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Operaciones, relatos, falsa bandera: el ajedrez entre Rusia y EEUU
Ucrania es el peón de una gran partida geopolítica llena de fake news y con falsos «buenos y malos». Manual para entender un nuevo capítulo de la Guerra Fría 3.0.
Operaciones y relatos de falsa bandera con Ucrania como cebo: ¿Cómo es el ajedrez entre Rusia y EEUU? La partida lleva décadas. Cuando parecía dormida, los norteamericanos se ocupador de patear el tablero una vez más y agitar las aguas que cumplían con cierto estancamiento de tensa calma.
La última noticia, la que pareciera dramatizar el escenario cual película hollywoodense, es que la Embajada de Estados Unidos en Ucrania solicitó a la Casa Blanca que autorice la evacuación en los próximos días de todo el personal diplomático no esencial, así como de sus familias, y toda esta información no surgió de fuentes oficiales -como debería ser- sino que apareció a través de una parte de los testaferros mediáticos del gobierno de Joe Biden: la cadena CNN («y múltiples fuentes próximas a los acontecimientos»).
En Kiev, capital de Ucrania, afirman que las evacuaciones «podrían comenzar la semana que viene como muy pronto», reportó la agencia Europa Press. Casi como poniendo un coto de cordura a esta estampida diplomática, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, habló con el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, a quien le dijo que la evacuación diplomática sería una «reacción exagerada».
Siempre en el plan «falsa bandera», leitmotiv histórico de los Estados Unidos en pos de la dominación política mundial, sobre todo desde el final de la Segunda Gran Guerra, el Departamento de Estado norteamericano no desmintió ni confirmó esta información y se limitó a señalar que está desarrollando «rigurosos planes de contingencia, como siempre ocurre, en el caso de que la situación de seguridad se deteriore».
¿Cómo se llegó a esto? Nadie sabe bien. Pero versiones hay por montones. Ucrania y algunos países occidentales expresaron últimamente su preocupación por el supuesto «aumento de las fuerzas militares de Rusia» en su frontera con Ucrania. Ante esto, el país conducido por Vladimir Putin rechazó en múltiples oportunidades las acusaciones de planear una agresión contra Ucrania, alegando que desplaza tropas dentro de su propio territorio, lo cual no amenaza a nadie.
Según Moscú, Occidente utiliza estas acusaciones como pretexto para emplazar más equipo militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte cerca de las fronteras rusas. ¿Delirios de Putin? Veamos: este sábado se conoció la noticia de que unas 90 toneladas de armas y municiones proporcionadas por Estados Unidos aterrizaron en Ucrania, en lo que es el primer envío -aprobado en diciembre pero ocultado hasta esta semana- por la Casa Blanca: «Armas letales, incluidas municiones para los defensores de Ucrania en el frente».
El envío militar de Estados Unidos fue denunciado en repetidas ocasiones por Moscú, al entender que solo sirve para aumentar la tensión militar en la zona, como ya había ocurrido recientemente con otra remesa de armas ligeras antitanque entregadas por Reino Unido.
En este escenario, envalentonados y en modo Rambo, los gobiernos de Estonia, Letonia y Lituania anunciaron que enviarán misiles antitanque y antiaéreos para «ayudar a Ucrania a defenderse de una posible agresión rusa». Las tres son ex repúblicas soviéticas e integran el bloque de la OTAN, y dijeron que enviarán misiles estadounidenses Javelin y Stinger tras haber obtenido la autorización del Pentágono.
¿La justificación? Un nuevo relato, argumento, excusa: «Ante el aumento de la presión militar de Rusia sobre Ucrania y sobre la región, los Estados bálticos decidieron responder a las necesidades de Ucrania y ofrecer una ayuda adicional en defensa».
Para pasar en limpio el tablero: Ucrania denunció que Rusia acumuló tropas cerca de la frontera. Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) lo tomaron como excusa para militarizar la región. Rusia argumentó que tiene el derecho de mover fuerzas dentro de su territorio. Acusa a la OTAN de incrementar la actividad militar cerca de sus fronteras, considerando esto una amenaza para su seguridad nacional.
