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Desafío regional: Petro y el neo progresismo en América Latina
Desde 2018 distintos líderes referenciados en ideas de izquierda o progresistas llegaron a la presidencia en países como México, Argentina, Bolivia, Perú, Honduras, Chile y ahora Colombia. Además, los sondeos en Brasil despiertan expectativas sobre un posible cambio en el mismo sentido en las elecciones de octubre.
La reciente asunción de Gustavo Petro como el primer presidente de izquierda en Colombia y su proximidad con otros gobiernos regionales reinstaló la idea de un nuevo ciclo progresista en América Latina, aunque con desafíos novedosos respecto a la “marea rosa” que gobernó dos décadas atrás y que convive con países que mantienen una impronta neoliberal, según estimaron analistas.
Desde 2018 distintos líderes referenciados en ideas de izquierda o progresistas llegaron a la presidencia en países como México, Argentina, Bolivia, Perú, Honduras, Chile y ahora Colombia. Además, los sondeos en Brasil despiertan expectativas sobre un posible cambio en el mismo sentido en las elecciones de octubre.
Para el especialista en Relaciones Internacionales Juan Gabriel Tokatlian, aún es “aventurado hacer un balance” acerca de estos gobiernos, ya que “exige definir sus particularidades a nivel de cada país, de la región y del mundo”.
«En todo caso, parece asomarse una ‘marea rosada’ más soft que la de hace dos décadas”, dijo a Télam, en referencia al término usado para definir al anterior ciclo de gobiernos progresistas, cuando líderes como Hugo Chávez en Venezuela; Luis Inácio da Silva en Brasil; José Mujica en Uruguay o Evo Morales en Bolivia, entre otros, llegaron a la presidencia.
En una primera caracterización, el investigador aseguró que los actuales son gobiernos que tienen “más desafíos de todo tipo, con mayores obstáculos internos y externos” además de “una agenda más modesta”.
Por su parte, Marta Lagos, directora del estudio de opinión pública Latinobarómetro, con sede en Chile, dijo a esta agencia que los gobiernos de Gabriel Boric en su país y Petro en Colombia son “una generación de relevo de aquella izquierda llamada ‘marea rosa’”. Pero aclaró que no se trata de algo “generacional, sino desde el punto de vista de la posición”, ya que serían “una alternancia al interior de la izquierda”.
Lagos estimó que, al menos en el punto de partida, estos dos mandatarios tienen una impronta de política pública y son pragmáticos antes que ideológicos. Y agregó que tienen una “propuesta de gobierno para tratar de avanzar en el desmantelamiento de las desigualdades y en sociedades más horizontales”.
Aclaró que son gobiernos con “conflicto de intereses” con las sociedades tradicionales, que no entienden y rechazan sus principales metas, asociadas a “la horizontalidad social y los derechos sociales -la más tradicional-; la de los valores de los millenials -el pos materialismo, el medio ambiente, la globalización, el cambio climático-; y finalmente, algo que América Latina tiene muy retrasado, el tema de los pueblos originarios”.
El politólogo Mariano Fraschini, coautor del libro “Liderazgos en su laberinto”, manifestó a Télam que el ciclo actual tiene rasgos diferentes a los gobiernos de principio de siglo en términos de “carisma, popularidad, ejercicio del poder, base de sustento, y además enfrentan contextos económicos, políticos y sociales tremendamente distintos”.
“Los contextos actuales son mucho más complejos, no solo por la pandemia y por las consecuencias de la guerra en Ucrania, sino también en lo que hace más fuerte a América Latina que es la exportación de commodities”, afirmó el doctor en ciencia política.
Para Fraschini, ahora además ya no se habla “de la Patria Grande, del Banco del Sur, de la potenciación del Mercosur y de todas las instancias similares”, sino que los actuales son gobiernos “muchísimo más moderados, que se explica por el contexto económico y la estatura de los líderes”.
De todas formas, para este politólogo “no existe el giro a la izquierda”, porque en el período actual, triunfos como los de Boric en Chile o Xiomara Castro en Honduras “conviven con los triunfos de la derecha”.
