Geopolítica 🌎
Irán abrió una excepción en Ormuz y autorizó el paso de petroleros iraquíes
Teherán permitió que una flota seleccionada atraviese la estratégica vía marítima luego de gestiones de Bagdad. Irak, afectado por la caída del tráfico, acelera alternativas por Turquía, Siria y Jordania para sostener sus despachos energéticos.
Irán autorizó el paso de una flota seleccionada de buques petroleros iraquíes por el estrecho de Ormuz, luego de una serie de gestiones diplomáticas realizadas por el gobierno de Bagdad.
La decisión busca aliviar el impacto económico que la reducción del tráfico marítimo provoca sobre Irak, uno de los países más afectados por la interrupción de las operaciones en esta estratégica vía para el transporte de hidrocarburos.
El permiso fue otorgado después de la visita a Irak del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, durante la cual el tránsito de embarcaciones con petróleo iraquí fue uno de los principales temas abordados entre ambos gobiernos.
Bagdad confirmó el acuerdo con Teherán
El presidente iraquí Nizar Amedi confirmó que el acuerdo comenzó a aplicarse y señaló que Irán había facilitado durante los últimos días el paso de buques con petróleo iraquí por el estrecho, anunció ANSA.
Amedi también indicó que las autoridades de Bagdad habían tratado específicamente la posibilidad de mantener las exportaciones de crudo iraquí a través de Ormuz.
La autorización representa un margen de maniobra para Irak, aunque no implica una normalización completa del tráfico marítimo en la zona.
El tránsito por Ormuz continúa por debajo de los niveles habituales
Pese a la autorización para determinados buques iraquíes, el movimiento de embarcaciones por el estrecho de Ormuz continúa sensiblemente por debajo de los niveles previos al conflicto bélico.
La situación mantiene bajo presión a los países que dependen de esta vía para exportar hidrocarburos.
Además, las embarcaciones comerciales continúan expuestas a ataques armados cuando intentan atravesar la zona, lo que mantiene elevada la incertidumbre sobre la continuidad del transporte marítimo.
Irak busca rutas alternativas para exportar petróleo
Ante la inestabilidad del paso marítimo, el gobierno iraquí aceleró un plan para diversificar las rutas utilizadas para sacar su producción energética al mercado internacional.
Una de las principales alternativas es ampliar los despachos a través del puerto turco de Ceyhan.
El objetivo de Bagdad es reducir el impacto de las restricciones en Ormuz y garantizar canales adicionales para la exportación de crudo.
La estrategia también contempla incorporar infraestructura portuaria de otros países de la región.
Baniyas y Áqaba aparecen como nuevas alternativas
El primer ministro iraquí Ali al-Zaidi confirmó que el gobierno analiza ampliar las rutas de salida del petróleo hacia el exterior.
En ese esquema aparecen el puerto de Baniyas, en Siria, y el de Áqaba, en Jordania.
“Comenzar a utilizar también los puertos de Baniyas, en Siria, y Áqaba, en Jordania”, señaló al-Zaidi al explicar la estrategia de diversificación logística.
De concretarse, estas alternativas permitirían a Irak contar con diferentes vías para trasladar su producción energética en un escenario de fuerte inestabilidad alrededor de Ormuz.
Una excepción que no resuelve el problema del tráfico marítimo
La autorización iraní beneficia a una flota determinada de buques iraquíes, pero el tránsito general por Ormuz continúa afectado.
Por eso, Bagdad avanza simultáneamente en un esquema de rutas terrestres y marítimas alternativas, con Ceyhan como uno de los principales puntos de salida y con Baniyas y Áqaba incorporados a la planificación.
El objetivo del gobierno iraquí es sostener sus exportaciones de crudo pese a las dificultades que enfrenta el transporte marítimo en la región.
América Latina
Brasil lanzó su campaña presidencial: Lula lidera en las encuestas pero la derecha disputa el Congreso
El pasado domingo arrancó formalmente la campaña presidencial en Brasil. Con 158,7 millones de electores habilitados y las elecciones fijadas para el 4 de octubre, el escenario es de polarización total entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las encuestas favorecen al oficialismo, pero la batalla real se libra en el Congreso, donde el Centrão y la renovación del Senado pueden condicionar cualquier gobierno por la próxima década.
La República Federativa de Brasil activó su maquinaria electoral. El domingo pasado comenzó formalmente la campaña presidencial y lo que en la superficie parece un reencuentro conocido entre dos bloques irreconciliables adquiere, en este ciclo, una dimensión institucional que va mucho más allá de la disputa por el Palacio do Planalto. La elección del 4 de octubre no solo definirá quién gobierna Brasil hasta 2030; también reconfigurará la composición del Congreso Nacional y, con ella, el equilibrio de poderes de la república por al menos una década.
La tercera vía fracasó: el escenario es binario
La contienda se perfila como una reedición del duelo de 2022, pero con nuevos protagonistas en el campo opositor. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin, encabeza una amplia coalición democrática. Frente a él, Flávio Bolsonaro asumió el liderazgo del Partido Liberal (PL) y la representación orgánica del bolsonarismo, tras la inhabilitación electoral de su padre, Jair Bolsonaro, procesado por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.