En medio de este berenjenal, los jefes de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, y estadounidense, Antony Blinken, se reunieron en Ginebra pero no hubo ningún tipo de avance concreto. «Estamos comprometidos con la vía de la diplomacia para intentar resolver nuestras diferencias. Pero si eso resulta imposible y Rusia continúa con la agresión contra Ucrania, daremos una respuesta unida, rápida y severa», afirmó Blinken.
Y Lavrov movió sus alfiles: «Blinken fue informado de que si (Washington) continúa haciendo caso omiso a las preocupaciones legítimas de Rusia, relacionadas principalmente con la exploración militar del territorio ucraniano por EEUU y sus aliados de la OTAN en el contexto de un despliegue a gran escala de las fuerzas y los medios de la alianza cerca de nuestras fronteras, tendrá las consecuencias más graves».
En este escenario, el Ministerio de Exteriores de Rusia publicó este sábado un comunicado en el que comentó los «hechos» que expuso el Departamento de Estado de EE.UU. en su informe denominado ‘Realidad versus Ficción: Desinformación rusa sobre Ucrania’, difundido este 20 de enero, citado por RT. De esta manera, la cancillería rusa respondió a cada punto de los señalamientos de Washington.
MANUAL PARA RESPONDER FAKE NEWS
Según el Departamento de Estado de EE.UU., Rusia invadió Ucrania en 2014, ocupa Crimea y controla las Fuerzas Armadas en Donbass.
Respuesta de Rusia
- EE.UU. y otros países de la OTAN provocaron en 2014 la crisis ucraniana, apoyando el Golpe de Estado y la llegada al poder de los nacionalistas. Los residentes de Crimea y Donbass, temiendo por su propia seguridad, no quisieron vivir bajo el nuevo Gobierno. Así, Crimea volvió a formar parte de Rusia, y las regiones de Donetsk y Lugansk declararon su independencia, mientras que Kiev desató una guerra civil contra ellos.
Además, Washington afirma que Moscú provocó la actual crisis al desplegar más de 100.000 soldados en la frontera con Ucrania, sin que se produjera ninguna acción militar de este tipo en el lado ucraniano.
Respuesta de Rusia
- Las Fuerzas Armadas de Ucrania y la OTAN están intensificando la actividad militar cerca de las fronteras rusas y están realizando ejercicios militares multinacionales a gran escala.
Por otra parte, EE.UU. sostiene que el despliegue de los militares rusos cerca de la frontera ucraniana es la amenaza de Rusia a la soberanía e integridad territorial de Ucrania.
Respuesta de Rusia
- Moscú realiza regularmente ejercicios militares de tropas en su propio territorio. Al mismo tiempo, Estados Unidos despliega sus fuerzas militares y su armamento ofensivo en los países de Europa del Este, a varios miles de kilómetros de sus fronteras nacionales, socavando así la seguridad y la estabilidad estratégica europea.
Entre sus señalamientos, el país norteamericano apunta que Washington ha proporcionado más de 351 millones de dólares en ayuda humanitaria a Donbass desde 2014 a los afectados por la agresión de Moscú.
Respuesta de Rusia
- La cantidad de ayuda humanitaria mencionada por EE.UU. es «una gota en el océano» en comparación con la enorme asistencia prestada por Rusia a los habitantes de Donbass.
Asimismo, EE.UU. manifiesta que no hay informes creíbles de que ningún ciudadano de etnia rusa o rusoparlante haya sido amenazado por el Gobierno ucraniano.
Respuesta de Rusia
- La violación de los derechos de la población rusoparlante en Ucrania ha alcanzado una escala enorme. Las autoridades del país están aprobando leyes discriminatorias sobre la lengua y la educación, forzando que el idioma ruso salga de todas las esferas de la vida.
Bajo la misma línea, el Gobierno norteamericano asegura que Washington realiza esfuerzos diplomáticos integrales para resolver la situación de forma pacífica.
