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Violencia de Género

Declaró Darthés y negó haber abusado de Fardin

La declaración del actor fue seguida por Fardin desde las oficinas de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), donde estuvo acompañada por sus abogados, Martín Arias Duval y la letrada brasileña Carla Junqueira.

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El músico y actor Juan Darthés negó hoy haber abusado sexualmente de la actriz Thelma Fardin en Nicaragua durante una gira realizada en 2009 y dio su versión de los hechos, aunque evitó contestar preguntas de la fiscalía y de la querella al declarar por primera vez en el juicio que se le sigue en Brasil.

Euro Bento Maciel, abogado defensor de Darthés, sostuvo desde San Pablo (Brasil), que el actor «dio la declaración presencial en el juzgado ubicado en el barrio de Bela Vista».

«Juan negó los cargos que se le imputan, negó la acusación y dijo la verdad de lo que ocurrió. Aprovechó para decir toda la verdad que estuvo oculta durante cuatro años porque nadie se ocupó en escucharlo. Hoy dio una declaración para que no queden dudas contra la acusación», agregó Maciel en diálogo con Télam.

El letrado explicó que «a partir de ahora, el juez deberá cumplir una serie de ritos procesales con la defensa y el Ministerio Público sin plazos definidos».

La declaración del actor fue seguida por Fardin desde las oficinas de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), donde estuvo acompañada por sus abogados, Martín Arias Duval y la letrada brasileña Carla Junqueira.

«Sucedió lo que anticipamos: dio su versión, contestó preguntas de la defensa, pero no de la Fiscalía ni de nuestra querella», explicó Arias Duval sobre la declaración de Darthés, que se extendió durante dos horas, a partir de las 15 hora argentina.

El abogado recordó que como «hay secreto de sumario», no podía revelar «el contenido» de la declaración.

Finalmente, consultado sobre cómo cree que finalizará el caso ante la justicia brasileña, el abogado explicó que están en la última etapa del juicio, «faltan solo los alegatos».

«Siempre la víctima tiene un impacto… el caso está en la justicia brasileña. Para el mes de diciembre vamos a tener los alegatos de las partes y después el juez puede tomar sentencia inmediatamente o tomarse un tiempo», explicó.

El juicio comenzó el 30 de noviembre de 2021, dos años después que Fardin presentó la denuncia por abuso sexual agravado en diciembre de 2018 en Nicaragua, por hechos supuestamente consumados en 2009 durante una gira de la novela argentina «Patito Feo», cuando ambos integraban el elenco y ella tenía 16 años.

La audiencia se llevó a cabo después de varios intentos dilatorios por parte de la defensa del actor, que incluyó un planteo para que la causa pase a la justicia ordinaria y todo el proceso judicial comience de cero.

Esta resolución fue apelada por Fardin y, en agosto de este año, el Tribunal de Justicia Federal de Brasil decidió no hacer lugar a ese pedido y seguir adelante en la justicia federal con el debate oral.

Fardin, junto a sus abogados, integrantes del colectivo Actrices Argentinas y de Amnistía Internacional (AI), llegó a la sede de la UFEM a las 12.45, y se retiró a las 16.45 sin formular declaraciones.

Antes de ingresar a la UFEM, la actriz expresó: «Costó mucho llegar hasta acá, y llego con la expectativa de que la justicia esté a la altura del proceso que recorrimos».

Sobre sus sensaciones respecto del caso, afirmó que «pesó mucho durante todos estos años sobre mis espaldas. Y lo que hicieron conmigo lo hacen con todas: decir que mentimos, que lo hacemos porque nos divierte estar en esta situación. Sin dudas es una lucha desigual, es muy fuerte el poder al que nos estamos enfrentando».

«Si yo no tuviera todo este apoyo no sé cómo hubiera llegado hasta acá», reflexionó en las escalinatas, donde sintió el apoyo de la gente.

«La sensación es estar peleando con escarbadientes frente a un poder que se cierra, que se protegen entre ellos porque saben el oleaje que se viene cuando una habla», reflexionó.

Por eso «hay que esperar que la Justicia hable. Recorrimos el camino de la justicia, con lo agotador que es, pese a quienes dicen que somos un montón de locas».

