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Revés para Sáenz Valiente: «Emmily no se mató, la mataron»

Así lo denunció una amiga de la joven que resultó muerta en una fiesta «a la que fue engañada» en la que estaba el conocido empresario.

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Una amiga de la joven brasileña que murió al caer de un sexto piso en el barrio porteño de Retiro el 30 de marzo pasado, hecho por el cual un empresario permanece detenido, aseguró esta tarde que la víctima “no se mató, la mataron”, y exigió que “todos los testigos” que estuvieron en el departamento “vayan a declarar”, para que “se sepa la verdad”.

Brenda, amiga de Emmily Rodrigues Santos Gomes (26), contó al programa “Quien cuando donde” del canal A24 que la joven, el día de su muerte, fue al departamento del empresario Francisco Sáenz Valiente (52) “engañada claramente por Juliana (37), porque era amiga. Porque si a Emmily la invitaban a un after y no conocía a nadie, no iba a ir”.

“Cuando se encuentra ahí en esa situación incómoda, Emmily creo, conociéndola yo como su amiga, ella se quiere ir, no le importa nada, se quiere ir y se quiere ir y empieza ahí el horror que se escucha en los audios (de las llamadas al 911) y la terminan matando, porque Emmily no se mató, la mataron”, aseveró la joven.

En ese sentido, añadió: “Si hubiera habido un brote psicótico, Juliana hubiera ido a ayudar a su amiga, las otras dos amigas no se hubieran ido”.

En cuanto al empresario Sáenz Valiente, Brenda señaló que “no lo conocía, ni siquiera sabía su apellido” y que su amiga nunca se lo “mencionó”, pese a que ella le “contaba todo”.

“Queremos justicia y lo único que pedimos acá es que se sepa la verdad, que todos los testigos que estaban ese día ahí hablen, que vayan a declarar, que den la cara”, concluyó la joven.

Ayer se conoció uno de los audios de los llamados al 911 efectuados previo a la caída de Rodrigues, en los cuales Sáenz Valiente le dijo a la Policía que la joven estaba «como poseída».

Mientras que el fin de semana pasado, el empresario detenido insistió en su declaración indagatoria con que la joven brasileña tuvo un «brote» y se arrojó al vacío por una ventana, informaron fuentes judiciales.

La indagatoria la llevó a cabo el juez de la causa, Martín Del Viso, quien subroga el Juzgado en lo Criminal y Correccional 31, y el fiscal 10 del mismo fuero, Santiago Vismara.

«El imputado mantuvo la misma versión inicial que le dio a la Policía. Que la chica tuvo un especie de brote psicótico, que se puso agresiva y que ella buscó una ventana para tirarse al vacío», dijo a Télam una fuente judicial vinculada al expediente.

Luego de declarar, Sáenz Valiente quedó detenido a la espera de que, en un plazo de diez días, el juez Del Viso resuelva su situación procesal.

Por su parte, la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional 10, interinamente a cargo de Vismara, emitió el lunes pasado, a través del sitio Fiscales.gob.ar, un comunicado en relación a la indagatoria del imputado, aunque sin dar muchas precisiones.

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«En el marco de la causa, el sábado 1° de abril se le tomó declaración indagatoria a un hombre de 52 años, dueño del departamento de donde cayó la víctima, que continúa detenido. La investigación se encuentra en curso y con distintas medidas a producir», señaló la fiscalía.

Según lograron reconstruir los pesquisas mediante el relato de testigos, la noche del miércoles 29 de marzo último Sáenz Valiente concurrió a cenar con un grupo de amigos, entre los que se encontraba una joven, también brasileña como la víctima, con la que mantiene una amistad desde hace cuatro años y que estuvo presente el jueves 30 cuando ocurrió el hecho.

Esta joven, cuyas iniciales son J.M.M. y que tiene 37 años, llevó como invitada por primera vez a ese tipo de cenas a la víctima Rodrígues.

Ya en la madrugada del jueves, el empresario, junto a su amiga J.M.M., Rodrigues y una tercera mujer también amiga del grupo que había concurrido a cenar, se dirigieron al departamento del sexto piso del edificio de la calle Libertad 1542, en Retiro, a metros del shopping Patio Bullrich.

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Según los investigadores, tras una noche de excesos, aparentemente Rodrigues cerca de las 9 de la mañana sufrió un ataque de nervios tras una discusión con el dueño de casa, tras la cual la mujer comenzó a correr por el departamento.

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De acuerdo a lo relatado por el ahora imputado, por la otra brasileña y por testigos, la joven se mostraba muy agresiva e intentó abrir un ventanal que da al frente del edificio, pero como no pudo, llegó a una ventana de una habitación que da al pulmón de manzana y se arrojó.

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Vecinos del edificio llamaron al 911 y personal de la comisaría Vecinal 1A se dirigieron al lugar y constataron el cuerpo de Rodrigues en una zona de difícil acceso.

Una ambulancia del SAME auxilió a la víctima y la trasladó al hospital Fernández, pero llegó fallecida.