Respuesta de Rusia
- Desde que Moscú entregó las propuestas de seguridad a mediados de diciembre, EE.UU. ha estado demorando las negociaciones de garantías de seguridad y lanzó una campaña de desinformación «tóxica» creando una imagen de Rusia como «agresor».
Otro de los puntos expuestos por el Departamento de Estado de EE.UU. afirma quela OTAN es una alianza defensiva.
Respuesta de Rusia
- EE.UU. realizó una operación ilegal desde el punto de vista del derecho internacional contra Yugoslavia. Asimismo, la OTAN invadió a Irak y Afganistán y participó en la destrucción de Libia, lo que no tiene nada ver con temas de «defensa».
De acuerdo con el Gobierno estadounidense, Occidente nunca ha prometido que no ampliará la OTAN.
Respuesta de Rusia
- El 9 de febrero de 1990, el entonces secretario de Estado de EE.UU., James Baker, anunció «garantías férreas: la jurisdicción de la OTAN y sus fuerzas militares no se moverán ni un centímetro hacia el este». Otros altos funcionarios occidentales también lo confirmaron varias veces.
Finalmente, Washington sostiene que la ampliación de la OTAN no está dirigida contra Moscú.
Respuesta de Rusia
- Durante los últimos 20 años, todas las capacidades de la coalición de la OTAN se han concentrado precisamente en el este de Europa. Se están construyendo instalaciones de almacenamiento de equipos pesados en los Estados miembros de la OTAN de Europa del Este y se están dando oportunidades para una presencia militar extranjera en el territorio de estos Estados. Asimismo, ha aumentado el número de visitas al mar Negro de buques de guerra de potencias extrarregionales, y la Alianza realiza constantemente maniobras militares cerca de las fronteras rusas.
Geopolítica 🌎
Trump dijo que podría revisar el apoyo de EEUU a Gran Bretaña en la disputa por Malvinas
Por primera vez, el presidente estadounidense habló en persona sobre la disputa de soberanía del Atlántico Sur. La amenaza no responde a un giro diplomático genuino sino a la presión de Washington sobre sus aliados de la OTAN para que eleven el gasto en defensa al 5% del PBI. El gobierno de Milei eligió la cautela y prudencia.
Donald Trump irrumpió este lunes en la histórica disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Consultado por la prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca sobre si Washington podría retirar su apoyo a la posición británica, el mandatario respondió con una frase que encendió las alarmas en Londres y generó expectativa contenida en Buenos Aires: Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas. Se trata de la primera ocasión en que Trump se expresa en persona sobre el conflicto.
Una herramienta de presión, no un cambio de política
El contexto de la declaración es inseparable de la batalla que el gobierno de Trump libra contra sus aliados de la OTAN en materia de gasto en defensa. La semana pasada, el diario británico The Telegraph reveló que funcionarios del Pentágono amenazaron al primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, con modificar la postura estadounidense sobre las Malvinas si Londres no elevaba su inversión militar hasta el 5% del PBI, en línea con las exigencias que Washington impone a toda la alianza. El plan de Burnham, que apenas se compromete a llegar al 3% del PBI en defensa para 2030, quedó muy por debajo de las expectativas de la administración republicana.
Cuando fue consultado específicamente sobre si esperaba que el gobierno británico incrementara sus compromisos, Trump fue explícito: El Reino Unido tiene algunos problemas, pero se resolverán. La frase, leída en conjunto con la anterior, traza una línea directa entre el apoyo histórico de Washington a Londres en el conflicto austral y el cumplimiento de las metas de gasto militar.
Antecedentes: del correo filtrado al Despacho Oval
No es la primera vez que el tema aparece en la agenda de la administración Trump. En abril pasado, la agencia Reuters filtró un memorando interno del Pentágono que evaluaba la suspensión del respaldo al Reino Unido en la disputa como parte de potenciales represalias contra aliados que, según Washington, no habían acompañado suficientemente las operaciones estadounidenses contra Irán. En aquel momento, el secretario de Estado Marco Rubio intentó quitarle peso al episodio: Fue tan solo un correo electrónico. La gente se está exaltando demasiado, declaró, presentando la filtración como una simple idea interna sin trascendencia institucional.