Al final de sus declaraciones, y consultada por su situación personal, Fardin explicó que llega a esta etapa del juicio «cansada pero fuerte» porque tiene «la responsabilidad de hacerlo por la cantidad de casos que se ven reflejados en esta historia».

Entre las personalidades que se acercaron a transmitirle su apoyo estuvo la flamante ministra Mujeres, Géneros y Diversidad, Ayelén Mazzina, quien se consideró amiga de Fardin.

En diálogo con los medios, la funcionaria dijo que estuvo acompañando a Thelma porque «gracias a ella muchas mujeres se animaron a contar su historia».

«Así lo vivimos en San Luis hace unos meses cuando la invitamos a dialogar y muchas compañeras se animaron a contar sus propias experiencias, se animaron a sanar y estoy segura de que, si se llega al puerto al que se tiene que llegar, será un hecho que sentará precedentes para que nunca más una piba no tenga justicia», explicó.

Las integrantes del colectivo Actrices Argentina también se expresaron ante los medios presentes.

«Estuvimos con Thelma desde el minuto uno, desde el momento en que ella decidió hacer la denuncia e intentando; y sería maravilloso que esta causa pueda sentar precedente en la justicia porque tenemos un Poder Judicial sin perspectiva de género», aseveró la actriz Alejandra Flechner.

Agregó que «una víctima cuando va a la Justicia es revictimizada. Thelma tuvo que declarar tres veces mientras que su abusador hasta hoy ninguna».

«La desigualdad con la que se trata una mujer que sufrió abuso y a su abusador es enorme», concluyó Flechner.

Otra colega, Melisa Melsa, consideró que la declaración de Darthés «es un paso muy importante porque rara vez el acusado llega al banquillo, pero ahora tiene que enfrentarse a la justicia».

«Es la víctima la que siempre tiene que enfrentarse a preguntas, pericias, investigaciones, ser deslegitimada, por eso estamos contentas de que se haya llegado a esta instancia, aunque no haya respondido preguntas de los abogados de Thelma ni de la Fiscalía», agregó.

Por su parte, Mariela Belsky, directora ejecutiva de AI, dijo a Télam que «la estrategia de la defensa viene siendo dilatar la causa».

Y agregó que «el caso de Thelma es un antes y un después en el tema de violencia de género, que en la Argentina ya es un problema estructural».

«Cuando Thelma se animó a hablar, muchas mujeres se animaron a contar, la cantidad de denuncias que se incrementaron después de su declaración son infinitas, y por eso es tan paradigmático e importarte. Es un caso testigo, es uno de esos casos que cambian realidades», remarcó.

«Justicia para Thelma», «Es por Thelma y es por todas», «Mirá cómo nos ponemos», fueron algunas de los mensajes que acompañaron a Fardin en esta jornada.

Entrevista

“Rezamos cada mañana para no dormir en la calle”: huyó de la violencia machista en Argentina y denuncia abandono en España

Valeria De Bernardinis habló con El Argentino sobre la violencia que la obligó a huir del país junto a sus hijos. Hace siete años viven en España entre la precariedad, las secuelas psicológicas y el temor de quedar en la calle, mientras reclaman ayuda urgente del consulado argentino y que la Justicia los reconozca como víctimas para acceder a derechos básicos.

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Vivimos el día a día, prácticamente no tenemos para comer. Rezamos cada mañana para no dormir en la calle esa misma noche”. La frase sale de la boca de Valeria De Bernardinis, pero atraviesa a toda la familia. «Hace 7 años y 145 días» vive en España junto a sus dos hijos menores -hoy 16 y 19 años-, uno de ellos con autismo severo y el otro diagnosticado con trastorno por estrés postraumático. Escaparon de Argentina después de años de violencia extrema, amenazas y denuncias que -asegura- nunca lograron protegerlos del todo.

Hoy, lejos de encontrar tranquilidad, dice sentirse nuevamente abandonada. “El consulado argentino nos ha abandonado literalmente”, denuncia, al tiempo que reclama una vivienda urgente, la restitución de la pensión por discapacidad de uno de sus hijos -suspendida desde febrero- y que la Justicia española finalmente los reconozca a los tres como víctimas de violencia machista, condición que les permitiría acceder a asistencia económica, programas habitacionales y derechos básicos. 

