sobre otras válvulas asociadas, para comprobar que el aislamiento del sector pudiera hacerse en condiciones seguras. El jefe de Cañerías Maestras de AySA, Armando Baldoni, señaló que las líneas 9 y 10 tienen registradores que permiten monitorear la presión y verificar cómo responden a las maniobras de cierre.
AySA sostuvo que las nuevas válvulas permitirán sectorizar la red y reducir la cantidad de usuarios que podrían ser alcanzados por futuras intervenciones. La empresa cuenta con más de 6.000 válvulas en cañerías maestras en toda su área de concesión, sin incluir las de redes de menor diámetro. Las comunicaciones de la empresa no precisan cuántos usuarios resultaron efectivamente afectados.
El contexto de la empresa
La obra se realiza en medio del proceso de privatización de AySA. El 8 de octubre, el Ministerio de Economía abrió las ofertas económicas de la licitación para vender el 90% de las acciones que el Estado conserva en la empresa, y el consorcio encabezado por Rowing presentó la oferta más alta, de USD 340,2 millones. Las comunicaciones consultadas sobre la obra de Villa Urquiza no vinculan ese proceso con la renovación de las válvulas.
Lo que tenés que saber:
- AySA reemplaza dos válvulas instaladas en 1917 sobre las líneas 9 y 10, en Villa Urquiza.
- La intervención comenzó a las 22 del 20 de octubre y estaba prevista hasta las primeras horas de la tarde del 21.
- Pueden registrarse baja presión o faltantes de agua en sectores de 15 barrios porteños.
- La reapertura de las 15 válvulas cerradas es gradual y puede aparecer turbiedad en el agua.
- Sigue cortado el tránsito en la avenida de los Constituyentes, a la altura de La Pampa.
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