Femicidio
Crecen los femicidios en Perú: la primera víctima del año tenía 17 años
Siete de cada 10 mujeres denunciaron haber sido víctimas de violencia de género en el vecino país.
Por Gonzalo Ruiz Tovar, desde Lima
Apenas habían transcurrido unos minutos de 2022 cuando M.N., una campesina de 17 años de la provincia andina de Churcampa, recibió de su novio borracho una puñalada que la convirtió en la primera víctima de feminicidio en el año en Perú, un país muy duro para las mujeres.
La cancha de fútbol en que los campesinos del distrito San Pedro de Coris se habían reunido para celebrar Año Nuevo, fue escenario de la última discusión a gritos entre la pareja: él le reprochaba una supuesta coquetería con un tercero y ella atribuía todo al alcohol y a los celos enfermizos.
Al final, M.N. se desangró, mientras los vecinos intentaban linchar al asesino, un hombre con historial de violencia salvado por la llegada de la Policía. Con el agresor encarcelado, al menos queda la esperanza de que el nuevo feminicidio no quedará impune. Al menos eso parece.
Un total de 147 mujeres fueron asesinadas en 2021 en Perú por eso: por ser mujeres. El feminicidio, figura incluida en la legislación peruana desde 2014, establece estándares que implican que la agresión deriva de la condición de género de la víctima, en una sociedad culturalmente machista.
Esa cifra superó a los 138 casos similares de 2020, que, a su vez, habían sido récord histórico. La pandemia de coronavirus, que modificó conductas familiares en medio de las cuarentenas, ha sido también un desencadenante de violencia de género, y no solo en Perú, según reportó la Organización Mundial de la Salud.

Los asesinos –y los que pudieron serlo, pero fracasaron en el intento- suelen ser parejas o exparejas o enamorados no correspondidos. Desde su condición de machos, se pretenden dueños de la mujer, según explican especialistas. Y como “dueños”, deciden que ella debe morir antes que ser de otro.
Eso creía al parecer Luis Mogollón, un expresidiario conocido como “Bam Bam”. Su romance con una obstetra solo duró dos meses, pues ella lo dejó por su propensión a la violencia. Ya habían pasado dos años de eso y él no lo aceptaba.
Cuando supo que K.V. tenía una nueva relación, “Bam Bam” la atacó a balazos. No le acertó a ella, pero el novio quedó mal herido. El asunto quedó inexplicablemente impune, por lo que el delincuente volvió a la carga en diciembre en una casa del populoso distrito limeño de Comas. La mujer, de 26 años, fue una de las 147 víctimas de 2021.
“Hemos logrado avances en varios aspectos de la violencia de género, pero está pendiente la forma más grave, la peor: el feminicidio”, admitió la jefa de la Dirección de Violencia del Ministerio de la Mujer, Silvia Romero.
En otros aspectos de la violencia de género, las cosas tienden a mejorar en Perú, país donde siete de cada 10 mujeres reporta haber sido víctima en algún momento de violencia física, psicológica y/o sexual.
Mejoría lenta y a todas luces insuficiente, reconoce Romero, pero al fin y al cabo mejoría, por ahora sostenida (aunque faltan consolidar datos de 2021): en un sondeo del Instituto Nacional de Estadística e Informática, 54,8 % de mujeres dijo que en 2020 sufrió alguna forma de violencia de parte de la pareja, frente a 57,7 % en 2019 y 63,2 en 2018.
Para la funcionaria, ese pequeño avance deriva de una combinación de factores: las mujeres tienen ahora una mayor capacidad de defensa (por empoderamiento), las denuncias que se presentan tienen mayor efecto, hay mayor claridad en el sector femenino sobre sus derechos, entre otros.
A ese se suman, servicios como la línea 100 –que permite a las mujeres exponer telefónicamente su situación (van más de 235.000 llamadas)-, la presencia de fiscales, policías y otros funcionarios más comprometidos con las causas y la implementación de un “sistema especializado de justicia” que permite llevar los casos por una vía propia.
Para que los avances sean más rápidos y sostenidos, indica Romero, se requiere “librarnos de los estereotipos” y superar “las pautas socioculturales que perciben a lo masculino como superior a lo femenino”.
El Ministerio de la Mujer –a cargo de la socióloga de izquierda Anahí Durand, feminista declarada que contrasta con el conservadurismo que en el tema se le atribuye al presidente Pedro Castillo-, impulsa un conjunto de políticas públicas destinadas al logro de la “igualdad de género”.