Un botón antipánico y 148 denuncias

La historia que hoy la tiene al borde de quedar en la calle comenzó mucho antes de España. Valeria ya era madre de un hijo de 11 años de un matrimonio anterior cuando conoció a Dionisio Ruiz Díaz a comienzos de los 2000. “Él lo quería más que a sus propios hijos”, recuerda con angustia.

Al principio, la violencia fue silenciosa: “Me fue apartando de mis amistades, de todo mi entorno. Me hacía creer que sin él yo no era nadie”. Después llegaron los golpes: “Perdí cinco embarazos por las palizas”. Durante años ocultó la violencia incluso frente a médicos y conocidos. “Decía que me había caído o golpeado con una puerta”, y confiesa que sentía «vergüenza«. 

Valeria asegura que convivió durante años con miedo constante. En octubre de 2016 consiguió una perimetral y fue una de las primeras mujeres de Almirante Brown en recibir un botón antipánico. “A mí ese botón me salvó la vida”, asegura.

Pero ni las denuncias ni las restricciones alcanzaron para frenar a su agresor. Según relata, violentaba las órdenes de alejamiento y vigilaba la vivienda permanentemente. Valeria llegó a realizar “59 denuncias en lo civil y 89 en lo penal”. El episodio que terminó de quebrarlo todo ocurrió una semana antes de viajar a España. Según cuenta, su expareja intentó incendiar la casa familiar de Claypole mientras ella y los chicos estaban adentro: “Escondí a mis hijos debajo de la cama y pensé: ‘Que sea lo que Dios quiera’”. 

Asimismo, cuenta que la policía llegó después de la activación del botón antipánico y que el hombre «fue detenido con un bidón de combustible en la mano». Sin embargo, horas después recuperó la libertad: “Me dijeron que cuando llegara a mi casa avisara para poder soltarlo”.

Dormían todos juntos en el comedor mientras patrulleros vigilaban la casa durante la noche. Para llevar a su hijo a las terapias necesitaba custodia policial. “A cada hora me llamaban para ver si seguía viva”.

Cabe señalar que la historia de Valeria refleja una problemática estructural que se repite en muchos casos de violencia de género: mujeres que denuncian durante años y aun así continúan expuestas a situaciones extremas. Según el Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, de La Casa del Encuentro, durante 2025 hubo 262 víctimas fatales de violencia de género en Argentina: un femicidio cada 33 horas. 

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

En esta misma línea, la Asociación Civil “Ahora que sí nos ven” registra que entre el 1 de enero y el 30 de abril de 2026 hubo 80 víctimas fatales de violencia de género: un femicidio cada 36 horas. Casi el 20% de esas mujeres había denunciado previamente y en el 70% de los casos los agresores eran parejas o exparejas.

“Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”

Después de aquél episodio, escapar fue la única alternativa posible. Valeria consiguió la autorización del padre para sacar legalmente a los chicos del país, vendió su casa y armó las valijas de madrugada. “Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”, confiesa.

El refugio apareció a través de Facebook. Una familia española le ofreció alojamiento después de conocer su historia. Pero cuando llegó, asegura, todo fue distinto: “Me usaron”.

Según relata, le quitaron dinero, contactos y documentación y, cuando “se acabó el dinero”, los echaron de la casa en plena pandemia. “Dormíamos en el piso y nos tapábamos con nuestra propia ropa”.

Durante estos años distintas asociaciones y personas particulares les brindaron ayuda. Pero con el tiempo -dice- muchos terminaron alejándose por el desgaste emocional y económico que implicaba sostener una situación tan prolongada. La sensación de haber cometido un error la acompañó desde el comienzo: “Sentí que había cometido el peor error de mi vida”.

El miedo siguió en España

Los hijos de Valeria llegaron a España siendo apenas chicos. Tenían 9 y 11 años. Atrás habían quedado las denuncias, los patrulleros y la violencia cotidiana. Pero el miedo -asegura- nunca desapareció del todo.