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Macri criminalizó las amenazas escolares mientras el país busca solución a una crisis sin precedentes

El jefe de Gobierno porteño calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad. El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.

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El Argentino Diario-Jorge Macri.

Macri calificó las amenazas en escuelas como delito en medio de una crisis de violencia sin precedentes

★ El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, convocó este martes a una conferencia de prensa en la sede del Ejecutivo porteño, en la calle Uspallata 3160, para trazar un diagnóstico oficial sobre la ola de amenazas de tiroteos en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.

Flanqueado por sus ministros y el fiscal general porteño, Macri fue categórico: «No es una broma pesada, es un delito». La declaración llegó en medio de una crisis de violencia escolar que sacude a todo el país desde el trágico tiroteo en San Cristóbal, Santa Fe, ocurrido el 30 de marzo pasado.

El punto de partida: San Cristóbal y el efecto dominó

La crisis tiene un origen concreto y devastador. Ese 30 de marzo un adolescente de 15 años, identificado por la justicia santafesina con las siglas G.C., ingresó a la Escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal con una escopeta calibre 12/70 oculta en su mochila y abrió fuego. Ian Cabrera, de 13 años, murió. Otros ocho estudiantes resultaron heridos. Un portero del establecimiento evitó una masacre aún mayor al desarmar al agresor.

Lo que siguió no fue una crisis aislada sino una ola. En días posteriores, cientos de escuelas en al menos doce provincias, que incluyen la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Neuquén, Entre Ríos, La Pampa y Tierra del Fuego, recibieron mensajes intimidatorios con una frase que se repetía casi con calcomanía: «Mañana tiroteo. No vengan». El Departamento Judicial de San Isidro llegó a recibir entre 500 y 600 denuncias en apenas 72 horas.

La subcultura detrás de las amenazas

La investigación judicial en San Cristóbal reveló una dimensión que excede el fenómeno viral. La Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) detectó a abril de 2026 la existencia de al menos 7 expedientes judiciales en Argentina vinculados a episodios con características similares, todos relacionados con la llamada True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que idealiza y promueve masacres escolares. En los dispositivos confiscados a adolescentes detenidos por las amenazas se encontraron grupos de mensajería en los que se compartían imágenes y conversaciones de extrema violencia.

El propio jefe de Gobierno porteño reconoció que «muchas de estas situaciones nacen de tendencias en redes sociales» y convocó al diálogo familiar como primera línea de respuesta. La frase, aunque correcta en su diagnóstico, expuso la fragilidad institucional frente a un fenómeno que desborda los marcos tradicionales de intervención escolar y policial.

Operativos en todo el país: mochilas, allanamientos y conferencias

La respuesta de las distintas jurisdicciones fue heterogénea. En Puerto Madryn se realizaron allanamientos contra dos menores de 16 años imputados por intimidaciones; en Salta se revisaron más de 400 mochilas en un solo colegio; en Tucumán se intensificó la presencia policial en las puertas de los establecimientos; en Corrientes, varios colegios recibieron a sus alumnos sin mochila para agilizar los ingresos; y en Misiones, el Ministerio de Educación provincial lanzó materiales específicos dirigidos a familias y equipos directivos para fortalecer la detección temprana de situaciones de riesgo.

En la Ciudad de Buenos Aires, la central docente UTE emitió un comunicado en el que advirtió que las amenazas «constituyen una señal de alarma que debe interpelarnos como sociedad» y subrayó que «la escuela sola no puede» hacer frente a esta problemática. El texto reclamó al Estado una intervención urgente y estructural.

La paradoja de la respuesta institucional

La paradoja de fondo es que las instituciones no pueden ignorar las amenazas, pero cada reacción visible le confirma al imitador que su acción tuvo efecto. Alcanza con que sea creíble para activar las alarmas. Un mensaje de WhatsApp puede suspender clases, movilizar a las fuerzas de Seguridad y alterar la vida de cientos de estudiantes y escuelas.

En ese sentido, la conferencia de Jorge Macri, aunque pertinente en su encuadre jurídico, fue también parte de ese mecanismo de amplificación. La declaración de que se trata de un delito, respaldada por la presencia del fiscal general porteño, señaló una orientación punitiva que no responde por sí sola a las causas estructurales: la crisis de contención en las aulas, la fragmentación del tejido social en un contexto de ajuste brutal sobre el sistema educativo público y la expansión sin control de comunidades digitales radicalizadas entre adolescentes vulnerables.

Puntos clave:

  • El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad.
  • El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.
  • Las amenazas se extendieron a cientos de establecimientos en al menos 12 provincias argentinas, con una frase casi idéntica: «Mañana tiroteo. No vengan».
  • La justicia santafesina y la SAIT vincularon el fenómeno con la True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que exalta las masacres escolares.
  • Los operativos incluyeron allanamientos, revisión de mochilas y refuerzo policial en múltiples jurisdicciones, con al menos una decena de adolescentes imputados a nivel nacional.

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