Las denominadas «terceras vías» no lograron despegar. Los candidatos ajenos al duelo central se mantienen estancados entre el 3% y el 9% de intención de voto, lo que consolidó una contienda netamente binaria. En un sistema de doble vuelta con voto obligatorio, donde el índice de rechazo absoluto opera como techo electoral, la elección se perfila como un plebiscito de identidades políticas irreconciliables.
Las encuestas y sus metodologías
El mapa de las intenciones de voto muestra divergencias según la metodología empleada. Las encuestadoras que utilizan entrevistas presenciales y domiciliarias, como Datafolha y Quaest, captan con mayor precisión el voto de los sectores de menores ingresos en regiones periféricas y otorgan ventajas consistentes a Lula. Las firmas que trabajan con reclutamiento digital aleatorio, como AtlasIntel, reflejan un escenario más competitivo, ya que capturan el pulso de un electorado joven y digitalmente activo, más permeable a las narrativas de la oposición.
En el Nordeste, bastión histórico del lulismo y principal ancla electoral del PT, Quaest registra una ventaja de 29 puntos porcentuales para el oficialismo: 54% frente al 25% de Flávio Bolsonaro. Para compensar esa desventaja estructural, el Partido Liberal necesita márgenes de victoria abrumadores en la región Sur, donde sostiene una diferencia de 13 puntos cimentada en el conservadurismo agrario y el histórico antipetismo.
El verdadero campo de batalla es el Sudeste, que concentra el 41,7% del padrón electoral nacional. En São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, Quaest detecta un empate técnico con leve ventaja numérica para Lula (40% a 37%), una variable que sustenta su favoritismo en las proyecciones nacionales. A nivel de género, Lula conserva una ventaja sustancial entre las mujeres (47% a 34%), mientras que entre los varones la disputa está en empate técnico. El dato más preocupante para la izquierda es el electorado juvenil (16 a 24 años), donde la competencia es excepcionalmente estrecha (42% a 40%), lo que evidencia la penetración cultural de la derecha a través de la digitalización del discurso político.
El factor evangélico y la demografía religiosa
La demografía religiosa es quizás el clivaje más dinámico de la política brasileña. El segmento evangélico, que representa una porción creciente del electorado, mantiene un alineamiento casi dogmático con las plataformas de la derecha conservadora. Flávio Bolsonaro, respaldado por estructuras eclesiásticas como la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, registra ventajas de hasta 22 puntos porcentuales sobre el oficialismo en ese grupo demográfico. La Iglesia como maquinaria electoral es uno de los activos más difíciles de contrarrestar para el PT.
El Centrão: la gobernabilidad tiene precio
La Cámara de Diputados, compuesta por 513 escaños, opera bajo el amparo del Centrão: un bloque de partidos de centro y centro-derecha (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) con una capacidad de extracción de recursos presupuestarios sin equivalente en América Latina. El mecanismo son las enmiendas parlamentarias, que permiten a diputados y senadores dirigir fondos directamente a sus bastiones electorales.
La sumisión del Ejecutivo a esta dinámica es estructural. A lo largo del primer semestre de 2026, el gobierno de Lula liberó 33.890 millones de reales en enmiendas parlamentarias para garantizar el avance de su agenda legislativa. La paradoja es que el Partido Liberal (PL), principal partido opositor, concentró la mayor tajada: 3.100 millones de reales, frente a los 2.160 millones del PT gobernante. Quien gane la presidencia en octubre heredará esta misma lógica: gobernar Brasil exige pagar peaje en el Congreso.
El Senado: la disputa que puede cambiar la próxima década
Las elecciones de 2026 son especialmente críticas porque implican la renovación de dos tercios de la Cámara Alta: 54 de los 81 escaños del Senado Federal quedan en disputa. Con mandatos de ocho años, esta renovación puede alterar de forma irreversible la fisonomía política del país. Actualmente el Senado exhibe una correlación de fuerzas marcadamente conservadora.
El Senado posee competencias exclusivas que lo convierten en una pieza clave del sistema: ratifica a los directores del Banco Central, aprueba embajadores, confirma designaciones al Supremo Tribunal Federal (STF) y, en términos críticos, tiene la facultad de procesar y destituir a sus magistrados. Si la derecha alcanza los 41 escaños (mayoría absoluta), obtendría el andamiaje institucional para promover juicios políticos contra figuras como Alexandre de Moraes y condicionar la agenda judicial de cualquier gobierno de signo progresista por años.
El rol del STF y las tensiones institucionales
Think tanks internacionales como Chatham House y el Center for Strategic and International Studies (CSIS) advierten sobre una degradación paulatina de las normas democráticas en Brasil. En ese marco, el Supremo Tribunal Federal y en particular las medidas del juez Alexandre de Moraes frente a las redes sociales y la desinformación funcionan como un dique de contención del sistema electoral, aunque profundizan la confrontación interna y generan fricciones con sectores conservadores en el país y en el exterior.
El 4 de octubre, Brasil elegirá mucho más que un presidente. Quien asuma el Planalto en enero de 2027 gobernará bajo la tutela financiera del Centrão y bajo la vigilancia de un Senado potencialmente hostil. En la mayor democracia de América del Sur, ganar la presidencia es solo el primer paso; el verdadero desafío es no quedar atrapado en el laberinto de la propia gobernabilidad.
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