Educación
EEUU: polémico fallo de la Corte Suprema habilitó a Trump a desmantelar la Educación
El máximo tribunal suspendió un fallo que había frenado despidos en el Departamento de Educación. Más de 20 estados demandaron al gobierno federal por la retención de 6.800 millones de dólares en fondos educativos.
El máximo tribunal de Estados Unidos suspendió un fallo judicial que frenaba los despidos masivos en el Departamento de Educación, permitiendo al gobierno de Donald Trump avanzar con su plan de cierre. La decisión judicial se da en simultáneo a una demanda de más de 20 estados que exigen la liberación de 6.800 millones de dólares en fondos federales.
La Corte Suprema anula un fallo previo
En un fallo de emergencia con una votación de seis contra tres, la Corte Suprema de Estados Unidos suspendió la orden preliminar que un juez de distrito había emitido en mayo. La decisión judicial permite a la administración Trump continuar con sus planes de desmantelar el Departamento de Educación.
La medida del tribunal superior anula la orden del 22 de mayo del juez de distrito de Boston, Myong Joun, quien había ordenado al gobierno reincorporar a unos 1.400 empleados afectados por los despidos masivos en la dependencia gubernamental.
Demanda de 20 estados por fondos congelados
De forma paralela a la resolución de la Corte Suprema, una coalición de más de 20 estados presentó una demanda en un tribunal federal de Rhode Island. Los estados exigen que la administración Trump libere cerca de 6.800 millones de dólares en fondos federales que, según la demanda, están destinados a programas educativos clave.
Los fondos, de acuerdo a la demanda, están orientados a financiar la educación de trabajadores agrícolas migrantes y sus hijos, la capacitación de maestros, programas de aprendizaje de inglés, actividades extraescolares, programas de verano y alfabetización para adultos.
La demanda sostiene que el gobierno está legalmente obligado a distribuir estos fondos a los estados antes del 1 de julio, pero el Departamento de Educación notificó a los estados el 30 de junio que no desembolsaría las subvenciones, citando un «cambio en la administración» como justificación.
Según los quejosos, el gobierno de Trump ha congelado estos fondos sin una justificación suficiente, lo que ha puesto en riesgo o ha llevado a la cancelación de varios programas escolares. La Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, por su parte, afirmó que las subvenciones están siendo objeto de una «continua revisión programática».
Puntos clave:
- La Corte Suprema de EEUU suspendió un fallo judicial que había frenado despidos en el Departamento de Educación.
- La decisión del máximo tribunal habilita a la administración Trump para avanzar con el desmantelamiento del Departamento de Educación.
- Más de 20 estados demandaron al gobierno federal por la retención de 6.800 millones de dólares en fondos para educación.
- Los estados alegan que el gobierno de Trump congeló los fondos sin justificación suficiente, afectando programas educativos.
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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