Para que esas políticas den resultados, indica Romero, se busca la participación de los actores sociales. Sin ellos, lo que se ejecute desde un Gobierno puede resultar insuficiente. Por ejemplo, se requiere mayor protagonismo político de las mujeres y un rol económico que les permita una mayor independencia.
Mientras tanto, se necesitará cautela al momento de evaluar los avances, pues se les debe contrastar con lo negativo, como el crecimiento de los feminicidios o el hecho de que solo en 2021, según la Defensoría del Pueblo, se haya denunciado la desaparición de 5.383 mujeres. La mayoría de esas desapariciones, temporales o definitivas, tienen que ver con violencia. La violencia de género es aún un monstruo con muchas cabezas en Perú.
Pocas horas después de que M.N. fuera reportada en la madrugada del 1 de enero como la primera víctima de un feminicidio en Perú en 2022, en la ciudad andina de Arequipa fue hallado el cuerpo estrangulado de una muchacha de 18 años.
Todos los indicios, según la prensa, apuntan como responsable a la pareja de la víctima, quien al parecer tuvo la complicidad de su madre en el fracasado intento de ocultar el cadáver. La cifra de feminicidios comenzó a correr rápido en el año recién estrenado.
Femicidio
Femicidio en Los Polvorines: mató a una madre que defendió a su hija de ser abusada
Lorenzo Esteban Amarilla, de 25 años, fue capturado por la Policía Federal en un edificio del microcentro porteño luego de dos días prófugo. Este lunes se realiza la lectura de cargos: enfrenta una pena en expectativa de prisión perpetua por homicidio calificado con violencia de género y uso de arma blanca.
Femicidio en Los Polvorines: atraparon al asesino de la madre que murió protegiendo a su hija
Lorenzo Esteban Amarilla, de 25 años, acusado del femicidio de Yolanda Raquel Cáceres, de 52 años, fue detenido por la Policía Federal en las últimas horas en un edificio de la calle Florida, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, en el microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, donde frecuentaba a una pareja ocasional. El hombre había permanecido prófugo desde el jueves, cuando cometió el crimen en el partido bonaerense de Los Polvorines, al norte del Gran Buenos Aires.
Una madre que dio su vida por su hija
El hecho ocurrió mientras Yolanda Cáceres y su hija de 9 años dormían en su vivienda. Según los reportes policiales, Amarilla ingresó a la casa a través de una ventana y comenzó a abusar sexualmente de la menor. La madre advirtió la situación e intervino para protegerla. En el forcejeo, el agresor, quien sería una persona conocida por la familia, atacó a Cáceres con dos puñaladas en el cuello y la cabeza, provocándole heridas fatales que le causaron la muerte en el acto.
Luego del crimen, Amarilla huyó. La niña logró escapar de la escena y pidió ayuda a los vecinos. Su testimonio ante los investigadores resultó determinante para identificar y localizar al sospechoso. Una de las frases que trascendió de su declaración resume el horror de lo vivido: «Me tapó la boca para que no gritara».
La detención y el peso de la ley
El allanamiento que derivó en la captura fue descripto como sorpresivo por fuentes policiales. Amarilla se encontraba en el edificio de la calle Florida sin aparente resistencia al momento de ser aprehendido.
Este lunes se realizará la lectura de cargos, el acusado enfrenta cargos por homicidio calificado por mediar violencia de género con uso de arma blanca y su condición de prófugo le cierra la puerta a cualquier beneficio procesal. «Se enfrenta una pena en expectativa a perpetua.
Violencia de género: el crimen que no puede naturalizarse
El caso de Yolanda Cáceres no es un hecho aislado. Es el resultado de una violencia estructural que sigue cobrando vidas de mujeres en Argentina. Una madre asesinada por interponerse entre un agresor y su hija de 9 años que era víctima de abuso sexual. Una niña que ahora carga con el testimonio de haber visto morir a su madre mientras la defendía. Un femicida que huyó y se escondió durante dos días antes de ser atrapado.
La muerte de Yolanda exige respuestas que van más allá de la condena individual: políticas públicas de prevención, recursos para la justicia con perspectiva de género, y una sociedad que no mire para otro lado cuando hay señales de violencia en el entorno.
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