Gestión
Grabois cruzó a Bullrich por el caso del gendarme detenido en Venezuela
Respondió a las absurdas acusaciones de «traición a la patria» por el gobierno y asumió el envío de la carta enviada al gendarme detenido en Venezuela.
Lo que tenés que saber
- Juan Grabois se atribuyó el envío de la carta al gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido en Venezuela.
- La carta fue un pedido de la familia del gendarme, y Grabois explicó que la gestión se hizo a través de las relaciones de Laborde con el poder judicial venezolano.
- Grabois se mostró dispuesto a colaborar con el gobierno para resolver la situación de Gallo, defendiendo el accionar de Laborde como una acción humanitaria.
- A pesar de las críticas al gobierno, el dirigente evitó entrar en discusiones sobre la política interna de Venezuela.
Grabois y las absurdas acusaciones de «traición a la patria»
Juan Grabois salió al cruce de las acusaciones de «traición a la patria» lanzadas por el gobierno argentino contra Oscar Laborde, ex embajador de Venezuela, quien facilitó el envío de una carta al gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido en ese país. Las absurdas y ridículas acusaciones formuladas por el Ministerio de Seguridad, apuntaban a Laborde por su colaboración con el gobierno de Nicolás Maduro.
“La carta fue enviada a pedido de la familia que confió en mí, como abogado especializado en derecho internacional público, para que le llegue. Cumplimos nuestro objetivo”, explicó Grabois, quien también aseguró que las gestiones fueron realizadas en coordinación con los familiares de Gallo, y que Laborde colaboró a través de sus contactos con el poder judicial venezolano. A su juicio, las acusaciones contra Laborde carecen de fundamento y solo buscan desvirtuar una acción de ayuda humanitaria: “Las acusaciones del gobierno son absurdas. Oscar Laborde solo colaboró para que la carta llegara a su destino, y lo hizo con un fin completamente humanitario”, agregó.

Apoyo a Oscar Laborde y defensa del accionar
El dirigente de Patria Grande no solo asumió la responsabilidad de la carta, sino que además defendió la actuación de Laborde, quien fue señalado por la ministra Patricia Bullrich de ser un «colaborador de Maduro». Grabois subrayó que el ex embajador no actuó por ninguna afinidad política con el gobierno venezolano, sino como parte de una gestión humanitaria que logró romper el aislamiento de Gallo.
“Oscar Laborde fue una de las personas que contacté para gestionar esta ayuda y fue el único que logró llevarla a cabo con éxito”, explicó Grabois, insistiendo en que las gestiones se realizaron dentro del marco del poder judicial venezolano y no bajo la influencia política del régimen de Maduro. En este sentido, el dirigente social enfatizó que el proceso de mediación fue esencial para que la familia pudiera contactar a Gallo y, además, para que el gobierno argentino tuviera conocimiento de su situación.

El dirigente dispuesto a colaborar con el gobierno
Grabois también manifestó su disposición para seguir colaborando con el gobierno argentino en la resolución de la situación de Gallo. A pesar de las tensiones políticas, el dirigente reiteró que su único interés es garantizar el bienestar del gendarme y su pronta liberación. “Estoy dispuesto a colaborar en todo lo que sea necesario para asegurar que Gallo y su familia reciban el apoyo que necesitan. Lo que estoy pidiendo es que el gobierno se enfoque en el bienestar del gendarme y su familia, sin utilizar este caso con fines propagandísticos”, afirmó.
En respuesta a las acusaciones que se vertieron sobre él, Grabois expresó que no le preocupaba que lo denunciaran: “El más elemental sentido del honor me indica solicitar a la ministra que por favor me denuncie a mí también; sería indigno de mi parte permitir que a uno hombre que intentó ayudar a causa mía se lo encause injustamente de un delito tan infame”, añadió, defendiendo su participación en el caso.