“De las 24 elecciones presidenciales que hubo desde 2015 hasta la actualidad, 13 las ganaron propuestas progresistas y 11 neoliberales. Ahí observamos que no hay una tendencia hacia la derecha o hacia la izquierda”, explicó.
Así, el año de la victoria de Andrés Manuel López Obrador en México fue también el de Mario Abdo Benítez en Paraguay y el de Jair Bolsonaro en Brasil, dos años después se impuso Luis Lacalle Pou en Uruguay y en 2021 Guillermo Lasso en Ecuador.
Por eso “no hay giro a la izquierda o a la derecha”, afirmó, sino que existe más bien una “preponderancia” de unos u otros según el período.
Lagos restringió aún más la categoría de los gobiernos clasificados como nueva izquierda a los casos de Colombia y Chile. En el resto del escenario latinoamericano, los gobiernos son “puras excepciones” que no pueden ser englobadas en una misma categoría.
Pese a las diferencias, Chile y Colombia tienen “enormes similitudes, como las discusiones sobre el tema de pensiones o la reforma tributaria, que es impresionantemente similar”, dijo Lagos y sus dos presidentes nombraron a economistas “clásicos” en Hacienda.
A pesar de que para estos gobiernos es “muy prematuro ponderar su destino”, Tokatlian invitó a reflexionar sobre qué podría pasar “en el caso de que este ‘nuevo’ giro no lograse sentar los pilares para una transformación más justa, equitativa y sostenible”.
“¿Qué tipo de derecha podría eventualmente llegar al poder? Y así como pareciera existir un progresismo distinto al del pasado, me parece que también hay una derecha distinta, reaccionaria, que se entrelaza con una suerte de ‘internacional reaccionaria’ que viene avanzado, en especial, en el Occidente más desarrollado”, alertó el docente de la Universidad Torcuato Di Tella.
Lagos dijo complementariamente que desde los últimos cinco años hubo una aceleración de “la fragmentación del sistema de partidos” que produce una “crisis de representación e ingobernabilidad”.
Dicha fragmentación también se vio entre los partidos opositores tradicionales que, como en Chile y Colombia, no lograron ofrecer opciones competitivas y quedaron excluidos de los balotajes.
La especialista chilena consideró que “los últimos 30 años han producido un aumento de los niveles de educación de los pueblos” de la región. Eso, sumado a la consolidación democrática, ha producido “positivamente el reconocimiento de derechos”.
En tanto, Tokatlian destacó los “logros que en general fueron valiosos pero insuficientes o parciales” a la que le “siguió un ‘oleaje’ de derecha que tuvo, a su turno, resultados mediocres en medio de situaciones nacionales caracterizadas por la movilización social, el incremento de la polarización política y el deterioro económico”.
Fraschini estimó que en el período 2015-2022 hubo “triunfos opositores porque la insatisfacción con los gobiernos de turno alentó la rápida circulación de las elites políticas y el ejemplo paradigmático fue Mauricio Macri, primer presidente desde la recuperación de la democracia que fue por la reelección en Sudamérica y no lo consigue”.
Y concluyó: “Estamos en un proceso en el que las condiciones existentes con anterioridad a la pandemia se recrudecen, se multiplican y por lo tanto, hacen muy difícil la estabilidad de los oficialismos”.
Geopolítica 🌎
Trump elogió a Milei en el “Escudo de las Américas” y celebró su victoria electoral, a casi un año de las legislativas
El presidente de Estados Unidos compartió escenario con el mandatario argentino en Nueva York durante la sesión extraordinaria de la alianza hemisférica contra el narcotráfico. Trump se adjudicó el mérito político de la llegada de Milei al poder y reclamó que la región proteja sus recursos naturales «con el respaldo de Estados Unidos».