Lo que en abril era un correo sin firma oficial es ahora una declaración presidencial desde el corazón del poder norteamericano. La escalada es innegable, aunque los analistas advierten que la distancia entre una amenaza táctica de negociación y un giro real en la política exterior estadounidense sigue siendo enorme. El propio Departamento de Estado aclaró también el viernes pasado que la posición estadounidense sigue siendo de neutralidad: reconocemos que existen reclamos de soberanía contrapuestos entre la Argentina y el Reino Unido, no adoptamos ninguna postura con respecto a los reclamos de soberanía de ninguna de las partes, indicó un vocero.
Buenos Aires en modo expectante: cautela y prudencia
En la Casa Rosada, el gobierno de Javier Milei eligió la mesura. La evaluación oficial, según trascendió, es que el movimiento de Washington debe interpretarse dentro de la estrategia de presión a los aliados de la OTAN y no como un cambio formal de la política exterior estadounidense respecto del conflicto de soberanía. La postura oficial es de cautela y prudencia, un tono llamativamente bajo para una administración que durante meses intentó instalar la narrativa de que su relación privilegiada con Trump podría traducirse en un apoyo explícito al reclamo argentino.
El contraste con episodios previos resulta elocuente. En agosto de 2025, el propio embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, fue tajante al cerrar esa especulación: Los Estados Unidos tienen una posición de neutralidad sobre las islas y eso no ha cambiado, declaró ante una consulta televisiva, desactivando el globo que el oficialismo había inflado durante semanas. Ahora, paradójicamente, es Trump quien vuelve a poner el tema sobre la mesa, aunque desde una lógica completamente distinta: no como favor a Milei, sino como palanca de presión sobre Londres.
El Atlántico Sur como moneda de cambio en la OTAN
La dinámica que describe este episodio es más propia de la lógica transaccional de Trump que de un giro doctrinario en la política exterior de Washington. El proyecto de la denominada OTAN 3.0 busca que Europa y Canadá asuman la mayor parte del costo de su propia defensa convencional, reduciendo la carga financiera y militar de Estados Unidos sobre la alianza. En ese esquema, las Malvinas no son un asunto de justicia histórica ni de soberanía latinoamericana: son una ficha de negociación. Una palanca más en el tablero de presiones que Washington despliega sobre sus socios para que paguen más por su seguridad colectiva.
Para la Argentina, la situación abre un escenario geopolítico inédito desde 1982, aunque cargado de incertidumbre. La posibilidad de que la potencia que avaló el control británico del archipiélago desde la guerra no solo deje de respaldar a Londres sino que eventualmente incline la balanza hacia Buenos Aires depende, en este caso, no de la voluntad soberana argentina sino de cuánto decida gastar el gobierno laborista de Burnham en aviones y fragatas. Una ironía histórica que habla más de la lógica imperial de Trump que de ningún reconocimiento genuino al reclamo argentino.
Puntos clave
- Trump afirmó en el Despacho Oval que siempre revisa todas las posiciones, en la primera declaración presidencial directa sobre Malvinas.
- La amenaza de retirar el apoyo a Gran Bretaña se enmarca en la presión de Washington para que Londres eleve su gasto en defensa al 5% del PBI dentro de la OTAN.
- El Departamento de Estado ratificó el viernes que su posición sigue siendo de neutralidad en el conflicto de soberanía.
- En abril, Marco Rubio minimizó un correo filtrado del Pentágono que planteaba la misma amenaza, definiéndolo como simplemente un correo con algunas ideas.
- El gobierno de Milei optó por la cautela y prudencia y lee el episodio como parte de la estrategia de Trump hacia los aliados de la OTAN, no como un giro formal.
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