Rechazo a la politización del caso y comentarios sobre Venezuela
Por otro lado, Grabois evitó entrar en comentarios sobre la situación política de Venezuela, donde el gobierno de Nicolás Maduro ha sido cuestionado por la comunidad internacional. “No me corresponde decir nada sobre circunstancias del caso ni manifestar posiciones personales sobre Venezuela. Si hablo, si adjetivo, luego no puedo ayudar. En todo caso, voy a decirlas cuando Nahuel esté en casa”, afirmó, dejando claro que su enfoque está en resolver la situación del gendarme y no en las disputas políticas que atraviesan el país caribeño.
Economía 💲
Cómo la eliminación de organismos descentralizados concentró poder de Maccarone sobre la obra pública
La motosierra concentró poder en manos equivocadas. El desguace institucional impulsado por Milei no solo «achicó el Estado», sino que las decisiones estratégicas quedaron a merced de un empresario del sector que ahora “regula”.
⬛ La eliminación masiva de ministerios y organismos descentralizados que llevó adelante Javier Milei durante su primer año de gestión no fue solo una política de «achique» del Estado. Fue, también, una operación de concentración de poder que terminó facilitando que un ex empresario constructor como Martín Maccarone controle desde las sombras toda la obra pública nacional.
La ecuación es simple pero devastadora: se eliminaron 13 Ministerios, se cerraron organismos estatales y se recortaron presupuestos destinados a Ciencia, Cultura y Educación, entre otras áreas, pero toda esa capacidad operativa no desapareció. Se concentró en pocas manos, específicamente en la órbita del Ministerio de Economía que comanda Luis «Toto» Caputo.
El mapa del desguace institucional
La lista de organismos eliminados o fusionados bajo la órbita de Economía es extensa y reveladora. A través del Boletín Oficial N°35702, el Gobierno que encabeza Javier Milei oficializó la disolución, transformación y fusión de 21 organismos públicos de distintas áreas del Estado, afectando dependencias vinculadas a salud, transporte, agroindustria, industria y seguridad.
El caso más emblemático es el del ENOHSA (Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento), un organismo que ha jugado un papel central en la ejecución de obras públicas en todo el país. Por medio de la publicación del Decreto 1020/2024 en el Boletín Oficial, se estableció que el ENOHSA quedará oficialmente disuelto dentro de treinta días, por lo que sus recursos materiales y financieros serán transferidos al ámbito de la Subsecretaría de Recursos Hídricos.
La justificación oficial fue técnica: «en el contexto actual, resulta necesario reducir la superposición de funciones entre diversos entes, garantizar una mayor coordinación en las políticas de administración de los recursos hídricos y promover una gestión más ágil y centralizada de las obras y proyectos hídricos». Sin embargo, el resultado práctico fue concentrar el control de obras hídricas y sanitarias en manos del núcleo duro de Economía.
El costo humano del ajuste concentrador
Los números del ajuste son elocuentes sobre la magnitud del poder transferido. El presidente Javier Milei sigue avanzando con el cierre de organismos nacionales. Este jueves dispuso la disolución del Ente de Obras Hídricas de Saneamiento (Enohsa), un organismo clave para las obras públicas sanitarias, que implicó 230 trabajadores y 116 obras con incertidumbre.
Según proyecciones realizadas antes de asumir, unas 118.118 personas quedarían, en principio, sin puesto laboral, si se eliminan esos ministerios y los organismos descentralizados según los números de las reparticiones que difunde el Indec. Pero el poder operativo de esas 118 mil personas no se esfumó: se canalizó hacia la nueva estructura centralizada.
La arquitectura del control concentrado
La eliminación del Ministerio de Obras Públicas, del Ministerio de Transporte y de organismos como ENOHSA, ONABE y partes de ADIF no fue casual. Todo ese poder decisorio se reconcentró en la flamante Secretaría Coordinadora de Infraestructura que comanda Maccarone desde Economía.
Esta operación de ingeniería institucional tiene precedentes históricos preocupantes. La concentración de poder estatal en pocas manos, especialmente cuando esas manos provienen del sector privado que ahora deben regular, genera las condiciones perfectas para conflictos de interés y capturas regulatorias.