Ante decenas de jefes de Estado reunidos en Nueva York en el marco del 81° período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump eligió a Argentina como uno de sus casos de éxito político más resonantes. «Tuvimos una gran victoria en Argentina, y no hace tanto tiempo dos veces», afirmó el presidente de los Estados Unidos, con Javier Milei a pocos metros de distancia.
El mandatario argentino participó este martes de la sesión extraordinaria del Escudo de las Américas, una iniciativa geopolítica impulsada por Washington cuyo eje central es la lucha contra los carteles del narcotráfico con señalamientos directos a la influencia de Irán y China en la región. Lo acompañaron el canciller Pablo Quirno y el ministro de Economía, Luis Caputo.
Una alianza que Trump exhibe como propia
En su alocución, Trump reivindicó el Escudo de las Américas como «la alianza más grande y poderosa para la seguridad económica y nacional que jamás se haya convocado en el Hemisferio Occidental» y encuadró la presencia de los líderes allí reunidos en un giro político continental hacia la derecha: «Ha habido un gran cambio en sus países, un gran cambio hacia la derecha. Eso es algo bueno».
El presidente estadounidense sostuvo que los gobiernos anteriores «permitieron durante mucho tiempo que muchas partes del Hemisferio Occidental se desestabilizaran gravemente por la violencia de los cárteles, la migración descontrolada y la injerencia extranjera». Y afirmó que varios de los mandatarios presentes llegaron al poder precisamente como respuesta a ese fenómeno.
Trump también se presentó como un activo respaldo electoral: «He respaldado a algunos de ustedes, y hemos tenido grandes victorias electorales. Creo que voy nueve de nueve. Todos a los que he respaldado han ganado». En esa lista ubicó a Colombia como la victoria más reciente y a Argentina, con especial énfasis, en doble mención.
Recursos naturales y soberanía condicionada
Uno de los pasajes más significativos del discurso de Trump apuntó a la riqueza natural de la región. «Deben asegurar la vasta riqueza natural de este país. No permitan que sea tomada por potencias externas hostiles. Una vez que eso sucede, realmente no se regresa muy fácilmente», advirtió, en un llamado que mezcla la retórica soberanista con la lógica de alineamiento geopolítico con Washington.
La declaración tensiona con la tradición latinoamericana de autodeterminación de los pueblos y reencuadra la soberanía sobre los recursos estratégicos, no como una conquista popular, sino como un activo a defender en el marco de la alianza hemisférica liderada por Estados Unidos. Trump fue explícito: «Los recursos de las Américas siempre deben pertenecer al pueblo de las Américas. Los Estados Unidos están ansiosos por trabajar con ustedes para lograr este objetivo». La pregunta que el discurso no responde es bajo qué términos y a qué precio se procesa esa cooperación.
Milei, pieza del tablero
La participación de Milei en el Escudo de las Américas consolida el alineamiento del gobierno argentino con la agenda exterior de Washington, una orientación que ya había quedado clara con el nuevo acuerdo con el FMI, el respaldo a las sanciones contra Venezuela y Cuba, y la sintonía ideológica exhibida en cada aparición conjunta de ambos mandatarios.
El elogio de Trump no fue un gesto casual: fue una señal de pertenencia al bloque que el presidente norteamericano está construyendo en el continente, con designaciones de narcoterroristas, sanciones coordinadas y, como eje subyacente, la disputa geopolítica con China e Irán por la influencia en la región. Fue la primera actividad oficial de Milei en suelo estadounidense en el marco de la Asamblea de la ONU.
Lo que tenés que saber:
- Trump compartió escenario con Milei en la sesión extraordinaria del Escudo de las Américas en Nueva York.
- El presidente de Estados Unidos elogió la victoria electoral de Milei como parte de su propio récord de apoyos políticos ganadores.
- La alianza se presenta como instrumento contra los carteles del narcotráfico con señalamiento explícito a Irán y China.
- Trump reclamó que los países de la región protejan sus recursos naturales estratégicos «con el respaldo de Estados Unidos».
- Milei fue acompañado por el canciller Pablo Quirno y el ministro de Economía, Luis Caputo.
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