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Ratifican la denuncia contra Villa por abuso sexual: nuevas pruebas

«Tuvo que contar todo desde cero. Dio algunos detalles que nosotros no habíamos podido volcar en la denuncia. Fueron muchas horas de rememorar y revivir todo lo que ella vivió, que para ella es una pesadilla que la fracturó psíquica y emocionalmente», dijo el abogado que representa a la joven, Roberto Castillo.

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La joven que denunció al futbolista de Boca Sebastián Villa ratificó este lunes ante la justicia haber sido abusada sexualmente por el jugador. Lo hizo durante una declaración de más de cinco horas en los Tribunales de Lomas de Zamora, donde presentó nuevas pruebas respecto al hecho ocurrido en julio del año pasado en una casa de un barrio privado de la localidad bonaerense de Canning.

La causa por el presunto abuso sexual y la tentativa de homicidio sigue adelante mientras se aguarda que Boca Juniors tome alguna medida respecto al futbolista, quien -a pesar de la acusación en su contra- el sábado pasado jugó de titular el partido por la semifinal de la Copa Liga Profesional 2022 frente a Racing.

EL RELATO DE LA JOVEN

«Tuvo que contar todo desde cero. Dio algunos detalles que nosotros no habíamos podido volcar en la denuncia. Fueron muchas horas de rememorar y revivir todo lo que ella vivió, que para ella es una pesadilla que la fracturó psíquica y emocionalmente«, dijo el abogado que representa a la joven, Roberto Castillo.

La denunciante se presentó en la sede de la Unidad Funcional de Instrucciones (UFI) 3 Especializada en Violencia Familiar y de Género, Abusos Sexuales y Delitos Conexos a la Trata de Personas, del Departamento Judicial de Lomas de Zamora.

La joven declaró durante aproximadamente cinco horas, en las cuales ratificó la denuncia que había presentado el último viernes. En la misma estuvo presente el abogado defensor de Villa, Martín Apolo, quien también representa al jugador en una causa iniciada en 2020, que lo investiga por violencia de género contra su ex pareja, Daniela Cortés.

Fuentes judiciales adelantaron a Télam que la fiscal tiene previsto citar a declarar -desde este martes- a los cinco testigos que la víctima menciona en su denuncia. Si bien no trascendieron los nombres, es probable que se presente la amiga de la víctima que la fue a buscar a la casa de Villa tras el presunto abuso, como así también un hombre que realiza los trabajos de «seguridad» para el futbolista, apodado «Vikingo».

También un amigo personal del futbolista que hace de «secretario», llamado Félix Benítez, quien presuntamente fue quien la llamaba en forma reiterada a la joven para que no realice la denuncia. «La fiscal dispuso varias medidas para estos días y recién luego de eso podría citar a declarar a Villa», dijo a Télam una fuente cercana al expediente judicial.

LOS DATOS RECABADOS

Según el escrito presentado la semana pasada, la joven dijo que debió ser asistida en el Hospital Penna de Buenos Aires y explicó que no realizó la denuncia en el momento, a pesar de la recomendación de los médicos que la atendieron, porque estaba bajo un estado de shock, padecía «miedo» y estaba «paralizaba».

La doctora puede dar fue que la atendió y que le dio analgésicos. Tendrá que ser citada para demostrar que ese documento lo suscribió ella”, dijo el abogado.

Castillo agregó que la víctima y Villa se conocieron 2020 y que “tenían una relación de pareja”, en la que “hacían comidas con jugadores del Club boca Juniors, es decir, que es una persona conocida por el entorno íntimo de la persona denunciada”.

“La fiscalía debe encuadrar cuál es el delito y cuál es la conducta que considera que es arrojada en el relato de la víctima. En el abuso mediante las lesiones y el amedrentamiento, ella temió por su vida porque en un momento se quedó sin aire porque fue asfixiada”, concluyó Castillo al describir los padecimientos de su clienta.

LAS SANCIONES A VILLA

El pasado viernes, tras la presentación de la denuncia en sede judicial, la fiscal González le prohibió a Villa salir del país, medida que ya regía en su contra en la causa que tiene abierta desde 2020 por otro episodio de violencia de género.

Además, la fiscal le impuso una prohibición de acercamiento a la víctima y su grupo familiar, añadieron las fuentes.

¿QUÉ PASÓ?

Según la nueva denuncia, el episodio ocurrió en la casa que el futbolista colombiano posee en el barrio «Venado II» de la localidad de Canning, en la zona sur del conurbano bonaerense, horas después de haber participado de un asado al que asistieron otros jugadores del plantel «xeneize».

La víctima contó que esa noche del 26 de junio del 2021 Villa había tomado «mucho alcohol y más de una botella de whisky» y que durante el asado le reprochó que «había mirado» a los futbolistas.

Tras mantener una fuerte discusión, ambos se retiraron del lugar y se dirigieron a la casa del futbolista junto a su empleado de seguridad apodado «Vikingo» y un amigo llamado Félix Benítez.

«En ese momento comenzó lo que fue la peor situación de mi vida», señala la víctima en su denuncia, donde relata que tras ser maltratada y golpeada por Villa, ella se quiso ir y, ante esa situación, el delantero de Boca abusó sexualmente de ella.

Tras ello, la joven llamó a una amiga y se trasladó a su casa en la ciudad de Buenos Aires, donde se bañó, puso su ropa a lavar y se cortó «el pelo bien corto producto del shock». La joven contó que tiene grabadas las conversaciones en las que el futbolista colombiano, a través de su amigo Benítez, le ofrece 5.000 dólares para que se olvide «de todo lo que pasó».

Esta es la segunda denuncia que recibe el futbolista y goleador del club de la Ribera, ya que está a la espera del juicio oral en la causa que lo investiga por violencia de género contra su expareja, Cortés, también colombiana, quien en abril del 2020 lo acusó por lesiones y amenazas.

EL MATERIAL PROBATORIO

«Tenemos elementos que corresponden a lesiones producidas en el rostro de ella y algunas conversaciones producto de la violencia que se ejerció para abusar», manifestó Castillo, y agregó que, además, su asistida sufrió «lesiones en la zona de la columna producto de la fuerza ejercida».

(Línea 144: atención, contención y asesoramiento en situaciones de violencia de género. Por WhatsApp: +5491127716463).

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

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Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

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