El menor fue diagnosticado con un grave trastorno por estrés postraumático. “El desarraigo es enorme. Mi hijo extraña a su hermano mayor, que se quedó en Argentina, y no puede con todo lo que vivimos”, cuenta.

Según relata, las secuelas psicológicas se profundizaron con los años. El menor atravesó situaciones de bullying y discriminación escolar que terminaron afectando seriamente su salud emocional.

Pero lo peor volvió a ocurrir hace tres años. Valeria asegura que su expareja logró encontrarlos en España y secuestró durante varias horas a uno de sus hijos. “Creo que me desmayé cien veces en ese lapso”.

Todavía hoy recuerda esas horas como uno de los momentos más desesperantes de su vida. Para ella, hubo fallas graves que permitieron el ingreso de su agresor al país. “No falló el juez. Falló la policía”.

“No quiero dormir en la calle con mis hijos”

Siete años después de haber escapado de Argentina, Valeria asegura que volvió a sentir el mismo miedo: quedarse sola, sin protección y sin un lugar donde vivir. “La situación es cada vez peor. Vivimos el día a día. Prácticamente no tenemos para comer”, relata.

Hoy reclama que la Justicia española finalmente cierre el expediente y los reconozca formalmente como víctimas de violencia machista, algo que -según denuncia- permanece paralizado desde hace más de siete años en el Juzgado Nº3 de Sant Feliu de Guíxols.

En España, ese reconocimiento puede habilitar el acceso a asistencia económica, programas de vivienda, apoyo psicológico y otras ayudas sociales específicas. “Hasta que no nos reconozcan como víctimas, no podemos acceder a derechos básicos”, explica.

A eso se suma otra urgencia: desde febrero dejó de cobrar la pensión por discapacidad de uno de sus hijos. “Era lo único que me llegaba. Y hasta eso me sacaron”. Valeria asegura haber presentado toda la documentación requerida, incluida la fe de vida ante el consulado argentino en Barcelona, pero afirma que todavía no obtuvo respuestas.

La situación no es aislada. En distintos puntos de Argentina, familias vienen denunciando suspensiones de pensiones por discapacidad, demoras administrativas y falta de respuestas oficiales, en un contexto atravesado por auditorías impulsadas por el Gobierno nacional que alcanzaron a más de 110.000 beneficios durante el último año.

Pero detrás de los expedientes, las auditorías y las demoras administrativas, la urgencia de Valeria y sus hijos es mucho más simple y brutal: sobrevivir. Sin ingresos estables y con miedo constante a quedarse en la calle, intenta sostener a sus hijos como puede. “No quiero dormir en la calle con mis hijos”, repite.

Y aunque el miedo y el agotamiento parecen haber atravesado cada etapa de su vida, hay una ausencia que todavía le duele más que cualquier otra: la de su hijo mayor, que permanece en Argentina y al que no ve desde hace más de siete años. “¿Sabés lo que daría por un abrazo?”, dice con la voz quebrada.

Si queres colaborar con Valeria:

Banco BBVA a nombre de
María Valeria De Bernardinis

“Hoy no sé quién soy”

La historia de Valeria también atraviesa otra búsqueda: la de su identidad. En Argentina, Abuelas de Plaza de Mayo estima que todavía quedan alrededor de 300 hombres y mujeres que podrían haber sido apropiados durante la última dictadura militar y aún desconocen su verdadera identidad. “Yo siempre supe que era adoptada”, cuenta.

Según relata, fue criada por un matrimonio italiano y sufrió violencia durante toda su infancia. “Yo siento que me criaron mis secuestradores”.

Años después, mientras revisaba viejas valijas familiares, encontró partidas de nacimiento y comenzó a investigar sus orígenes. Así fue como Valeria logró descubrir quién era su madre biológica. Se llamaba Teresa Sandoval y trabajaba en una casa de Capital Federal.

Hay toda una historia oscura detrás”, que incluso la llevó a sospechar que pudo haber sido víctima de apropiación ilegal durante la última dictadura militar. “Cuando mi mamá dio a luz, el hijo de esa familia se fue a Israel y la abuela se suicidó. Hay muchas cosas que nunca pude entender”. Hoy, sigue buscando respuestas: “No sé quién soy”.

Línea 102
Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.

 

 

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