Los antecedentes del desguace como concentración
El plan incluye la eliminación de la secretaría de Vivienda y Hábitat de organismos descentralizados, y el achicamiento de la dotación de personal de los ministerios, empresas y entes públicos, según confirmó La Nación en enero de 2025. Esta nueva etapa de ajuste busca achicar un 30% el Estado, pero nuevamente el poder no desaparece, sino que se reconcentra.
El proceso comenzó desde el primer día de gobierno. Milei oficializó el primer decreto de necesidad y urgencia y modificó la estructura central dentro del Gobierno, estableciendo las bases legales para esta concentración de poder que luego permitiría el funcionamiento de figuras como Maccarone.
La funcionalidad política del desguace
Lo que el gobierno presenta como «eficiencia» y «achique del Estado» opera, en la práctica, como una concentración de poder decisorio sin precedentes en décadas. La eliminación de controles y contrapesos institucionales facilita que un ex empresario constructor pueda operar «de los dos lados del mostrador» sin los filtros que antes existían.
La crítica de los dirigentes opositores señala precisamente esta contradicción: para el gobierno del presidente Javier Milei una de las razones que motivaron la disolución es que el ente elude el control de gastos que existe en la administración nacional. Pero el resultado práctico es que ahora existe menos control, no más.
Las obras que quedaron en el limbo
El caso del ENOHSA es paradigmático de cómo esta concentración afecta la obra pública concreta. Una empresa estatal que tenía como objetivo planificar, ejecutar y administrar obras de infraestructura hídrica y sanitaria en todo el país quedó disuelta, y sus funciones pasaron a depender de la estructura que controla Maccarone.
En Mendoza, por ejemplo, el cierre definitivo del Ente Nacional De Obras Hídricas De Saneamiento (ENOHSA) dejó seis obras importantes en estado de incertidumbre, que ahora dependen de las decisiones que tome la nueva estructura centralizada.
La concentración como facilitadora de conflictos
La operación de Milei generó las condiciones perfectas para que figuras como Maccarone pudieran operar con poderes extraordinarios y mínimos controles. Al eliminar organismos con capacidad técnica específica y reconcentrar sus funciones en Economía, se creó un embudo decisorio que beneficia a quien controla ese embudo.
Esta arquitectura institucional no es casual. Responde a una lógica política que privilegia la concentración de poder por sobre los controles y contrapesos democráticos. El resultado es que un ex empresario constructor puede hoy manejar toda la obra pública nacional desde un despacho en Economía, sin la supervisión técnica específica que antes existía en organismos especializados.
El futuro del modelo concentrador
La misión está a cargo del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, según reveló La Nación, lo que indica que esta lógica de concentración continuará profundizándose. Cada organismo eliminado es poder que se reconcentra en el núcleo duro del gobierno.
La pregunta que surge es si esta concentración de poder es compatible con una gestión transparente y democrática de los recursos públicos. Los casos como el de Maccarone sugieren que no: cuando se eliminan controles y se concentra poder en manos de ex empresarios del sector que ahora regulan, los conflictos de interés se vuelven estructurales.
El «achique del Estado» de Milei resultó ser, paradójicamente, una concentración de poder estatal sin precedentes. Y figuras como Martín Maccarone son el producto directo de esa concentración.
Puntos clave
• Milei eliminó 13 ministerios y 21 organismos descentralizados, concentrando su poder decisorio en Economía
• La eliminación del ENOHSA, ONABE y partes de ADIF transfirió el control de obra pública a la estructura que maneja Maccarone
• El desguace institucional eliminó controles y contrapesos específicos, facilitando conflictos de interés
• Más de 118.000 empleados perdieron sus puestos, pero su poder operativo se reconcentró en pocas manos
• La arquitectura del «achique» resultó ser una concentración de poder que beneficia a figuras como el «funcionario fantasma»
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